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Miocardiopatía en la enfermedad de Pompe

La enfermedad de Pompe, o glucogenosis tipo II, es una enfermedad autosómica recesiva causada por variantes bialélicas de GAA y por el déficit de alfa-glucosidasa ácida lisosomal. El glucógeno que llega al lisosoma no se degrada, distiende el compartimento e interfiere con la autofagia y el aparato contráctil. En la forma infantil clásica, el corazón acumula rápidamente material y desarrolla una miocardiopatía hipertrófica biventricular; en la forma tardía, en cambio, predomina la debilidad de los músculos axiales y respiratorios. La cantidad de actividad residual contribuye a esta gran diferencia, sin ser el único modificador.

Antes de la terapia enzimática, la forma infantil clásica conducía generalmente a muerte cardiorrespiratoria durante el primer año. La enzima recombinante ha modificado radicalmente la supervivencia y puede reducir la masa cardíaca en pocos meses, pero no uniformiza los resultados: edad de inicio, estado CRIM, anticuerpos, genotipo, nutrición y daño neuromuscular siguen teniendo peso. La enfermedad tratada posee, por tanto, una nueva historia natural, con necesidades crónicas que el antiguo paradigma no contemplaba.

Forma infantil clásica y formas tardías

El lactante con la forma clásica presenta en los primeros meses hipotonía, debilidad, escaso control cefálico, macroglosia, dificultad para la succión, crecimiento insuficiente, infecciones respiratorias y cardiomegalia. La taquipnea puede reflejar simultáneamente insuficiencia cardíaca, debilidad diafragmática y aspiración. La hepatomegalia se debe a menudo a congestión o acumulación, sin la grave disfunción hepática de las glucogenosis hepáticas. El síndrome cardiorrespiratorio debe activar una prueba urgente de GAA.

Las formas de inicio tardío pueden aparecer desde la infancia hasta la edad adulta con debilidad proximal, axial y del diafragma, lordosis, escápulas aladas y disnea nocturna. La afectación respiratoria puede ser desproporcionada respecto a la de las extremidades y preceder a una reducción grave de la espirometría en sedestación. Una miocardiopatía hipertrófica importante es inusual; cuando está presente, deben verificarse la variante, la edad y los diagnósticos alternativos. La separación fenotípica evita descartar Pompe porque el corazón sea normal o atribuirle una hipertensión común.

Existen lactantes con déficit de GAA y síntomas precoces pero sin la miocardiopatía clásica, clasificados dentro del continuo no clásico o tardío. El cribado neonatal amplía aún más el espectro, identificando niños presintomáticos, variantes tardías y alelos de pseudodeficiencia. La etiqueta diagnóstica y el tratamiento no pueden derivarse únicamente de la prueba de cribado. La confirmación posterior al cribado integra actividad en una segunda muestra, genética, Glc4 y evaluación de órganos.

Fenotipo cardíaco y electrocardiográfico

El ecocardiograma muestra engrosamiento concéntrico del ventrículo izquierdo y a menudo del derecho, masa elevada, cavidad pequeña y posible obstrucción. La fracción de eyección puede ser hiperdinámica inicialmente, pero la relajación está alterada y la función disminuye sin tratamiento. El gradiente dinámico hace peligrosas la deshidratación y las reducciones bruscas de la precarga. La seudohipertrofia lisosomal no debe tratarse como una HCM sarcomérica sin considerar todo el cuadro infantil.

El ECG típico combina PR corto, QRS muy alto y ancho, criterios de hipertrofia y alteraciones de la repolarización. El PR corto refleja una conducción acelerada a través de tejido rico en glucógeno y no siempre una vía accesoria. Pueden aparecer taquicardias supraventriculares, preexcitación y arritmias ventriculares, y durante la anestesia o una enfermedad crítica aumenta el riesgo. La vigilancia eléctrica continúa incluso mientras regresa el espesor, porque el sistema de conducción y el miocardio no se recuperan al mismo ritmo.

La reducción de la masa tras el tratamiento suele ser llamativa, pero no equivale a curación sistémica. El strain, la función diastólica, el ritmo y la capacidad funcional deben seguirse conjuntamente. En la forma tardía son apropiados un ECG y un ecocardiograma basales; los controles posteriores dependen de los hallazgos, los síntomas y los protocolos, mientras que la prioridad sigue siendo respiratoria. La fenotipificación por subtipo evita una carga idéntica de pruebas en enfermedades biológicamente diferentes.

Diagnóstico enzimático y genético

La actividad GAA puede medirse en gota de sangre, leucocitos, fibroblastos o músculo mediante métodos validados. La sangre seca es rápida y adecuada para el cribado, pero los valores bajos deben confirmarse porque la calidad de la muestra, la pseudodeficiencia y las interferencias producen falsos positivos. En la forma infantil, la urgencia obliga a iniciar la confirmación y la preparación terapéutica en paralelo. La rapidez con rigor es preferible tanto a la espera secuencial como al tratamiento basado en una única prueba dudosa.

El diagnóstico definitivo identifica dos variantes patogénicas o probablemente patogénicas en trans, coherentes con el déficit enzimático. Las deleciones, duplicaciones o variantes profundas pueden requerir técnicas adicionales. La variante intrónica común c.-32-13T>G se asocia a menudo con la forma tardía en determinadas poblaciones, pero el segundo alelo y el fenotipo modulan el inicio. Una VUS aislada no basta para diagnosticar ni para tratar a familiares asintomáticos.

El tetrasacárido de glucosa urinario Glc4 refleja la degradación del glucógeno y apoya el diagnóstico y la monitorización, pero no es específico ni sustituye a la enzima. CK, AST, ALT y LDH pueden estar elevadas; la electromiografía y la biopsia se utilizan de forma selectiva. En la forma tardía, la capacidad vital forzada en sedestación y en decúbito supino, las presiones respiratorias, el sueño y los gases aportan información más operativa que la CK. La medición funcional conecta el defecto bioquímico con la decisión clínica.

Circuito urgente en el lactante

Cuando el cuadro es compatible, la actividad enzimática, la genética rápida, el estado CRIM, Glc4, ECG, ecocardiograma, función hepática, CK y evaluación respiratoria se inician en el mismo periodo. El centro metabólico no espera una visita ambulatoria ordinaria. Si se confirma el déficit, el tratamiento comienza lo antes posible mientras se completa la caracterización. La atención paralela reduce un retraso durante el cual la masa, la debilidad y la inmunogenicidad pueden modificar irreversiblemente el resultado.

La alimentación y la deglución requieren una evaluación instrumental cuando la tos, la desaturación o una escasa ganancia ponderal sugieren aspiración. Una sonda nasogástrica o una gastrostomía pueden reducir el riesgo, pero no eliminan el reflujo ni las secreciones; la decisión considera la anestesia y la estabilidad cardíaca. La nutrición segura favorece el crecimiento y el tratamiento sin imponer al músculo respiratorio el coste de comidas prolongadas.

Las infecciones respiratorias aceleran la insuficiencia y el catabolismo. Las vacunaciones del niño y de los contactos, la higiene, el acceso precoz al soporte de la tos y un plan para las secreciones reducen los ingresos. El oxígeno aislado puede enmascarar la hipoventilación y aumentar el dióxido de carbono; la gasometría y la ventilación guían la elección. Se trata la fisiología ventilatoria, no solo la saturación periférica.

La anestesia del lactante con hipertrofia es de alto riesgo por obstrucción, arritmia, debilidad y secreciones. Antes de accesos venosos, gastrostomía o biopsia se comprueba si el procedimiento es indispensable y se utiliza un equipo con soporte intensivo pediátrico. Se mantienen la precarga, la frecuencia y las resistencias vasculares evitando cambios bruscos. La necesidad del procedimiento debe superar un riesgo que el diagnóstico genético-enzimático permite evitar con frecuencia.

CRIM, anticuerpos y tolerancia inmunológica

CRIM describe la presencia de proteína GAA endógena inmunológicamente reconocible. Los lactantes CRIM negativos carecen de proteína y reconocen la enzima recombinante como intensamente extraña, con riesgo de títulos de anticuerpos elevados y persistentes que neutralizan la captación y la eficacia. También algunos pacientes CRIM positivos desarrollan una respuesta importante. La estratificación inmunológica debe obtenerse con urgencia mediante el genotipo y, si es necesario, análisis de la proteína.

En los sujetos de alto riesgo se utiliza una inducción de tolerancia inmunológica iniciada alrededor de la primera terapia, con protocolos que pueden incluir rituximab, metotrexato e inmunoglobulinas, adaptados por el centro. Tratar anticuerpos ya consolidados es más difícil y puede requerir estrategias adicionales. Hemograma, inmunoglobulinas, linfocitos, infecciones y vacunas forman parte del plan. La prevención de anticuerpos no debe retrasar la enzima, sino coordinarse con ella.

Los títulos de anticuerpos se miden de forma seriada, porque una respuesta transitoria baja tiene un significado diferente al de un título elevado y persistente. El empeoramiento de la fuerza o de los biomarcadores no se atribuye automáticamente a los anticuerpos sin examinar dosis, infecciones, crecimiento y progresión. Las pruebas neutralizantes y la farmacocinética están disponibles en centros especializados. La respuesta clínica a los anticuerpos surge de la asociación entre laboratorio y efecto, no de la simple seropositividad.

La inmunotolerancia expone a depleción de células B, citopenias e infecciones y requiere profilaxis y monitorización. El calendario vacunal se coordina con el pediatra y el inmunólogo, sabiendo que las inmunoglobulinas y el rituximab influyen en la respuesta. La familia debe conocer la fiebre y los signos que requieren valoración urgente. La seguridad inmunológica es parte integral de la estrategia que protege la enzima y no un riesgo separado delegado tras el alta.

Terapia enzimática sustitutiva

La alglucosidasa alfa ha demostrado mejorar la supervivencia y la miocardiopatía en la forma infantil y la función motora o respiratoria en una parte de las formas tardías. La avalglucosidasa alfa está diseñada para aumentar el direccionamiento al receptor de manosa-6-fosfato y está disponible según la edad y las indicaciones regulatorias. Las dosis y la frecuencia se definen por ficha técnica, protocolos y fenotipo; en algunos lactantes se emplean estrategias de alta intensidad respaldadas por datos observacionales. La dosis individualizada sigue siendo un acto especializado, no una simple conversión por peso.

Las infusiones pueden provocar reacciones de leves a graves. La premedicación, la reducción de la velocidad, la desensibilización y la evaluación de anticuerpos se adaptan a la reacción sin suspender automáticamente un tratamiento vital. El acceso venoso, el tiempo de la familia y la asistencia domiciliaria influyen en la adherencia; omitir repetidamente una dosis cambia la exposición. La calidad de la infusión forma parte de la eficacia biológica.

En la forma tardía, la cipaglucosidasa alfa asociada a miglustat está aprobada en determinados contextos para adultos, mientras que otras estrategias y la terapia génica están en estudio. En esta combinación, miglustat estabiliza la enzima y no debe confundirse con migalastat, utilizado en Fabry. Las comparaciones entre productos requieren criterios de valoración motores y respiratorios, seguridad y consideración del tratamiento previo. La precisión farmacológica evita convertir nombres similares en terapias intercambiables.

La respuesta se mide mediante índice de masa ventricular, función, ECG, crecimiento, hitos motores, ventilación y Glc4. En el lactante, el corazón puede mejorar antes que el músculo; una rápida regresión ecocardiográfica no autoriza a reducir el tratamiento. En la forma tardía, la prueba de la marcha y la capacidad vital presentan variabilidad y deben realizarse con una técnica constante. La respuesta por dominios reconoce mejoras discordantes sin escoger solo la más favorable.

El aumento de peso modifica la dosis absoluta y no corregirla produce una infradosificación involuntaria. Los intervalos omitidos, la velocidad reducida por reacciones y la pérdida de fármaco en el acceso influyen en la exposición. Una auditoría periódica de peso, dosis por kilogramo y administraciones es sencilla pero clínicamente importante. La dosis realmente recibida debe comprobarse antes de concluir que existe refractariedad biológica.

El deterioro durante el tratamiento requiere un diagnóstico diferencial: anticuerpos, infección, aspiración, escoliosis, crecimiento, dosis, nueva cardiopatía o progresión neuromuscular. Cambiar de producto sin aclarar el mecanismo puede no resolver el problema. La reevaluación estructurada protege frente a dos simplificaciones opuestas: atribuirlo todo a la historia natural o prometer que una nueva formulación corregirá todos los dominios.

Supervivientes de la forma infantil

Los niños tratados precozmente han generado un fenotipo de supervivencia con debilidad facial, ptosis, disfagia, trastornos del habla, hipoacusia y déficits motores variables. Algunos caminan y asisten a la escuela, otros dependen de la ventilación; el corazón puede estar casi normalizado en ambos casos. La disociación cardioesquelética exige que el éxito ecocardiográfico no oculte necesidades respiratorias, comunicativas y sociales.

La audición se evalúa con métodos adecuados a la edad porque un déficit no reconocido agrava el lenguaje y el aprendizaje. La osteopenia, las fracturas, las contracturas y la escoliosis dependen de la debilidad y la inmovilidad y modifican la ventilación. Rehabilitación, ortopedia y nutrición intervienen antes de que aparezcan deformidades avanzadas. La prevención secundaria aprovecha la supervivencia ganada para preservar participación y autonomía.

La transición a la edad adulta incluye antecedentes de CRIM, inmunotolerancia, títulos de anticuerpos, formulación y dosis, accesos, ventilación, deglución, anestesias y dispositivos. Perder estos datos obliga a reconstrucciones difíciles y puede exponer a un tratamiento inadecuado. La transición documentada es un procedimiento clínico programado, no el traslado administrativo al alcanzar determinada edad.

La calidad de vida y la carga de los cuidadores se miden y se apoyan. Las infusiones frecuentes, la ventilación, la escuela y las citas pueden absorber toda la organización familiar; la asistencia domiciliaria y la coordinación reducen renuncias. La sostenibilidad de la atención determina la adherencia a largo plazo y debe considerarse cuando se comparan regímenes aparentemente equivalentes.

Soporte cardíaco, respiratorio y nutricional

En el lactante con cavidad pequeña y obstrucción, los diuréticos y los fármacos vasoactivos requieren cautela: una reducción excesiva de la precarga puede empeorar el gasto, mientras que deben controlarse la congestión y la insuficiencia respiratoria. El inicio rápido de la enzima es la principal intervención causal. Las arritmias se tratan según el mecanismo y la estabilidad, con anestesia y procedimientos realizados en un entorno experto. La hemodinámica frágil requiere cardiología pediátrica y cuidados intensivos integrados.

La ventilación no invasiva o invasiva, la asistencia a la tos, las vacunaciones y el tratamiento precoz de las infecciones protegen el músculo respiratorio. La deglución y la nutrición deben prevenir la aspiración y el catabolismo sin sobrealimentar a un paciente poco móvil. La fisioterapia mantiene la función evitando la sobrecarga. La atención respiratoria determina la supervivencia tanto como la regresión de la hipertrofia.

Los supervivientes de la forma infantil pueden desarrollar debilidad residual, ptosis, hipoacusia, osteopenia y dificultades motoras o de alimentación. La mejoría cardíaca no debe poner fin al seguimiento. En las formas tardías, embarazo, cirugía e infecciones requieren valorar la ventilación en decúbito supino y la tos, porque una saturación normal en vigilia no excluye hipoventilación nocturna. La nueva cronicidad necesita competencias pediátricas y de adultos sin solución de continuidad.

Forma tardía, actividad y embarazo

En el adulto, la capacidad vital forzada en decúbito supino puede reducirse más que en sedestación y señalar debilidad diafragmática. La polisomnografía o la capnografía identifican hipoventilación nocturna antes de que aparezca somnolencia evidente. El soporte no invasivo se titula según la ventilación y los síntomas, no según una sola saturación. La reserva diafragmática es un criterio de valoración esencial del tratamiento y un determinante de la seguridad anestésica.

El ejercicio aeróbico y de fuerza moderado, individualizado y acompañado de nutrición suficiente, puede mejorar la eficiencia sin provocar sobrecarga. El dolor, la orina oscura, las caídas o una recuperación prolongada obligan a revisar el programa. Los regímenes extremos ricos en proteínas o restrictivos no sustituyen a la enzima y pueden ser inadecuados. La rehabilitación dosificada utiliza objetivos funcionales y periodos de recuperación en lugar de prescripciones genéricas.

El embarazo aumenta el trabajo respiratorio y la lordosis y puede poner de manifiesto debilidad. El asesoramiento preconcepcional evalúa función en decúbito supino, tos, movilidad, anestesia y soporte posparto; el uso del tratamiento específico se discute según los datos disponibles y el riesgo materno. El feto solo presenta riesgo genético en relación con el estado del otro progenitor. La planificación obstétrica separa la transmisión recesiva de la capacidad cardiorrespiratoria de la madre.

Una persona con dos variantes de GAA transmite una variante a todos sus hijos; para que los hijos desarrollen la enfermedad, el otro progenitor debe ser portador y transmitir su alelo. La prueba del otro progenitor y el asesoramiento pueden cuantificar el riesgo sin presuponer consanguinidad. La genética reproductiva utiliza las variantes familiares clasificadas y no un cálculo genérico basado en la rareza de la enfermedad.

Cribado, familia y pronóstico

El cribado neonatal reduce el retraso de la forma infantil, pero su eficacia depende de una confirmación rápida y del acceso al tratamiento. La pseudodeficiencia y las variantes tardías generan familias con un niño clínicamente sano pero con riesgo futuro; tanto los controles excesivamente intensivos como la tranquilidad sin protocolo son perjudiciales. La vigilancia del genotipo tardío utiliza signos motores, CK y función respiratoria para identificar el inicio.

La transmisión recesiva confiere a los hermanos de un probando, cuando ambos progenitores son portadores, un riesgo del 25% de enfermedad, un 50% de ser portadores y un 25% de no heredar las variantes familiares en cada embarazo. Los familiares se estudian mediante una prueba dirigida y, si es necesario, actividad enzimática. El asesoramiento reproductivo y el diagnóstico prenatal o preimplantacional dependen de las decisiones informadas de la familia. El estudio familiar en cascada es especialmente urgente en los hermanos recién nacidos.

El pronóstico infantil ha mejorado enormemente, pero sigue siendo heterogéneo. El tratamiento en los primeros días o semanas, la prevención de anticuerpos y el soporte multidisciplinar ofrecen los mejores resultados; el diagnóstico tras una insuficiencia avanzada reduce la reversibilidad. En la forma tardía, el tratamiento tiende a estabilizar o mejorar modestamente algunos dominios, mientras que la progresión respiratoria requiere vigilancia permanente. El pronóstico contemporáneo debe discutirse por subtipo y respuesta, no utilizando la mortalidad de la era preenzimática.

Un paciente con una forma tardía aparentemente estable puede perder función lentamente, y la decisión de iniciar o cambiar el tratamiento requiere mediciones seriadas fiables. La capacidad vital, la prueba de la marcha, la fuerza y las actividades cotidianas se interpretan conjuntamente, considerando aprendizaje y motivación. La pendiente funcional suele ser más informativa que la posición respecto a un umbral y permite distinguir estabilidad real de variabilidad de la prueba.

La escoliosis y la rigidez torácica pueden limitar la ventilación independientemente de la fuerza y hacer más compleja la espirometría. La valoración ortopédica precoz, la sedestación y las ayudas técnicas mejoran la postura y la tos; la cirugía requiere un centro con experiencia respiratoria. La mecánica torácica forma parte del plan de Pompe como determinante modificable de la función, no como una consecuencia estética de la debilidad.

Las caídas, las fracturas y el dolor reducen la movilidad y desencadenan mayor desacondicionamiento. La densidad ósea, la vitamina D, la nutrición y la seguridad doméstica se valoran según el riesgo. Un programa de fisioterapia debe evitar la inmovilización prolongada después de un evento. La prevención de caídas protege indirectamente la ventilación y el metabolismo, interrumpiendo un círculo que ninguna infusión corrige por sí sola.

La administración domiciliaria de las infusiones es apropiada solo después de alcanzar estabilidad y disponer de un plan para las reacciones. En lactantes, pacientes inmunomodulados o después de eventos graves, el centro hospitalario mantiene ventajas. Es esencial disponer de medicación de emergencia y personal formado. El lugar de infusión se elige según el riesgo clínico y la calidad, no exclusivamente por comodidad o coste.

La terapia génica, la secreción hepática de enzima y las estrategias para mejorar la autofagia están en estudio. Los vectores, la inmunidad preexistente, la dosis, el hígado y la durabilidad siguen siendo problemas; participar en un estudio experimental no equivale a suspender una enzima eficaz fuera de protocolo. La investigación en Pompe debe medir corazón, músculo y respiración a largo plazo y no solo el aumento transitorio de la actividad enzimática.

En los familiares adultos con variantes tardías, el inicio de los controles y del tratamiento se basa en signos objetivos y en la historia del genotipo, no únicamente en la edad del probando. Algunos permanecen presintomáticos durante años, mientras que otros ya muestran debilidad diafragmática. La vigilancia familiar debe ser suficientemente sensible para detectar el inicio sin convertir a cada portador bialélico en un paciente sintomático antes de que existan pruebas.

El plan de emergencia recoge diagnóstico, ventilación, acceso, tratamiento y contactos, además de indicaciones para infección y ayuno. En urgencias, una radiografía no siempre distingue neumonía, atelectasia y debilidad; la gasometría y la evaluación de la tos añaden información. La respuesta coordinada reduce el riesgo de administrar oxígeno y antibióticos sin tratar la hipoventilación.

La función bulbar se reevalúa porque una deglución segura a una edad puede deteriorarse o no adaptarse a diferentes consistencias. La voz débil, las comidas prolongadas y las infecciones recurrentes son señales precoces. La vigilancia de la deglución previene aspiraciones silenciosas y conecta logopedia, nutrición y neumología antes de una neumonía grave.

El sueño es un laboratorio natural de la reserva respiratoria: la cefalea matutina, las pesadillas, la somnolencia y los despertares pueden preceder a la disnea diurna. La oximetría por sí sola puede no detectar hipercapnia, especialmente con oxígeno. La capnografía nocturna y un estudio adecuado definen el soporte y permiten valorar su adherencia y eficacia.

Durante las infecciones, la debilidad de la tos puede requerir asistencia mecánica y aspiración además de antibióticos. Los sedantes y antitusígenos se utilizan con prudencia porque reducen la ventilación y el aclaramiento de secreciones. El manejo de las secreciones es con frecuencia la intervención que evita la intubación y debe enseñarse a la familia antes de la primera crisis.

Una reevaluación anual del equipamiento de apoyo comprueba el ventilador, la interfaz, el insuflador-exuflador y las baterías. La fiabilidad domiciliaria es un requisito clínico: un dispositivo prescrito pero no tolerado, no mantenido o sin repuesto no ofrece la protección esperada.

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