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Fibroelastosis endocárdica

La fibroelastosis endocárdica es una alteración caracterizada por la acumulación de colágeno y fibras elásticas en el endocardio, que se vuelve engrosado, blanquecino y poco distensible. Afecta predominantemente al ventrículo izquierdo en el corazón fetal e infantil, pero la distribución y la extensión pueden variar. Es sobre todo un fenotipo anatomopatológico y una modalidad de respuesta a distintas agresiones, no un diagnóstico etiológico único. Por tanto, reconocer el engrosamiento es el punto de partida para aclarar qué cardiopatía lo ha producido y cuánto contribuye a la disfunción.

La distinción tradicional entre forma primaria y secundaria indica, respectivamente, la ausencia o la presencia de una malformación estructural evidente. Sin embargo, una forma definida como primaria puede asociarse a una miocardiopatía genética, metabólica o a un contexto inmunitario reconocible; el término no equivale a una causa desconocida definitivamente establecida. Desde el punto de vista morfológico se observan cuadros con ventrículo izquierdo dilatado y disfuncionante y cuadros con una cavidad pequeña o hipoplásica, a menudo asociados a obstrucciones del corazón izquierdo. Ambas presentaciones comparten el engrosamiento endocárdico, pero plantean problemas hemodinámicos y terapéuticos diferentes.

La mayoría de los diagnósticos afectan a fetos, recién nacidos y niños pequeños. Las estimaciones de frecuencia dependen de la población observada y del uso de criterios ecocardiográficos, histológicos o clínicos; las series de corazones explantados seleccionan inevitablemente formas graves. Además, el término se utiliza como hallazgo asociado a cardiopatías congénitas o miocardiopatías, lo que dificulta un recuento epidemiológico independiente. Su relevancia clínica deriva de la posibilidad de comprometer el llenado, el crecimiento y la recuperación del ventrículo izquierdo, incluso después del tratamiento de la obstrucción o de la causa inicial.

Etiología, patogenia y fisiopatología

En el corazón inmaduro, el flujo, la carga y el desarrollo de la cavidad están estrechamente relacionados. Una obstrucción significativa al tracto de salida izquierdo aumenta el trabajo ventricular y puede alterar la perfusión subendocárdica y la función; la reducción del flujo efectivo a través del ventrículo modifica a su vez los estímulos para el crecimiento. Por tanto, la estenosis aórtica fetal puede acompañarse de disfunción, regurgitación mitral y fibroelastosis, con posible evolución hacia hipoplasia de las estructuras izquierdas. La relación no es puramente lineal: la pared que se ha vuelto rígida contribuye a limitar el llenado y el desarrollo, alimentando el problema que la favoreció.

La fibroelastosis también puede aparecer en miocardiopatías no asociadas a una malformación mayor. Las causas genéticas y metabólicas deben considerarse según el fenotipo, los antecedentes familiares y las manifestaciones extracardíacas; el hallazgo endocárdico no identifica un único gen ni un patrón hereditario universal. Las comunicaciones históricas de familias con posible transmisión ligada al cromosoma X documentan una posibilidad, no una regla para todos los casos. Los trastornos de la función mitocondrial, del metabolismo o de la estructura miocárdica pueden producir un corazón disfuncionante en el que la fibroelastosis representa parte del remodelado.

Las anomalías coronarias, en particular el origen anómalo de la arteria coronaria izquierda desde la arteria pulmonar, deben excluirse cuando un lactante presenta disfunción izquierda, regurgitación mitral y endocardio hiperecogénico. En este contexto, la isquemia puede afectar al miocardio y a los músculos papilares y producir alteraciones que se atribuyen erróneamente a una miocardiopatía primaria. La distinción tiene consecuencias inmediatas, porque la corrección de la perfusión coronaria aborda un mecanismo causal específico. Por tanto, el engrosamiento endocárdico no debe convertirse en una etiqueta que detenga la búsqueda anatómica.

Se ha descrito una forma inmunomediada asociada a autoanticuerpos maternos anti-Ro/SSA y anti-La/SSB. El daño cardíaco puede comprender fibroelastosis con o sin bloqueo auriculoventricular, por lo que un ritmo fetal normal no excluye por completo esta posibilidad. La madre puede no tener una enfermedad autoinmune ya diagnosticada. Sin embargo, la positividad de anticuerpos maternos no demuestra por sí sola que todo hallazgo ecocardiográfico del hijo tenga esa causa: es necesario integrar la evolución fetal, otras manifestaciones, la anatomía y los diagnósticos alternativos. También los procesos inflamatorios miocárdicos deben distinguirse de la mera presencia de una cicatriz fibroelástica.

La formación de la lesión implica expansión de la matriz extracelular y alteración del comportamiento de las células endocárdicas. Los estudios experimentales han atribuido un papel a la transición endotelio-mesenquimal, en la que células con características endoteliales adquieren propiedades mesenquimales y contribuyen al tejido fibroso. Los flujos anómalos y las señales de crecimiento pueden favorecer este proceso. El modelo aclara un posible vínculo entre hemodinámica y fibrogénesis, pero no demuestra que todas las formas clínicas tengan un mecanismo idéntico ni que la modulación experimental de una vía biológica constituya ya un tratamiento eficaz en el niño.

El revestimiento fibroelástico aumenta la rigidez y limita la expansión diastólica. El ventrículo puede requerir presiones auriculares elevadas para admitir un volumen relativamente modesto; el aumento de la presión venosa pulmonar provoca congestión e incrementa la carga del ventrículo derecho. Cuando coexiste daño miocárdico, la contractilidad disminuye y el volumen sistólico se reduce aún más. La regurgitación mitral puede derivar de alteraciones geométricas, isquemia de los músculos papilares o afectación del aparato y amplifica la sobrecarga auricular. Por tanto, la función debe evaluarse como el resultado del endocardio, el miocardio, las válvulas y las condiciones de carga.

En el ventrículo izquierdo borderline, la cuestión principal es la capacidad funcional de la cavidad. Un volumen que aumenta después de un procedimiento no garantiza que la cavidad pueda llenarse con presiones aceptables y sostener la circulación sistémica. Deben considerarse el flujo de entrada mitral, la distensibilidad, la función sistólica, el tracto de salida, la válvula aórtica y el arco. La fibroelastosis puede limitar el potencial de recuperación incluso cuando las dimensiones parecen favorables; por el contrario, un único índice anatómico desfavorable no describe necesariamente todas las posibilidades evolutivas. Esta relación explica la necesidad de evaluaciones seriadas e integradas en los programas de reclutamiento ventricular.

La circulación fetal y la postnatal imponen condiciones diferentes. Antes del nacimiento, la distribución de los flujos y la comunicación entre los circuitos pueden compensar parcialmente una limitación izquierda; después del nacimiento, el cambio de las resistencias y el cierre de los pasos fetales hacen evidente la necesidad de un gasto sistémico adecuado. En las anomalías coronarias, el cambio de las presiones pulmonares modifica, en cambio, la perfusión miocárdica. Por tanto, la edad y el momento del deterioro aportan información sobre el mecanismo y no deben interpretarse como simples características demográficas.

Manifestaciones clínicas

Durante la vida fetal, la sospecha puede surgir por hiperecogenicidad endocárdica, alteración de la forma o de la función ventricular, estenosis aórtica, regurgitación mitral y anomalías de los flujos. Los derrames y la hidropesía fetal indican un compromiso hemodinámico importante y requieren una valoración especializada de toda la circulación. En cambio, un área hiperecogénica aislada no equivale a fibroelastosis difusa: la localización, la extensión, la continuidad con el revestimiento endocárdico y las consecuencias funcionales son determinantes. La evolución entre estudios sucesivos puede ser más informativa que la mera intensidad de la señal.

En el recién nacido, una cardiopatía obstructiva crítica puede manifestarse con hipoperfusión, taquipnea, dificultad para alimentarse, oliguria y acidosis cuando cambia la circulación postnatal. La presentación puede confundirse inicialmente con sepsis o enfermedad respiratoria; la ausencia de un soplo intenso no excluye una obstrucción grave, sobre todo si el gasto es bajo. La prioridad es reconocer la fisiología crítica y definir la anatomía, porque el tratamiento de una insuficiencia cardíaca genérica no resuelve una circulación dependiente de flujos o comunicaciones específicos.

En el lactante con forma dilatada, la insuficiencia cardíaca se manifiesta con frecuencia durante la toma: fatiga, sudoración, interrupciones frecuentes, taquipnea y escasa ganancia ponderal. La reducción espontánea del aporte calórico se asocia a un mayor consumo energético y crea un desequilibrio nutricional progresivo. La hepatomegalia, la taquicardia persistente y los signos de congestión son más informativos que el edema periférico, que puede faltar. La irritabilidad o el llanto durante la alimentación también pueden acompañar a la isquemia en una enfermedad coronaria, por lo que es importante interpretar el contexto.

En los niños mayores, la disminución de la tolerancia al esfuerzo, la fatigabilidad, el dolor torácico, las palpitaciones y el síncope pueden hacer evidente una disfunción persistente. La evolución depende de la causa y de los procedimientos ya realizados: una lesión obstructiva residual, una regurgitación significativa o una arritmia pueden explicar el empeoramiento de forma más directa que el grosor endocárdico. La evaluación debe reconstruir el crecimiento, la actividad habitual, los ingresos y las respuestas previas, porque un niño puede adaptarse reduciendo el ejercicio y parecer poco sintomático en reposo pese a una reserva limitada.

Los antecedentes familiares buscan miocardiopatías, muerte súbita o infantil, consanguinidad y manifestaciones neuromusculares o metabólicas; los antecedentes maternos consideran autoinmunidad, anticuerpos y evolución de los embarazos. La exploración física integra perfusión, pulsos, presión, saturación, ritmo, soplos, hígado y crecimiento. Los dismorfismos, la hipotonía o la afectación de otros órganos pueden orientar hacia una causa sindrómica. Su valor deriva del conjunto y no autoriza a diagnosticar una enfermedad genética específica basándose únicamente en el aspecto clínico.

Pruebas diagnósticas y diagnóstico

La ecocardiografía debe describir la fibroelastosis dentro de un estudio anatómico completo. Se evalúan el grosor y la distribución del endocardio, las dimensiones y la geometría de las cámaras, la función sistólica y diastólica, la mitral, la válvula aórtica, el tracto de salida y el arco. Las medidas pediátricas deben relacionarse con el tamaño corporal y la edad, utilizando referencias apropiadas; la comparación seriada debe mantener metodologías coherentes. La hiperecogenicidad también depende de los ajustes y del ángulo de insonación y no debe utilizarse de forma aislada como medida cuantitativa de la fibrosis.

En el feto con estenosis aórtica y evolución hacia hipoplasia izquierda, se han estudiado sistemas de gradación de la ecogenicidad endocárdica para aportar información pronóstica adicional. El trabajo de McElhinney y colaboradores en 74 fetos mostró la viabilidad de una evaluación graduada y asociaciones con parámetros funcionales y con el desenlace circulatorio. Sin embargo, el dato se refiere a una población seleccionada y no produce un criterio etiológico general ni un umbral universal de operabilidad. El grado de fibroelastosis debe integrarse con la presión y la función ventricular, el flujo mitral, el tracto de salida y la evolución de las dimensiones.

El estudio de los flujos define la consecuencia funcional de la lesión. El llenado mitral, la regurgitación, el flujo a través del tracto de salida y del arco, las comunicaciones interauriculares y el comportamiento de las venas pulmonares ayudan a establecer si el corazón izquierdo puede recibir e impulsar sangre sin presiones excesivas. Después de un procedimiento, la reducción del gradiente a través de la válvula no demuestra por sí sola la recuperación del ventrículo. Una cavidad que permanece rígida puede mantener presiones auriculares elevadas y congestión incluso con una obstrucción anatómicamente reducida.

La evaluación de las arterias coronarias es indispensable en las formas con dilatación y disfunción izquierdas. Es necesario documentar origen y trayecto proximal, dirección del flujo y signos indirectos de isquemia, sin considerar suficiente una imagen aparentemente normal en una única proyección. Si la ecografía no resuelve la cuestión y la sospecha sigue siendo significativa, se recurre a la técnica anatómica más adecuada para las condiciones clínicas y la experiencia del centro. La distinción entre miocardiopatía primaria y origen coronario anómalo modifica el tratamiento y no puede confiarse únicamente a la presencia o ausencia de ondas Q.

La resonancia cardíaca puede definir volúmenes, función y distribución de la alteración endocárdica, mostrando realce subendocárdico y contribuyendo a la caracterización del miocardio. En el niño pequeño deben considerarse la duración del estudio, la necesidad de sedación y la estabilidad hemodinámica. El valor añadido es mayor cuando responde a una duda que cambia la estrategia; no debe retrasar el tratamiento de una obstrucción crítica ya claramente documentada. También el hallazgo de realce debe interpretarse en contexto, porque una distribución subendocárdica puede tener mecanismos diferentes, incluida la isquemia.

El ECG, una eventual monitorización prolongada, la troponina y los péptidos natriuréticos evalúan el ritmo, el daño y el estrés hemodinámico, pero no confirman por sí solos la fibroelastosis. El ECG puede aportar indicios de isquemia o trastornos de conducción y contribuir a la sospecha de una causa coronaria o inmunomediada. La función renal y hepática, los electrolitos y la evaluación metabólica se adaptan a la gravedad y al fenotipo. En los recién nacidos con bajo gasto, la tendencia del lactato, la diuresis y la perfusión contribuye a controlar la respuesta, sin sustituir la definición anatómica.

El estudio genético y metabólico parte de los antecedentes familiares, la edad de presentación, la morfología cardíaca y los signos extracardíacos. Un panel apropiado o una investigación más amplia puede ser útil cuando existe sospecha de miocardiopatía hereditaria, pero el resultado requiere interpretación especializada. Una variante de significado incierto no debe guiar por sí sola una decisión irreversible ni un cribado predictivo como si fuera patogénica. El diagnóstico molecular, cuando es sólido, puede modificar el pronóstico, la evaluación de los familiares y la posibilidad de tratar una causa metabólica específica.

La búsqueda de anticuerpos maternos anti-Ro/SSA y anti-La/SSB es pertinente cuando el cuadro fetal o neonatal sugiere un daño inmunomediado, incluso sin bloqueo auriculoventricular. La positividad debe contextualizarse y no hace superflua la búsqueda de anomalías estructurales y coronarias. Si se sospecha miocarditis, el proceso sigue la gravedad y la posibilidad de que una tipificación modifique el tratamiento; no es apropiado deducir inflamación activa del mero revestimiento hiperecogénico. La distinción entre proceso actual y secuela es especialmente importante antes de considerar inmunosupresión.

La confirmación histológica documenta el engrosamiento rico en colágeno y fibras elásticas y puede obtenerse de material quirúrgico o de un corazón explantado. Confirma el fenotipo, pero no identifica necesariamente su causa. Una biopsia endomiocárdica aislada presenta limitaciones de muestreo y debe estar justificada por una cuestión clínica, no por la mera necesidad de etiquetar un hallazgo ya convincente. Los análisis de explantes aportan información valiosa sobre la patología avanzada, pero no permiten deducir la frecuencia o el pronóstico de todos los niños con fibroelastosis.

La síntesis diagnóstica debe indicar la anatomía, la función y la causa documentada o sospechada, distinguiendo una miocardiopatía dilatada con fibroelastosis de un ventrículo borderline con obstáculos al flujo de entrada o de salida. Cuando la elección entre estrategias circulatorias sigue siendo incierta, la evaluación multidisciplinar integra la imagen seriada y, eventualmente, la hemodinámica invasiva. La pregunta decisiva es si el ventrículo puede sostener la circulación prevista con presiones de llenado tolerables, no si supera de forma aislada un umbral dimensional o presenta un determinado grado de brillo ecográfico.

Tratamiento y pronóstico

El tratamiento se dirige ante todo a la cardiopatía causal. Una estenosis crítica, una anomalía coronaria y una miocardiopatía metabólica requieren intervenciones diferentes, aunque el endocardio presente un aspecto similar. En el recién nacido inestable, la estabilización respiratoria y circulatoria debe coordinarse con la fisiología de las lesiones presentes; la administración indiscriminada de vasodilatadores o diuréticos puede ser inapropiada si no se conocen la dependencia de los flujos y el grado de obstrucción. Por tanto, el manejo pertenece a un circuito cardiológico y cardioquirúrgico pediátrico capaz de integrar anatomía y soporte intensivo.

En las formas con insuficiencia cardíaca, los diuréticos reducen la congestión, mientras que otros fármacos se eligen según la función sistólica, la presión, la perfusión y la edad. Las dosis y la monitorización deben ser pediátricas y actualizarse con el crecimiento y la función renal; no es correcto trasladar automáticamente pautas del adulto. La presencia de una obstrucción residual o de una cavidad poco distensible puede limitar la tolerancia a la reducción de la precarga o la poscarga. Por tanto, la respuesta clínica debe evaluarse mediante respiración, alimentación, diuresis, perfusión y crecimiento, además de la ecocardiografía.

El soporte nutricional forma parte del tratamiento de la insuficiencia cardíaca infantil. El niño puede consumir más energía e ingerir menos leche porque la toma aumenta el trabajo respiratorio y cardíaco; una simple recomendación de comer más no resuelve este desequilibrio. La densidad calórica, la modalidad y la duración de las tomas y un eventual soporte enteral deben adaptarse al balance hídrico y a la tolerancia. El control seriado del crecimiento permite comprobar si la estrategia está recuperando reservas o si persisten congestión, bajo gasto y dificultades alimentarias que requieren revisar el tratamiento.

La corrección de una anomalía coronaria busca restablecer una perfusión adecuada; la de una obstrucción izquierda reduce la carga patológica y puede favorecer la recuperación y el crecimiento. Sin embargo, la mejoría depende de la viabilidad miocárdica, de la función valvular y del grado de rigidez residual. Después de un procedimiento técnicamente eficaz, la persistencia de presiones de llenado elevadas no implica necesariamente una estenosis no corregida: puede reflejar el daño endomiocárdico. Por tanto, el seguimiento debe medir el resultado funcional y no solo la permeabilidad del tracto tratado.

La valvuloplastia aórtica fetal se considera en centros altamente especializados para fetos seleccionados con estenosis crítica y evolución hacia hipoplasia izquierda. El objetivo es modificar los flujos y el desarrollo, pero el éxito técnico y una circulación biventricular postnatal no son sinónimos. La fibroelastosis puede contribuir a limitar la recuperación y el procedimiento no la elimina directamente. La selección, los riesgos materno-fetales y la probabilidad de beneficio requieren una discusión específica; los resultados de series seleccionadas no permiten proponer la intervención a todo feto con endocardio hiperecogénico.

La resección endocárdica puede integrarse en estrategias de reclutamiento del ventrículo izquierdo borderline. El programa comprende el tratamiento de las obstrucciones al flujo de entrada o de salida y la gestión de los flujos para estimular la cavidad, a veces mediante un recorrido en varias etapas después de una paliación univentricular inicial. En estrategias seleccionadas, la restricción de la comunicación interauricular aumenta la proporción del retorno pulmonar que atraviesa la mitral y el ventrículo izquierdo: el objetivo es favorecer su llenado y crecimiento, manteniendo presiones auriculares tolerables. Si la cavidad es demasiado rígida o el flujo de entrada sigue obstruido, el mismo aumento del flujo puede producir hipertensión venosa pulmonar en lugar de un reclutamiento útil.
Por tanto, la vigilancia debe comparar el aumento de volumen, los flujos, la función y los signos de congestión. En la serie de Emani y colaboradores, la estrategia combinada permitió una circulación biventricular nativa en 12 pacientes, todos con restricción a nivel del tabique auricular; sin embargo, el diseño observacional no aísla el efecto de cada componente. La resección de la fibroelastosis debe interpretarse dentro de este proceso, no como un procedimiento capaz por sí solo de garantizar la recuperación del ventrículo.

La persistencia de una carga obstructiva puede favorecer un resultado incompleto y la reaparición de la lesión. Un estudio retrospectivo de 2025 en pacientes con estenosis aórtica crítica y fibroelastosis asoció una eliminación más completa de la obstrucción al tracto de salida con un menor riesgo de recurrencia. La observación respalda la importancia de tratar la fisiología subyacente, pero está afectada por la selección y no establece un procedimiento obligatorio para todos. La elección quirúrgica considera la válvula aórtica, el tracto de salida, las dimensiones, la posibilidad de crecimiento y los costes futuros de las distintas reconstrucciones.

En las formas inmunomediadas, el tratamiento se define en el contexto de la enfermedad materno-fetal y de una eventual actividad inflamatoria, sin asumir que los corticoesteroides puedan hacer regresar toda fibroelastosis ya organizada. Del mismo modo, los resultados experimentales sobre las vías de la fibrogénesis no justifican un tratamiento antifibrótico rutinario. Un eventual tratamiento metabólico o genético específico depende del diagnóstico documentado. Por tanto, la precisión etiológica sirve para identificar las oportunidades reales y evitar que el hallazgo anatómico se trate con un único esquema empírico.

En los niños con insuficiencia cardíaca refractaria, la asistencia mecánica y el trasplante se valoran antes de que el daño multiorgánico y el deterioro nutricional hagan impracticable el proceso. La edad, el peso, la anatomía, la función derecha, la posibilidad de recuperación y la enfermedad extracardíaca influyen en la candidatura y en la elección del soporte. Un dispositivo puede ser un puente a la recuperación o al trasplante, con riesgos y objetivos diferentes. La anticoagulación depende del eventual dispositivo, del trombo documentado y de otros factores clínicos; no se prescribe automáticamente a todo niño con un endocardio engrosado.

El pronóstico depende de la causa y de la capacidad del ventrículo para sostener el trabajo requerido. Algunas formas dilatadas pueden recuperar la función, mientras que otras evolucionan hacia insuficiencia cardíaca terminal; en los ventrículos borderline, el resultado debe juzgarse por la sostenibilidad de la circulación obtenida y no solo por el aumento de volumen. El seguimiento comprende crecimiento, alimentación, desarrollo neurológico, ritmo, llenado, regurgitación y obstáculos residuales. Las técnicas de imagen se adaptan a la edad y a las preguntas clínicas, con ecocardiografía seriada como referencia y otras modalidades cuando aportan información decisiva.

El diagnóstico causal orienta también la evaluación familiar. Una variante patogénica pertinente puede indicar cribado de los familiares y asesoramiento reproductivo; una asociación materna con anti-Ro/SSA requiere planificación especializada de embarazos posteriores. En ausencia de una causa definida, la familia debe recibir una descripción clara de lo conocido y de los controles útiles, sin atribuir un riesgo hereditario preciso no demostrado. La transición a la atención del adulto, en los supervivientes con cardiopatía residual, debe conservar la historia anatómica y de las intervenciones, porque condiciona la interpretación de problemas futuros.

Complicaciones

El bajo gasto puede evolucionar hacia shock, con oliguria, acidosis y compromiso multiorgánico; en el feto, el deterioro puede manifestarse con hidropesía. La gravedad depende del conjunto de anatomía, función y condiciones de carga, no de la ecogenicidad endocárdica aislada. En el lactante, la congestión pulmonar y la insuficiencia mitral pueden aumentar el trabajo respiratorio y reducir aún más la alimentación. El círculo entre insuficiencia cardíaca y malnutrición disminuye la reserva para afrontar infecciones e intervenciones y requiere un tratamiento conjunto.

Las arritmias pueden agravar la perfusión o señalar un daño miocárdico importante. El bloqueo auriculoventricular asociado a autoanticuerpos maternos constituye un mecanismo distinto, aunque pueda coexistir con fibroelastosis; el control del ritmo no garantiza la normalización de la función ventricular. Por tanto, la taquicardia persistente, la bradicardia o el síncope requieren una caracterización específica. La estratificación del riesgo sigue la causa, la función y la historia eléctrica del paciente, sin deducir indicaciones para dispositivos de la mera presencia del hallazgo endocárdico.

La trombosis intracardíaca puede aparecer en cavidades gravemente disfuncionantes, sobre todo con factores adicionales de estasis o dispositivos, y puede complicarse con embolización. Sin embargo, el riesgo no es una característica obligada de todas las formas y debe equilibrarse con el riesgo hemorrágico antes de iniciar antitrombóticos. La asistencia mecánica introduce protocolos propios y riesgos adicionales. En el niño estable sin trombo, la decisión no puede trasladarse automáticamente desde las series de insuficiencia cardíaca terminal o de soporte extracorpóreo.

Después de una corrección o un reclutamiento pueden persistir disfunción diastólica, regurgitación y obstrucciones residuales; la fibroelastosis puede reaparecer y hacer necesarios nuevos procedimientos. Una cavidad aumentada de tamaño puede mantener presiones de llenado excesivas y no sostener una circulación biventricular adecuada. Por tanto, el deterioro obliga a reevaluar toda la estrategia, en lugar de limitarse a medir el grosor endocárdico. La necesidad de reintervención depende de las consecuencias funcionales y de la anatomía, no de la mera reaparición de hiperecogenicidad.

Las complicaciones de los tratamientos incluyen hipotensión, desequilibrios electrolíticos, disfunción renal, sangrado e infecciones según las terapias empleadas. Los ingresos prolongados y la enfermedad grave pueden interferir con el crecimiento y el desarrollo, por lo que resulta útil un seguimiento nutricional y neuroevolutivo continuado. Un niño que no crece requiere una reevaluación integrada del aporte calórico, la congestión, la perfusión y la tolerancia farmacológica. El apoyo a la familia y la información compartida sobre los signos de empeoramiento ayudan a mantener la continuidad entre cuidados intensivos, rehabilitación y controles a largo plazo.

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