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Insuficiencia aórtica

La insuficiencia aórtica es una valvulopatía caracterizada por un cierre inadecuado de la válvula aórtica durante la diástole, que permite un regurgitación de sangre desde la aorta hacia el ventrículo izquierdo. Esta condición compromete la integridad valvular y provoca una sobrecarga volumétrica del ventrículo, con consecuencias hemodinámicas progresivas. Puede presentarse en forma aguda o crónica y originarse por alteraciones estructurales de las cúspides valvulares o de la raíz aórtica.

Etiología, patogenia y fisiopatología

Las causas de la insuficiencia aórtica se dividen en dos grandes categorías:


La regurgitación aórtica implica un retorno de sangre al ventrículo izquierdo durante la diástole, ocasionando una sobrecarga de volumen adicional al llenado fisiológico. Para mantener un gasto cardíaco eficaz, el ventrículo izquierdo sufre una dilatación progresiva y una hipertrofia excéntrica, con aumento tanto del volumen telediastólico como de la masa miocárdica.


El mecanismo de adaptación está regulado por la ley de Laplace, según la cual la tensión parietal es proporcional al producto entre la presión y el radio, e inversamente proporcional al espesor parietal. La dilatación ventricular estimula la proliferación en serie de sarcómeros, permitiendo mantener la presión intraventricular dentro de límites funcionales y conservar temporalmente la función sistólica. Esta fase se denomina equilibrio estable.


Con la progresión de la enfermedad, la dilatación ventricular se vuelve excesiva, aumenta el estrés parietal, se produce una reducción de la contractilidad y una depresión de la función sistólica. Así se instaura un progresivo fallo hemodinámico.


La reducción de la presión diastólica aórtica, por pérdida de volumen sanguíneo durante la diástole, se asocia a un aumento de la presión sistólica debido al incremento del volumen de eyección, resultando en un aumento marcado del pulso diferencial (PAD), dato patognomónico de la enfermedad.


En la insuficiencia aórtica aguda, que puede derivar de endocarditis, trauma torácico o disección, el ventrículo izquierdo no dispone del tiempo necesario para activar los mecanismos compensatorios. El rápido aumento de la presión diastólica ventricular provoca una brusca reducción del gradiente aortoventricular, con congestión pulmonar aguda, edema alveolar y shock cardiogénico. La ausencia de hipertrofia impide manejar la sobrecarga, haciendo esta forma rápidamente fatal si no se trata.


Se han descrito 4 fases fisiopatológicas en la insuficiencia aórtica crónica:

Manifestaciones clínicas

Las manifestaciones clínicas de la insuficiencia aórtica crónica pueden permanecer silentes durante años gracias a la capacidad de adaptación del ventrículo izquierdo. Los síntomas aparecen cuando se pierde la compensación mecánica y la disfunción ventricular comienza a comprometer el gasto cardíaco.


En las primeras fases (equilibrio estable y lábil), el paciente es asintomático o solo refiere astenia, palpitaciones o sensación de pulsación en cuello y cabeza (signo de Corrigan). El primer síntoma verdadero suele ser la disnea de esfuerzo, que progresa a ortopnea y disnea paroxística nocturna.


Con la instauración de la disfunción sistólica, pueden aparecer angina de pecho (incluso en ausencia de coronariopatía) por desequilibrio entre demanda y aporte de oxígeno, y edema pulmonar agudo, hasta el cuadro de insuficiencia cardíaca global. El cuadro puede evolucionar rápidamente si la insuficiencia se presenta en forma aguda.


En el contexto de insuficiencia aguda (p. ej., endocarditis, disección, trauma), los síntomas comienzan de forma súbita: disnea progresiva, edema pulmonar masivo, hipotensión severa y shock cardiogénico.


En pacientes con insuficiencia crónica, los signos clínicos reflejan la sobrecarga volumétrica y el aumento del pulso diferencial. A la inspección puede observarse a veces pulsación visible en cuello o yugular, movimientos laterales de la cabeza sincronizados con el pulso (signo de Musset), o pulsación visible de la lengua (signo de Müller).


En la palpación se aprecia el pulso de Corrigan (pulso rápido y amplio), hiperdinámico y saltón, expresión del rápido vaciamiento arterial en diástole. El choque de punta es hiperdinámico, desplazado hacia abajo y lateralmente.

La auscultación aporta los hallazgos más característicos:


En la insuficiencia aguda faltan los signos periféricos (no hay tiempo para la adaptación). El pulso es pequeño, el pulso diferencial poco aumentado, y el soplo diastólico puede ser breve y poco audible.

Diagnóstico

El electrocardiograma (ECG) suele ser inespecífico en las fases iniciales, pero puede mostrar signos de hipertrofia ventricular izquierda (voltajes aumentados, desviación del eje a la izquierda). En etapas avanzadas se observan alteraciones del segmento ST y onda T (negatividad, asimetría), hasta la aparición de bloqueo de rama izquierda en casos severos.

En la insuficiencia aguda puede detectarse taquicardia sinusal y alteraciones del segmento ST por isquemia subendocárdica.


La radiografía de tórax en formas crónicas muestra cardiomegalia, con perfil alargado del tercer arco izquierdo por dilatación del ventrículo izquierdo y signos de congestión pulmonar. En formas agudas puede ser normal o mostrar signos de edema alveolar agudo.


La ecocardiografía es el examen de referencia:


La aortografía, actualmente menos utilizada pero todavía relevante en el ámbito prequirúrgico o cuando la ecografía es inconclusa, permite una evaluación visual de la regurgitación mediante opacificación ventricular con medio de contraste, clasificada en 4 grados (1+ a 4+).


La resonancia magnética cardíaca (RMC) puede ofrecer una evaluación precisa de la masa y función ventricular y una cuantificación volumétrica de la regurgitación en pacientes con imágenes ecocardiográficas subóptimas.

Tratamiento

El tratamiento de la insuficiencia aórtica depende de la forma (aguda o crónica), la gravedad de la regurgitación y la presencia o ausencia de disfunción ventricular izquierda.

En las formas leves o moderadas, asintomáticas, sin disfunción ventricular izquierda (FE > 55%) y con dimensiones normales de la raíz aórtica, es suficiente un seguimiento ecocardiográfico periódico y la profilaxis de la endocarditis bacteriana.


En pacientes con regurgitación moderada-severa pero función ventricular aún conservada, pueden ser útiles:


El tratamiento quirúrgico está indicado:

La sustitución valvular con prótesis mecánicas o biológicas es la intervención de elección. En casos seleccionados, la reparación valvular es posible, sobre todo en centros de alta especialización.

Pronóstico

El pronóstico está fuertemente influenciado por la oportunidad de la intervención quirúrgica. Los pacientes asintomáticos con función ventricular normal tienen una excelente supervivencia a largo plazo. Sin embargo, la supervivencia a 5 años desde la aparición de síntomas disminuye drásticamente (< 20% en no tratados), especialmente en presencia de disfunción sistólica, angina o insuficiencia cardíaca.

En pacientes operados en fases tempranas (FE conservada) el pronóstico es muy favorable. En formas agudas no tratadas, la insuficiencia aórtica puede ser rápidamente fatal.

Complicaciones

Las principales complicaciones de la insuficiencia aórtica son:

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