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Insuficiencia cardíaca de alto gasto

La insuficiencia cardíaca de alto gasto es un síndrome de congestión y/o perfusión relativamente inadecuada en el que el gasto cardíaco está elevado con respecto a los valores normales, pero no es suficiente para satisfacer una demanda metabólica excesiva o compensar una resistencia vascular sistémica patológicamente baja. En términos hemodinámicos se encuentran a menudo un gasto superior a 8 L/min o un índice cardíaco superior a 3,9 L/min/m², valores que deben interpretarse con respecto a la complexión corporal, la anemia, la fiebre y el método de medición. Es diferente del estado de alto gasto asintomático. El diagnóstico de insuficiencia cardíaca requiere síntomas o signos, presiones de llenado elevadas o lesión orgánica y una condición causal; la taquicardia y el pulso amplio no bastan. Una fracción de eyección preservada o aumentada no excluye el síndrome, porque la variable crítica es la relación entre flujo, demanda y resistencia. Las causas contemporáneas más frecuentes son la obesidad grave, la hepatopatía crónica, las fístulas arteriovenosas y las enfermedades pulmonares; la anemia, la tirotoxicosis, el beriberi, la sepsis, el embarazo, la enfermedad de Paget y las neoplasias mieloproliferativas completan el cuadro. Pueden coexistir varios mecanismos.

El gasto elevado crónico expande el volumen plasmático, aumenta el retorno venoso y el trabajo, produce dilatación y eleva las presiones. El organismo sigue reteniendo sodio porque la vasodilatación reduce el volumen arterial efectivo, creando una congestión hiperdinámica que puede confundirse con una HFpEF común o una miocardiopatía dilatada. El tratamiento no consiste en aumentar indiscriminadamente el inotropismo, ya elevado, ni en el uso exclusivo de diuréticos. Es preciso identificar y eliminar el generador de flujo o vasodilatación, manteniendo mientras tanto la oxigenación, la euvolemia y la perfusión; el pronóstico depende de la causa y de la reversibilidad. Las fístulas corregibles, la anemia o el déficit de tiamina pueden permitir una recuperación marcada; la cirrosis avanzada, la obesidad grave o la enfermedad pulmonar mantienen la carga y aumentan la recidiva.

Etiología, patogenia y fisiopatología

La obesidad grave aumenta la masa metabólica, el volumen plasmático, el flujo renal y el consumo de oxígeno; las adipocinas, la apnea y la vasodilatación tisular reducen la resistencia relativa; el volumen sistólico crece y el ventrículo se dilata, mientras que la hipertensión y la rigidez pueden añadir disfunción diastólica. Por tanto, el fenotipo es una mezcla de gasto alto y presiones altas, no simplemente un exceso de peso corporal; la masa grasa requiere menos flujo por kilogramo que el músculo, pero la extensión global y el tejido magro asociado aumentan el volumen circulante. La indexación a la superficie corporal puede ocultar un gasto absoluto muy elevado en los individuos de gran tamaño. La apnea obstructiva y la hipoventilación causan hipoxia e hipertensión pulmonar, favoreciendo la insuficiencia derecha. Así, el perfil puede volverse biventricular aunque se mantenga un gasto sistémico alto.

En la cirrosis, la vasodilatación esplácnica mediada por el óxido nítrico y otras señales reduce la resistencia y activa el sistema simpático, el sistema renina-angiotensina y la vasopresina. La retención, los cortocircuitos y la circulación colateral aumentan el gasto; con la progresión puede aparecer miocardiopatía cirrótica con reserva contráctil y cronotrópica insuficiente; el gasto en reposo puede ser alto, pero durante el estrés la respuesta se vuelve inadecuada. La ascitis y la albúmina baja agravan el edema; las infecciones, la hemorragia o el TIPS pueden poner de manifiesto la insuficiencia cardíaca; el TIPS reduce la presión portal transfiriendo rápidamente sangre al corazón y puede precipitar congestión. Antes del procedimiento se necesitan anamnesis, péptidos y ecocardiografía, con una evaluación hemodinámica más profunda en los perfiles de riesgo.

Una fístula arteriovenosa crea un circuito de baja resistencia que aumenta el retorno, la frecuencia y el volumen sistólico; la carga depende del flujo del acceso, la localización, el tamaño, la masa corporal, la anemia y la reserva cardíaca; los accesos proximales suelen tener flujos mayores. En la hemodiálisis, un flujo superior a unos 2 L/min o una relación elevada entre flujo del acceso y gasto cardíaco señala riesgo, pero ningún umbral diagnóstico es absoluto. La compresión temporal con reducción del gasto y de las presiones respalda la causalidad si se realiza e interpreta correctamente. Las fístulas traumáticas, las malformaciones, las angiodisplasias hepáticas y los cortocircuitos iatrogénicos producen la misma fisiología. La telangiectasia hemorrágica hereditaria puede combinar cortocircuitos hepáticos y anemia.

La anemia reduce el contenido arterial de oxígeno; la vasodilatación, la taquicardia y el aumento del volumen sistólico mantienen el aporte. Cuando es grave o crónica, el gasto requerido supera la reserva y provoca dilatación, isquemia y retención; el riesgo depende de la velocidad y de la cardiopatía preexistente. La tirotoxicosis aumenta el metabolismo, la sensibilidad betaadrenérgica, la frecuencia, la contractilidad y el volumen, reduciendo la resistencia. La fibrilación auricular y la taquicardiomiopatía pueden transformar la fase hiperdinámica en una fracción reducida posterior. La fiebre, la sepsis y el embarazo fisiológico aumentan el gasto mediante mecanismos diferentes; la insuficiencia cardíaca aparece cuando la intensidad, la duración o el sustrato superan la reserva; en la sepsis, la función puede deprimirse al mismo tiempo.

La tiamina es un cofactor del metabolismo oxidativo. Una carencia grave causa vasodilatación, elevación del lactato y alto gasto, la forma cardiovascular del beriberi; en la variante fulminante, o shoshin, pueden aparecer shock y acidosis. La malnutrición, el alcohol, la cirugía bariátrica, la hiperémesis y los diuréticos aumentan el riesgo; la enfermedad de Paget ósea extensa crea redes vasculares de alto flujo; actualmente, la insuficiencia cardíaca es rara y sugiere una gran carga de enfermedad. Las neoplasias mieloproliferativas pueden aumentar el flujo por el metabolismo, la anemia y los cortocircuitos intramedulares. Los tumores vasculares, las metástasis hepáticas, el mieloma y el angiosarcoma pueden producir cortocircuitos. Los soplos localizados y las pruebas de imagen orientan hacia la localización.

La reducción de la resistencia provoca una caída de la presión arterial efectiva. Los barorreflejos aumentan la actividad simpática y del SRAA, reteniendo sodio y expandiendo el volumen; el corazón trabaja con frecuencia y volumen sistólico elevados. Con el tiempo aparecen hipertrofia excéntrica, dilatación auricular e insuficiencias valvulares funcionales; las presiones de llenado aumentan por el volumen, el acortamiento de la diástole debido a la taquicardia, la rigidez preexistente y la interdependencia. La presión pulmonar puede crecer por el flujo elevado incluso sin arteriopatía primaria; el aporte de oxígeno es el producto del gasto y del contenido. En la anemia, la sepsis o el beriberi, un gasto numéricamente alto puede no impedir la hipoxia tisular; el lactato y la saturación venosa requieren interpretación causal.

Manifestaciones clínicas

La disnea, la ortopnea, la fatigabilidad, el edema y el aumento de peso son similares a los de los otros fenotipos. Los elementos hiperdinámicos incluyen extremidades calientes, pulso amplio o colapsante, taquicardia, precordio activo y soplos de flujo; estos hallazgos pueden atenuarse cuando aparece el shock. La presión de pulso amplia refleja un volumen sistólico elevado y una resistencia baja, pero la anemia, la insuficiencia aórtica y las arterias rígidas son alternativas; la presión media puede ser normal, baja o elevada si coexiste hipertensión. Los crepitantes, las yugulares, el tercer ruido, la hepatomegalia y la ascitis cuantifican la congestión; un tercer ruido en un estado hiperdinámico no implica necesariamente una fracción reducida.

Los signos causales son cruciales. La palidez, la hemorragia o la pica sugieren anemia; el temblor, la pérdida de peso, la intolerancia al calor, el bocio y la oftalmopatía orientan hacia tirotoxicosis. La neuropatía, la malnutrición y la acidosis hacen sospechar déficit de tiamina. Los estigmas hepáticos, la ascitis y la esplenomegalia indican cirrosis; un soplo continuo sobre un acceso o un frémito muy extenso sugieren flujo elevado. Las lesiones vasculares mucocutáneas y la epistaxis recurrente orientan hacia telangiectasia hereditaria. El dolor y las deformidades óseas pueden acompañar a la enfermedad de Paget. La fiebre, la vasodilatación y la alteración del estado mental requieren investigar sepsis.

En la fístula de diálisis, la disnea y la tolerancia pueden empeorar después de su creación o del aumento del flujo; un acceso aneurismático, proximal o con frémito intenso merece una medición; la isquemia distal y la sobrecarga cardíaca pueden coexistir. La prueba de oclusión puede aumentar la presión y reducir la frecuencia, el signo de Nicoladoni-Branham, pero la maniobra clínica no sustituye las mediciones de flujo y la evaluación invasiva cuando es necesaria. En el TIPS, el empeoramiento puede aparecer días o meses después. La ascitis persistente no demuestra fracaso del tratamiento de la hipertensión portal si coexiste insuficiencia cardíaca.

Las palpitaciones son frecuentes por taquicardia sinusal o fibrilación. La frecuencia excesiva reduce la diástole y aumenta la demanda; sin embargo, su control no debe eliminar la compensación antes de corregir la causa de la resistencia baja. La angina puede derivar de una demanda elevada incluso sin estenosis, sobre todo con anemia o tirotoxicosis. La troponina elevada señala lesión, pero la distinción entre infarto y desequilibrio entre aporte y demanda requiere los criterios universales y el contexto. El síncope y la hipotensión indican incapacidad para mantener la presión, arritmia u otra lesión. No son características tranquilizadoras de un simple estado hiperdinámico.

En las fases avanzadas, el aspecto caliente puede volverse frío cuando fracasan la contractilidad y la vasoconstricción; un gasto «normal» puede representar una caída relativa desde valores previamente muy altos; la trayectoria hemodinámica es más informativa que un umbral aislado. La insuficiencia derecha puede predominar con edema, ascitis y afectación hepática; el flujo pulmonar elevado, la apnea, la enfermedad hepática o el acceso pueden aumentar la presión pulmonar y la carga derecha. La pérdida muscular puede quedar oculta por el edema o la obesidad. La evaluación nutricional distingue la pérdida intencional de peso, la malnutrición y la congestión.

Pruebas complementarias y diagnóstico

El diagnóstico parte de la demostración de insuficiencia cardíaca y de la búsqueda de un contexto hiperdinámico. El ECG documenta la frecuencia, la fibrilación, la hipertrofia y la isquemia; la radiografía y la ecografía pulmonar detectan congestión. El BNP o el NT-proBNP pueden estar elevados, pero la obesidad los reduce y el riñón y la aurícula los aumentan. El hemograma con índices, reticulocitos, ferritina y saturación define la anemia; la TSH y las hormonas tiroideas identifican la tirotoxicosis. Las pruebas hepáticas, el INR, la albúmina, las pruebas renales, la orina, la PCR, los cultivos y el lactato se seleccionan según la sospecha etiológica. La tiamina plasmática tiene limitaciones y el tratamiento empírico es adecuado cuando la sospecha es alta, porque es seguro y el retraso en la forma fulminante es peligroso.

El ecocardiograma puede mostrar cavidades dilatadas, volumen sistólico elevado, fracción preservada o hipercinética, diástole alterada y presión pulmonar. El gasto por Doppler se calcula a partir del área del tracto de salida y de la integral velocidad-tiempo; los pequeños errores en el diámetro se elevan al cuadrado; el cálculo debe ser coherente con el método y la complexión corporal. En la insuficiencia aórtica o mitral, el gasto a través de una válvula incluye el volumen regurgitante y puede sobreestimar el sistémico efectivo; la función derecha, el pericardio y las válvulas ayudan a identificar cofactores. Un ventrículo pequeño e hiperdinámico con shock puede sugerir sepsis o hipovolemia, no necesariamente insuficiencia cardíaca crónica de alto gasto.

El cateterismo derecho confirma el gasto elevado, la resistencia baja y las presiones de llenado. El método de Fick directo es preciso si se mide el consumo de oxígeno; el uso de valores estimados puede generar errores importantes en la obesidad, la sepsis y los estados metabólicos. La termodilución puede verse alterada por la regurgitación tricuspídea, los cortocircuitos y los flujos extremos; es necesaria la concordancia fisiológica entre los métodos, las saturaciones y el cuadro antes de etiquetar al paciente. Una saturación venosa alta sugiere disminución de la extracción o cortocircuito; un salto oximétrico localiza las comunicaciones. La presión de enclavamiento y la presión auricular cuantifican el carácter congestivo.

El flujo de una fístula se mide mediante dilución ultrasónica durante la diálisis o Doppler. La relación con el gasto cardíaco expresa la proporción desviada; la compresión durante el cateterismo o la ecocardiografía puede demostrar una caída del gasto y de las presiones, respaldando una relación causal. La TC, la RM o la angiografía localizan cortocircuitos profundos y malformaciones. En la telangiectasia hereditaria, las pruebas de imagen hepáticas y pulmonares siguen los protocolos y los antecedentes familiares. Antes de reducir un acceso es preciso verificar las alternativas de diálisis, la permeabilidad y la necesidad futura; la decisión se comparte entre nefrólogo, cardiólogo y cirujano vascular.

Ante la sospecha de cirrosis se definen la gravedad hepática y portal, la ascitis y la indicación de trasplante. La ecocardiografía de estrés puede detectar una reserva reducida, pero ninguna prueba aislada excluye la miocardiopatía cirrótica; el cateterismo derecho es útil antes de un TIPS o un trasplante en pacientes seleccionados. La enfermedad de Paget se evalúa con fosfatasa alcalina y pruebas de imagen óseas; la gammagrafía define la extensión; las neoplasias requieren hemograma, frotis, proteínas y evaluación hematológica. El diagnóstico diferencial comprende insuficiencia aórtica, sepsis sin insuficiencia cardíaca, embarazo fisiológico, HFpEF asociada a adiposidad y circulación hipercinética por ansiedad. Las presiones elevadas y una causa demostrada separan el síndrome de los meros signos de flujo.

La evaluación funcional utiliza la marcha o la prueba cardiopulmonar, pero el gasto elevado no garantiza un VO2 pico alto si la extracción, la anemia o el pulmón son limitantes. La relación entre aporte y consumo puede definirse mediante hemodinámica invasiva en los casos complejos; la monitorización sigue el gasto, la resistencia, las presiones, las dimensiones, el ritmo y la causa. En el acceso de diálisis, las variaciones del flujo y de los síntomas son más útiles que un umbral único; en la tirotoxicosis también se sigue el control bioquímico; la documentación debería especificar la causa dominante, el estado hemodinámico y el grado de reversibilidad. La etiqueta genérica sin investigación etiológica expone a un tratamiento únicamente sintomático.

Tratamiento y pronóstico

Los diuréticos controlan el edema y las presiones, pero la vasodilatación mantiene la activación que favorece la retención de sodio. Las dosis y las combinaciones se adaptan a la presión, el riñón y la causa; una depleción excesiva puede provocar hipotensión sin normalizar el generador de flujo. El oxígeno se utiliza en la hipoxemia y la transfusión en la anemia según la gravedad, los síntomas y el contexto; una corrección demasiado rápida o un volumen transfusional elevado pueden causar sobrecarga circulatoria, por lo que la causa y el ritmo de la corrección son esenciales. Los vasoconstrictores y los inotrópicos se reservan para el shock y no representan un tratamiento crónico; la sepsis requiere antibióticos, control del foco y reanimación individualizada.

En la fístula de alto flujo sintomática se consideran el banding, la revisión, la reducción o la ligadura; el objetivo es reducir el cortocircuito preservando el acceso si es posible; después del procedimiento se verifican el gasto, la presión, la diálisis y los síntomas. La ligadura definitiva requiere una relación causal convincente y un plan para el acceso alternativo. Los receptores de trasplante renal con fístulas persistentes pueden mostrar regresión de la masa tras el cierre, pero la decisión sigue siendo individual. Las malformaciones arteriovenosas pueden embolizarse u operarse según la localización. En la telangiectasia hereditaria hepática, los procedimientos inadecuados pueden ser peligrosos y el trasplante se reserva para casos seleccionados.

El hipertiroidismo se trata con antitiroideos, radioyodo o cirugía según la etiología. Los betabloqueantes controlan los síntomas y la frecuencia, pero en el shock tirotóxico con disfunción grave requieren cautela y moléculas cuya dosis pueda ajustarse; el control hormonal es el tratamiento causal. La anemia requiere hierro, vitaminas, control de la hemorragia o tratamiento hematológico; la normalización de la hemoglobina debe respetar las guías de la condición, sobre todo en la enfermedad renal, donde los objetivos y los estimulantes de la eritropoyesis tienen riesgos. La tiamina se administra de inmediato antes de la glucosa o junto con ella en los sujetos de riesgo; la mejoría del lactato y de la circulación puede ser rápida, pero no excluye otras causas concomitantes.

En la cirrosis se controlan el sodio y la ascitis con diuréticos, paracentesis y albúmina según las indicaciones hepatológicas; el TIPS se reevalúa si el cortocircuito precipita insuficiencia cardíaca. El trasplante hepático puede corregir la circulación hiperdinámica, pero la miocardiopatía y la hipertensión pulmonar modifican la candidatura; la pérdida de peso en la obesidad reduce la demanda y el volumen, pero debe preservar la masa muscular. Los enfoques nutricionales, el ejercicio, los fármacos y la cirugía metabólica se seleccionan atendiendo al estado congestivo y al riesgo perioperatorio. La apnea y la hipoventilación requieren ventilación nocturna, oxígeno cuando esté indicado y tratamiento del peso; la mejoría de la poscarga derecha puede requerir meses.

Los bisfosfonatos tratan la enfermedad de Paget activa y pueden reducir el flujo óseo. Las neoplasias mieloproliferativas o los tumores requieren tratamiento específico; el control del clon o de la masa puede hacer remitir la fisiología. El tratamiento de la HFrEF se aplica cuando existe una fracción verdaderamente reducida, pero los vasodilatadores potentes pueden tolerarse mal con una resistencia ya baja; la prescripción según el fenotipo distingue el tratamiento de la disfunción miocárdica del del cortocircuito. La fibrilación se maneja mediante control del ritmo o de la frecuencia y anticoagulación según el riesgo. Eliminar la taquicardia reduce la demanda, pero una bradicardia excesiva puede reducir el gasto necesario antes de la corrección causal.

El pronóstico en el estudio contemporáneo fue peor que en los controles, con diferencias marcadas según la causa; la obesidad, la hepatopatía y los cortocircuitos arteriovenosos eran fenotipos importantes. La lesión derecha, el riñón, la presión y las hospitalizaciones aumentan el riesgo; el remodelado es reversible si la carga se elimina antes de que se establezcan fibrosis e insuficiencia valvular. La ecocardiografía y la clínica verifican la regresión después del tratamiento; un gasto que se normaliza mientras empeoran la perfusión y la fracción no es necesariamente un éxito: puede indicar agotamiento miocárdico. La interpretación longitudinal evita una falsa tranquilidad.

Complicaciones

La congestión crónica causa edema pulmonar, ascitis, derrames y resistencia a los diuréticos. El riñón y el hígado sufren tanto la presión venosa alta como el volumen arterial efectivo bajo; la creatinina y el sodio pueden empeorar pese al gasto alto; la insuficiencia tricuspídea evoluciona con la dilatación derecha y aumenta aún más el retorno ineficaz. La fibrilación auricular y la dilatación anular forman un circuito que puede persistir después de la corrección parcial de la causa. La hipertensión pulmonar de alto flujo puede desarrollar remodelado y disfunción derecha; el retraso en la eliminación del cortocircuito reduce la reversibilidad.

La fibrilación, el flutter y la taquicardia persistente pueden transformar el estado hiperdinámico en una miocardiopatía con fracción reducida. La isquemia por demanda y el infarto de miocardio secundario son posibles en la anemia, la tirotoxicosis y la sepsis; el shock de alto gasto asocia vasodilatación grave y aporte inadecuado; las extremidades calientes y la saturación venosa alta no garantizan la oxigenación celular. El lactato puede derivar de hipoperfusión, catecolaminas o déficits metabólicos; una fase fría posterior señala pérdida de reserva y requiere soporte crítico, sin olvidar el tratamiento causal.

Los procedimientos sobre la fístula pueden causar trombosis, pérdida del acceso, isquemia o reducción insuficiente; un cierre amplio modifica rápidamente la presión y la poscarga. La vigilancia vascular y cardíaca previene nuevos desequilibrios. El TIPS puede precipitar edema o insuficiencia derecha; la reducción del cortocircuito conlleva el riesgo de que reaparezca la hipertensión portal; la decisión multidisciplinar equilibra dos circulaciones patológicas. Las transfusiones pueden causar TACO, mientras que las correcciones no monitorizadas de la tirotoxicosis o un bloqueo beta agresivo pueden desestabilizar el gasto.

La malnutrición y la carencia de tiamina pueden ser causa y consecuencia. El edema intestinal y los diuréticos mantienen los déficits; la suplementación aislada no corrige el alcohol, la malabsorción ni la dieta. La obesidad sarcopénica oculta la pérdida muscular y aumenta la fragilidad; una reducción rápida de peso debe distinguir entre diuresis, tejido adiposo y masa magra. La cirrosis añade encefalopatía, infecciones, hemorragia y síndrome hepatorrenal; estas complicaciones pueden dominar el pronóstico más que la medición del gasto.

El diagnóstico tardío expone a intervenciones sintomáticas repetidas sin eliminar la causa; el seguimiento debe verificar que la anemia, la función tiroidea, el flujo del acceso o el cortocircuito sigan controlados y que el ventrículo se recupere. Cuando la causa es irreversible, el fenotipo puede progresar a insuficiencia cardíaca avanzada con baja reserva, lesión orgánica y hospitalizaciones; la evaluación para trasplante cardíaco, hepático o combinado depende de la localización de la enfermedad. Los cuidados paliativos integrados son adecuados en las formas terminales no corregibles y abordan la disnea, el edema y los objetivos sin confundir alto gasto con pronóstico favorable.

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