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Valvulopatía aórtica mixta

La valvulopatía aórtica mixta es la coexistencia de estenosis e insuficiencia en la misma válvula aórtica. Durante la sístole, el orificio estrechado obstaculiza la eyección; durante la diástole, una parte de la sangre retorna desde la aorta al ventrículo izquierdo. Por tanto, el miocardio está sometido simultáneamente a sobrecarga de presión y de volumen, una situación diferente tanto de la estenosis pura como de la regurgitación aislada y potencialmente más gravosa de lo que sugieren dos componentes definidos por separado como moderados.

El diagnóstico no consiste en informar dos grados ecocardiográficos. El volumen regurgitado vuelve a ser expulsado a través de la válvula y aumenta el flujo sistólico total: la velocidad y el gradiente pueden resultar elevados incluso cuando el área no se sitúa en el rango de estenosis grave. Al mismo tiempo coexisten hipertrofia y dilatación, la fracción de eyección puede permanecer aparentemente normal y los límites ventriculares habituales derivados de la insuficiencia pura pueden no identificar precozmente el daño.

Cuando un componente es grave y el otro leve o moderado, la lesión predominante orienta el manejo. El verdadero problema específico es la forma equilibrada, en particular la estenosis moderada asociada a insuficiencia moderada. Los estudios observacionales muestran eventos frecuentes y subrayan el valor pronóstico de la velocidad transvalvular; las guías europeas de 2025 han introducido recomendaciones explícitas para algunos de estos pacientes, aunque no existen grandes ensayos aleatorizados específicos.

La evaluación también debe distinguir la válvula de la raíz y de la aorta ascendente. Un velo bicúspide puede estenosarse y perder coaptación, mientras que la dilatación de la raíz contribuye a la regurgitación y conlleva un riesgo aórtico independiente. Por ello, la elección entre sustitución quirúrgica y transcatéter depende no solo de la carga valvular, sino también de la edad, la anatomía, las coronarias, la aorta, la durabilidad y la necesidad de procedimientos concomitantes.

Etiología, anatomía y fisiopatología combinada

La causa más frecuente en los países de ingresos altos es la degeneración calcífica de una válvula tricúspide o bicúspide. El calcio rigidiza los velos, estrecha la apertura y puede impedir la coaptación; en la bicuspidía, la asimetría y el rafe favorecen ambos defectos a una edad más temprana. La aortopatía asociada debe describirse según el fenotipo de raíz o aorta ascendente y los antecedentes familiares, porque puede convertirse en la indicación dominante para la cirugía.

La enfermedad reumática produce fusión comisural, engrosamiento y retracción, a menudo junto con afectación mitral. La endocarditis sobre una válvula ya estenótica puede causar perforación o destrucción y generar una regurgitación aguda; la radioterapia, las conectivopatías y las enfermedades inflamatorias son causas menos frecuentes. Una comisurotomía o reparación previa puede dejar un orificio todavía estrechado y una nueva insuficiencia.

En la estenosis pura, el ventrículo responde con hipertrofia concéntrica para normalizar el estrés sistólico. En la insuficiencia pura aumenta el volumen telediastólico y la hipertrofia es excéntrica. En la forma mixta, la pared y la cavidad aumentan conjuntamente, pero en proporciones variables: el ventrículo puede no alcanzar los grandes diámetros típicos de la regurgitación aislada, pese a soportar un estrés elevado y desarrollar fibrosis.

En la regurgitación aórtica, el volumen sistólico total comprende tanto el gasto efectivo como la fracción que volverá al ventrículo durante la diástole. Si la válvula también es estenótica, todo el flujo atraviesa un orificio estrechado y puede producir una velocidad mayor de la esperada considerando solo el área valvular: por tanto, una Vmax alta refleja el trabajo global impuesto al ventrículo, no un simple artefacto. Antes de atribuirla a la enfermedad mixta deben excluirse otras situaciones de alto gasto, como anemia, fiebre, hipertiroidismo o shunts.

Durante la diástole, la regurgitación depende del orificio, del gradiente aorta-ventrículo y de la duración diastólica. La estenosis tiende a mantener la presión sistólica aórtica y la poscarga, mientras que el reflujo puede reducir la presión diastólica y ampliar la presión diferencial. La perfusión coronaria subendocárdica sufre simultáneamente una elevada demanda por la hipertrofia y una presión diastólica potencialmente menor, contribuyendo a la angina incluso sin estenosis coronarias.

La distensibilidad ventricular determina los síntomas y las mediciones. Un ventrículo rígido desarrolla precozmente presiones de llenado y dilata la aurícula y la circulación pulmonar sin alcanzar dimensiones extremas; un ventrículo más distensible acumula volumen a presiones inicialmente bajas y puede parecer clínicamente compensado. La edad, la hipertensión, la isquemia y la fibrosis modifican esta respuesta y explican por qué pacientes con grados similares siguen trayectorias diferentes.

Con la progresión, la reserva contráctil disminuye, el strain longitudinal empeora y la fracción de eyección puede descender. En la regurgitación, una parte del volumen sistólico se expulsa hacia una vía de menor impedancia; en la estenosis, la eyección se enfrenta a una obstrucción. Una fracción de eyección del 50% ya representa una disfunción relevante en la forma mixta y no debe considerarse casi normal.

El remodelado no es necesariamente uniforme. El sexo, la constitución corporal, la hipertensión y el fenotipo valvular influyen en la masa y los volúmenes; los valores absolutos pueden infravalorar un ventrículo pequeño o sobrestimar uno grande. La indexación, la evolución y la comparación con intervalos apropiados son indispensables. El strain puede señalar una pérdida de función antes que la fracción de eyección, pero no dispone de un umbral específico que por sí solo autorice la intervención en la enfermedad mixta.

Cuadro clínico, daño cardíaco e historia natural

Las formas leves pueden permanecer asintomáticas durante años, pero a medida que aumenta la carga aparecen progresivamente disnea, reducción de la capacidad funcional, angina, presíncope o síncope, mientras que la ortopnea y el edema indican la aparición de insuficiencia cardíaca. El paciente suele adaptar inconscientemente sus actividades y termina infravalorando el deterioro; por ello, la anamnesis seriada y la prueba de esfuerzo resultan especialmente útiles cuando una combinación moderada-moderada parece desproporcionada respecto a los síntomas referidos.

En la exploración física, los signos de los dos componentes pueden atenuarse mutuamente: la regurgitación tiende a producir un pulso amplio, la estenosis un ascenso lento. El soplo sistólico eyectivo irradia típicamente a las carótidas, el diastólico decreciente se ausculta a lo largo del borde esternal izquierdo y, con regurgitación importante, puede aparecer un soplo de Austin Flint. Sin embargo, ninguno de estos hallazgos permite separar con precisión el peso de las dos lesiones, y una exploración poco llamativa no excluye una carga hemodinámica grave.

El ECG muestra hipertrofia y alteraciones de la repolarización, en ocasiones bloqueos o fibrilación; la radiografía puede evidenciar dilatación ventricular y aórtica. Los péptidos natriuréticos reflejan estrés y son útiles de forma seriada, pero la edad, la función renal y la fibrilación los modifican. La troponina crónica, el strain y la fibrosis en la resonancia identifican daño miocárdico, sin constituir por sí solos indicaciones universalmente validadas.

El daño global comprende aurícula izquierda dilatada, presión pulmonar elevada, regurgitación mitral funcional, disfunción del ventrículo derecho y fibrilación. Estos hallazgos indican que la valvulopatía ha superado la mera compensación ventricular. La enfermedad coronaria, la amiloidosis y la hipertensión pueden contribuir; atribuir cualquier alteración a la aorta implica el riesgo tanto de adelantar una intervención innecesaria como de infravalorar una válvula realmente determinante.

Las cohortes de pacientes con estenosis e insuficiencia al menos moderadas han mostrado una elevada frecuencia de síntomas, sustitución y muerte. En estudios de sujetos inicialmente asintomáticos con función conservada, la velocidad aórtica pico predijo los eventos mejor que el área o un grado aislado de regurgitación. El mensaje no es que toda forma moderada requiera intervención, sino que no debe seguirse con la inercia reservada a dos lesiones moderadas independientes.

La evidencia observacional está expuesta a sesgos de selección y tratamiento: los pacientes remitidos a sustitución difieren de los observados y las definiciones de enfermedad mixta no son uniformes. El beneficio asociado a la intervención no demuestra automáticamente causalidad para cada subgrupo. Por tanto, las recomendaciones más recientes seleccionan fenotipos con consecuencias objetivas, mientras que para los demás siguen siendo fundamentales una vigilancia estrecha y los estudios prospectivos.

La progresión puede afectar a la calcificación y el área, a la regurgitación por pérdida de coaptación, a la aorta y al miocardio. Puesto que los gradientes y los volúmenes cambian con la presión y el gasto, una medición aislada no define la velocidad de progresión. Los estudios seriados en el mismo laboratorio, la revisión de las imágenes y la evaluación en condiciones compensadas distinguen el cambio biológico de la variabilidad técnica.

La bicuspidía introduce riesgos de aneurisma, disección y heredabilidad. Los diámetros aórticos se miden en segmentos estandarizados y se indexan cuando corresponde; la TC o la resonancia confirman los hallazgos si la ecocardiografía es incompleta. La indicación de cirugía aórtica depende del diámetro, el crecimiento, los antecedentes familiares, la coartación y la posibilidad de sustitución valvular concomitante, no solo de la gravedad hemodinámica.

Ecocardiografía y confirmación multimodal

La ecocardiografía transtorácica debe evaluar por separado la estenosis y la regurgitación y después verificar su coherencia con la respuesta ventricular. Para el componente estenótico se miden Vmax, gradientes medio y máximo, integrales velocidad-tiempo, área mediante continuidad e índice adimensional. El diámetro del tracto de salida y la alineación Doppler son fuentes importantes de error; se adquieren múltiples ventanas, incluida la derecha cuando sea necesario.

La regurgitación se gradúa integrando vena contracta, convergencia, jet, densidad y pendiente del Doppler continuo, inversión holodiastólica en la aorta descendente, volúmenes y fracción regurgitante. Un jet excéntrico adherido a la pared puede parecer pequeño. El pressure half-time está influido por la distensibilidad y las presiones; un valor corto no es específico cuando la presión telediastólica está elevada.

La ecuación de continuidad calcula un área efectiva y sigue siendo útil, pero la regurgitación aumenta el volumen que atraviesa tanto el tracto de salida como la válvula: en ausencia de errores, el área no debería reducirse falsamente por el reflujo. La velocidad y el gradiente, en cambio, aumentan con el volumen total. Una discrepancia entre un área moderada y una Vmax de rango grave puede ser fisiológicamente plausible y representar la carga combinada, no un motivo automático para descartar la velocidad.

La cuantificación volumétrica ecocardiográfica de la regurgitación se basa en la diferencia entre volumen sistólico total y efectivo, pero pequeños errores en la medición del diámetro del tracto de salida se amplifican porque el valor se eleva al cuadrado. El PISA aórtico también es técnicamente complejo y menos robusto que en otras aplicaciones. Cuando los métodos no concuerdan, el informe debe aclarar qué parámetros son fiables y recurrir, si es necesario, a una modalidad independiente en lugar de seleccionar la cifra más favorable para una conclusión.

El ventrículo se mide mediante volúmenes biplanos, diámetros, masa, fracción de eyección y strain. La hipertrofia puede limitar la dilatación esperada por la regurgitación y el volumen telesistólico puede aumentar antes que el diámetro extremo. La fracción de eyección debe interpretarse en contexto: un descenso por debajo del 50% no atribuible a otra causa representa una señal fuerte en las recomendaciones sobre la forma mixta.

La presión arterial forma parte de las condiciones del estudio y debe registrarse siempre. La hipertensión aumenta la poscarga y puede acentuar la regurgitación, mientras que la hipotensión reduce los gradientes y puede enmascarar la gravedad; la fibrilación y la extrasistolia requieren además promediar latidos comparables y un alto gasto por anemia puede aumentar la Vmax. Si una sola medición va a determinar la intervención, deben corregirse las condiciones reversibles y confirmarse el dato antes de la decisión.

La resonancia está indicada cuando la calidad ecocardiográfica, la regurgitación o los volúmenes son discordantes. El cine cuantifica volúmenes y masa, el phase contrast aórtico mide flujo anterógrado y retrógrado y el late enhancement caracteriza la cicatriz; la fibrosis intersticial puede estimarse mediante mapping. Las arritmias, el plano de medición y los flujos vorticosos requieren control de calidad y comparación con el volumen sistólico ventricular.

La TC sin contraste cuantifica el calcio valvular con umbrales dependientes del sexo para respaldar la gravedad estenótica en los casos discordantes. El calcio describe el componente estenótico, no cuantifica la regurgitación ni la carga mixta. La TC angiográfica evalúa la raíz, la aorta ascendente, las coronarias y los accesos para TAVI; en la bicuspidía analiza el rafe, la distribución del calcio y la forma del anillo.

La prueba de esfuerzo es apropiada en el paciente que se declara asintomático, siempre que se realice en un entorno experto. Los síntomas, la respuesta de la presión arterial o una capacidad anómala aclaran el estado clínico; la ecocardiografía de esfuerzo puede mostrar un aumento del gradiente y de la presión pulmonar, pero no existen puntos de corte específicos universalmente validados para cada forma mixta. El cateterismo se reserva para la discordancia persistente o la evaluación coronaria y no sustituye a un Doppler bien realizado.

Vigilancia, pronóstico e indicaciones para la intervención

Si la estenosis o la insuficiencia son graves, el paciente se maneja según las indicaciones del componente grave, adaptadas a la carga concomitante. Los síntomas atribuibles, la disfunción ventricular y la cirugía por aorta u otra patología constituyen puntos decisivos. En las formas equilibradas, las guías europeas de 2025 reconocen que la combinación moderada-moderada puede requerir tratamiento antes de que uno de los dos defectos llegue a ser aisladamente grave.

En presencia de estenosis moderada e insuficiencia moderada, la intervención se recomienda en el paciente sintomático cuando el gradiente medio es de al menos 40 mmHg o la Vmax de al menos 4,0 m/s, después de confirmar que los síntomas dependen de la válvula. La velocidad refleja el aumento del flujo y la obstrucción; no debe degradarse solo porque el área sea mayor que la de una estenosis grave pura.

En la misma combinación, la intervención también se recomienda en el paciente asintomático con Vmax de al menos 4,0 m/s y fracción de eyección inferior al 50%, cuando la disfunción no se explica por otra enfermedad. Es obligatorio buscar isquemia, miocardiopatía, arritmia e hipertensión. Una fracción apenas superior, sin síntomas ni progresión, no impone automáticamente el procedimiento.

En los pacientes asintomáticos que aún no tienen indicación de intervención, la vigilancia suele ser más estrecha que la prevista para una lesión moderada aislada. La frecuencia de las visitas y ecocardiogramas depende de la Vmax, la velocidad de progresión, la magnitud de la regurgitación, la respuesta ventricular y el estado de la aorta y, en los fenotipos más avanzados, puede ser semestral. La prueba de esfuerzo y los biomarcadores ayudan a desenmascarar un cambio precoz, mientras que la disnea, la angina, el síncope o una reducción de la actividad deben llevar al paciente a no esperar al control programado.

La presión arterial se trata con atención: reducir la poscarga es útil en la insuficiencia y para el riesgo vascular, pero una hipotensión excesiva se tolera mal en la estenosis importante. Ningún fármaco detiene la calcificación ni sustituye a la intervención. Los diuréticos alivian la congestión, mientras que las estatinas tienen indicación aterosclerótica, pero no para frenar la valvulopatía calcífica.

El pronóstico individual integra la trayectoria, no solo umbrales. Una Vmax que aumenta, volúmenes telesistólicos crecientes, un strain que empeora y nuevos síntomas constituyen un conjunto más convincente que un único dato limítrofe. Si las mediciones cambian bruscamente sin evolución clínica, se revisan la presión, el ritmo, la anemia, la técnica y la calidad antes de declarar progresión.

El embarazo y la cirugía no cardíaca requieren una estratificación específica del riesgo. Cuando sea posible, una valvulopatía mixta grave o sintomática debería corregirse antes de la concepción, considerando también la posible aortopatía asociada a la bicuspidía; antes de una cirugía mayor, en cambio, el plan depende del peso relativo de la estenosis y la regurgitación, de la función ventricular y de la urgencia del procedimiento. La etiqueta de «enfermedad mixta» por sí sola no define el riesgo.

SAVR, TAVI y seguimiento después de la sustitución

La sustitución quirúrgica trata simultáneamente la estenosis y la insuficiencia y permite intervenir sobre la raíz, la aorta ascendente, las coronarias u otras válvulas. Es especialmente adecuada para pacientes jóvenes, la bicuspidía con aortopatía, una anatomía desfavorable para TAVI o la necesidad de bypass. La elección de una prótesis mecánica o biológica considera la edad, la anticoagulación, el embarazo, la expectativa y la posibilidad de procedimientos futuros.

La TAVI es una opción cuando el componente estenótico proporciona calcificación y anclaje adecuados y el paciente cumple las indicaciones generales para sustitución transcatéter. No debe confundirse con el tratamiento de la insuficiencia pura no calcificada, más expuesta a migración y leak. La TC define el anillo, las coronarias, el calcio, la raíz y los accesos; la bicuspidía y el calcio asimétrico requieren un juicio especial.

Los estudios observacionales y los metaanálisis indican que los resultados de supervivencia tras TAVI en la enfermedad mixta con estenosis grave son al menos comparables a los de la estenosis predominante. La regurgitación preexistente puede preacondicionar el ventrículo a un aumento del volumen sistólico, pero no es protectora en sentido clínico. El leak paravalvular post-TAVI es más frecuente o más perjudicial en algunos estudios y debe prevenirse mediante un dimensionamiento adecuado y evaluarse con rigor.

La elección SAVR-TAVI corresponde al Heart Team, considerando edad biológica, riesgo, anatomía, enfermedad coronaria, aorta, acceso, durabilidad y preferencias. La valvulopatía mixta por sí sola no determina la vía. Un paciente joven con bicuspidía y aorta dilatada obtiene poco beneficio de un procedimiento que deje la aortopatía sin tratar; una persona mayor con aorta normal y acceso favorable puede evitar el trauma quirúrgico.

Después de la sustitución valvular, el ventrículo afronta un cambio hemodinámico rápido, porque disminuye la poscarga impuesta por la estenosis y desaparece la sobrecarga de volumen de la regurgitación. El volumen telediastólico y la masa tienden a reducirse progresivamente, mientras que la fracción de eyección puede variar en función de la contractilidad real; una disfunción persistente puede reflejar fibrosis, isquemia, mismatch o una intervención tardía. Por tanto, el estudio basal postprocedimiento sirve para documentar gradientes, posibles leaks, función ventricular y dimensiones aórticas residuales.

La vigilancia de la prótesis busca deterioro estructural, trombosis, endocarditis, mismatch y regurgitación paravalvular. Un gradiente alto desde el estudio basal es diferente de uno que aumenta; una nueva insuficiencia no es la reaparición de la enfermedad nativa, sino una disfunción protésica que debe caracterizarse. La ecocardiografía, la TC y, en ocasiones, la resonancia se eligen según la cuestión clínica.

La aorta sigue requiriendo imagen si estaba dilatada o era bicúspide, incluso después de la sustitución valvular. La presión arterial, la higiene oral, la actividad, la anticoagulación y la profilaxis de la endocarditis se manejan según la prótesis y el riesgo. El éxito no es solo una Vmax normal: incluye regresión del remodelado, ausencia de síntomas, aorta estable, buena durabilidad y una estrategia realista para el resto de la vida.

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