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Orificio Mitral Accesorio

El orificio mitral accesorio es una rara malformación congénita caracterizada por la presencia de una estructura membranosa o de tejido valvular anómalo que divide parcial o completamente el orificio de la válvula mitral, determinando la formación de un segundo pasaje (accesorio) entre la aurícula y el ventrículo izquierdo. Según la extensión y localización de la membrana, esta condición puede causar una obstrucción variable al flujo mitral, simulando un cuadro de estenosis mitral. Aunque puede presentarse como anomalía aislada, con mayor frecuencia se asocia a otras cardiopatías congénitas, en particular al canal auriculoventricular parcial o completo. En los casos clínicamente significativos, el cuadro está dominado por síntomas de congestión pulmonar e insuficiencia izquierda, mientras que en las formas leves el hallazgo puede ser incidental.


Etiología, patogenia y fisiopatología

La etiología del orificio mitral accesorio reside en una anomalía del desarrollo embriológico del cojín endocárdico y del tejido valvular auriculoventricular, entre la quinta y la octava semana de gestación. Durante esta fase, las valvas de la válvula mitral se modelan mediante la delaminación del tejido mesenquimatoso y la formación de un único orificio mitral. Un defecto en la reorganización tisular puede determinar la persistencia de una estructura fibrosa o membranosa en correspondencia con la línea de coaptación, con formación de un tabique parcial que divide el orificio en dos canales distintos. El resultado es una duplicación parcial del orificio mitral, que puede adoptar morfología en forma de “red”, “cortina” o “diafragma”.


Los factores de riesgo conocidos para esta malformación son principalmente de origen genético o sindrómico. Las asociaciones más frecuentes comprenden:

No se han descrito factores ambientales adquiridos ni exposiciones teratogénicas específicas capaces de determinar la anomalía en ausencia de predisposición genética.


Desde el punto de vista patogénico, la estructura accesoria puede causar una obstrucción al flujo diastólico entre la aurícula y el ventrículo izquierdo, con aumento de la presión auricular izquierda y reducción del llenado ventricular. Dependiendo de su extensión y movilidad, la membrana puede comportarse como un diafragma fijo o como un colgajo móvil que obstruye el flujo en fase diastólica. En algunas formas, la presencia de un colgajo accesorio móvil puede también generar un efecto de válvula, agravando el gradiente durante el esfuerzo o en condiciones de aumento de la frecuencia cardíaca.


La fisiopatología que se deriva es similar a la de la estenosis mitral congénita. El incremento crónico de la presión en la aurícula izquierda se transmite a la circulación pulmonar, determinando congestión capilar, engrosamiento de las paredes vasculares e hipertensión pulmonar poscapilar subsiguiente. El ventrículo izquierdo, aun siendo estructuralmente normal, puede presentar hipovolemia relativa y disminución de la distensibilidad, especialmente en presencia de hipertrofia compensatoria. Con el tiempo, el aumento de la poscarga del ventrículo derecho y la dilatación de la aurícula izquierda predisponen a la aparición de arritmias supraventriculares y al desarrollo de insuficiencia cardíaca biventricular.


La gravedad del cuadro clínico depende de múltiples factores: tamaño y posición del orificio accesorio, rigidez de la membrana, presencia de otras anomalías estructurales y respuesta adaptativa de las cavidades cardíacas. En las formas más graves, el cuadro es indistinguible de una estenosis mitral verdadera; en las formas parciales o fenestradas, la progresión puede ser insidiosa y el diagnóstico retrasado hasta la adolescencia o la edad adulta.

Manifestaciones clínicas

El cuadro clínico del orificio mitral accesorio es extremadamente variable y refleja la amplitud de la obstrucción inducida por la estructura accesoria, así como la eventual asociación con otras malformaciones cardíacas. En muchos casos, especialmente en las formas con orificio doble fenestrado o con membrana delgada y no rígida, la condición puede permanecer asintomática durante años, siendo descubierta incidentalmente durante un ecocardiograma realizado por otras razones. Sin embargo, en las formas más significativas, en las que el tejido accesorio obstruye de manera relevante el flujo diastólico, el cuadro clínico se superpone al de la estenosis mitral congénita.


En neonatos y lactantes, el inicio puede ser precoz y severo. La obstrucción al llenado ventricular izquierdo provoca un aumento de la presión auricular izquierda y de la presión capilar pulmonar, con síntomas de congestión respiratoria e insuficiencia.
Los signos clínicos más comunes en esta franja de edad son:


En el niño mayor o adolescente, la sintomatología puede comenzar de manera más lenta y atenuada, manifestándose con intolerancia al esfuerzo, disnea progresiva y astenia. Con la progresión de la enfermedad pueden aparecer ortopnea, taquicardia y, en los casos avanzados, edemas periféricos y alteraciones de la circulación sistémica, signos indirectos de insuficiencia cardíaca biventricular. En presencia de hipertensión pulmonar significativa, también puede aparecer cianosis relativa durante actividad física intensa.


En la exploración física, a menudo está presente un soplo diastólico de frecuencia media o baja, audible en el ápex con refuerzo en decúbito lateral izquierdo, similar al de la estenosis mitral reumática. El soplo puede estar precedido por un chasquido de apertura, indicativo de la tensión del tejido accesorio durante la fase inicial de llenado. En algunos casos también se aprecia un tercer ruido (S3) ventricular. En pacientes con hipertensión pulmonar, el segundo tono puede estar acentuado en foco pulmonar, y pueden estar presentes estertores bibasales por congestión capilar.


Un elemento distintivo, aunque no siempre presente, es la variabilidad del soplo con la frecuencia cardíaca y las condiciones de carga: en algunas formas, la membrana accesoria puede comportarse como una válvula móvil, acentuando el gradiente en taquicardia o durante el esfuerzo. Esto hace que la evaluación clínica sea particularmente importante durante pruebas dinámicas o en el entorno de ecocardiografía de esfuerzo.


En pacientes con anomalías asociadas — en particular canal auriculoventricular parcial — la sintomatología puede estar modulada por la insuficiencia mitral concomitante, la presencia de cortocircuito auricular izquierda-derecha y la interacción entre las distintas alteraciones anatómicas. En estos casos, el orificio accesorio puede agravar un cuadro hemodinámico ya complejo y contribuir a la progresión hacia la insuficiencia precoz.


Por último, en sujetos asintomáticos, la primera evidencia de la malformación puede surgir en la edad adulta como hallazgo ecocardiográfico aislado, o como causa no reconocida de hipertensión pulmonar, arritmias auriculares o disfunción ventricular izquierda. En tales contextos, a menudo se requiere un diagnóstico preciso y retrospectivo para explicar una larga historia de síntomas inespecíficos.

Diagnóstico y pruebas

El diagnóstico del orificio mitral accesorio requiere una combinación de agudeza clínica e imagen cardíaca de alta resolución, ya que la sintomatología puede ser sutil y la estructura anómala difícil de visualizar con las pruebas de primer nivel. La sospecha clínica surge en presencia de signos y síntomas compatibles con estenosis mitral en un paciente joven, sin antecedentes de fiebre reumática o endocarditis. Un soplo diastólico apical, especialmente en edad pediátrica o en un contexto sindrómico, debería hacer considerar entre las hipótesis una anomalía congénita del orificio mitral.


El electrocardiograma suele ser normal en las formas leves; puede mostrar ondas P anchas por sobrecarga auricular izquierda o signos de hipertrofia ventricular derecha en los casos con hipertensión pulmonar.

La radiografía de tórax puede evidenciar cardiomegalia con agrandamiento de la aurícula izquierda y congestión vascular pulmonar, especialmente en los casos con obstrucción significativa.

La ecocardiografía transtorácica (ETT) es la herramienta diagnóstica fundamental. En manos expertas, permite identificar la presencia de una membrana o estructura anómala que atraviesa parcialmente el orificio mitral. Las vistas más útiles son la paraesternal eje largo y la apical de cuatro cámaras, donde la membrana puede aparecer como un puente fibroso o una estructura en forma de cortina que divide en dos el pasaje mitral. El Doppler color evidencia frecuentemente un gradiente transvalvular aumentado en diástole, aunque la valoración del grado de obstrucción puede verse afectada por artefactos o por la posición irregular del flujo.

En pacientes con ventana acústica subóptima o en los casos en los que la anomalía no sea claramente definible en la ETT, está indicada la ecocardiografía transesofágica (ETE), que proporciona una visión directa y de alta resolución del aparato valvular mitral. La ETE permite confirmar la presencia, extensión, movilidad y posición de la membrana accesoria, valorar su continuidad con las valvas valvulares y excluir anomalías asociadas. Además, es fundamental en la planificación quirúrgica, ya que define la relación entre la estructura accesoria y las cuerdas tendinosas, los músculos papilares y el tabique interauricular.


En casos seleccionados, y en particular para la evaluación morfológica tridimensional o en pacientes adultos, puede ser útil el uso de la ecocardiografía 3D, que permite una reconstrucción volumétrica del orificio mitral y de la membrana accesoria, facilitando la identificación de fenestraciones y la medición precisa de los dos orificios.

La resonancia magnética cardíaca (RMC) tiene un papel más limitado, pero puede ser útil para la evaluación volumétrica global del corazón, la función biventricular y el flujo diastólico mitral en casos complejos o cuando los estudios ecocardiográficos no son concluyentes.


El diagnóstico diferencial debe realizarse con otras formas de estenosis mitral congénita, entre las que se incluyen la válvula mitral con doble orificio (que representa una verdadera duplicación del plano valvular), la presencia de membranas supravalvulares mitrales (típicas del síndrome de Shone), las displasias valvulares con comisuras accesorias y la presencia de cuerdas anómalas que simulan un tabique intracavitario. Además, es esencial excluir formas adquiridas, como la estenosis reumática, que típicamente presentan comisuras fusionadas, calcificaciones y morfología alterada de las valvas.


Un diagnóstico preciso y precoz es crucial para orientar la estrategia terapéutica y prevenir la evolución hacia una hipertensión pulmonar fija, disfunción ventricular izquierda o arritmias estructuradas. Por este motivo, la integración entre sospecha clínica, imagen ecocardiográfica avanzada y evaluación morfológica completa representa el pilar de la gestión diagnóstica del orificio mitral accesorio.

Tratamiento y pronóstico

El tratamiento del orificio mitral accesorio depende esencialmente del grado de obstrucción funcional que la estructura anómala provoca, de la presencia de síntomas clínicos y del cuadro ecocardiográfico global. En pacientes asintomáticos, con un flujo mitral bien conservado y sin signos de sobrecarga auricular o hipertensión pulmonar, es posible adoptar un enfoque conservador basado en controles ecocardiográficos periódicos y un seguimiento clínico anual.
Sin embargo, en presencia de un gradiente transvalvular medio ≥ 5 mmHg en condiciones basales, signos de congestión pulmonar, dilatación auricular izquierda o síntomas compatibles con insuficiencia cardíaca, está indicada una corrección quirúrgica temprana.


La intervención quirúrgica representa el tratamiento definitivo en pacientes sintomáticos o con obstrucción significativa.
La indicación es particularmente firme en los casos en los que estén presentes:

  • disnea o intolerancia al ejercicio atribuibles a la obstrucción mitral
  • signos ecocardiográficos de hipertensión pulmonar o disfunción diastólica
  • dilatación progresiva de la aurícula izquierda
  • aparición de arritmias supraventriculares o fibrilación auricular

La intervención se realiza con circulación extracorpórea mediante abordaje transauricular izquierdo. El procedimiento consiste en la resección completa de la membrana accesoria y en la reconstrucción del plano valvular mitral, con eventual plastia comisural o reparación de las valvas, si estas están alteradas por la distorsión anatómica. En los casos asociados a defectos del canal auriculoventricular, suele ser necesaria una intervención combinada que incluya también el cierre del defecto septal y la corrección del mecanismo de coaptación de las valvas.


El pronóstico postoperatorio es excelente en pacientes sometidos a resección completa y precoz. En la mayoría de los casos se observa una resolución definitiva del gradiente mitral, normalización de la presión auricular izquierda y mejoría clínica inmediata. La función ventricular izquierda se mantiene conservada y, en pacientes operados antes del desarrollo de hipertensión pulmonar fija, se asiste a una regresión completa de los signos de congestión.


El seguimiento a largo plazo requiere monitorización ecocardiográfica seriada para evaluar la permeabilidad del orificio mitral, la posible presencia de insuficiencia residual (más rara que la estenosis residual) y la función global de las cavidades cardíacas. En pacientes operados en edad pediátrica, el crecimiento corporal puede alterar la geometría mitral, requiriendo especial atención durante la pubertad y la edad adulta.


Los factores pronósticos positivos incluyen: intervención temprana antes de la aparición de hipertensión pulmonar, ausencia de anomalías valvulares complejas asociadas, buena calidad del tejido valvular nativo y resección quirúrgica completa. Por el contrario, una intervención tardía o incompleta, o la presencia de síndromes genéticos complejos con anomalías múltiples, pueden influir negativamente en el resultado y hacer necesario un seguimiento más estricto.


En general, en pacientes correctamente tratados, la calidad de vida y la supervivencia a largo plazo son excelentes, con un riesgo muy bajo de reintervención y un retorno completo a las actividades cotidianas y escolares normales.

Complicaciones

Las complicaciones del orificio mitral accesorio pueden derivarse tanto de la progresión espontánea de la malformación no tratada como de las secuelas de la corrección quirúrgica. La incidencia global es baja, pero la gravedad de estos eventos depende estrictamente de la precocidad del diagnóstico, de la precisión de la evaluación ecocardiográfica preoperatoria y de la adecuación técnica de la intervención.


En el curso natural de la enfermedad, la complicación principal es la progresiva obstrucción al flujo mitral. Incluso en presencia de una estructura inicialmente flexible o fenestrada, el crecimiento del paciente puede determinar un aumento relativo de la obstrucción, con empeoramiento progresivo del gradiente transvalvular. El resultado es una sobrecarga crónica de presión de la aurícula izquierda, que puede conducir a hipertensión pulmonar poscapilar y, en casos avanzados, a disfunción ventricular derecha. La dilatación auricular izquierda también representa un sustrato para la aparición de arritmias supraventriculares, como fibrilación auricular o taquicardia auricular multifocal, que agravan aún más el cuadro hemodinámico y aumentan el riesgo tromboembólico.


Otras posibles complicaciones incluyen la disminución del gasto cardíaco en respuesta al esfuerzo, la aparición de signos de insuficiencia cardíaca congestiva (hepatomegalia, edemas, fatiga) y el retraso del crecimiento en pacientes pediátricos. Estas manifestaciones se observan con mayor frecuencia en pacientes no tratados o en aquellos en los que el diagnóstico fue formulado tardíamente.


Las complicaciones postoperatorias, aunque raras en centros con experiencia avanzada en cirugía cardíaca, deben ser monitorizadas cuidadosamente. Entre las más relevantes se encuentran:


Raramente, en casos con estrecha adherencia de la membrana al tabique interauricular o en presencia de variantes anatómicas complejas, pueden producirse lesiones en el sistema de conducción auriculoventricular, con aparición de bloqueos de grado variable. Estas situaciones requieren vigilancia electrocardiográfica prolongada y, en casos seleccionados, implantación de marcapasos.


A largo plazo, una de las principales preocupaciones es la posibilidad de recurrencia de la estenosis, vinculada a la formación de tejido fibroso reactivo o al crecimiento desproporcionado del aparato valvular residual. Esta eventualidad es rara, pero justifica la importancia de un seguimiento ecocardiográfico regular y estructurado.


En conjunto, el riesgo de complicaciones puede reducirse notablemente mediante un diagnóstico precoz, una evaluación ecocardiográfica preoperatoria detallada y una resección quirúrgica meticulosa. En pacientes tratados a edad temprana y con anatomía favorable, la supervivencia a largo plazo es excelente, con buena recuperación funcional y baja incidencia de eventos adversos.

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