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Tratamiento de la depresión

El tratamiento de la depresión requiere un enfoque personalizado que tenga en cuenta el diagnóstico, la gravedad y la duración de los síntomas, el deterioro funcional, el riesgo suicida, las comorbilidades psiquiátricas y somáticas, los tratamientos previos y las preferencias del paciente. El objetivo no es únicamente reducir la sintomatología, sino alcanzar, cuando sea posible, una remisión completa y estable, favorecer la recuperación del funcionamiento personal, social y laboral y reducir el riesgo de recaídas y nuevos episodios.

Antes de establecer el tratamiento es fundamental verificar el correcto encuadre diagnóstico. Un episodio depresivo puede aparecer en el trastorno depresivo mayor, en los trastornos bipolares, en relación con el uso de sustancias o fármacos o en el contexto de otras afecciones médicas. En particular, la presencia actual o previa de episodios maníacos o hipomaníacos modifica sustancialmente la estrategia terapéutica y exige un encuadre dentro de los trastornos bipolares.

La psicoterapia y la farmacoterapia representan los principales pilares del tratamiento y pueden utilizarse por separado o en combinación. En las formas menos graves pueden ser apropiadas distintas estrategias psicológicas y conductuales; los antidepresivos siguen siendo una opción cuando se ajustan a las características clínicas y a la preferencia informada del paciente. En los cuadros más graves pueden utilizarse desde el inicio intervenciones psicoterapéuticas, farmacológicas o combinadas, con una intensidad proporcional a la gravedad y a la urgencia clínica.

El tratamiento debe reevaluarse a lo largo del tiempo. Una estrategia inicialmente apropiada puede requerir modificaciones en caso de respuesta incompleta, efectos adversos, cambios en las condiciones clínicas o aparición de nueva información anamnéstica. Por tanto, el manejo moderno de la depresión es un proceso dinámico y compartido, no la aplicación automática de una secuencia terapéutica idéntica para todos.


La duración de las distintas fases no es idéntica para todos. El número de episodios previos, la gravedad, la duración, los síntomas residuales, los antecedentes de conducta suicida, las comorbilidades y las consecuencias funcionales contribuyen a determinar durante cuánto tiempo continuar el tratamiento después de la remisión.

Farmacoterapia

Los antidepresivos constituyen una de las principales herramientas terapéuticas para el trastorno depresivo mayor. Numerosas moléculas pertenecientes a diferentes clases farmacológicas han demostrado eficacia, pero no existe un único antidepresivo universalmente superior para todos los pacientes. Las diferencias de eficacia media deben considerarse junto con la tolerabilidad, la seguridad, las interacciones, las respuestas previas y las características individuales.

Por tanto, la elección del tratamiento farmacológico debe tener en cuenta la historia clínica, las terapias ya utilizadas, las enfermedades concomitantes y los demás fármacos administrados. También son relevantes el perfil de efectos adversos, el riesgo en caso de sobredosis, la edad, las condiciones reproductivas y las preferencias del paciente. La presencia de un síntoma específico, considerado de forma aislada, generalmente no permite predecir con certeza qué antidepresivo será más eficaz.

Los antidepresivos de segunda generación, incluidos los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, los inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina y otras moléculas con mecanismos diferentes, se utilizan ampliamente porque presentan, en conjunto, una relación favorable entre eficacia, tolerabilidad y seguridad.

Los antidepresivos tricíclicos son fármacos eficaces, pero la mayor carga de efectos anticolinérgicos, cardiovasculares y sedantes y la mayor toxicidad en caso de sobredosis limitan generalmente su empleo como elección inicial frente a moléculas mejor toleradas.

Los inhibidores de la monoaminooxidasa conservan un papel en situaciones seleccionadas, incluidas algunas depresiones que no han respondido adecuadamente a otros tratamientos. Las interacciones farmacológicas y alimentarias y la necesidad de precauciones específicas hacen que su uso sea predominantemente especializado.

Los fármacos pertenecientes a otras clases pueden asociarse a un antidepresivo cuando la respuesta es insuficiente. Las sales de litio, fundamentales en el tratamiento de los trastornos bipolares, también pueden utilizarse como estrategia de potenciación en algunas formas de depresión unipolar resistente, mientras que algunos antipsicóticos se emplean como potenciación en determinadas depresiones resistentes y, asociados a un antidepresivo, en la depresión con características psicóticas.

Los efectos antidepresivos pueden comenzar a manifestarse progresivamente durante las primeras semanas, pero la evaluación de un tratamiento requiere que el ensayo terapéutico haya sido suficientemente adecuado en cuanto a dosis, duración y adherencia. La aparición de algunos efectos adversos puede ser más precoz y debe comentarse con el paciente para evitar interrupciones no acordadas.

Cuando la respuesta es insuficiente, primero deben reevaluarse el diagnóstico, la posible bipolaridad, la adherencia, la dosis, la duración, el consumo de sustancias, las interacciones farmacológicas y las condiciones médicas o psicosociales que pueden contribuir a la persistencia de los síntomas. Una aparente falta de respuesta no corresponde necesariamente a una verdadera resistencia farmacológica.

Tras esta reevaluación pueden considerarse distintas estrategias: optimizar el tratamiento en curso, sustituir el antidepresivo, asociar una psicoterapia o utilizar una estrategia farmacológica de combinación o potenciación. La elección también depende del grado de beneficio ya obtenido y de la tolerabilidad del tratamiento actual.

Tras la remisión, el tratamiento eficaz suele continuarse para reducir el riesgo de recaída. En pacientes con episodios recurrentes, síntomas residuales, episodios especialmente graves u otros factores pronósticos desfavorables puede ser apropiado un tratamiento de mantenimiento más prolongado.

La retirada de los antidepresivos debe planificarse individualmente y generalmente se realiza mediante una reducción progresiva. Una interrupción demasiado rápida puede provocar síntomas de retirada, que deben distinguirse de la reaparición de la sintomatología depresiva.

Psicoterapia

La psicoterapia constituye un tratamiento de eficacia documentada para la depresión y puede utilizarse sola o junto con la farmacoterapia. Su lugar en el itinerario terapéutico varía según la gravedad, las características clínicas, las preferencias del paciente, las respuestas previas y la accesibilidad de las intervenciones.

En las formas menos graves, las intervenciones psicológicas suelen representar una opción inicial especialmente apropiada, mientras que en cuadros más graves pueden utilizarse por separado o dentro de un tratamiento combinado. La asociación entre psicoterapia estructurada y antidepresivo presenta, en promedio, una mayor probabilidad de respuesta que las modalidades individuales en distintas poblaciones con depresión, sin que ello implique la necesidad de combinarlas en todos los pacientes.

La psicoterapia no equivale a un apoyo emocional genérico. Las técnicas validadas son intervenciones estructuradas, basadas en modelos teóricos y procedimientos específicos, con objetivos y modalidades de aplicación definidos.

La terapia cognitivo-conductual actúa sobre los procesos cognitivos y conductuales que pueden contribuir al mantenimiento de la depresión, mientras que la terapia conductual y los enfoques de activación conductual conceden especial importancia a reducir la evitación y restablecer progresivamente las actividades significativas y gratificantes.

La terapia interpersonal centra la intervención en las relaciones, los cambios de rol, los conflictos interpersonales y las pérdidas relevantes para el cuadro depresivo, mientras que la terapia psicodinámica breve aborda patrones emocionales y relacionales recurrentes mediante una intervención psicodinámica estructurada y temporalmente delimitada.

No existe una duración única aplicable a todas las psicoterapias. El número y la frecuencia de las sesiones dependen del modelo terapéutico, la gravedad, los objetivos y la respuesta clínica. En pacientes con necesidades complejas, comorbilidades o síntomas residuales puede ser necesario un proceso más largo que los protocolos estándar.

Incluso después de la remisión, algunas intervenciones psicológicas pueden contribuir a prevenir las recaídas. En particular, la Mindfulness-Based Cognitive Therapy es una intervención psicológica estructurada basada en elementos cognitivos y prácticas de mindfulness, estudiada sobre todo para prevenir recurrencias en personas con depresión recurrente.

La eficacia de la psicoterapia no debe atribuirse simplemente a la «fuerza de voluntad» o a la motivación del paciente. La anhedonia, la fatiga, el pesimismo, el enlentecimiento y los déficits cognitivos forman parte de la sintomatología depresiva y pueden dificultar la adherencia inicial al proceso, lo que requiere una modalidad terapéutica adecuada a las condiciones clínicas reales.

Tratamientos biológicos intensivos

Las formas más graves, resistentes o caracterizadas por determinadas condiciones clínicas pueden requerir tratamientos somáticos capaces de intervenir directamente sobre la actividad de los circuitos cerebrales. Sin embargo, las distintas técnicas no tienen el mismo nivel de evidencia ni las mismas indicaciones y no constituyen alternativas intercambiables.

La terapia electroconvulsiva, o ECT, sigue siendo uno de los tratamientos más eficaces para la depresión grave. Se realiza bajo anestesia general mediante estimulación eléctrica controlada y puede considerarse cuando se necesita una respuesta rápida, en formas con características psicóticas o catatónicas, ante un deterioro clínico grave o cuando otros tratamientos no han producido resultados suficientes.

Por tanto, la ECT no debe interpretarse exclusivamente como un tratamiento de última línea. Su lugar en el itinerario terapéutico depende sobre todo de la gravedad, la urgencia, el perfil riesgo-beneficio, las respuestas previas y las preferencias del paciente.

La estimulación magnética transcraneal repetitiva utiliza campos magnéticos para modular la actividad de áreas corticales específicas y es una forma de neuromodulación no invasiva con un papel consolidado sobre todo en pacientes que no han respondido adecuadamente a tratamientos antidepresivos previos.

La estimulación transcraneal por corriente directa utiliza corrientes eléctricas de baja intensidad aplicadas mediante electrodos sobre el cuero cabelludo. La evidencia sobre su eficacia antidepresiva ha aumentado progresivamente, pero los protocolos, las indicaciones clínicas y la situación regulatoria no son uniformes y dependen del dispositivo y del contexto sanitario.

Entre las técnicas invasivas, la estimulación del nervio vago implica la implantación de un dispositivo capaz de estimular de forma crónica el nervio vago y se utiliza, en determinados sistemas sanitarios, en formas seleccionadas de depresión resistente.

La estimulación cerebral profunda, en cambio, requiere la implantación neuroquirúrgica de electrodos en estructuras cerebrales específicas. En el trastorno depresivo mayor no constituye actualmente un tratamiento rutinario y sigue siendo principalmente objeto de investigación en casos altamente seleccionados y refractarios.

Por tanto, la neuromodulación comprende intervenciones muy diferentes en cuanto a invasividad, evidencia, rapidez de efecto y lugar terapéutico. La elección requiere siempre una evaluación especializada y no puede deducirse simplemente del número de tratamientos previos fallidos.

Enfoques emergentes y personalización terapéutica

En los últimos años se han desarrollado estrategias que amplían los modelos monoaminérgicos tradicionales de la farmacoterapia antidepresiva. Entre ellas han adquirido especial relevancia las intervenciones que modulan la transmisión glutamatérgica y las herramientas destinadas a mejorar la personalización del tratamiento.

La ketamina y la esketamina actúan principalmente a través del sistema glutamatérgico y pueden producir una respuesta antidepresiva rápida en pacientes seleccionados. La esketamina intranasal cuenta con indicaciones autorizadas en condiciones específicas, mientras que la ketamina racémica se emplea según protocolos especializados y regulaciones diferentes. Ambas requieren una selección cuidadosa y monitorización clínica.

La rapidez del efecto no elimina la necesidad de una estrategia terapéutica global. Incluso cuando se obtiene una respuesta rápida deben definirse las modalidades de continuación y mantenimiento del beneficio y considerarse la seguridad, la tolerabilidad y el riesgo de reaparición de los síntomas.

Los psicodélicos, en particular la psilocibina administrada dentro de protocolos con apoyo psicológico, son objeto de estudios clínicos para la depresión. Los resultados disponibles han generado un interés considerable, pero los problemas de enmascaramiento, expectativas, selección de pacientes, duración del beneficio y seguridad requieren más aclaraciones; su uso no representa una terapia antidepresiva ordinaria generalizable.

La farmacogenética estudia la influencia de las variantes genéticas sobre la respuesta y el metabolismo de los fármacos. Determinados pares gen-fármaco pueden aportar información útil sobre todo para aspectos farmacocinéticos y de tolerabilidad, pero las pruebas disponibles no permiten predecir con fiabilidad qué antidepresivo será clínicamente más eficaz en un paciente concreto.

Por tanto, la personalización terapéutica sigue siendo principalmente clínica: la respuesta previa, las características del episodio, la evolución, las comorbilidades, los efectos adversos y las preferencias mantienen un peso mayor que cualquier biomarcador individual actualmente disponible.

Terapias integrativas

El manejo de la depresión también comprende intervenciones sobre el estilo de vida y estrategias complementarias que pueden acompañar a los tratamientos principales. Sin embargo, es importante distinguir las intervenciones respaldadas por evidencia clínica consistente de aquellas cuyo papel sigue siendo accesorio o todavía poco definido.

La actividad física cuenta con evidencia de eficacia sobre los síntomas depresivos y puede integrarse en el programa terapéutico, eligiendo un tipo, intensidad y frecuencia compatibles con el estado físico y las capacidades del paciente. En cuadros caracterizados por astenia grave o enlentecimiento, la actividad debe introducirse progresivamente y no presentarse como una simple prescripción motivacional.

La regularización del ritmo sueño-vigilia, la reducción del consumo problemático de alcohol y otras sustancias, el tratamiento de las enfermedades físicas concomitantes y el mantenimiento de una red social adecuada contribuyen al abordaje integral. Estas intervenciones no sustituyen automáticamente a la psicoterapia o la farmacoterapia cuando dichos tratamientos están clínicamente indicados.

Las intervenciones nutracéuticas incluyen sustancias muy diferentes entre sí. Los omega-3, los folatos, la vitamina D, la S-adenosilmetionina y otros compuestos se han estudiado sobre todo como estrategias complementarias, pero la eficacia, la calidad de la evidencia y las indicaciones varían considerablemente y no permiten atribuir a toda la categoría una eficacia uniforme.

La musicoterapia puede utilizarse como intervención complementaria dentro de programas terapéuticos estructurados y algunos estudios indican posibles beneficios sobre la sintomatología depresiva, aunque con evidencia más limitada que la de los principales tratamientos psicológicos y farmacológicos.

También se han estudiado las intervenciones asistidas con animales, comúnmente denominadas terapia asistida con animales, en contextos específicos por sus posibles efectos sobre las relaciones, la participación social y el bienestar emocional. Sin embargo, la evidencia disponible es heterogénea y no respalda su uso como tratamiento sustitutivo de la depresión mayor.

La Mindfulness-Based Cognitive Therapy, aunque incluye prácticas de mindfulness, debe distinguirse de las técnicas genéricas de meditación: es una psicoterapia estructurada con evidencia especialmente relevante en la prevención de recurrencias depresivas.

La prevención de recaídas constituye, de hecho, una parte fundamental del tratamiento. Después de la remisión deben evaluarse la persistencia de síntomas residuales, el número y la gravedad de los episodios previos, las comorbilidades, las recaídas anteriores tras la retirada y la capacidad del paciente para reconocer precozmente las señales de empeoramiento.

El seguimiento debe monitorizar simultáneamente los síntomas, el funcionamiento, los efectos adversos, la adherencia y las condiciones físicas y psicosociales. En pacientes de alto riesgo puede estar indicada una estrategia de mantenimiento prolongada, farmacológica, psicoterapéutica o combinada, con reevaluaciones periódicas de la relación entre beneficios y posibles inconvenientes.

En conjunto, el tratamiento de la depresión debe integrar eficacia científicamente documentada, seguridad, características clínicas y preferencias individuales. Los fármacos, las psicoterapias, los tratamientos somáticos y las intervenciones complementarias ocupan lugares diferentes en el itinerario terapéutico y deben seleccionarse en función del cuadro clínico, evitando tanto secuencias rígidamente estandarizadas como asociaciones carentes de un fundamento definido.

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