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Nutracéuticos y fitoterápicos en la depresión

Con el término nutracéuticos se designan, en sentido operativo, nutrientes o compuestos de origen alimentario utilizados con fines de salud; los fitoterápicos o phytoceuticals son preparados de origen vegetal con actividad biológica. Estas categorías no son sinónimo de eficacia antidepresiva y, sobre todo, no son sinónimo de inocuidad. La evaluación clínica debe distinguir al menos tres situaciones: corrección de una deficiencia documentada, suplementación nutricional en una persona sin deficiencia y uso de un compuesto como verdadero tratamiento antidepresivo o de potenciación.

La literatura incluye omega 3, folatos y L metilfolato, vitamina D, zinc, S adenosil L metionina, probióticos, Hypericum perforatum, azafrán y numerosos otros productos. La solidez de la evidencia varía ampliamente según la molécula, la formulación, la dosis, la población y el uso en monoterapia o como complemento. Las directrices WFSBP/CANMAT dedicadas a nutracéuticos y phytoceuticals reconocen que algunos agentes disponen de datos clínicos útiles, pero no autorizan a tratar toda la categoría como equivalente a los antidepresivos estándar ni a combinar suplementos sin evaluar interacciones y riesgos.

Primera distinción: deficiencia nutricional y tratamiento antidepresivo

Una deficiencia de una vitamina, un mineral u otro nutriente puede contribuir a síntomas neuropsiquiátricos y debe corregirse de acuerdo con el diagnóstico específico. Esto es conceptualmente diferente de administrar el mismo nutriente a dosis suplementarias a una persona con un estado nutricional adecuado con la esperanza de obtener un efecto antidepresivo. Por ejemplo, corregir una deficiencia de vitamina D, folatos o vitamina B12 responde a una indicación médica propia; su eficacia como tratamiento de la depresión en personas sin deficiencia requiere pruebas independientes.

Por tanto, la evaluación debe partir de la anamnesis alimentaria, los fármacos y suplementos ya utilizados, malabsorción, cirugía bariátrica, dieta restrictiva, embarazo, enfermedad renal o hepática, consumo de alcohol y condiciones que aumenten el riesgo de deficiencias. Las pruebas de laboratorio no deben solicitarse indiscriminadamente como un “panel de depresión”, sino en función de indicaciones clínicas. Una vez identificada una deficiencia, la normalización del estado nutricional puede ser necesaria aunque por sí sola no produzca la remisión del trastorno depresivo.

La evaluación de una posible deficiencia debe guiarse por la anamnesis, la dieta, las comorbilidades, los fármacos, los signos clínicos y los factores de riesgo, no por paneles indiscriminados. Por ejemplo, la vitamina B12, los folatos, el hierro o la vitamina D pueden ser pertinentes en contextos específicos, pero corregir un déficit documentado responde ante todo a un problema nutricional o internista. Los estudios observacionales que asocian concentraciones bajas de un nutriente con depresión no establecen automáticamente una relación causal: la reducción del apetito, la escasa exposición solar, la enfermedad crónica y las condiciones socioeconómicas pueden generar causalidad inversa o confusión. Esta distinción evita transformar biomarcadores de vulnerabilidad en indicaciones terapéuticas no demostradas.

Ácidos grasos omega 3

Los omega 3 de cadena larga, en particular EPA y DHA, se han estudiado como monoterapia y, sobre todo, como complemento de los antidepresivos. Los metaanálisis muestran una señal antidepresiva media, aunque con gran heterogeneidad; la composición de las formulaciones parece importante y varios trabajos sugieren resultados más favorables con productos que contienen una mayor proporción de EPA. Esto no significa que cualquier aceite de pescado disponible en el mercado sea equivalente a los preparados estudiados.

Los mecanismos propuestos incluyen la modulación de las membranas neuronales, los eicosanoides, la inflamación y la transmisión monoaminérgica, pero ninguno de ellos constituye un biomarcador clínico capaz de seleccionar con certeza a los respondedores. Su uso debe considerarse en el contexto del tratamiento global y prestando atención a la calidad, al contenido real de EPA/DHA y a la oxidación del producto.

Los efectos adversos más comunes son gastrointestinales y el sabor o reflujo “a pescado”. A dosis elevadas o en pacientes que reciben fármacos antitrombóticos es prudente considerar el riesgo hemorrágico global, aunque las formulaciones habituales suelen tolerarse bien. La presencia de alergias o de productos de calidad incierta exige cautela adicional.

La heterogeneidad también afecta a la composición de los productos. Las formulaciones estudiadas difieren en la proporción entre ácido eicosapentaenoico (EPA) y docosahexaenoico (DHA), la dosis total, la pureza, la duración y el uso en monoterapia o como complemento de antidepresivos. Varios metaanálisis han sugerido señales más favorables para preparados con una proporción elevada de EPA, pero esta observación no permite equiparar cualquier suplemento comercial con los productos utilizados en los ensayos. La decisión clínica debe considerar la calidad de la formulación, los posibles trastornos gastrointestinales, el riesgo hemorrágico en sujetos predispuestos o tratados con fármacos que aumentan el sangrado y la ausencia de una dosis antidepresiva universal válida para todos.

Folatos, L metilfolato y SAMe

El metabolismo de los folatos participa en las reacciones de un carbono y en la síntesis de metionina y S adenosilmetionina. El L metilfolato es la forma biológicamente activa capaz de atravesar la barrera hematoencefálica y se ha estudiado como estrategia de potenciación en pacientes con respuesta insuficiente a los ISRS. Los ensayos aleatorizados han mostrado beneficio con esquemas terapéuticos específicos en adultos con depresión resistente a los ISRS, pero este resultado no justifica el uso indiscriminado de folatos en todos los pacientes.

La presencia de variantes comunes de MTHFR no debe interpretarse como diagnóstico de “déficit de metilación” ni como prueba automática de que el L metilfolato sea necesario. Antes de suplementar folatos durante periodos prolongados es importante considerar el estado de la vitamina B12, porque cantidades elevadas de folato pueden corregir la anemia megaloblástica sin resolver el daño neurológico debido a deficiencia de B12.

La S adenosil L metionina (SAMe) participa en numerosas reacciones de metilación y se ha estudiado tanto sola como en estrategias de potenciación. Un ensayo aleatorizado mostró beneficio cuando se añadió a un inhibidor de la recaptación de serotonina en pacientes no respondedores, pero la literatura global es menos amplia que la de los antidepresivos estándar. SAMe puede causar trastornos gastrointestinales, insomnio o activación y debe utilizarse con especial cautela en personas con trastorno bipolar o riesgo de viraje maníaco; las combinaciones con otros agentes serotoninérgicos requieren supervisión clínica.

Hipérico: un fitoterápico farmacológicamente activo

El hipérico (Hypericum perforatum, St John's wort) es uno de los fitoterápicos más estudiados en la depresión. Las revisiones sistemáticas y los metaanálisis han encontrado una eficacia superior al placebo y, para algunos extractos estandarizados en depresión leve o moderada, resultados comparables a los de antidepresivos convencionales. Sin embargo, la transferibilidad está limitada por la variabilidad entre extractos, la calidad de los productos y la heterogeneidad de los estudios; no es correcto generalizar los resultados de una preparación estandarizada a cualquier infusión o suplemento.

Además, el hipérico es un ejemplo claro de por qué “natural” no significa exento de interacciones. Componentes como la hiperforina inducen sistemas de metabolización y transporte, entre ellos CYP3A4 y la glucoproteína P, y pueden reducir la exposición a numerosos fármacos. Son clínicamente relevantes las interacciones con anticonceptivos hormonales, anticoagulantes, inmunosupresores, antirretrovirales, algunos antiepilépticos, antineoplásicos y muchas otras terapias. La combinación con fármacos serotoninérgicos también puede aumentar el riesgo de toxicidad serotoninérgica.

Por estas razones, el hipérico no debería añadirse de forma autónoma a un tratamiento antidepresivo. También debe considerarse la posibilidad de fotosensibilidad, efectos gastrointestinales, agitación y viraje del estado de ánimo en sujetos vulnerables. En cuadros depresivos graves, psicóticos o con alto riesgo suicida, la evidencia no justifica su uso como sustituto de tratamientos de eficacia demostrada.

Azafrán, vitamina D, zinc y probióticos

El azafrán (Crocus sativus) cuenta con varios ensayos pequeños y metaanálisis que sugieren un efecto sobre los síntomas depresivos, con resultados prometedores sobre todo en formas leves o moderadas. Sin embargo, los tamaños muestrales, la concentración geográfica de parte de los estudios, las diferencias entre extractos y la duración limitada obligan a ser prudentes. Se necesitan ensayos independientes de mayor tamaño y comparaciones a largo plazo antes de atribuirle el mismo grado de certeza que a los tratamientos estándar.

Para la vitamina D, el panorama es heterogéneo. Corregir una deficiencia está indicado por razones médicas, mientras que el efecto antidepresivo de la suplementación en poblaciones no seleccionadas es menos consistente. Las diferencias entre estudios dependen también del nivel basal, la dosis, la duración y las comorbilidades. Dosis excesivas pueden provocar hipercalcemia y daño renal, por lo que es errónea la idea de que una vitamina pueda aumentarse indefinidamente porque sea “segura”.

El zinc se ha estudiado como complemento en algunos ensayos y metaanálisis, pero la evidencia no justifica el uso rutinario de dosis altas. La suplementación crónica excesiva puede causar deficiencia de cobre, anemia y trastornos neurológicos. Los probióticos y las intervenciones sobre la microbiota constituyen un área de investigación activa: algunos estudios sugieren pequeños beneficios sobre el estado de ánimo, pero los efectos son específicos de cada cepa y no pueden extrapolarse de un producto a otro. En pacientes gravemente inmunodeprimidos, la administración de microorganismos vivos requiere especial cautela.

Calidad del producto e interacciones

La validez de un ensayo depende del producto estudiado. Los extractos vegetales pueden diferir por especie, parte de la planta, disolvente, estandarización, contaminantes y cantidad de moléculas activas. Los suplementos minerales y vitamínicos pueden presentar diferencias en la forma química y la biodisponibilidad. Por tanto, la calidad farmacéutica y la correspondencia entre la etiqueta y el contenido forman parte de la eficacia y la seguridad, y no son un detalle comercial.

Antes de añadir un nutracéutico es necesario realizar una verdadera conciliación terapéutica, incluyendo fármacos prescritos, productos de venta libre, infusiones, sustancias recreativas y otros suplementos. Las interacciones pueden ser farmacocinéticas, farmacodinámicas o derivar de la suma de efectos sobre coagulación, presión arterial, sedación o serotonina. El embarazo, la lactancia, la hepatopatía, la nefropatía y la polimedicación exigen un umbral de prudencia mayor.

Papel en la práctica clínica

Los nutracéuticos no constituyen una clase terapéutica homogénea. Algunos disponen de evidencia suficiente para considerarse complementos selectivos o, en casos específicos, opciones fitoterápicas; otros siguen siendo experimentales o carecen de pruebas convincentes. La decisión debe partir de la sustancia y la indicación específicas, no de la etiqueta general de “suplemento”.

En pacientes con depresión mayor moderada o grave, depresión resistente, psicosis, catatonia o alto riesgo suicida, el uso de suplementos no debe retrasar tratamientos con eficacia demostrada. Cuando se utiliza un nutracéutico, conviene definir su objetivo, la duración de la prueba, los parámetros de respuesta, las posibles interacciones y los criterios de suspensión. Este enfoque permite integrar las opciones respaldadas por la evidencia sin transformar la nutrición o la fitoterapia en una promesa terapéutica indiscriminada.

Una estrategia racional define primero el objetivo: corregir una deficiencia, utilizar un producto con evidencia adicional en un subgrupo o responder a una preferencia del paciente sin reducir la eficacia del tratamiento principal. Cada intervención debería tener una duración de prueba, un criterio de respuesta y una revisión de interacciones y tolerabilidad. Si no aparece beneficio, continuar indefinidamente con múltiples productos aumenta los costes, la complejidad y el riesgo de interacciones sin una base científica. En la depresión moderada o grave, los nutracéuticos no deben retrasar la farmacoterapia, la psicoterapia o la neuromodulación cuando estén indicadas; su papel, cuando existe, sigue siendo selectivo y subordinado al nivel de evidencia del compuesto individual.

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