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Miocardiopatías por trastornos neuromusculares

Las miocardiopatías por trastornos neuromusculares son formas de afectación cardíaca que aparecen en el contexto de enfermedades hereditarias o adquiridas del músculo esquelético, de la motoneurona, de la unión neuromuscular o de las estructuras intracelulares que garantizan la estabilidad mecánica, la conducción eléctrica, el metabolismo energético y la integridad nuclear de la célula muscular. En este grupo se incluyen sobre todo distrofias musculares, miopatías congénitas, distrofias miotónicas, laminopatías, desminopatías, sarcoglicanopatías, distrofinopatías, ataxia de Friedreich y algunas enfermedades mitocondriales o metabólicas con expresión predominantemente neuromuscular. El corazón puede manifestar miocardiopatía dilatada, miocardiopatía hipertrófica, fenotipo restrictivo, non-dilated left ventricular cardiomyopathy, es decir, miocardiopatía ventricular izquierda no dilatada, trastornos de la conducción, arritmias auriculares, arritmias ventriculares, muerte súbita e insuficiencia cardíaca.

El rasgo clínico más importante es la posible disociación entre gravedad neuromuscular y gravedad cardíaca. Un paciente puede tener debilidad muscular marcada y un corazón relativamente conservado, o músculos esqueléticos poco sintomáticos y una miocardiopatía avanzada. Esto ocurre porque las proteínas alteradas no tienen siempre el mismo papel en el músculo esquelético y en el miocardio, y porque el corazón está sometido a carga mecánica continua, alta demanda energética y actividad eléctrica incesante. En consecuencia, la normalidad de la fuerza muscular no excluye cardiopatía, y la estabilidad neurológica no autoriza a suspender la vigilancia cardiológica.

Desde el punto de vista epidemiológico, la frecuencia de la afectación cardíaca varía mucho según la enfermedad de base y el genotipo. En la distrofia muscular de Duchenne, la afectación miocárdica se vuelve muy frecuente con la edad y representa una causa mayor de morbilidad y mortalidad; en la distrofia muscular de Becker, la miocardiopatía puede ser dominante respecto a la debilidad muscular; en la distrofia miotónica de tipo 1 predominan los trastornos de la conducción, las arritmias y la muerte súbita; en las laminopatías y en la distrofia muscular de Emery-Dreifuss, el riesgo arrítmico puede preceder a la disfunción sistólica; en la ataxia de Friedreich, la miocardiopatía hipertrófica y la alteración energética miocárdica son componentes centrales de la historia natural. Por este motivo, la página debe leerse como un encuadre transversal, no como una única enfermedad.

Encuadre nosológico y epidemiológico

Las enfermedades neuromusculares con afectación cardíaca constituyen un conjunto heterogéneo en el que la misma alteración genética o celular puede afectar al músculo esquelético, al miocardio, al sistema de conducción, a la musculatura respiratoria y, en ocasiones, al sistema nervioso central o periférico. El término “miocardiopatías por trastornos neuromusculares” no indica por tanto un diagnóstico único, sino un fenotipo cardíaco secundario o paralelo a una enfermedad neuromuscular. Este planteamiento es decisivo: el cardiólogo no debe limitarse a clasificar la forma como dilatada, hipertrófica o arrítmica, sino que debe buscar la enfermedad de base, porque genotipo, historia natural, riesgo familiar e indicaciones terapéuticas dependen de la causa.

Las distrofinopatías se encuentran entre las causas más representativas. La distrofia muscular de Duchenne, debida a variantes del gen DMD con ausencia o reducción grave de la distrofina, produce degeneración progresiva del músculo esquelético y miocardiopatía casi inevitable a lo largo de la vida. El aumento de la supervivencia obtenido con ventilación no invasiva, corticosteroides, fisioterapia, mejor manejo ortopédico y atención multidisciplinaria ha convertido al corazón en un determinante aún más relevante del pronóstico. La distrofia muscular de Becker, en la que la distrofina está reducida o alterada pero no completamente ausente, suele tener una evolución muscular más lenta, pero puede manifestar miocardiopatía dilatada severa incluso cuando el paciente todavía camina o presenta debilidad moderada.

Las distrofias musculares de cinturas, actualmente denominadas limb-girdle muscular dystrophies en la literatura internacional, comprenden numerosos subtipos genéticos. La afectación cardíaca es especialmente relevante en formas relacionadas con FKRP, gen de la fukutin-related protein, sarcoglicanos, LMNA, gen de la lámina A/C, DES, gen de la desmina, y otros genes con expresión cardíaca. Algunas formas presentan una miocardiopatía dilatada predominante; otras muestran trastornos de la conducción, arritmias auriculares o ventriculares; otras tienen una afectación cardíaca modesta o rara. La distinción molecular es por tanto indispensable, porque la etiqueta clínica “distrofia de cinturas” es demasiado amplia para predecir el riesgo cardíaco individual.

Las distrofias miotónicas, sobre todo la distrofia miotónica de tipo 1, representan un modelo diferente. El problema cardíaco puede estar dominado por degeneración fibroadiposa del sistema de conducción, bloqueos auriculoventriculares, bloqueos intraventriculares, arritmias auriculares, taquicardias ventriculares y muerte súbita. La disfunción sistólica puede aparecer, pero en muchos pacientes el riesgo principal es eléctrico antes que contráctil. Esto hace que el electrocardiograma y la monitorización del ritmo sean tan importantes como el ecocardiograma. La distrofia miotónica de tipo 2 puede afectar al corazón, pero en promedio con un perfil menos severo que el tipo 1, aunque requiere vigilancia.

La distrofia muscular de Emery-Dreifuss y las laminopatías muestran un patrón especialmente peligroso porque la enfermedad eléctrica puede preceder a la disfunción ventricular. El paciente puede presentar contracturas precoces, debilidad escapulohumeral y peroneal, rigidez de la columna, bloqueos de conducción, parálisis auricular, fibrilación auricular, flutter auricular, bradiarritmias, taquiarritmias ventriculares y miocardiopatía dilatada. En las variantes de LMNA, el riesgo de muerte súbita puede ser elevado incluso con fracción de eyección no gravemente reducida; por ello, la estratificación del riesgo no debe copiar mecánicamente los criterios generales de la insuficiencia cardíaca común.

La ataxia de Friedreich es una enfermedad neurodegenerativa autosómica recesiva por expansión GAA en el gen FXN, que determina déficit de frataxina. El corazón desarrolla a menudo hipertrofia ventricular, alteraciones energéticas, fibrosis y, en fases avanzadas, disfunción sistólica. A diferencia de las distrofinopatías, aquí el problema primario no es la pérdida de la conexión mecánica entre sarcolema y citoesqueleto, sino una disfunción mitocondrial con metabolismo alterado del hierro, estrés oxidativo y menor eficiencia energética. La miocardiopatía puede ser una causa importante de muerte y puede no seguir de forma lineal la progresión neurológica.

Otras enfermedades neuromusculares pueden afectar al corazón con frecuencia variable: desminopatías, filaminopatías, miopatías miofibrilares, enfermedades relacionadas con BAG3, miopatías congénitas seleccionadas, glucogenosis, canalopatías musculares, enfermedades de la motoneurona con afectación cardíaca menos común y algunas neuropatías hereditarias. La regla clínica general es que cada diagnóstico neuromuscular debe traducirse en un perfil cardiológico específico. No basta saber que el paciente tiene una miopatía; hay que saber qué gen, qué proteína, qué historia natural, qué riesgo arrítmico, qué modalidad de vigilancia y qué umbral de intervención.

Etiología, patogenia y fisiopatología

Las causas etiológicas son diversas y dependen de la enfermedad neuromuscular primaria. En las distrofinopatías, la causa es una variante del gen DMD que reduce o elimina la distrofina, proteína esencial para conectar el citoesqueleto actínico del cardiomiocito con el complejo distrofina-glucoproteínas de la membrana. En condiciones normales, este sistema distribuye el estrés mecánico generado en cada contracción y protege el sarcolema. Cuando la distrofina está ausente o es defectuosa, la membrana se vuelve vulnerable a microlesiones; el calcio entra de manera anómala; se activan proteasas, estrés oxidativo, necrosis celular, inflamación y fibrosis de reemplazo. En el corazón, esta secuencia se traduce en pérdida progresiva de cardiomiocitos, fibrosis inferolateral precoz, dilatación ventricular y disfunción sistólica.

En las sarcoglicanopatías y en algunas distrofias de cinturas, el mecanismo es conceptualmente similar pero molecularmente distinto. Los sarcoglicanos forman parte del complejo de membrana asociado a la distrofina; su alteración desestabiliza la transmisión de la fuerza y aumenta la fragilidad de la membrana muscular. Las variantes de FKRP comprometen la correcta glicosilación del alfa-distroglicano, reduciendo la interacción entre fibra muscular y matriz extracelular. El resultado es una miopatía esquelética con posible miocardiopatía dilatada, fibrosis miocárdica y arritmias. La diferencia entre subtipos no es secundaria, porque algunos genes afectan mucho al corazón y otros casi nunca.

En las laminopatías, el daño nace del núcleo. La lámina A/C es un componente de la lámina nuclear, estructura que sostiene la envoltura nuclear y organiza cromatina, regulación génica y respuesta al estrés mecánico. El cardiomiocito, sometido a fuerzas cíclicas continuas, es especialmente sensible a la fragilidad nuclear. Las variantes de LMNA pueden determinar alteración de la mecanotransducción, inestabilidad nuclear, muerte celular, fibrosis y disfunción eléctrica. Clínicamente, esto produce una combinación muy reconocible: bloqueos de conducción, arritmias auriculares, taquicardias ventriculares, miocardiopatía dilatada y riesgo de muerte súbita desproporcionado respecto a la disfunción ventricular inicial.

En la distrofia muscular de Emery-Dreifuss vinculada a EMD, gen de la emerina, o a LMNA, el problema afecta a la envoltura nuclear y a la conexión entre núcleo, citoesqueleto y matriz. La enfermedad muscular se manifiesta con contracturas precoces, distribución característica de la debilidad y rigidez articular; el corazón desarrolla una enfermedad eléctrica en la que las aurículas y el sistema de conducción pueden verse afectados precozmente. La parálisis auricular, el flutter, la fibrilación auricular y los bloqueos auriculoventriculares derivan de la sustitución fibroadiposa y de la vulnerabilidad de las células especializadas del sistema de conducción.

En las distrofias miotónicas, el mecanismo está ligado a expansiones repetidas no codificantes que alteran la regulación del ácido ribonucleico mensajero, llamado messenger ribonucleic acid en la literatura anglosajona. En la distrofia miotónica de tipo 1, la expansión CTG en el gen DMPK genera acumulación de transcritos tóxicos, secuestro de proteínas reguladoras del splicing y alteraciones difusas del splicing en músculo, corazón, sistema nervioso y otros tejidos. En el corazón, este proceso favorece degeneración del sistema de conducción, fibrosis, infiltración adiposa, arritmias auriculares y ventriculares y posible disfunción ventricular. La patogenia es por tanto una enfermedad de la regulación postranscripcional, no una simple distrofia muscular mecánica.

En la ataxia de Friedreich, el déficit de frataxina compromete la biogénesis de los grupos hierro-azufre, la función mitocondrial y la homeostasis del hierro. El cardiomiocito desarrolla ineficiencia energética, estrés oxidativo, acumulación anómala de hierro mitocondrial, hipertrofia, daño celular y fibrosis. La miocardiopatía puede comenzar como hipertrofia concéntrica con función sistólica conservada, pero puede evolucionar hacia disfunción sistólica, arritmias e insuficiencia cardíaca. El corazón es vulnerable porque consume grandes cantidades de energía y depende de mitocondrias eficientes; incluso un defecto bioenergético moderado puede volverse clínicamente relevante con el tiempo.

Las desminopatías y las miopatías miofibrilares producen daño mediante desorganización del citoesqueleto intermedio y acumulación de agregados proteicos. La desmina conecta miofibrillas, discos Z, sarcolema, núcleo y mitocondrias; cuando está alterada, la célula pierde alineación estructural y estabilidad mecánica. El miocardio puede desarrollar miocardiopatía dilatada, restrictiva o hipertrófica, bloqueos de conducción, arritmias e insuficiencia cardíaca. En estos pacientes, la presencia de miopatía esquelética, catarata, neuropatía, creatincinasa elevada o historia familiar puede ayudar a distinguir la enfermedad de una miocardiopatía primaria aislada.

La fisiopatología final depende de la relación entre tres componentes: daño mecánico del cardiomiocito, daño energético y daño eléctrico. Si predomina la fragilidad de la membrana, como en las distrofinopatías, la trayectoria típica es necrosis, fibrosis y miocardiopatía dilatada. Si predomina la enfermedad nuclear o del sistema de conducción, como en las laminopatías y en Emery-Dreifuss, la trayectoria puede comenzar con bloqueos y arritmias antes de la insuficiencia cardíaca. Si predomina la toxicidad por ácido ribonucleico o la degeneración fibroadiposa del tejido de conducción, como en la distrofia miotónica, el riesgo de muerte súbita puede aparecer incluso sin dilatación ventricular grave. Si predomina el déficit bioenergético, como en la ataxia de Friedreich, la hipertrofia puede ser la respuesta inicial a un metabolismo ineficiente.

El sistema respiratorio modifica adicionalmente la fisiopatología. Muchas enfermedades neuromusculares debilitan el diafragma, los músculos intercostales y los músculos espiratorios; de ello derivan hipoventilación nocturna, hipercapnia, infecciones respiratorias, tos ineficaz, hipoxia y sobrecarga del ventrículo derecho. La miocardiopatía no puede interpretarse por tanto separadamente de la función respiratoria. Un paciente con distrofia muscular de Duchenne puede empeorar no solo por disfunción ventricular izquierda, sino también por hipoventilación crónica, alteración del sueño, escoliosis, infecciones y aumento de la carga cardiopulmonar.

Fenotipos cardíacos principales en las enfermedades neuromusculares

El fenotipo cardíaco más frecuente en las distrofinopatías es la miocardiopatía dilatada o hipocinética, pero el recorrido no siempre empieza con una cavidad dilatada. En la distrofia muscular de Duchenne, la resonancia magnética cardíaca puede mostrar fibrosis subepicárdica o mesocárdica inferolateral antes de la reducción de la fracción de eyección. Este dato es fundamental porque la normalidad del ecocardiograma no excluye daño miocárdico precoz. Con la progresión aparecen reducción del strain longitudinal, dilatación ventricular izquierda, insuficiencia mitral funcional, arritmias e insuficiencia cardíaca. En la distrofia muscular de Becker, la afectación cardíaca puede ser muy severa y a veces dominante respecto al cuadro muscular.

Las distrofias de cinturas muestran fenotipos diferentes. Las formas relacionadas con FKRP pueden presentar miocardiopatía dilatada, fibrosis miocárdica y arritmias; las sarcoglicanopatías, sobre todo beta-sarcoglicano, gamma-sarcoglicano y delta-sarcoglicano, pueden asociarse a disfunción ventricular; las formas relacionadas con LMNA pueden tener trastornos de la conducción y arritmias con riesgo importante; las calpainopatías clásicas tienen, en muchos casos, menor afectación cardíaca. Esta variabilidad impone un enfoque basado en el genotipo. Dos pacientes con debilidad de cinturas pueden tener riesgos cardíacos completamente diferentes.

En la distrofia miotónica de tipo 1, el corazón puede parecer morfológicamente poco comprometido mientras el sistema eléctrico ya está enfermo. Los signos de alarma incluyen prolongación del intervalo PR, ensanchamiento del complejo QRS, bloqueos fasciculares, bloqueo auriculoventricular, fibrilación auricular, flutter auricular, taquicardia ventricular no sostenida y síncope. El ecocardiograma puede documentar disfunción ventricular izquierda o derecha, pero la monitorización eléctrica sigue siendo central. El riesgo de muerte súbita deriva sobre todo de bradiarritmias y bloqueos, aunque puede incluir taquiarritmias ventriculares.

En la distrofia muscular de Emery-Dreifuss, el fenotipo cardíaco está dominado por enfermedad auricular y de conducción. Aurículas dilatadas, parálisis auricular, ausencia de actividad auricular eficaz, fibrilación auricular, flutter y bloqueos auriculoventriculares pueden preceder a la disfunción ventricular. El riesgo embólico es elevado porque la aurícula puede ser mecánicamente ineficaz incluso cuando el ritmo no es clásicamente fibrilatorio. En los pacientes con LMNA, la miocardiopatía dilatada puede aparecer posteriormente, pero el riesgo arrítmico debe considerarse desde las primeras anomalías eléctricas.

En la ataxia de Friedreich, la miocardiopatía suele ser hipertrófica, predominantemente concéntrica, con cavidad ventricular pequeña o normal en las fases iniciales. La función sistólica puede permanecer conservada mientras la diástole se vuelve menos eficiente; con el tiempo pueden aparecer fibrosis, adelgazamiento relativo de las paredes, dilatación, reducción de la fracción de eyección y arritmias. Las alteraciones electrocardiográficas son frecuentes, pero no siempre corresponden a la gravedad clínica. La miocardiopatía de la ataxia de Friedreich no debe confundirse con la miocardiopatía hipertrófica sarcomérica: el contexto neurológico, genético y bioenergético es diferente.

Las miopatías miofibrilares y las desminopatías pueden producir fenotipos mixtos: miocardiopatía dilatada, restrictiva, hipertrófica, bloqueos de conducción y arritmias ventriculares. La presencia de debilidad distal o proximal, neuropatía, catarata, agregados proteicos en la biopsia muscular o familiaridad orienta hacia esta categoría. En algunos casos, el corazón precede al diagnóstico neuromuscular, y el paciente se estudia inicialmente como una miocardiopatía genética no explicada. La reevaluación neuromuscular se vuelve esencial cuando aparecen creatincinasa elevada, trastornos de conducción precoces o historia familiar de miopatía.

Las enfermedades de la motoneurona y de la unión neuromuscular tienen un perfil cardíaco distinto. En la esclerosis lateral amiotrófica, la afectación cardíaca estructural primaria no es típica como en las distrofias, pero la disautonomía, la insuficiencia respiratoria, la hipoxia y el estrés sistémico pueden influir en el corazón. En la miastenia gravis, la miocarditis o la miocardiopatía son raras, pero pueden aparecer en contextos autoinmunes particulares, timoma o solapamientos inflamatorios. Estas condiciones no deben incluirse forzadamente entre las miocardiopatías neuromusculares genéticas, pero deben considerarse cuando el cuadro clínico lo sugiere.

La distinción entre miocardiopatía primaria y miocardiopatía por trastorno neuromuscular puede ser difícil porque el corazón puede ser el primer órgano evidente. Un joven con miocardiopatía dilatada, bloqueo auriculoventricular y creatincinasa elevada puede tener una laminopatía; un adulto con miocardiopatía dilatada e hipertrofia de pantorrillas puede tener distrofia de Becker; una mujer con dilatación ventricular e hijos varones afectados puede ser portadora manifiesta de distrofinopatía; un paciente con bloqueos progresivos, catarata y miotonía puede tener distrofia miotónica. El diagnóstico nace de reconocer que el corazón a menudo relata una enfermedad sistémica.

Manifestaciones clínicas

La anamnesis debe partir del síntoma cardíaco, pero no detenerse en el corazón. El paciente puede referir disnea de esfuerzo, fatigabilidad, reducción de la tolerancia a la actividad, palpitaciones, síncope, dolor torácico, ortopnea, edemas, despertares nocturnos con sensación de falta de aire o empeoramiento durante infecciones respiratorias. Sin embargo, síntomas análogos pueden derivar de debilidad de los músculos respiratorios, escoliosis, hipoventilación nocturna, anemia, descondicionamiento, terapia corticosteroidea, obesidad o movilidad reducida. La valoración debe separar por tanto lo que es cardíaco de lo que es respiratorio, neuromuscular o metabólico, sin asumir que la disnea sea siempre insuficiencia cardíaca.

La historia neuromuscular debe reconstruir edad de inicio, hitos motores, dificultad para correr, caídas, marcha anserina, signo de Gowers, debilidad proximal o distal, calambres, mialgias, miotonía, rigidez, contracturas, pérdida de la deambulación, escoliosis, uso de ventilación, disfagia, pérdida de peso e infecciones respiratorias recurrentes. Algunos pacientes llegan al cardiólogo con diagnóstico neuromuscular ya conocido; otros presentan un cuadro cardíaco que debe hacer emerger una enfermedad muscular no diagnosticada. En este último caso son útiles preguntas aparentemente simples: dificultad para levantarse de una silla, subir escaleras, abrir frascos, correr de niño, mantener la cabeza elevada o liberar las secreciones con la tos.

La historia familiar debe incluir miocardiopatías, muerte súbita, marcapasos, desfibrilador cardioversor implantable, trasplante cardíaco, debilidad muscular, catarata precoz, calvicie frontal prematura, trastornos respiratorios, dificultades escolares, infertilidad masculina, diabetes, ataxia, consanguinidad, varones afectados en la línea materna y mujeres aparentemente portadoras con síntomas cardíacos. El patrón hereditario puede ser ligado al cromosoma X, autosómico dominante, autosómico recesivo o mitocondrial. Reconocerlo cambia el recorrido de los familiares y puede impedir diagnósticos tardíos en sujetos todavía asintomáticos.

En la exploración física cardiológica se buscan signos de insuficiencia cardíaca, bajo gasto, arritmia y valvulopatía funcional. Pueden estar presentes taquicardia, ritmo irregular, bradicardia, ingurgitación yugular, crepitantes pulmonares, hepatomegalia, edemas declives, soplos por insuficiencia mitral o tricuspídea, tercer ruido e hipotensión. En un paciente no deambulante, el edema periférico puede derivar también de inmovilidad e insuficiencia venosa, pero la presencia de ingurgitación yugular, hepatomegalia congestiva, aumento de los péptidos natriuréticos y disfunción ventricular orienta hacia insuficiencia cardíaca.

La exploración neurológica y muscular debe observar distribución de la debilidad, atrofia, pseudohipertrofia de las pantorrillas, escápulas aladas, contracturas del tendón de Aquiles, codos o cuello, miotonía a la percusión o tras el apretón de manos, ptosis, oftalmoplejía, disartria, ataxia, reducción de los reflejos, deformidades esqueléticas y función respiratoria. Las contracturas precoces de codos, tendones de Aquiles y columna orientan hacia Emery-Dreifuss; la miotonía con catarata, calvicie frontal y trastornos endocrino-metabólicos orienta hacia distrofia miotónica; la ataxia con arreflexia y escoliosis orienta hacia ataxia de Friedreich; la pseudohipertrofia de las pantorrillas orienta hacia distrofinopatía o algunas distrofias de cinturas.

Los síntomas eléctricos merecen atención específica. Palpitaciones rápidas, síncope, presíncope, episodios de pérdida de conciencia durante el esfuerzo o en reposo, despertares nocturnos con cardiopalmo y antecedentes familiares de muerte súbita deben tratarse como señales de alto riesgo. En las distrofias miotónicas y en las laminopatías, un síncope puede ser el primer signo de bloqueo auriculoventricular avanzado o taquiarritmia ventricular. En Emery-Dreifuss, la parálisis auricular y el flutter pueden causar embolia incluso antes de la insuficiencia cardíaca. La pregunta clínica no es solo si el paciente tiene síntomas, sino si su genotipo vuelve esos síntomas especialmente peligrosos.

En los pacientes pediátricos, la presentación puede ser indirecta. Reducción del juego, fácil fatigabilidad, escaso crecimiento, rechazo de la actividad física, dificultades escolares, infecciones respiratorias, escoliosis y retraso motor pueden preceder a un diagnóstico cardiológico. En la distrofia muscular de Duchenne, el niño puede estar asintomático desde el punto de vista cardíaco incluso con fibrosis inicial; por ello, la vigilancia no debe esperar a la disnea o al edema. Cuando aparece el síntoma cardíaco, el daño miocárdico puede estar ya avanzado.

En las mujeres portadoras de distrofinopatías o de variantes ligadas al cromosoma X, la afectación cardíaca puede subestimarse. Una mujer portadora de una variante DMD puede desarrollar miocardiopatía dilatada, fibrosis miocárdica o arritmias incluso sin debilidad muscular importante. Una mujer con variante EMD o con otras condiciones ligadas al cromosoma X puede ser sintomática en la edad adulta. La definición de “portadora” no debe generar falsa seguridad: desde el punto de vista cardiológico, muchas portadoras son pacientes que deben vigilarse activamente.

Pruebas complementarias y diagnóstico

El recorrido diagnóstico debe avanzar por dos vías paralelas: caracterizar el corazón y definir la enfermedad neuromuscular. No existe un único esquema válido para todas las patologías, porque distrofinopatías, laminopatías, distrofias miotónicas y ataxia de Friedreich tienen riesgos diferentes. El principio común es que todo paciente con enfermedad neuromuscular conocida debe recibir una valoración cardiológica basal, y todo paciente con miocardiopatía o trastornos de conducción inexplicados debe ser interrogado y estudiado para detectar signos neuromusculares. El error más frecuente es trabajar en compartimentos separados, con el neurólogo que sigue la fuerza muscular y el cardiólogo que ve solo la fracción de eyección.

Las pruebas de primer nivel incluyen electrocardiograma de 12 derivaciones, ecocardiograma transtorácico, creatincinasa, transaminasas, función renal, electrolitos, péptido natriurético tipo B o fragmento N-terminal del propéptido natriurético tipo B, troponina de alta sensibilidad cuando esté indicada, valoración respiratoria y revisión de los tratamientos en curso. El electrocardiograma debe leerse buscando no solo isquemia o hipertrofia, sino también intervalo PR, duración del complejo QRS, bloqueos fasciculares, bloqueos de rama, preexcitación, ondas Q patológicas, arritmias auriculares y signos de enfermedad del sistema de conducción.

El ecocardiograma valora dimensiones ventriculares, fracción de eyección, strain longitudinal global, función ventricular derecha, válvulas, presiones pulmonares, aurículas y signos de miocardiopatía dilatada, hipertrófica o restrictiva. En pacientes con ventana acústica reducida por escoliosis, deformidad torácica o dificultades posturales, la ecocardiografía puede subestimar el daño. El strain es útil para reconocer disfunción subclínica, pero debe interpretarse con una calidad técnica adecuada. Un ecocardiograma normal no excluye fibrosis miocárdica precoz, sobre todo en las distrofinopatías.

La resonancia magnética cardíaca es especialmente importante en las enfermedades neuromusculares porque identifica fibrosis y daño tisular antes de la disfunción sistólica manifiesta. En la distrofia muscular de Duchenne y de Becker, el late gadolinium enhancement inferolateral o subepicárdico puede preceder a la reducción de la fracción de eyección. En las laminopatías y en las desminopatías puede documentar fibrosis con significado arrítmico. En la ataxia de Friedreich cuantifica hipertrofia, volúmenes y función. Cuando la resonancia no es posible por dispositivos no compatibles, claustrofobia, dificultad respiratoria o incapacidad para mantener la posición, deben utilizarse ecocardiografía avanzada, tomografía computarizada seleccionada o estrategias alternativas compatibles con la seguridad del paciente.

La monitorización del ritmo es obligatoria en las patologías de alto riesgo eléctrico. Holter de 24 o 48 horas, monitorizaciones prolongadas, loop recorder implantable y estudio electrofisiológico pueden estar indicados según síntomas, genotipo, electrocardiograma e historia familiar. En la distrofia miotónica de tipo 1 son especialmente importantes la prolongación del PR, el ensanchamiento del QRS, los bloqueos y las taquiarritmias. En las laminopatías, la presencia de arritmias ventriculares no sostenidas, disfunción sistólica, sexo masculino, variantes no missense y bloqueos de conducción modifica la valoración del riesgo. En Emery-Dreifuss, la vigilancia auricular y auriculoventricular debe ser muy cuidadosa.

La valoración respiratoria forma parte del diagnóstico cardiológico funcional. Espirometría, capacidad vital forzada en posición sentada y supina, valoración de la tos, saturación nocturna, capnografía, polisomnografía o estudio del sueño pueden ser necesarios. La hipoventilación nocturna puede aumentar la carga cardíaca, favorecer arritmias, empeorar la hipertensión pulmonar y simular disnea cardíaca. En los pacientes con debilidad respiratoria, el inicio o la optimización de la ventilación no invasiva puede mejorar los síntomas y reducir el estrés cardiopulmonar.

El test genético tiene un papel central cuando el diagnóstico neuromuscular no está ya definido o cuando es necesario estratificar el riesgo cardíaco. La elección puede incluir paneles para miocardiopatías, paneles neuromusculares, paneles para distrofias musculares, análisis de DMD con búsqueda de deleciones, duplicaciones y variantes puntuales, pruebas para expansiones repetidas en DMPK o CNBP, análisis de LMNA, EMD, DES, FKRP, sarcoglicanos, FXN y otros genes según el fenotipo. El resultado debe interpretarse según criterios de clasificación de variantes, evitando transformar una variante de significado incierto en diagnóstico definitivo.

Según el planteamiento de las guías cardiológicas y de los documentos especializados, para formular correctamente el diagnóstico de miocardiopatía asociada a trastorno neuromuscular es necesario integrar varios niveles de evidencia clínica e instrumental. La secuencia práctica puede resumirse así:

  • identificar una enfermedad neuromuscular conocida o reconocer signos musculares, respiratorios, oculares, neurológicos o familiares en un paciente con miocardiopatía o arritmias no explicadas;
  • caracterizar el fenotipo cardíaco con electrocardiograma, ecocardiograma, monitorización del ritmo y resonancia magnética cardíaca cuando esté indicada;
  • definir el genotipo o el diagnóstico neuromuscular específico, porque el riesgo cardíaco varía mucho entre distrofinopatías, laminopatías, distrofias miotónicas, sarcoglicanopatías y ataxia de Friedreich;
  • valorar función respiratoria, estado motor, terapias en curso, estado nutricional, escoliosis y comorbilidades que modifican síntomas y tratamiento cardíaco;
  • extender el estudio a los familiares cuando la enfermedad es hereditaria, con asesoramiento genético, test dirigido y vigilancia cardiológica de los portadores en riesgo.

La biopsia muscular hoy es menos central que en el pasado cuando la genética es concluyente, pero sigue siendo útil en casos seleccionados. Puede mostrar ausencia o reducción de distrofina, alteraciones de los sarcoglicanos, acumulaciones miofibrilares, vacuolas, anomalías mitocondriales o patrones inflamatorios. La biopsia endomiocárdica rara vez es necesaria en la rutina de las enfermedades neuromusculares genéticas, pero puede considerarse cuando se sospechan miocarditis, enfermedad infiltrativa, acumulación no definida, cardiotoxicidad o diagnóstico alternativo que cambiaría el tratamiento. El examen invasivo no debe sustituir a una genética y a una imagen bien realizadas.

El diagnóstico diferencial incluye miocardiopatías sarcoméricas, miocardiopatía dilatada idiopática, miocarditis, cardiopatía isquémica, cardiopatía hipertensiva, cardiopatías valvulares, enfermedades por depósito, enfermedad de Anderson-Fabry, enfermedad de Pompe, PRKAG2, Danon, amiloidosis, sarcoidosis y cardiopatías por tratamiento oncológico. La creatincinasa elevada, la debilidad muscular, la familiaridad neuromuscular, los trastornos de conducción precoces, la preexcitación, las contracturas o la miotonía son indicios que desplazan el razonamiento hacia una causa neuromuscular. Sin embargo, la ausencia de creatincinasa elevada no excluye distrofia miotónica, laminopatía o algunas formas con expresión predominantemente cardíaca.

Tratamiento, prevención cardíaca y seguimiento

El tratamiento requiere un modelo multidisciplinario que incluya cardiología, neurología, genética médica, neumología, medicina física y rehabilitación, nutrición, electrofisiología, rehabilitación, pediatría cuando sea necesario y centro de insuficiencia cardíaca avanzada en los casos progresivos. El objetivo no es solo tratar la insuficiencia cardíaca cuando aparece, sino prevenir o retrasar la miocardiopatía, interceptar arritmias antes del evento mayor, proteger la función respiratoria y programar intervenciones avanzadas antes de la fase irreversible. En las enfermedades neuromusculares, la prevención cardiológica forma parte de la terapia.

En las distrofinopatías, sobre todo en la distrofia muscular de Duchenne, el manejo cardíaco debe comenzar precozmente, incluso en ausencia de síntomas. Las recomendaciones internacionales prevén vigilancia periódica con electrocardiograma, imagen cardíaca y eventual resonancia magnética cardíaca cuando esté disponible y sea tolerada. Los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina o los bloqueadores del receptor de angiotensina se introducen a menudo en fase precoz para enlentecer el remodelado ventricular; los antagonistas del receptor mineralocorticoide, betabloqueantes y otras terapias de la insuficiencia cardíaca se añaden según función ventricular, fibrosis, síntomas y tolerancia. El enfoque es proactivo porque esperar la disnea significa a menudo intervenir cuando el daño ya está avanzado.

Cuando aparece insuficiencia cardíaca con fracción de eyección reducida, el tratamiento sigue los principios de la terapia de la insuficiencia cardíaca, adaptados al paciente neuromuscular. Pueden utilizarse inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina, bloqueadores del receptor de angiotensina, inhibidores del receptor de angiotensina y de la neprilisina, betabloqueantes, antagonistas del receptor mineralocorticoide, inhibidores del cotransportador sodio-glucosa de tipo 2 y diuréticos según indicación clínica. La titulación debe considerar presión baja, masa muscular reducida, creatinina falsamente baja por sarcopenia, función respiratoria, riesgo de hiperpotasemia, disfagia y adherencia terapéutica.

La terapia arrítmica debe ser específica para cada enfermedad. En las distrofias miotónicas, la vigilancia de los trastornos de conducción es prioritaria y puede llevar a estudio electrofisiológico, marcapasos o desfibrilador cardioversor implantable según el perfil de riesgo. En las laminopatías y en Emery-Dreifuss, el desfibrilador puede ser preferible al marcapasos aislado cuando existe riesgo ventricular, porque corregir la bradicardia no previene taquicardias ventriculares ni muerte súbita. En las distrofinopatías, la indicación de desfibrilador sigue la función ventricular, las arritmias documentadas y el cuadro general, pero debe discutirse considerando expectativa funcional, ventilación, calidad de vida y preferencias informadas.

La anticoagulación está indicada en presencia de fibrilación auricular, flutter auricular, trombos intracardíacos o contextos específicos de alto riesgo. En Emery-Dreifuss y en las enfermedades con parálisis auricular, el riesgo embólico puede ser elevado incluso cuando la presentación eléctrica no encaja en los modelos comunes de la fibrilación auricular del anciano. La decisión debe considerar movilidad, riesgo de caídas, función hepática, nutrición, interacciones, dispositivos, adherencia y posibilidad de monitorización. La prevención del ictus es especialmente importante porque un evento neurológico añadido puede devastar la autonomía de un paciente ya frágil.

El manejo respiratorio es tratamiento cardíaco indirecto pero esencial. Ventilación no invasiva, asistencia a la tos, vacunaciones, tratamiento de las infecciones respiratorias, monitorización de la hipoventilación nocturna y manejo de la escoliosis reducen estrés cardiopulmonar, hipoxia, hipercapnia e ingresos hospitalarios. En la distrofia muscular de Duchenne, el aumento de la supervivencia está estrechamente ligado a la calidad del cuidado respiratorio; sin embargo, esta mayor supervivencia expone durante más tiempo al corazón al riesgo de miocardiopatía progresiva. Cardiología y neumología deben por tanto avanzar juntas.

La terapia de la enfermedad neuromuscular puede influir indirectamente en el corazón. Los corticosteroides en la distrofia muscular de Duchenne mejoran la fuerza y ralentizan algunos componentes de la progresión, pero requieren control de peso, presión arterial, glucemia, huesos y riesgo infeccioso. Las terapias genéticas o moleculares para variantes DMD específicas, como exon skipping o estrategias de restauración de la distrofina, tienen objetivos musculares y posibles repercusiones cardíacas aún objeto de estudio y vigilancia. En la ataxia de Friedreich, las terapias antioxidantes y moduladoras del metabolismo mitocondrial han tenido resultados variables; las indicaciones deben seguir aprobaciones y recomendaciones actualizadas, sin atribuir beneficios cardíacos no demostrados.

El seguimiento debe programarse según enfermedad, genotipo y edad. Un paciente con distrofia muscular de Duchenne requiere controles cardiológicos regulares desde la infancia; un paciente con distrofia miotónica requiere electrocardiograma y vigilancia del ritmo; un paciente con LMNA requiere estratificación arrítmica incluso con disfunción ventricular leve; una portadora DMD requiere valoración cardiológica periódica aunque esté asintomática; un paciente con ataxia de Friedreich requiere monitorización de hipertrofia, función ventricular y arritmias. La periodicidad no debe ser igual para todos, pero la vigilancia no debe ser episódica.

En los pacientes con insuficiencia cardíaca avanzada deben evaluarse precozmente centro de insuficiencia cardíaca, desfibrilador, terapia de resincronización cardíaca cuando esté indicada, soporte ventilatorio, nutrición, cuidados paliativos integrados y, en casos seleccionados, asistencia ventricular o trasplante cardíaco. Las opciones avanzadas son más complejas que en las miocardiopatías comunes porque debilidad respiratoria, escoliosis, infecciones, masa muscular reducida, nutrición y capacidad de rehabilitación modifican riesgo y beneficio. Esto no significa excluir automáticamente a los pacientes neuromusculares, sino valorarlos de forma realista y precoz.

El pronóstico varía de manera marcada. En la distrofia muscular de Duchenne, la miocardiopatía progresiva es una causa mayor de mortalidad en la adultez joven; en la distrofia muscular de Becker, la miocardiopatía puede ser severa y a veces la manifestación principal; en las laminopatías, el riesgo de muerte súbita e insuficiencia cardíaca requiere vigilancia intensa; en la distrofia miotónica, la mortalidad se relaciona a menudo con trastornos respiratorios y arrítmicos; en la ataxia de Friedreich, el corazón contribuye de forma sustancial a la mortalidad. Los factores desfavorables incluyen fibrosis extensa en la resonancia, reducción de la fracción de eyección, taquicardia ventricular no sostenida, bloqueos de conducción, síncope, insuficiencia respiratoria, hipoventilación nocturna, malnutrición y retraso diagnóstico.

Complicaciones

La complicación más frecuente en las distrofinopatías y en muchas distrofias de cinturas es la insuficiencia cardíaca por miocardiopatía dilatada o hipocinética. La pérdida progresiva de cardiomiocitos y la fibrosis de reemplazo reducen la contractilidad, aumentan los volúmenes ventriculares, empeoran la insuficiencia mitral funcional y llevan a congestión pulmonar, edema, hepatomegalia, fatigabilidad y reducción del gasto. En los pacientes no deambulantes, los síntomas pueden ser atípicos, porque la actividad física reducida oculta la disnea de esfuerzo. Por ello, los signos instrumentales y los biomarcadores pueden preceder a la clínica.

La muerte súbita es una complicación transversal, pero con mecanismos diferentes. En las laminopatías y en Emery-Dreifuss puede derivar de taquicardia ventricular, fibrilación ventricular o bloqueos avanzados; en la distrofia miotónica puede estar causada por bradiarritmias, bloqueo auriculoventricular o taquiarritmias ventriculares; en las distrofinopatías puede aparecer en fase de disfunción ventricular, fibrosis y arritmias; en la ataxia de Friedreich puede asociarse a arritmias y miocardiopatía avanzada. La prevención requiere reconocimiento del genotipo y no solo medición de la fracción de eyección.

Los trastornos de conducción pueden evolucionar lentamente o de modo impredecible. Prolongación del PR, bloqueos fasciculares, bloqueos de rama, bloqueo auriculoventricular de segundo o tercer grado y pausas pueden causar presíncope, síncope, caídas, hipoperfusión cerebral o muerte súbita. En pacientes con debilidad muscular, una caída por síncope puede interpretarse erróneamente como cedimiento muscular. El electrocardiograma seriado es por tanto una herramienta de prevención, no un examen formal.

Las arritmias auriculares son frecuentes en las distrofias miotónicas, en Emery-Dreifuss, en las laminopatías y en las miocardiopatías dilatadas avanzadas. La fibrilación auricular y el flutter auricular pueden empeorar la insuficiencia cardíaca, reducir el gasto, causar palpitaciones y aumentar el riesgo embólico. En las enfermedades con aurículas mecánicamente comprometidas, como algunas formas de Emery-Dreifuss, la estasis auricular puede ser especialmente peligrosa. El ictus y las embolias sistémicas tienen un impacto devastador porque se suman a la discapacidad neuromuscular.

La fibrosis miocárdica es al mismo tiempo lesión y complicación. En las distrofinopatías puede aparecer precozmente en la pared inferolateral; en las laminopatías y en las desminopatías puede ser sustrato arrítmico; en la ataxia de Friedreich acompaña a la hipertrofia y al daño energético; en las miopatías miofibrilares refleja desorganización estructural. La fibrosis reduce la elasticidad, compromete la conducción, empeora la contractilidad y señala progresión. Su identificación mediante resonancia magnética cardíaca puede anticipar decisiones terapéuticas respecto a la sola fracción de eyección.

La insuficiencia respiratoria interactúa con la miocardiopatía. Hipoventilación nocturna, hipercapnia, hipoxia, infecciones respiratorias, tos ineficaz y escoliosis aumentan la carga sobre el corazón, empeoran las arritmias y reducen la reserva funcional. Un episodio infeccioso puede precipitar insuficiencia cardíaca en un paciente cardiológicamente compensado. La ventilación no invasiva mal regulada o no utilizada puede favorecer empeoramiento progresivo; por el contrario, un buen manejo respiratorio reduce el estrés cardiopulmonar y los ingresos hospitalarios.

Las complicaciones renales, hepáticas y metabólicas derivan de insuficiencia cardíaca, bajo gasto, congestión, tratamientos y masa muscular reducida. La creatinina puede subestimar el deterioro renal en pacientes sarcopénicos, haciendo más difícil titular inhibidores del sistema renina-angiotensina-aldosterona, antagonistas del receptor mineralocorticoide y diuréticos. Los corticosteroides pueden favorecer aumento de peso, hipertensión, insulinorresistencia y fragilidad ósea, influyendo indirectamente en el corazón. La nutrición insuficiente empeora la tolerancia a la terapia y la recuperación tras el ingreso.

Las complicaciones de los dispositivos implantables deben considerarse. Marcapasos, desfibrilador cardioversor implantable y terapia de resincronización cardíaca pueden salvar la vida, pero en los pacientes neuromusculares pueden encontrar problemas de acceso venoso, deformidad torácica, escoliosis, infecciones, anestesia, fragilidad cutánea, progresión respiratoria y necesidad de sedación cuidadosa. La elección del dispositivo debe tener en cuenta el riesgo de bradiarritmia, taquiarritmia, progresión de la insuficiencia cardíaca y posibilidad de estimulación crónica dañina si no se programa adecuadamente.

Las complicaciones familiares y reproductivas forman parte de la enfermedad. Un diagnóstico genético omitido impide el cribado de hermanos, hermanas, hijos, madres portadoras y otros parientes. Las mujeres portadoras de DMD pueden desarrollar miocardiopatía y transmitir la variante; los familiares de pacientes con LMNA pueden tener riesgo arrítmico incluso antes de los síntomas; los parientes de pacientes con distrofia miotónica pueden presentar catarata, miotonía o trastornos eléctricos no reconocidos. La prevención de las complicaciones pasa también por la genética familiar.

Por último, una complicación frecuente es la subestimación clínica. El paciente neuromuscular puede ser considerado frágil por razones motoras y no estudiado adecuadamente desde el punto de vista cardíaco; o el cardiólogo puede tratar la miocardiopatía sin buscar la causa neuromuscular. Esto produce retraso en la terapia, falta de prevención arrítmica, falta de asesoramiento genético y pérdida de la ventana para intervenciones avanzadas. En estas enfermedades, el diagnóstico precoz no es un detalle especializado: es una medida pronóstica.

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