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Hemoglobinuria paroxística nocturna

La hemoglobinuria paroxística nocturna (HPN) es una hemopatía adquirida poco frecuente caracterizada por hemólisis intravascular crónica, episodios de hemoglobinuria y una marcada predisposición a fenómenos trombóticos. La enfermedad deriva de una mutación somática del gen PIGA en las células madre hematopoyéticas, que causa un defecto en la síntesis del anclaje glicosilfosfatidilinositol (GPI), necesario para la expresión de numerosas proteínas de superficie, entre ellas los reguladores de la cascada del complemento CD55 (DAF) y CD59 (MIRL). La carencia de estos factores hace que los glóbulos rojos sean vulnerables a la lisis mediada por el complemento, con la consiguiente hemólisis crónica y complicaciones multiorgánicas.

La HPN puede presentarse como una entidad aislada o asociarse a otras enfermedades de la médula ósea, especialmente aplasia medular o síndromes mielodisplásicos. El inicio puede ser insidioso o agudo, y el pronóstico depende de la gravedad de la hemólisis, del riesgo trombótico y de la presencia de insuficiencia medular.

Aunque se trata de una enfermedad rara, la HPN constituye un diagnóstico crítico en hematología por la elevada morbilidad y mortalidad relacionadas con sus complicaciones, en particular las trombóticas, y por la disponibilidad de tratamientos innovadores que han modificado radicalmente la historia natural de la enfermedad en los últimos años.

Etiología y genética

La hemoglobinuria paroxística nocturna no es una enfermedad hereditaria, sino adquirida, causada por una mutación somática del gen PIGA (phosphatidylinositol glycan class A), situado en el cromosoma X, en las células madre hematopoyéticas. Esta mutación provoca un defecto en la biosíntesis del anclaje GPI, una estructura necesaria para fijar determinadas proteínas de superficie a las membranas celulares.

El defecto de GPI provoca la ausencia de expresión de numerosas proteínas en las células sanguíneas, entre ellas:

La ausencia o la marcada reducción de estas proteínas expone a eritrocitos, granulocitos y plaquetas a la lisis mediada por el complemento.

La HPN se desarrolla como un clon hematopoyético expandido derivado de la célula madre mutada, que coexiste con la población normal. La enfermedad puede aparecer de novo o, con mayor frecuencia, asociada a trastornos de la hematopoyesis, especialmente aplasia medular, que confiere una ventaja selectiva a las células HPN.

No se han descrito factores genéticos predisponentes ni transmisión familiar de la enfermedad, que es completamente esporádica.

Patogenia y fisiopatología

Para comprender la fisiopatología de la HPN es esencial centrarse en el papel del complemento y de las proteínas ancladas a GPI en la protección de los glóbulos rojos y de las demás células sanguíneas. En condiciones normales, CD55 y CD59 impiden la formación y la acción del complejo terminal del complemento (MAC), evitando la lisis de las células sanas.

En la HPN, la carencia de estas proteínas provoca:

La hemólisis crónica libera hemoglobina libre a la circulación, que puede unirse al óxido nítrico y consumirlo, con la consiguiente disfunción endotelial, vasoconstricción y aumento del riesgo trombótico.

La manifestación paroxística de los episodios hemolíticos, típicamente nocturnos o matutinos, se atribuye a la ligera acidosis que se produce fisiológicamente durante el sueño, que facilita la activación del complemento y la lisis de los eritrocitos.

Además de la hemólisis, otro mecanismo fundamental es la tendencia trombótica: la activación plaquetaria y el consumo de óxido nítrico favorecen la formación de trombos venosos, sobre todo en localizaciones atípicas como las venas suprahepáticas, esplácnicas y cerebrales, y constituyen la principal causa de mortalidad de la enfermedad.

La citopenia que suele acompañar a la HPN se relaciona tanto con la destrucción de las células sanguíneas deficientes en GPI como con un defecto concomitante de producción medular, especialmente en los casos asociados a aplasia medular o síndromes mielodisplásicos.

Por último, la hemólisis crónica y la pérdida de hemoglobina por la orina producen anemia ferropénica, daño tubular renal, pigmenturia y, con el tiempo, un deterioro progresivo de la función renal.

Manifestaciones clínicas

Las manifestaciones clínicas de la hemoglobinuria paroxística nocturna son extremadamente heterogéneas y dependen de la extensión del clon mutado, de la gravedad de la hemólisis y de la presencia de trombosis e insuficiencia medular.

Hemólisis crónica y síntomas de anemia

El signo más característico es la hemoglobinuria intermitente, a menudo matutina, que tiñe la orina de color rojo parduzco, descrito como «color oporto». La anemia puede presentar una intensidad variable y suele acompañarse de astenia intensa, disnea, taquicardia e ictericia leve debida al aumento de la bilirrubina indirecta. La reticulocitosis está presente de forma constante.

Las crisis hemolíticas pueden desencadenarse por infecciones, estrés, intervenciones quirúrgicas o medicamentos, y suelen asociarse a dolor abdominal, cefalea y fiebre.

Fenómenos trombóticos

La complicación más temida de la HPN es la trombosis venosa, que afecta de forma característica a las venas hepáticas (síndrome de Budd-Chiari), esplácnicas, renales y cerebrales y, con menor frecuencia, a los territorios arteriales. Estos episodios constituyen la principal causa de muerte en los pacientes no tratados y pueden aparecer incluso en presencia de anemia leve.

Citopenias e insuficiencia medular

Una proporción significativa de pacientes presenta leucopenia, trombocitopenia y signos de insuficiencia medular, que pueden evolucionar hacia aplasia o pancitopenia grave. El riesgo de evolución a síndromes mielodisplásicos o leucemia aguda es mayor en los pacientes con un clon HPN pequeño y aplasia medular concomitante.

Manifestaciones frecuentes y complicaciones clínicas:

Con independencia del fenotipo, algunas manifestaciones son comunes:

La historia natural de la HPN varía considerablemente: algunos pacientes permanecen estables durante años, mientras que otros desarrollan complicaciones mortales en poco tiempo. El riesgo trombótico persiste incluso cuando la anemia es moderada.

Pruebas diagnósticas y diagnóstico

El diagnóstico de la hemoglobinuria paroxística nocturna se basa en un proceso integrado que comienza con la sospecha clínica, continúa con la identificación del defecto de las proteínas ancladas a GPI y se completa con la caracterización del clon y la evaluación de las complicaciones.

La sospecha surge ante una anemia hemolítica intravascular con hemoglobinuria, LDH muy elevada, haptoglobina reducida o indetectable, reticulocitosis, anemia normocítica o macrocítica y antecedentes de episodios trombóticos atípicos. La presencia de leucopenia o trombocitopenia refuerza la sospecha.

Pruebas de laboratorio:

Confirmación diagnóstica: El diagnóstico se basa en la identificación del defecto de las proteínas ancladas a GPI mediante citometría de flujo en sangre periférica:

Esta técnica permite establecer el diagnóstico incluso en ausencia de hemoglobinuria, en pacientes con citopenias o durante una fase subclínica.

Estudios complementarios: Son indispensables para evaluar la función medular, la presencia de síndromes asociados y las complicaciones:

Diagnóstico diferencial: La HPN debe diferenciarse de otras causas de anemia hemolítica, como la anemia hemolítica autoinmune, las microangiopatías y los déficits enzimáticos, así como de los síndromes mielodisplásicos o aplásicos.

Valoración especializada: El diagnóstico y el manejo requieren la colaboración multidisciplinar entre hematología, nefrología y medicina interna.

El diagnóstico oportuno y la evaluación de las complicaciones son esenciales para establecer un tratamiento adecuado y prevenir los desenlaces más graves.

Tratamiento y pronóstico

El tratamiento de la hemoglobinuria paroxística nocturna se basa en una estrategia individualizada que tiene en cuenta la gravedad de la hemólisis, el riesgo trombótico y la función medular. Los objetivos son prevenir la hemólisis y sus complicaciones, reducir el riesgo trombótico y mejorar la calidad y la esperanza de vida.

Tratamiento dirigido al complemento: El principal avance terapéutico de los últimos años ha sido la introducción de los inhibidores del complemento:

El tratamiento debe iniciarse precozmente en los pacientes sintomáticos, después de administrar la vacunación antimeningocócica correspondiente.

Tratamiento de las complicaciones trombóticas: La anticoagulación está indicada cuando existe una trombosis documentada y, en pacientes con alto riesgo, puede considerarse la profilaxis prolongada. La vigilancia clínica y analítica es esencial para prevenir las recurrencias.

Tratamiento transfusional: Se reserva para los casos de anemia sintomática grave. Las unidades deben ser compatibles y leucorreducidas para disminuir el riesgo de reacciones transfusionales.

Tratamientos de apoyo: Incluyen:

Trasplante de células madre hematopoyéticas: Es la única opción potencialmente curativa y se reserva para pacientes con insuficiencia medular grave, evolución mielodisplásica o refractariedad o intolerancia a los tratamientos inhibidores del complemento. El trasplante conlleva riesgos importantes y debe valorarse individualmente.

Pronóstico: La introducción de los inhibidores del complemento ha mejorado radicalmente la supervivencia y la calidad de vida de los pacientes con HPN, al reducir la mortalidad por trombosis e insuficiencia orgánica. En los pacientes tratados, la supervivencia a cinco años supera el 80 al 90 %. Sin embargo, persisten el riesgo de recurrencia y de evolución mielodisplásica, especialmente en pacientes con un clon pequeño e insuficiencia medular.

La prevención de las complicaciones se basa en el diagnóstico precoz, el manejo cuidadoso de las crisis hemolíticas y el tratamiento específico de las personas en riesgo.

Complicaciones

Las complicaciones de la hemoglobinuria paroxística nocturna constituyen la principal causa de morbilidad y mortalidad, especialmente en ausencia de tratamiento dirigido. El riesgo depende de la gravedad de la hemólisis, de la carga trombótica y de la asociación con insuficiencia medular.

Complicaciones trombóticas: Son la principal causa de muerte y discapacidad en los pacientes no tratados:

El tratamiento precoz con inhibidores del complemento ha reducido drásticamente estos episodios.

Complicaciones renales: La hemólisis crónica provoca hemosiderosis renal, insuficiencia renal crónica, proteinuria, hipertensión arterial y, en los casos graves, necrosis tubular aguda durante las crisis hemolíticas.

Complicaciones hematológicas: La citopenia puede evolucionar a aplasia medular, síndromes mielodisplásicos o leucemia aguda, sobre todo en pacientes con un clon HPN pequeño e insuficiencia medular asociada.

Complicaciones infecciosas: El tratamiento inmunosupresor y la esplenectomía, cuando está indicada por enfermedades asociadas, aumentan el riesgo de infecciones graves, en particular por bacterias encapsuladas y microorganismos oportunistas.

Complicaciones metabólicas y nutricionales: La anemia crónica, la pérdida urinaria de hierro y la desnutrición son frecuentes, especialmente en pacientes con crisis hemolíticas recurrentes e insuficiencia medular.

Complicaciones psicosociales: La dependencia de tratamientos intravenosos, el riesgo de recurrencia y las limitaciones físicas pueden afectar de manera significativa a la calidad de vida de los pacientes.

En conjunto, el manejo de las complicaciones de la HPN requiere un enfoque multidisciplinar, una vigilancia estrecha e intervenciones oportunas para reducir la mortalidad y garantizar una buena calidad de vida.

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