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Válvula aórtica

La válvula aórtica es la estructura semilunar que separa el tracto de salida del ventrículo izquierdo de la raíz aórtica y hace unidireccional la eyección sistémica. Más que un simple diafragma, representa el componente móvil de una raíz dinámica formada por la unión ventriculoarterial, los triángulos intercuspídeos, las cúspides, los senos de Valsalva y la unión sinotubular, cuya geometría coordinada permite una amplia apertura con una pérdida energética mínima y un cierre diastólico rápido y competente.

La configuración normal comprende tres cúspides, coronaria derecha, coronaria izquierda y no coronaria, denominadas en relación con los senos de los que se originan las arterias coronarias. Las líneas de inserción tienen forma de corona y alcanzan las comisuras; los triángulos fibrosos que se extienden entre las inserciones relacionan la raíz con las estructuras circundantes. Esta anatomía tridimensional explica por qué las mediciones bidimensionales pueden no describir adecuadamente el anillo y la raíz.

Las principales patologías son la estenosis aórtica, en la que la apertura está reducida, y la insuficiencia aórtica, en la que la coaptación diastólica es incompleta. La enfermedad puede localizarse en las cúspides, en la raíz o en ambas; puede ser congénita, degenerativa, reumática, infecciosa, inflamatoria, iatrogénica o secundaria a una patología de la aorta.

La válvula aórtica bicúspide constituye una entidad distinta porque combina una morfología valvular anómala, riesgo de estenosis o regurgitación precoz y posible aortopatía. Su reconocimiento modifica la vigilancia, el cribado familiar y la elección entre reparación, sustitución quirúrgica y tratamiento transcatéter.

Anatomía y desarrollo

La raíz aórtica se extiende desde el tracto de salida ventricular hasta la unión sinotubular. El término anillo aórtico se utiliza clínicamente para indicar el plano virtual que conecta los nadirs de las tres cúspides, sobre todo en la planificación por TC, pero la inserción anatómica no es un anillo circular. El plano suele ser elíptico y varía durante el ciclo cardíaco.

Cada cúspide aórtica presenta una porción basal, un cuerpo delgado y un borde libre. En el centro del borde se encuentra el nódulo de Arancio y, a los lados, las lúnulas; la coaptación se produce sobre una superficie y no a lo largo de una simple línea. Las fenestraciones próximas a las comisuras pueden ser hallazgos adquiridos o relacionados con la edad y adquieren relevancia cuando se rompen o comprometen el borde libre.

Los senos de Valsalva facilitan la dinámica de las cúspides y albergan los ostios coronarios derecho e izquierdo. Los vórtices que se forman en los senos durante y después de la eyección contribuyen a preparar el cierre sin imponer un impacto traumático. La unión sinotubular mantiene la relación entre las comisuras; su dilatación separa los bordes y puede provocar regurgitación incluso con cúspides relativamente normales.

La cúspide no coronaria está en continuidad con el velo mitral anterior a través de la continuidad fibrosa mitroaórtica, mientras que el seno derecho está próximo al tabique membranoso y al sistema de conducción. Estas relaciones explican por qué, durante la cirugía y la TAVI, el calcio, las suturas o la expansión de una prótesis pueden afectar no solo a la válvula, sino también al sistema de conducción, a los ostios coronarios y al aparato mitral.

Histológicamente, las cúspides poseen capas organizadas: fibrosa rica en colágeno en la vertiente aórtica, esponjosa con proteoglucanos y ventricularis rica en elastina en la vertiente ventricular. Las células endoteliales perciben fuerzas de cizallamiento diferentes en las dos caras; las células intersticiales mantienen y remodelan la matriz. La alteración de esta homeostasis es fundamental en la degeneración calcificada y mixomatosa.

La válvula se desarrolla a partir de los cojinetes endocárdicos del tracto de salida y de las crestas conotruncales mediante remodelado, excavación y adelgazamiento. Los defectos de separación y modelado pueden producir válvulas unicúspides, bicúspides o cuadricúspides y asociarse a anomalías del arco o de la aorta. La morfología bicúspide no es una entidad única e incluye fenotipos con distintas fusiones y rafes.

Las dimensiones de la raíz varían con la edad, el sexo y la superficie corporal, por lo que toda medición debe especificar la técnica, la fase del ciclo y el nivel anatómico. Dado que la ecocardiografía, la TC y la resonancia pueden utilizar convenciones diferentes, la comparación seriada solo es realmente fiable cuando se mantienen el plano, el método y la modalidad y los incrementos significativos se confirman mediante imagen tomográfica.

La aorta ascendente no forma parte de la válvula, pero su geometría influye en la función y el tratamiento. La dilatación puede ser primaria, asociada a bicuspidia o conectivopatía, o consecuencia de factores hemodinámicos y degenerativos. La raíz y el segmento tubular deben describirse por separado porque el fenotipo, el riesgo y los umbrales quirúrgicos no son idénticos.

El anillo virtual de los nadirs es distinto de la unión ventriculoarterial anatómica y del punto de inserción en forma de corona. La terminología es importante: la cirugía, la ecocardiografía y la TC pueden referirse a niveles diferentes cuando informan del diámetro. En la planificación transcatéter, el área y el perímetro del plano basal son preferibles a un único diámetro porque la sección es elíptica.

Las comisuras alcanzan la unión sinotubular y su altura contribuye a la superficie de coaptación. La altura geométrica de la cúspide y la altura efectiva, es decir, la distancia vertical del borde libre al plano basal, no son equivalentes. La reducción de la altura efectiva indica prolapso y guía la reparación de la insuficiencia en centros expertos.

Los ostios coronarios están situados en los senos derecho e izquierdo, con altura y orientación variables. Las cúspides, el calcio y las prótesis pueden aproximarse a los ostios durante una TAVI o un procedimiento valve-in-valve; los senos pequeños, los ostios bajos y una unión estrecha aumentan el riesgo de obstrucción. La anatomía coronaria debe interpretarse como parte de la raíz y de la estrategia de reintervención.

La bicuspidia se describe según el número de comisuras funcionales, la presencia y posición del rafe y la orientación de las cúspides. Los fenotipos con fusión derecha-izquierda o derecha-no coronaria presentan chorros y asociaciones aórticas diferentes, pero la morfología por sí sola no predice la evolución. La evaluación incluye coartación, arco, raíz y aorta ascendente y puede extenderse a los familiares de primer grado.

Fisiología y biomecánica

Durante la apertura sistólica, cuando la presión ventricular supera a la aórtica, las cúspides se abren pasivamente y se disponen hacia los senos. El área efectiva del orificio es inferior al área geométrica porque el flujo continúa convergiendo y alcanza la sección mínima poco más allá del orificio, en la vena contracta. En una válvula normal, el gradiente es mínimo incluso con flujos elevados.

Durante el cierre diastólico, la presión aórtica vuelve a superar a la ventricular y los vórtices de los senos favorecen el movimiento central de las cúspides. La coaptación distribuye la carga sobre una superficie amplia; el cierre genera la incisura dicrótica de la curva aórtica. El flujo coronario diastólico se origina en los senos coronarios mientras la válvula permanece cerrada.

Las cúspides soportan millones de ciclos de flexión y tracción gracias a una matriz en la que el colágeno orientado aporta resistencia, la elastina restituye la forma y los proteoglucanos permiten el deslizamiento entre las capas. Esta matriz no es inerte: las células responden continuamente a la carga y reparan los microdaños, pero la edad, la inflamación y las alteraciones bioquímicas pueden transformar una respuesta adaptativa en un proceso fibrótico y calcificado.

La forma de los senos reduce el estrés y permite la apertura sin adhesión a la pared. Una raíz excesivamente dilatada o deformada modifica el ángulo comisural y la altura efectiva de los bordes, reduciendo la coaptación. Por el contrario, las calcificaciones y la fusión impiden la excursión y concentran el flujo en un chorro de alta velocidad.

El gradiente transvalvular se origina por la aceleración del flujo: el Doppler mide la velocidad y aplica la relación simplificada de Bernoulli, mientras que el gradiente medio integra las diferencias de presión durante toda la eyección. Dado que ambas medidas aumentan con el flujo, deben interpretarse junto con el área valvular calculada mediante la ecuación de continuidad y con el índice adimensional.

Una estenosis impone una sobrecarga de presión. El ventrículo desarrolla hipertrofia concéntrica, aumenta la presión telediastólica y reduce la reserva coronaria. La obstrucción no es la única poscarga: la impedancia arterial y la presión sistémica se suman a la carga valvular, especialmente en el anciano con aorta rígida.

Una insuficiencia impone una sobrecarga de volumen porque el ventrículo recibe simultáneamente flujo mitral y volumen retrógrado aórtico. En la forma crónica, la dilatación y la hipertrofia excéntrica mantienen un gasto anterógrado; en la forma aguda, el aumento de la presión telediastólica provoca el cierre precoz de la mitral y causa congestión grave.

Cuando coexisten estenosis e insuficiencia, deben integrarse el área, el gradiente y el volumen regurgitante. El aumento del volumen a través de la válvula puede elevar el gradiente aunque el área no esté críticamente reducida, mientras que la estenosis limita el volumen regurgitante. La repercusión sobre el ventrículo puede ser más grave de lo que sugiere la clasificación separada de los dos componentes.

La perfusión coronaria se produce predominantemente en diástole, cuando la válvula cerrada separa el ventrículo de la presión aórtica. Una presión telediastólica elevada, la hipertrofia y la reducción de la diástole disminuyen el gradiente subendocárdico. Por ello, una estenosis puede causar angina incluso sin estenosis epicárdica y una insuficiencia grave puede comprometer la presión diastólica aórtica.

La recuperación de presión se produce cuando parte de la energía cinética del chorro se reconvierte distalmente a la vena contracta. En una raíz pequeña, el gradiente Doppler, que refleja la aceleración máxima, puede superar la pérdida energética neta medida de forma invasiva. El fenómeno no hace que el Doppler sea erróneo, pero exige comprender qué presión y qué localización se han comparado.

La impedancia valvuloarterial considera conjuntamente el gradiente medio y la presión sistólica en relación con el volumen sistólico indexado y describe la carga global del ventrículo. Puede estar elevada en el anciano hipertenso incluso con un gradiente valvular no extremo. No sustituye los umbrales de la estenosis, pero explica los síntomas y el remodelado cuando tanto la válvula como el árbol arterial contribuyen.

La respuesta miocárdica es heterogénea. Algunos ventrículos desarrollan una hipertrofia marcada, otros poca masa pero fibrosis; el sexo, la presión, la enfermedad coronaria, la amiloidosis y la genética modifican la adaptación. El strain longitudinal y la reserva disminuyen antes que la fracción de eyección, mientras que la fibrosis de reemplazo representa un daño menos reversible incluso después de implantar una prótesis que funciona perfectamente.

Patologías y manifestaciones clínicas

La estenosis calcificada evoluciona desde el engrosamiento y la microcalcificación hasta nódulos confluentes que reducen la apertura. La esclerosis valvular aórtica describe una válvula engrosada o calcificada sin obstrucción hemodinámicamente significativa; es un posible precursor, no una estenosis grave en miniatura. La progresión varía ampliamente entre individuos.

La estenosis bicúspide se manifiesta más precozmente porque el chorro excéntrico y la distribución anómala del estrés aceleran la fibrosis y la calcificación. La estenosis aórtica reumática suele asociarse a fusión comisural y enfermedad mitral. Las formas subvalvular y supravalvular no son patologías de la cúspide y deben distinguirse de la estenosis valvular.

La insuficiencia aórtica primaria se debe a prolapso, fenestraciones, retracción, perforación, endocarditis o traumatismo. La insuficiencia secundaria de la raíz se debe a dilatación del anillo funcional, de los senos o de la unión sinotubular. En la bicuspidia pueden coexistir prolapso de una cúspide y dilatación aórtica, lo que requiere una descripción mecánica detallada.

La forma aguda está causada principalmente por endocarditis, disección, traumatismo o complicaciones de procedimientos. El paciente presenta disnea de inicio súbito, edema pulmonar, hipotensión o shock. El soplo diastólico puede ser breve y poco intenso porque las presiones aórtica y ventricular se igualan rápidamente; no debe excluirse la gravedad por un hallazgo auscultatorio modesto.

En la forma crónica, los síntomas aparecen tras una larga fase compensada. La disnea, la reducción de la capacidad de ejercicio, la angina y las palpitaciones son frecuentes; la percepción de pulsaciones y una presión diferencial amplia orientan hacia insuficiencia. En la estenosis, la tríada clásica de angina, síncope e insuficiencia cardíaca pertenece a la fase sintomática avanzada y no debe esperarse para iniciar la vigilancia.

En la exploración, la estenosis produce un soplo sistólico eyectivo con irradiación carotídea, pulso pequeño y tardío y reducción del componente aórtico del segundo ruido en las formas calcificadas. La insuficiencia produce un soplo diastólico decreciente a lo largo del borde esternal y signos periféricos de presión diferencial elevada. El bajo flujo, la taquicardia y la rigidez vascular modifican estos hallazgos.

El daño extravalvular incluye hipertrofia, dilatación auricular, regurgitación mitral secundaria, hipertensión pulmonar y disfunción derecha. La fibrosis miocárdica puede ser difusa o de reemplazo y se asocia a peores resultados. El reconocimiento de amiloidosis concomitante en el anciano con estenosis requiere prestar atención al engrosamiento, al bajo voltaje y a otros signos.

La aortopatía puede permanecer asintomática hasta la disección. El dolor torácico o dorsal de inicio súbito, los déficits de pulso, los signos neurológicos o una nueva insuficiencia aórtica requieren estudios de imagen urgentes. La presencia de una válvula bicúspide o de un síndrome del tejido conectivo modifica la probabilidad pretest y la vigilancia familiar.

La endocarditis aórtica puede perforar una cúspide, destruir la coaptación o extenderse a la raíz, la continuidad mitroaórtica y el tabique membranoso. El absceso, la fístula y el bloqueo de conducción indican extensión perivalvular. La combinación de infección y regurgitación aguda requiere una evaluación que no se limite a cuantificar el chorro.

La esclerosis calcificada se distingue de la estenosis porque la velocidad y el gradiente no indican una obstrucción significativa. Sin embargo, representa un marcador de edad biológica y riesgo cardiovascular y puede progresar. La velocidad de progresión no es constante: la carga de calcio, la insuficiencia renal y la gravedad inicial se asocian a una progresión más rápida, pero la trayectoria individual requiere mediciones seriadas.

La enfermedad reumática, la válvula unicúspide y cuadricúspide, la radiación y las aortitis son menos frecuentes que la degeneración calcificada. La fusión comisural orienta hacia una etiología reumática o congénita, mientras que la calcificación de los cuerpos de las cúspides sin fusión caracteriza con mayor frecuencia la forma degenerativa. El mecanismo influye en la reparabilidad, la edad de presentación y las lesiones asociadas.

El dolor torácico agudo con nueva regurgitación obliga a excluir una disección de la raíz, aunque el soplo sea breve o esté ausente. La disección puede dilatar la unión, desprender una comisura o prolapsar a través del orificio. La hipotensión, las diferencias de pulso, el taponamiento y la isquemia coronaria constituyen una emergencia aórtica, no una valvulopatía crónica reagudizada.

Evaluación diagnóstica y diagnóstico

La ecocardiografía transtorácica evalúa el número y la movilidad de las cúspides, la calcificación, el rafe, la dirección de los chorros, las dimensiones del ventrículo y los diámetros de la raíz y de la aorta proximal. El Doppler continuo debe adquirirse desde múltiples ventanas para no infravalorar la velocidad; el Doppler pulsado mide el flujo en el tracto de salida y permite aplicar la ecuación de continuidad.

En la estenosis se integran la velocidad máxima, el gradiente medio, el área y el índice adimensional. La forma grave de alto gradiente requiere la concordancia de los siguientes parámetros:


Los cuadros discordantes requieren verificación técnica, definición del estado de flujo e imagen adicional. No debe seleccionarse aisladamente el valor más grave para asignar la severidad, porque la desalineación, el error en el tracto de salida y las variaciones del flujo producen combinaciones aparentes.

En la insuficiencia se describen el mecanismo, la vena contracta, la convergencia de flujo, la inversión holodiastólica aórtica, la densidad y la desaceleración Doppler, el volumen y la fracción regurgitantes y la respuesta ventricular. Ningún parámetro aislado constituye una referencia absoluta. La presión arterial y la frecuencia deben tenerse en cuenta durante la cuantificación.

La ecocardiografía transesofágica define las cúspides, las fenestraciones, las vegetaciones y el mecanismo de la regurgitación y guía la reparación. No es el método preferido para el gradiente cuando la TTE es adecuada, pero puede aclarar la anatomía y medir tridimensionalmente la raíz. Durante el procedimiento verifica la competencia, el gradiente residual y las complicaciones.

La TC sin contraste cuantifica el calcio valvular en los casos de estenosis discordante. La angio-TC describe el anillo, los senos, la unión sinotubular, los ostios coronarios, la aorta, la distribución del calcio y los accesos, y representa el estándar para planificar la TAVI. En la bicuspidia define el rafe, la simetría y la aortopatía.

La resonancia cardíaca mide los volúmenes y la masa ventriculares, el flujo aórtico y la fracción regurgitante, y caracteriza la fibrosis. Está indicada cuando la ecocardiografía no es concluyente o la dilatación ventricular parece desproporcionada. La resonancia o la TC completan la exploración de la aorta cuando el segmento ascendente no es visible en la TTE.

La prueba de esfuerzo es útil en la estenosis grave aparentemente asintomática y puede revelar síntomas o una respuesta tensional anómala. La ecocardiografía con dobutamina a dosis bajas se reserva para la estenosis de bajo flujo con fracción de eyección reducida. En la insuficiencia crónica, el ejercicio objetiva la capacidad y la respuesta ventricular, pero no sustituye los umbrales anatómicos y funcionales.

El cateterismo está indicado cuando los datos no invasivos y la clínica siguen siendo incongruentes y la medición invasiva puede cambiar el manejo. La coronariografía, invasiva o mediante TC, se elige según la edad, el riesgo coronario y la intervención prevista. El cruce retrógrado de una válvula estenótica no es rutinario y conlleva riesgos.

El diagnóstico diferencial incluye obstrucción subvalvular fija, miocardiopatía hipertrófica obstructiva, estenosis supravalvular y estados de alto gasto para los soplos sistólicos; regurgitación pulmonar, fístulas y ruidos vasculares para los soplos diastólicos. La integración de la morfología, el Doppler y la imagen tomográfica evita atribuir a la válvula una fisiología originada en otra localización.

En la estenosis, la calidad del Doppler se controla mediante adquisición multiventana y una sonda dedicada; la velocidad más alta representa el chorro mejor alineado. El volumen sistólico deriva del diámetro y el VTI del tracto de salida, mientras que el índice adimensional evita utilizar el diámetro. Las discordancias obligan a verificar la presión, el ritmo, el flujo y la geometría antes de asignar la severidad.

En la insuficiencia, el diagnóstico integra el mecanismo, la vena contracta, la convergencia, la densidad de la señal, la inversión holodiastólica aórtica, el área y el volumen regurgitantes y la respuesta ventricular. Los chorros excéntricos pueden parecer pequeños por adhesión a la pared; el pressure half-time varía con la distensibilidad y la presión. Ninguna medida aislada es suficiente en un cuadro discordante.

El calcium score por TC sin contraste es útil cuando el área y el gradiente de la estenosis no concuerdan, con umbrales diferentes según el sexo. La ecocardiografía con dobutamina se reserva sobre todo para el bajo flujo con fracción reducida, con el fin de distinguir una estenosis verdadera de una pseudo-grave. Estas exploraciones responden a preguntas complementarias, anatómica una y funcional la otra.

La raíz y la aorta se miden en niveles definidos y se comparan con un método coherente. Si la ecocardiografía no visualiza todo el segmento o detecta una dilatación, la TC o la resonancia confirman los diámetros perpendiculares al eje del vaso. La velocidad de crecimiento requiere mediciones reproducibles; una variación dudosa no debe transformarse automáticamente en progresión rápida.

Tratamiento, seguimiento y complicaciones

Una válvula aórtica normal no requiere intervenciones específicas; el tratamiento se dirige a la patología y a las condiciones que influyen en su carga. La presión arterial, la insuficiencia cardíaca y la enfermedad coronaria deben tratarse, pero ningún fármaco ha demostrado detener la estenosis calcificada. El tratamiento sintomático no debe retrasar una sustitución indicada.

En la estenosis calcificada grave, la corrección consiste en la sustitución valvular. La cirugía retira las cúspides e implanta una prótesis, mientras que la TAVI expande una bioprótesis dentro de la válvula nativa. La edad, el riesgo, la anatomía, el acceso transfemoral, la bicuspidia, la aorta, las coronarias y la durabilidad esperada determinan la elección en el Heart Team.

En la insuficiencia grave, la cirugía es el tratamiento estándar cuando aparecen síntomas o alteraciones ventriculares definidas. La reparación o un procedimiento valve-sparing puede ser apropiado en pacientes seleccionados con cúspides de buena calidad y aortopatía, siempre que se realice en centros con gran experiencia. La TAVI para insuficiencia pura se limita a casos seleccionados con alto riesgo y anatomía adecuada.

La elección de la prótesis considera la durabilidad y la anticoagulación. Una prótesis mecánica suele favorecerse en el paciente joven que puede recibir un antagonista de la vitamina K; una bioprótesis se favorece a mayor edad o cuando existe contraindicación para la anticoagulación permanente. La estrategia incluye el riesgo de mismatch y la viabilidad de futuros procedimientos valve-in-valve.

La valvuloplastia con balón tiene un papel duradero en la estenosis congénita no calcificada, pero en el adulto con estenosis calcificada ofrece un beneficio transitorio y riesgos de regurgitación, ictus y complicaciones vasculares. Puede considerarse como puente en pacientes inestables o antes de una cirugía no cardíaca urgente cuando no es posible una sustitución inmediata.

El seguimiento depende de la lesión y de la severidad. En la estenosis grave asintomática, una evaluación al menos semestral permite reconocer síntomas y cambios funcionales; en la moderada, el control suele ser al menos anual y más estrecho cuando existe calcificación importante. En la insuficiencia grave se vigilan los volúmenes, los diámetros y la fracción de eyección y se acorta el intervalo cerca de los umbrales.

La aorta debe medirse de forma seriada. Un diámetro inicial superior a 45 mm requiere confirmación a los seis meses y después vigilancia anual según las guías ESC/EACTS 2025, con validación tomográfica de incrementos superiores a 3 mm. Los umbrales de intervención dependen del diámetro, el fenotipo, la etiología, el crecimiento, los antecedentes familiares y el procedimiento valvular concomitante.

Las complicaciones de la estenosis incluyen insuficiencia cardíaca, angina, síncope, arritmias, muerte súbita y shock en la fase terminal. La insuficiencia causa dilatación, disfunción sistólica, arritmias y congestión. La endocarditis y la aortopatía pueden complicar ambas y producir insuficiencia aguda o disección.

Los procedimientos pueden causar bloqueo de conducción, necesidad de marcapasos, ictus, sangrado, lesión renal, leak paravalvular, obstrucción coronaria, mismatch y endocarditis. La TAVI presenta con mayor frecuencia leak, complicaciones vasculares y necesidad de marcapasos; la cirugía, con mayor frecuencia sangrado grave, fibrilación auricular y lesión renal precoz. Las diferencias dependen del dispositivo y del paciente.

A largo plazo, las bioprótesis pueden degenerar y las prótesis mecánicas pueden trombosarse o desarrollar pannus; ambas pueden infectarse o presentar leak. Un ecocardiograma basal después del implante es indispensable para la comparación. La aparición de nuevos síntomas, un cambio del soplo o un aumento del gradiente exige un control anticipado e imagen multimodal.

El pronóstico tras una corrección oportuna suele ser bueno, pero depende de la presencia de fibrosis, disfunción ventricular, hipertensión pulmonar, enfermedad coronaria y fragilidad. El éxito óptimo no consiste únicamente en una válvula con bajo gradiente y sin regurgitación, sino en un paciente con recuperación funcional y una estrategia sostenible durante toda su esperanza de vida.

La estrategia para todo el curso de la vida considera la durabilidad y la reintervención. La edad, el tamaño del anillo, el acceso a las coronarias, la posibilidad de valve-in-valve, el riesgo de mismatch y la presencia de aortopatía orientan el primer tratamiento. Una solución óptima a corto plazo puede impedir opciones futuras; la planificación debe anticipar al menos el siguiente procedimiento que sea razonablemente necesario.

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