La insuficiencia cardíaca puede comenzar de forma gradual. Las primeras señales suelen ser una falta de aire que antes no existía, un cansancio inusual o la sensación de que actividades habituales, como caminar cuesta arriba o subir escaleras, requieren más esfuerzo de lo normal. También pueden aparecer hinchazón de tobillos y piernas, aumento de peso por retención de líquidos y dificultad para respirar al acostarse.
Ninguno de estos síntomas, considerado de forma aislada, demuestra la presencia de insuficiencia cardíaca. Son molestias frecuentes también en muchas otras condiciones. Sin embargo, adquieren mayor importancia cuando son nuevos, persisten, empeoran con el tiempo o aparecen conjuntamente.
Los síntomas que merecen especial atención son:
La insuficiencia cardíaca es un síndrome clínico: los síntomas deben interpretarse junto con la exploración y las pruebas. Esta guía sirve para reconocer las señales que pueden justificar una valoración médica, no para formular un diagnóstico basándose en los síntomas.
Una de las señales más frecuentes es la disnea, es decir, la sensación de falta de aire. Al principio puede aparecer solo durante esfuerzos relativamente intensos; a medida que el problema progresa puede presentarse durante actividades cada vez más ligeras. Una persona puede darse cuenta, por ejemplo, de que debe reducir el ritmo al caminar con otras personas, detenerse con más frecuencia en las escaleras o tardar más en recuperarse después de una actividad que anteriormente toleraba bien.
La disnea no es específica de la insuficiencia cardíaca: la anemia, las enfermedades respiratorias, el sobrepeso, el sedentarismo y muchas otras condiciones pueden provocarla. Por ello, lo que más importa es el cambio respecto al propio nivel habitual y su asociación con otros elementos, como edema, ortopnea o aumento de peso.
También la fatiga y la debilidad pueden aparecer precozmente. En la insuficiencia cardíaca, el corazón puede no conseguir aumentar adecuadamente el gasto cardíaco durante el esfuerzo y la congestión puede contribuir a reducir la capacidad funcional. El resultado, para el paciente, puede ser muy concreto: hacer la compra, vestirse, realizar las tareas domésticas o recorrer una distancia habitual se vuelve más fatigoso.
Sin embargo, estos síntomas son inespecíficos y no deben interpretarse de forma aislada. Un cansancio nuevo y persistente, especialmente si se acompaña de falta de aire o hinchazón, merece una valoración clínica.
Un síntoma especialmente sugestivo es la ortopnea: la dificultad para respirar al estar completamente acostado, que mejora al sentarse o elevar el tronco. Algunas personas refieren haber empezado a dormir con dos o tres almohadas sin haberlo hecho anteriormente. Otra señal es la disnea paroxística nocturna, es decir, el despertar repentino después de algunas horas de sueño con una marcada sensación de falta de aire que obliga a sentarse o levantarse.
Estos trastornos pueden aparecer cuando el aumento de las presiones en el corazón izquierdo favorece la congestión pulmonar. Son más específicos que la simple disnea de esfuerzo, pero tampoco bastan por sí solos para establecer el diagnóstico.
Una tos predominantemente nocturna o que empeora en posición acostada puede acompañar a la congestión. A veces también se refieren sibilancias. Si, en cambio, la dificultad respiratoria se vuelve repentina y muy intensa, especialmente con sudoración, agitación o esputo espumoso rosado, el cuadro puede ser compatible con edema pulmonar cardiogénico y requiere una valoración urgente.
Cuando aumentan el retorno venoso y las presiones de llenado, los líquidos pueden acumularse en los tejidos. El edema suele aparecer inicialmente en los tobillos y las piernas y es más evidente por la tarde. En las formas más avanzadas puede afectar también a muslos, abdomen y otras zonas.
El edema por sí solo no identifica la insuficiencia cardíaca: la insuficiencia venosa, algunos medicamentos y las enfermedades renales, hepáticas o linfáticas pueden producir una hinchazón similar. Sin embargo, su asociación con disnea, ortopnea o un empeoramiento de la capacidad para realizar actividades aumenta la sospecha.
La retención de líquidos puede producir un aumento de peso en pocos días. El peso no aumenta necesariamente porque la persona esté acumulando grasa: en un paciente con insuficiencia cardíaca ya conocida, una variación rápida puede reflejar sobre todo agua y sodio retenidos. Por ello, el control del peso se utiliza con frecuencia en la monitorización domiciliaria.
La presencia de un edema mucho más marcado en un solo lado, dolor en una pierna o una hinchazón repentina y asimétrica obliga, en cambio, a considerar también causas distintas de la insuficiencia cardíaca y requiere valoración clínica.
La congestión abdominal y la reducción de la perfusión pueden asociarse a sensación de plenitud, falta de apetito, náuseas o hinchazón abdominal. En algunos pacientes aparecen palpitaciones, mareos o dificultad para concentrarse. En las formas avanzadas puede aparecer pérdida involuntaria de peso en lugar de aumento de peso, hasta llegar a la caquexia cardíaca.
El punto esencial es que la insuficiencia cardíaca no se diagnostica contando los síntomas. Las manifestaciones clínicas tienen una sensibilidad y una especificidad limitadas y a menudo se superponen con enfermedades pulmonares, anemia, obesidad, insuficiencia renal, trastornos tiroideos y muchas otras condiciones.
Para confirmar o excluir la sospecha son necesarias, por tanto, la exploración y las pruebas. En el proceso diagnóstico moderno desempeñan un papel central el ECG, los análisis de sangre, los péptidos natriuréticos y, sobre todo, el ecocardiograma. La guía cómo se diagnostica la insuficiencia cardíaca explica cómo se utilizan estas pruebas.
Una falta de aire nueva o progresiva, una reducción evidente de la tolerancia al esfuerzo, un edema persistente o un conjunto de síntomas compatibles merecen una valoración médica, especialmente en presencia de cardiopatía conocida, hipertensión, infarto previo, valvulopatía, miocardiopatía, diabetes o enfermedad renal. Un reconocimiento precoz permite comprender si las molestias dependen del corazón o de otras causas e iniciar el tratamiento adecuado.
Quien ya tiene un diagnóstico de insuficiencia cardíaca debe prestar atención, en cambio, sobre todo a las variaciones respecto a su situación estable. Un aumento de la falta de aire, de la hinchazón o del peso puede señalar una descompensación: estos aspectos se tratan en la guía sobre los signos de alarma de la insuficiencia cardíaca.
Una dificultad respiratoria repentina o muy intensa, dolor torácico, pérdida de conciencia, debilidad grave, confusión marcada o coloración azul o gris de los labios y la piel son, en cambio, señales que pueden indicar una condición aguda grave. En estos casos es aconsejable llamar al 112 o al 118 y no conducir personalmente hasta el servicio de urgencias.
¿Cuáles son los primeros síntomas de la insuficiencia cardíaca?
Entre los síntomas más comunes se encuentran la falta de aire durante actividades que antes se toleraban bien, cansancio inusual, menor capacidad para caminar o subir escaleras, hinchazón de tobillos y piernas y, en algunos casos, aumento de peso debido a la retención de líquidos.
¿Las piernas hinchadas significan siempre insuficiencia cardíaca?
No. El edema de las piernas puede tener muchas otras causas, entre ellas insuficiencia venosa, medicamentos, enfermedades renales o hepáticas. Resulta más sospechoso de insuficiencia cardíaca cuando se asocia a falta de aire, aumento rápido de peso o menor tolerancia al esfuerzo.
¿Se puede tener insuficiencia cardíaca sin las piernas hinchadas?
Sí. Algunas personas presentan sobre todo falta de aire, fatiga o dificultad respiratoria al estar acostadas y pueden no tener un edema evidente, especialmente en las fases iniciales o durante un tratamiento diurético eficaz.
¿La tos nocturna puede deberse a la insuficiencia cardíaca?
Puede ocurrir, sobre todo si la tos aparece junto con falta de aire, empeora al estar acostado u obliga a dormir con más almohadas. Sin embargo, la tos tiene muchas causas y por sí sola no permite diagnosticar una insuficiencia cardíaca.
¿Cuándo requieren una valoración urgente los síntomas de la insuficiencia cardíaca?
Una dificultad respiratoria repentina o muy intensa, dolor torácico, desmayo, debilidad grave, alteración del estado de conciencia o coloración azul o gris de los labios y la piel requieren atención urgente y pueden hacer necesario llamar al 112 o al 118.
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