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MODY

La diabetes de inicio en la madurez del joven (Maturity-Onset Diabetes of the Young, MODY) es un grupo de formas de diabetes monogénica no autoinmune determinadas por variantes patogénicas en genes que regulan la detección de glucosa, la función de las células beta pancreáticas, la transcripción de los programas endocrinos pancreáticos o, en algunas formas, el desarrollo del páncreas y de órganos asociados. Por tanto, no representa una simple variante precoz de la diabetes mellitus tipo 2 ni una forma atenuada de diabetes mellitus tipo 1, sino una categoría etiológica distinta en la que el defecto genético es el principal determinante de la hiperglucemia. Su importancia clínica es muy elevada, porque el reconocimiento correcto del subtipo puede modificar el diagnóstico, el tratamiento, el pronóstico, el asesoramiento familiar y el manejo del embarazo.

Desde el punto de vista histórico, el término MODY surgió para describir formas de diabetes de inicio juvenil con aparente transmisión autosómica dominante y sin necesidad inmediata de insulina. Hoy esta definición es útil como orientación clínica, pero resulta insuficiente desde el punto de vista biológico, porque el MODY comprende subtipos muy diferentes entre sí. Algunos causan una hiperglucemia leve y estable durante toda la vida; otros inducen un defecto secretor progresivo con aumento del riesgo de complicaciones microvasculares si el control metabólico no es adecuado; y otros se asocian a manifestaciones extrapancreáticas, como anomalías renales, hepáticas, pancreáticas o genitales. Por tanto, el MODY debe entenderse como una familia de enfermedades unidas por un mecanismo monogénico, pero diferenciadas por perfiles clínicos y terapéuticos específicos.

Epidemiología, distribución de los subtipos y magnitud del infradiagnóstico

Desde el punto de vista epidemiológico, el MODY representa una proporción minoritaria de todos los casos de diabetes, pero su frecuencia real es casi con seguridad superior a la registrada en las bases de datos clínicas habituales. La principal razón es el infradiagnóstico. Muchos pacientes son clasificados como afectados por diabetes tipo 1 porque son jóvenes y presentan hiperglucemia, o como afectados por diabetes tipo 2 porque no presentan cetoacidosis, conservan una secreción endógena de insulina y a veces mantienen durante años un buen control con tratamiento no insulínico. Este error de clasificación es especialmente frecuente en los contextos en los que no se considera la prueba genética o se solicita demasiado tarde.

La distribución de los subtipos depende en parte de la población estudiada y en parte de la estrategia diagnóstica utilizada. En las series europeas, las formas más comunes son las relacionadas con GCK, HNF1A, HNF4A y HNF1B. Entre ellas, las variantes de la glucocinasa (GCK) y del factor nuclear de hepatocitos 1 alfa (HNF1A) constituyen la mayoría de los diagnósticos en los registros especializados, mientras que HNF4A y HNF1B son menos frecuentes, pero clínicamente muy relevantes, porque el primero suele asociarse a una gran sensibilidad a las sulfonilureas y el segundo a un amplio espectro de manifestaciones extrapancreáticas. Los subtipos más infrecuentes incluyen genes implicados en el desarrollo pancreático, la regulación transcripcional de las células beta u otras funciones endocrinas y metabólicas.

La epidemiología observada no refleja únicamente la biología de la enfermedad, sino también la forma en que se busca. Las formas causadas por GCK, que producen una hiperglucemia leve y estable presente a menudo desde el nacimiento, se identifican con mayor facilidad en poblaciones donde es habitual realizar análisis de sangre a personas asintomáticas, durante la edad pediátrica o el embarazo. Las formas causadas por HNF1A, en cambio, se reconocen con mayor frecuencia cuando la hiperglucemia se vuelve clínicamente manifiesta durante la adolescencia o los primeros años de la edad adulta. Esto significa que la geografía del MODY está influida no solo por la genética de la población, sino también por los hábitos de cribado y la cultura diabetológica local.

Por tanto, la verdadera relevancia epidemiológica del MODY no deriva únicamente de su prevalencia absoluta, sino del número de diagnósticos omitidos. Cada paciente clasificado de manera incorrecta pierde la posibilidad de recibir un tratamiento más adecuado, de obtener una predicción más precisa de la evolución y de realizar un estudio dirigido de sus familiares. Por ello, el MODY es una enfermedad infrecuente desde el punto de vista estadístico, pero de alto rendimiento diagnóstico en la práctica clínica. Cuando se busca en los pacientes adecuados, la probabilidad de obtener un resultado genética y terapéuticamente útil aumenta de forma considerable.

Genética, patogenia y fisiopatología del MODY

La fisiopatología del MODY depende del gen implicado, pero en la mayoría de los casos el elemento central es un defecto primario de la secreción de insulina, sin el mecanismo autoinmune típico que destruye las células beta en la diabetes tipo 1 y sin el papel dominante de la resistencia sistémica a la insulina característico de la diabetes tipo 2. Por tanto, el MODY es un modelo paradigmático de enfermedad en la que una sola alteración molecular basta para desplazar la homeostasis glucémica fuera de su estado fisiológico.

En las formas causadas por GCK, el defecto afecta al sensor glucémico de las células beta. La glucocinasa fosforila la glucosa y permite su entrada funcional en la cascada metabólica que conduce al aumento de la relación entre trifosfato de adenosina y difosfato de adenosina, al cierre del canal de potasio sensible al ATP, a la despolarización de la membrana y, finalmente, a la secreción de insulina. Una reducción de la función de la glucocinasa eleva el umbral glucémico que la célula beta percibe como normal. El resultado no es una ausencia de secreción de insulina, sino una secreción adecuada para un punto de ajuste glucémico más alto. Por este motivo, el fenotipo típico es una hiperglucemia leve y estable, con progresión mínima a lo largo del tiempo.

En las formas causadas por HNF1A y HNF4A, el problema no reside en la detección primaria de glucosa, sino en la regulación transcripcional de numerosos genes implicados en la función de las células beta, el transporte de glucosa, el metabolismo intermedio y la respuesta secretora. Estas formas provocan una insuficiencia progresiva de las células beta. La secreción de insulina está presente al principio, pero tiende a deteriorarse con los años. Clínicamente, esto explica que el paciente pueda presentar una fase inicial de alteración glucémica relativamente moderada y desarrollar después una diabetes manifiesta, con mayor vulnerabilidad a la hiperglucemia posprandial y una necesidad terapéutica creciente.

La forma causada por HNF1B introduce una fisiopatología más compleja, porque el gen participa en el desarrollo embrionario del páncreas, el riñón y el aparato urogenital. En este caso, la diabetes no refleja únicamente un defecto secretor aislado, sino a menudo una masa pancreática endocrina y exocrina reducida, asociada a anomalías renales estructurales, quistes, hipomagnesemia, alteraciones hepáticas o genitales. Así, el MODY se convierte en un síndrome del desarrollo con expresión metabólica diabética. Otros subtipos más infrecuentes, como los relacionados con PDX1, NEUROD1, ABCC8, KCNJ11, INS y otros genes, pueden actuar alterando el desarrollo pancreático, la transducción de la señal secretora o la supervivencia funcional de las células beta.

Desde el punto de vista fisiopatológico, el MODY demuestra que la glucemia es el resultado final de un equilibrio extremadamente fino entre la detección de glucosa, el metabolismo intracelular, la transcripción génica, la masa de células beta y la integración con otros tejidos. Una sola variante genética puede modificar uno de estos puntos y producir un fenotipo glucémico estable o progresivo. El tipo de mutación, el gen implicado, la penetrancia, los posibles modificadores genéticos y el contexto ambiental contribuyen después a la variabilidad clínica observada incluso dentro de una misma familia.

Manifestaciones clínicas y perfiles fenotípicos

La presentación clínica del MODY no es uniforme, y este es uno de los motivos por los que el diagnóstico suele retrasarse. Algunos pacientes son completamente asintomáticos y descubren la hiperglucemia durante análisis rutinarios, evaluaciones preoperatorias o controles del embarazo. Otros presentan los síntomas clásicos de la diabetes, como poliuria, polidipsia, pérdida de peso y astenia, pero dentro de un contexto clínico que no encaja plenamente con las formas comunes. La ausencia de obesidad marcada, la agregación familiar vertical, la persistencia del péptido C y la negatividad de los autoanticuerpos contra los islotes pancreáticos son a menudo las señales que diferencian a estos pacientes de las categorías diagnósticas más frecuentes.

En el GCK-MODY, el fenotipo típico es una hiperglucemia leve y estable desde el nacimiento, con frecuencia acompañada de una glucemia en ayunas moderadamente elevada y una HbA1c solo ligeramente aumentada. Estas personas rara vez desarrollan una descompensación metabólica aguda y a menudo no presentan síntomas. El diagnóstico puede surgir durante la edad pediátrica, a raíz de controles casuales, o durante el embarazo, cuando la alteración glucémica se interpreta inicialmente como diabetes gestacional. En el HNF1A-MODY, el cuadro es diferente. El inicio tiende a producirse durante la adolescencia o los primeros años de la edad adulta, con intolerancia progresiva a la glucosa y, a menudo, una hiperglucemia posprandial importante. Un rasgo clásico es la reducción del umbral renal para la glucosa, con posible aparición de glucosuria relativamente precoz respecto al grado de hiperglucemia.

En el HNF4A-MODY, el fenotipo puede ser similar al causado por HNF1A, pero presenta algunas particularidades. En ciertas familias se observan antecedentes de macrosomía fetal e hipoglucemia neonatal hiperinsulinémica en los portadores, antes de que aparezca en los años posteriores el defecto secretor progresivo que conduce a la diabetes. En el HNF1B-MODY, por el contrario, la historia clínica a menudo no puede explicarse únicamente por la glucemia: los quistes renales, las malformaciones del aparato genitourinario, las alteraciones hepáticas, la hipoplasia pancreática, la insuficiencia renal o la hipomagnesemia orientan hacia una afectación sindrómica y hacen necesaria una exploración física y analítica mucho más amplia que la simple evaluación diabetológica.

Los antecedentes familiares suelen ser esclarecedores. El patrón autosómico dominante se manifiesta típicamente con varias generaciones afectadas, pero no debe interpretarse de forma rígida. Pueden existir variantes de novo, penetrancia incompleta, familiares con diagnósticos previos de diabetes tipo 1 o tipo 2 que en realidad eran incorrectos, o familiares con hiperglucemia leve que nunca se ha estudiado formalmente. Por tanto, la aparente ausencia de antecedentes familiares no basta por sí sola para excluir el MODY cuando el fenotipo es muy sugestivo.

Cuándo sospechar un MODY

La sospecha de MODY surge cuando existe una discordancia entre la historia clínica del paciente y el diagnóstico convencional de diabetes tipo 1 o tipo 2. Una persona joven, no obesa o solo con un sobrepeso moderado, con diabetes no cetósica, autoanticuerpos negativos y secreción de insulina conservada no encaja perfectamente en el modelo de la diabetes autoinmune clásica. Del mismo modo, un adolescente o un adulto joven con hiperglucemia, pero sin signos marcados de resistencia a la insulina, con antecedentes familiares verticales y progresión lenta, debe hacer pensar en una forma monogénica.

La sospecha es especialmente intensa cuando la hiperglucemia está presente en varios miembros de la misma familia a lo largo de generaciones sucesivas. Sin embargo, este patrón autosómico dominante no es el único elemento útil. La presencia de una hiperglucemia leve persistente desde la infancia, un diagnóstico de «prediabetes» estable durante años, una glucosuria relativamente precoz, la ausencia de cetoacidosis y el mantenimiento de un péptido C medible mucho tiempo después del diagnóstico son indicios importantes. En las formas sindrómicas, la coexistencia de anomalías renales, hepáticas o pancreáticas refuerza aún más la sospecha.

Según las directrices de ISPAD, la sospecha de diabetes monogénica y, por tanto, también de MODY, debe considerarse ante una edad temprana de inicio, ausencia de autoinmunidad, persistencia de la secreción endógena de insulina y antecedentes familiares compatibles, integrando el cuadro con posibles características extrapancreáticas y con el fenotipo glucémico específico. En la práctica, el razonamiento correcto no consiste en preguntarse si el paciente se parece genéricamente a un caso de diabetes rara, sino si el tipo de diabetes que se le ha atribuido hasta ese momento explica realmente todos los elementos de su historia. Cuando la respuesta es negativa, el MODY debe incluirse en el diagnóstico diferencial.

    Signos clínicos que deben hacer considerar el MODY

  • Inicio de la diabetes a una edad temprana con autoanticuerpos negativos
  • Péptido C conservado mucho tiempo después del diagnóstico
  • Agregación familiar vertical en varias generaciones
  • Ausencia de obesidad marcada o de un síndrome metabólico dominante
  • Fenotipo compatible con hiperglucemia leve estable o con un defecto secretor progresivo
  • Presencia de anomalías renales u otras manifestaciones extrapancreáticas sugestivas

Pruebas diagnósticas y diagnóstico

El proceso diagnóstico debe comenzar con la confirmación bioquímica de la diabetes o de la alteración de la regulación glucémica mediante glucemia en ayunas, glucemia ocasional en presencia de síntomas, hemoglobina glucosilada (HbA1c) y, cuando sea útil, una prueba oral de tolerancia a la glucosa (OGTT). Una vez confirmada la hiperglucemia, el problema central pasa a ser la definición etiológica. En el MODY, el diagnóstico no puede establecerse correctamente si se limita a demostrar la presencia de diabetes, porque el verdadero objetivo es identificar el subtipo genético responsable.

La segunda fase del proceso incluye la evaluación del fenotipo diabetológico. Los autoanticuerpos contra la descarboxilasa del ácido glutámico 65 (anti-GAD65), contra el antígeno 2 de los islotes (anti-IA2) y contra el transportador de zinc 8 (anti-ZnT8) ayudan a reducir la probabilidad de una forma autoinmune. La determinación del péptido C permite estimar la secreción residual de insulina. Los antecedentes familiares, la edad de inicio, el perfil ponderal, la presencia de glucosuria, la evolución clínica y las posibles manifestaciones extrapancreáticas completan el cuadro. En esta fase, el clínico debe construir una sospecha razonada del subtipo más probable, porque esto orienta el tipo de prueba genética que debe solicitarse.

En ausencia de criterios diagnósticos oficiales universales para el MODY, según las directrices de ISPAD, para establecer el diagnóstico es necesario documentar un fenotipo compatible con una diabetes monogénica no autoinmune e identificar una variante patogénica o probablemente patogénica en un gen coherente con el cuadro clínico. Esto significa que la prueba genética es el paso decisivo, pero su interpretación siempre debe estar vinculada al fenotipo. Un panel multigénico para diabetes monogénica suele ser la estrategia más útil cuando la sospecha es sólida, mientras que en fenotipos muy característicos puede ser razonable un enfoque más dirigido.

El principal diagnóstico diferencial es la diabetes tipo 1, la diabetes tipo 2 del adulto joven, la diabetes autoinmune latente del adulto (LADA) y otras formas específicas de diabetes monogénica no MODY. La diferencia no es meramente nominal, sino práctica. En el GCK-MODY, el tratamiento farmacológico crónico suele ser innecesario fuera del embarazo. En el HNF1A-MODY y el HNF4A-MODY, las sulfonilureas pueden ser especialmente eficaces. En el HNF1B-MODY, el paciente suele requerir un manejo más cercano al de las formas insulinopénicas y una vigilancia nefrológica estructurada. Por tanto, un diagnóstico correcto cambia directamente la asistencia.

Clasificación clínica y genética de los principales subtipos

La clasificación del MODY puede construirse de manera útil a partir de los genes implicados con mayor frecuencia y de su perfil clínico dominante. El GCK-MODY es el modelo del defecto de detección de glucosa. Produce una hiperglucemia leve en ayunas y estable, una progresión mínima con el tiempo y un bajo riesgo de complicaciones en las formas típicas. El HNF1A-MODY representa el modelo de defecto transcripcional con insuficiencia progresiva de las células beta, sensibilidad marcada a las sulfonilureas y un riesgo de complicaciones microvasculares similar al de otras formas de diabetes cuando el control metabólico no es adecuado.

El HNF4A-MODY comparte con el HNF1A-MODY el carácter progresivo del defecto secretor, pero puede asociarse a antecedentes de macrosomía e hipoglucemia neonatal en los portadores. El HNF1B-MODY, en ocasiones incluido dentro del síndrome de quistes renales y diabetes, se caracteriza por su asociación con anomalías renales y otros signos extrapancreáticos. En estos pacientes, la diabetes suele ser solo una parte del cuadro clínico general. Otros subtipos más infrecuentes incluyen formas relacionadas con PDX1, NEUROD1, ABCC8, KCNJ11, INS, CEL y otros genes, pero la intensidad de la sospecha clínica y la probabilidad de obtener un diagnóstico útil dependen principalmente de la coherencia fenotípica.

Es importante señalar que el sistema numérico tradicional MODY1, MODY2, MODY3 y así sucesivamente tiene hoy un valor sobre todo histórico. En la práctica clínica resulta mucho más útil razonar en términos del gen causal y del fenotipo asociado, porque es el gen el que determina el tipo de defecto fisiopatológico, la respuesta terapéutica, el riesgo de progresión, el manejo del embarazo y la necesidad de estudiar otros órganos. Por tanto, una clasificación moderna del MODY debe estar orientada por el genotipo, aunque siempre permanezca vinculada al perfil clínico del paciente.

Tratamiento y terapia guiada por el genotipo

El tratamiento del MODY es uno de los ejemplos más claros de medicina de precisión en endocrinología. La terapia correcta depende en gran medida del subtipo genético. En el GCK-MODY, generalmente no está indicado un tratamiento farmacológico crónico, porque la hiperglucemia refleja un punto de ajuste glucémico establemente más alto y, en las formas típicas, la insulina o los hipoglucemiantes orales no suelen aportar un beneficio clínicamente relevante. En estos pacientes, el error más común es precisamente el sobretratamiento.

En el HNF1A-MODY y el HNF4A-MODY, el tratamiento de primera línea suele consistir en dosis bajas de sulfonilureas, a las que estos pacientes pueden mostrar una sensibilidad superior a la de las personas con diabetes tipo 2. Esta respuesta se debe a que las células beta siguen presentes, pero son funcionalmente incapaces de secretar insulina de forma adecuada sin estimulación farmacológica. Sin embargo, con el paso de los años, el déficit secretor puede progresar y una parte de los pacientes necesita una intensificación terapéutica hasta llegar al tratamiento con insulina. Incluso en este contexto, conocer el genotipo permite elegir el tratamiento inicial más racional y evitar itinerarios terapéuticos innecesariamente complejos.

En el HNF1B-MODY, la respuesta a las sulfonilureas suele ser moderada o insuficiente y muchos pacientes requieren insulina relativamente pronto, debido a la masa pancreática reducida o a un defecto secretor más grave. En estas formas, el tratamiento debe integrarse con el manejo nefrológico, electrolítico y multisistémico. En los subtipos más infrecuentes, la elección terapéutica depende del mecanismo implicado y del nivel de evidencia disponible, que a menudo es menor que en los subtipos más comunes. Algunos pacientes con mutaciones en genes del canal de potasio sensible al ATP pueden beneficiarse de estrategias farmacológicas específicas, aunque estas formas se sitúan parcialmente en la frontera con otras categorías de diabetes monogénica.

El embarazo merece una consideración aparte, especialmente en el GCK-MODY. En este contexto, la decisión de tratar o no la hiperglucemia depende del genotipo fetal probable o documentado, porque el significado biológico de la glucemia materna cambia según el feto comparta o no la misma mutación. Esto convierte al MODY en un ejemplo concreto de cómo la genética puede modificar el manejo obstétrico. En conjunto, el tratamiento del MODY no debe guiarse únicamente por los valores de glucemia, sino por la causa genética que los determina.

Seguimiento, cribado familiar e implicaciones a largo plazo

El seguimiento del MODY debe personalizarse según el subtipo genético. En los pacientes con GCK-MODY, la monitorización suele ser menos intensiva desde el punto de vista terapéutico, pero sigue siendo importante confirmar que el perfil glucémico se mantiene coherente con el fenotipo esperado y que no aparecen otros factores diabetógenos concomitantes, como obesidad, tratamiento con corticoides o una segunda forma de diabetes. En los subtipos progresivos, como el HNF1A-MODY y el HNF4A-MODY, el seguimiento debe ser más estrecho, porque el defecto secretor tiende a acentuarse con el tiempo y el riesgo de complicaciones depende de la calidad del control glucémico.

El cribado familiar es una parte esencial del manejo. Una vez identificada la variante causal en el caso índice, los familiares en riesgo pueden evaluarse mediante un estudio genético dirigido y una caracterización clínica del fenotipo. Esto permite reclasificar a personas que ya habían recibido un diagnóstico incorrecto, evitar controles innecesarios en los no portadores e identificar precozmente a portadores con hiperglucemia mínima o todavía no reconocida. En una enfermedad de transmisión predominantemente autosómica dominante, el valor familiar del diagnóstico es casi equivalente a su valor individual.

En las formas sindrómicas, especialmente en el HNF1B-MODY, el seguimiento debe extenderse más allá de la diabetología e incluir la función renal, los electrolitos, las pruebas de imagen de los riñones y el páncreas, los parámetros hepáticos y la evaluación de las posibles anomalías asociadas. Incluso en los subtipos no sindrómicos, la reevaluación periódica sigue siendo importante, porque la evolución metabólica puede cambiar y la literatura genética continúa avanzando. Un diagnóstico molecular establecido años antes puede reinterpretarse hoy con mayor precisión a la luz de las nuevas clasificaciones de las variantes.

Pronóstico y significado clínico global

El pronóstico del MODY depende en primer lugar del gen implicado. En el GCK-MODY, la evolución suele ser favorable, con hiperglucemia leve y estable y bajo riesgo de complicaciones microvasculares en las formas clásicas. En los subtipos progresivos, como el HNF1A-MODY y el HNF4A-MODY, el riesgo de complicaciones se vuelve similar al de otras formas de diabetes cuando el control metabólico no es adecuado. Esto significa que el pronóstico no depende del nombre MODY en sí, sino del tipo específico de MODY y de la rapidez con que se reconoce.

El factor pronóstico más importante es el diagnóstico correcto y precoz. Identificar el subtipo adecuado permite evitar la insulina cuando no es necesaria, utilizar sulfonilureas cuando son la opción más eficaz, establecer una vigilancia dirigida de las complicaciones, manejar correctamente el embarazo y ofrecer asesoramiento genético a los familiares. Por el contrario, un diagnóstico tardío o erróneo expone al paciente a tratamientos subóptimos, a una percepción imprecisa del riesgo y a oportunidades perdidas de diagnóstico entre sus familiares.

En conjunto, el MODY representa una de las áreas en las que la diabetología de precisión ya ha modificado la práctica clínica cotidiana. El pronóstico mejora cuando el clínico no se limita a reconocer la hiperglucemia, sino que reconstruye su mecanismo molecular. En este sentido, el MODY no es solo una forma infrecuente de diabetes, sino un modelo clínico que muestra con gran claridad hasta qué punto el diagnóstico etiológico puede cambiar la calidad de la atención.

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