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Miocarditis eosinofílica

La miocarditis eosinofílica es un síndrome histopatológico en el que la infiltración del miocardio por eosinófilos no constituye un hallazgo accesorio, sino que participa en la necrosis de los cardiomiocitos y en la disfunción cardíaca. Bajo esta definición coexisten mecanismos diferentes: reacciones farmacológicas, síndrome DRESS, granulomatosis eosinofílica con poliangeítis, síndromes hipereosinofílicos clonales o reactivos, parasitosis, neoplasias y formas en las que la causa permanece indeterminada. Reconocer el mecanismo es esencial, porque la simple etiqueta histológica no establece por sí sola la duración ni la intensidad del tratamiento.

La evolución abarca desde infiltrados focales observados de forma incidental hasta una miocarditis necrotizante fulminante con disfunción biventricular y shock; el recuento periférico de eosinófilos es útil, pero no tiene sensibilidad suficiente para excluir la afectación cardíaca, sobre todo al inicio o tras corticosteroides. Del mismo modo, el exantema, la fiebre y las alteraciones hepáticas orientan hacia hipersensibilidad sistémica sin ser obligatorios, mientras que una presentación exclusivamente cardíaca puede preceder a las demás manifestaciones.

La revisión sistemática de casos demostrados histológicamente publicada por Brambatti y colaboradores describió eosinofilia periférica en aproximadamente tres cuartas partes de los pacientes y una afección asociada en cerca de dos tercios, pero estas cifras proceden de comunicaciones seleccionadas y no representan una incidencia poblacional. La elevada mortalidad hospitalaria observada en la misma recopilación recuerda la gravedad de las formas reconocidas, sin permitir una predicción individual independiente del shock, la etiología y la precocidad del tratamiento.

Por tanto, el concepto clínico central es la discordancia diagnóstica: un corazón gravemente inflamado puede acompañarse de una eosinofilia modesta, mientras que una eosinofilia marcada puede no haber producido todavía daño miocárdico. El diagnóstico exige relacionar el fenotipo cardíaco, la evolución hematológica, las exposiciones, la afectación multiorgánica y el tejido, evitando tanto tratar automáticamente cualquier eosinofilia como esperar un valor extremo antes de proteger a un paciente inestable.

Una clasificación útil debe distinguir el hallazgo eosinofílico del proceso que lo genera. La misma imagen tisular puede requerir simplemente retirar un fármaco, una inducción inmunosupresora por vasculitis, un tratamiento hematológico dirigido o un antiparasitario, con pronósticos y seguimientos completamente diferentes. Por este motivo, la histología define el tipo de lesión, mientras que el diagnóstico clínico final conserva la causa, la fase y los órganos afectados.

Las series reúnen presentaciones y causas diferentes y están influidas por la publicación preferente de las formas fulminantes, por lo que los porcentajes de mortalidad y respuesta no pueden aplicarse mecánicamente. La información pronóstica más fiable procede del mecanismo, del shock, de la extensión de la necrosis y de la posibilidad de eliminar el estímulo antes de que la trombosis y la fibrosis se vuelvan autónomas.

Etiología, Patogenia y Fisiopatología

En las formas por hipersensibilidad, los antígenos farmacológicos o sus metabolitos activan una respuesta inmunitaria predominantemente de tipo 2, con producción de interleucina 5, reclutamiento de eosinófilos y degranulación tisular. Se han descrito antibióticos, anticonvulsivantes, antiinflamatorios, diuréticos, psicofármacos, vacunas y numerosos otros productos, pero la amplitud de la lista obliga a ser prudentes al atribuir causalidad. Una relación temporal coherente, la regresión tras la suspensión y las manifestaciones sistémicas aumentan la plausibilidad, mientras que una reexposición deliberada resulta inapropiada cuando el daño ha sido grave.

El síndrome DRESS asocia reacción farmacológica, eosinofilia y afectación de órganos internos, con una latencia a menudo más prolongada que la de una alergia inmediata. El corazón puede verse afectado mientras la piel y el hígado dominan el cuadro o después de una mejoría sistémica inicial, por lo que troponina, ECG y ecocardiograma deben reevaluarse si aparecen disnea, dolor o hipotensión. Algunas formas necrotizantes evolucionan rápidamente y requieren un umbral bajo para biopsia y cuidados intensivos.

En la granulomatosis eosinofílica con poliangeítis, la afectación cardíaca puede derivar tanto de la infiltración eosinofílica como de la vasculitis de pequeños vasos. Asma, poliposis nasal, neuropatía, infiltrados pulmonares y púrpura conforman el contexto clínico, mientras que la negatividad de los ANCA no excluye el diagnóstico y aparece con frecuencia en los fenotipos cardíacos. El tratamiento debe controlar toda la vasculitis, no solo la función ventricular, mediante un abordaje compartido con reumatología.

Los síndromes hipereosinofílicos comprenden formas mieloides clonales, linfocíticas, familiares e idiopáticas. Los reordenamientos genéticos y otros marcadores hematológicos pueden identificar una población sensible a un tratamiento dirigido, por lo que son indispensables el frotis, la triptasa, la vitamina B12, la citometría, los estudios moleculares y, en ocasiones, el estudio de médula ósea. La ausencia de una causa reactiva no autoriza a definir la eosinofilia como idiopática antes de esta evaluación.

Los parásitos con migración tisular, algunas infecciones fúngicas y otras enfermedades infecciosas pueden producir eosinofilia y miocarditis. Los viajes, los alimentos, el contacto con animales, la inmunodepresión y la procedencia geográfica orientan pruebas dirigidas, porque administrar corticosteroides sin cobertura a una estrongiloidiasis no reconocida puede provocar hiperinfección. Sin embargo, la investigación etiológica debe avanzar en paralelo a la estabilización, sin retrasar el soporte del shock.

Los eosinófilos liberan proteína básica mayor, proteína catiónica eosinofílica, peroxidasa y mediadores lipídicos capaces de dañar cardiomiocitos, endotelio y microcirculación. La lesión no depende únicamente del número de células circulantes, sino de su estado de activación, de la migración al tejido y de la duración de la exposición. El edema y la depresión contráctil pueden ser reversibles, mientras que la necrosis extensa y la desorganización de la matriz preparan una cicatriz permanente.

En la enfermedad eosinofílica persistente se describe un continuo entre fase necrótica, fase trombótica y fase fibrótica. El daño endocárdico favorece depósitos trombóticos apicales y subvalvulares, seguidos de organización y fibrosis que pueden atrapar el aparato valvular y reducir la distensibilidad ventricular. Esta evolución, tradicionalmente asociada a la endocarditis de Loeffler, puede conducir a una miocardiopatía restrictiva incluso cuando la inflamación activa se ha atenuado.

El componente eosinofílico también puede aparecer en la miocarditis de células gigantes o en otras miocarditis, pero este hallazgo no convierte las enfermedades en equivalentes. Las células gigantes dispersas con necrosis agresiva, los granulomas organizados o la vasculitis modifican el diagnóstico y el tratamiento; por tanto, la lectura debe describir la arquitectura, las poblaciones celulares y el tipo de lesión, no limitarse a contar los eosinófilos.

Las fases necrótica, trombótica y fibrótica no constituyen etapas obligatorias perfectamente separadas. Un ápex ya fibrótico puede contener un trombo reciente, mientras que el miocardio basal mantiene edema e infiltrado activo; por tanto, en un mismo paciente coexisten objetivos terapéuticos distintos. La imagen debe buscar simultáneamente inflamación, anatomía endocárdica y trombosis, relacionando cada hallazgo con la decisión que realmente puede modificar.

Manifestaciones Clínicas

La disnea, la menor tolerancia al esfuerzo, la ortopnea y el edema reflejan disfunción ventricular o fisiología restrictiva, pero la velocidad de aparición varía enormemente. En la forma fulminante, la hipotensión puede progresar hacia oliguria, lactato elevado e insuficiencia multiorgánica en pocas horas; una cavidad poco dilatada con paredes aparentemente engrosadas por el edema no representa hipertrofia crónica y puede acompañar una afectación contráctil grave.

El dolor torácico con troponina elevada puede simular un síndrome coronario agudo, mientras que un derrame pericárdico produce un fenotipo de miopericarditis. La coronariografía o la angio-TC descartan una obstrucción cuando está indicado, pero unas coronarias normales no establecen la etiología; el patrón clínico debe reinterpretarse rápidamente si aparecen eosinofilia, exantema, fiebre o una modificación farmacológica reciente.

Las palpitaciones, el síncope y el paro cardíaco derivan de taquicardias ventriculares, fibrilación ventricular o trastornos de conducción; las arritmias pueden estar sostenidas por la inflamación aguda, la isquemia microvascular y, en fases tardías, por la fibrosis. La ausencia de una reducción grave de la fracción de eyección no elimina el riesgo eléctrico cuando la RMC muestra daño extenso o la telemetría documenta inestabilidad.

Las manifestaciones extracardíacas orientan la etiología y deben buscarse activamente; la erupción cutánea, el edema facial, la linfadenopatía y la citólisis hepática sugieren DRESS; el asma, la sinusitis, la neuropatía y la púrpura sugieren EGPA; la esplenomegalia, las citopenias o las anomalías del frotis hacen plausible una neoplasia mieloide; sin embargo, ninguna combinación es patognomónica y pueden coexistir varias causas.

La eosinofilia se expresa como recuento absoluto, no solo como porcentaje, y se interpreta de forma seriada; un valor inicialmente normal puede aumentar en los días siguientes, mientras que el estrés, la infección y los corticosteroides pueden reducirlo. La persistencia más allá de la fase cardíaca requiere una investigación sistémica independiente, porque la recuperación ventricular no neutraliza el riesgo de un nuevo daño orgánico.

En la fase trombótica, las embolias cerebrales o periféricas pueden ser la primera manifestación, y los trombos apicales pueden formarse incluso sin una dilatación extrema. La fase fibrótica produce signos de congestión derecha, ascitis, hepatomegalia e intolerancia al esfuerzo con función sistólica aparentemente conservada; la insuficiencia mitral o tricuspídea puede derivar del atrapamiento del aparato subvalvular.

En los pacientes expuestos a inhibidores de los puntos de control inmunitario, el daño cardíaco puede acompañarse de miositis y miastenia y manifestarse con trastornos de conducción desproporcionados. Este contexto requiere un abordaje oncológico e inmunológico específico, porque el riesgo y las dosis terapéuticas difieren de la hipersensibilidad común; la biopsia puede mostrar un infiltrado mixto, lo que hace necesaria la integración con la exposición y el fenotipo.

La cronología farmacológica registra el día de inicio, las interrupciones, las exposiciones previas y la aparición de cada manifestación orgánica, porque la latencia varía desde pocos días hasta varias semanas. Los fármacos tomados durante años son menos plausibles, pero no imposibles tras cambios de dosis o interacciones. Atribuir la causa a la última prescripción solo porque es más fácil de recordar corre el riesgo de mantener activo el verdadero responsable o de privar al paciente de un tratamiento indispensable.

Pruebas y Diagnóstico

La evaluación inicial incluye ECG seriados, telemetría, troponina, péptidos natriuréticos, hemograma con fórmula verificada manualmente, función renal y hepática, electrolitos e índices inflamatorios. El frotis periférico y la evolución del recuento distinguen una anomalía transitoria de un proceso persistente, mientras que la IgE y otros biomarcadores pueden apoyar un fenotipo alérgico sin confirmar la afectación cardíaca. En los cuadros inestables se evalúan la perfusión y el lactato y se activa precozmente el centro avanzado.

El ecocardiograma describe la función biventricular, los espesores, el derrame, las presiones y las válvulas, dedicando imágenes con contraste a la búsqueda de trombos cuando el ápex no se visualiza bien. El strain puede revelar una disfunción más extensa que la fracción de eyección; en las fases restrictivas, las velocidades de llenado, las dimensiones auriculares y la función del ventrículo derecho contribuyen a la caracterización hemodinámica.

La RMC identifica edema, necrosis y fibrosis mediante mapping, edema T2 y realce tardío de gadolinio, a menudo con distribución subendocárdica o multifocal que puede diferir de los patrones más comunes de la forma linfocítica. Un LGE subendocárdico con coronarias normales debe hacer considerar daño eosinofílico y vasculítico, pero no es específico; la RMC también busca trombos y guía el lugar de biopsia, sin sustituir al tejido cuando el histotipo modifica el tratamiento.

La biopsia endomiocárdica está indicada sobre todo en shock, arritmias o bloqueos amenazantes, sospecha de miocarditis eosinofílica y falta de respuesta; múltiples fragmentos reducen el error de muestreo de una enfermedad focal y deben distribuirse entre histología, inmunohistoquímica y microbiología molecular. Los corticosteroides administrados antes de la toma pueden reducir el infiltrado, pero un paciente inestable no debe quedar sin tratamiento salvavidas únicamente para preservar el rendimiento diagnóstico.

La histología distingue un infiltrado intersticial con poca necrosis, más típico de la hipersensibilidad, de una forma necrotizante eosinofílica con destrucción extensa y pronóstico más grave. La vasculitis, los granulomas y las células gigantes orientan hacia EGPA, sarcoidosis o diagnósticos alternativos; el número de eosinófilos debe interpretarse junto con la degranulación y el daño miocitario, porque las células escasas pueden ser inespecíficas.

La investigación etiológica parte de una cronología completa de prescripciones, automedicación, suplementos, sustancias e infusiones oncológicas, incluidos los productos suspendidos en las semanas anteriores. A continuación se realiza la búsqueda de parásitos guiada por la exposición, serologías selectivas, ANCA y evaluación reumatológica, además de estudio hematológico de clonalidad cuando la eosinofilia es marcada o persistente. Las pruebas indiscriminadas aumentan los falsos positivos y no sustituyen una buena anamnesis.

El diagnóstico diferencial incluye síndrome coronario, sepsis con disfunción miocárdica, endocarditis, miocarditis linfocítica, células gigantes, sarcoidosis y miocardiopatías genéticas. Una eosinofilia reactiva puede acompañar a una de estas afecciones sin ser su causa, mientras que los fármacos iniciados por el cuadro agudo pueden confundir la cronología. Por tanto, una reunión multidisciplinar debe separar los hallazgos causales, las consecuencias y las coincidencias.

Ante la sospecha de síndrome hipereosinofílico, el estudio diagnóstico no termina con la exclusión de parásitos y alergia; los reordenamientos y fusiones moleculares, la triptasa, la morfología medular y las poblaciones T aberrantes pueden identificar formas mieloides o linfocíticas con tratamientos profundamente diferentes. La clasificación sigue siendo necesaria incluso después de una respuesta a los corticosteroides, porque determina el mantenimiento, el pronóstico y la vigilancia hematológica.

Tratamiento y Pronóstico

La primera medida etiológica es la suspensión inmediata del fármaco sospechoso, documentando su nombre e impidiendo reexposiciones involuntarias. Si existen varios candidatos, se prioriza la seguridad sin atribuir definitivamente la causalidad antes de la revisión; en las formas infecciosas se trata el agente, mientras que EGPA, DRESS y los síndromes clonales siguen protocolos específicos coordinados con reumatólogo, alergólogo, hematólogo e infectólogo.

Los corticosteroides sistémicos se utilizan ampliamente en las formas agudas sintomáticas, sobre todo cuando la biopsia demuestra infiltrado eosinofílico y se ha excluido razonablemente una infección no controlada. En el shock o en la miocarditis necrotizante se recurre con frecuencia a dosis intravenosas altas, seguidas de un régimen oral y una reducción guiada por la causa y la respuesta. La evidencia procede principalmente de series y casos, por lo que un esquema idéntico para todos sería científicamente injustificado.

El tratamiento adicional depende del mecanismo: pueden ser necesarios inmunosupresores convencionales o biológicos en la EGPA refractaria o recidivante, mientras que una neoplasia con una diana molecular requiere tratamiento hematológico dirigido. Los antagonistas de la interleucina 5 reducen la eosinofilia en enfermedades específicas, pero no sustituyen automáticamente el control urgente de una miocarditis grave; cada decisión debe distinguir la inducción de la remisión del mantenimiento.

El shock y la insuficiencia cardíaca se tratan según la fisiología, con diuréticos para la congestión, vasopresores e inotrópicos para la perfusión y asistencia circulatoria precoz cuando la trayectoria empeora. La ECMO venoarterial u otros soportes pueden actuar como puente hacia la recuperación en una enfermedad potencialmente reversible; la escalada no debe esperar a un daño multiorgánico irreversible mientras se completan los estudios inmunológicos.

El tratamiento neurohormonal de la insuficiencia cardíaca se introduce después de la estabilización y se mantiene en presencia de disfunción, adaptándolo a la presión arterial, el riñón y la recuperación. Las arritmias y los bloqueos reciben tratamiento específico, pero el dispositivo definitivo se valora a la luz de la reversibilidad y de la cicatriz residual; la restricción de la actividad física intensa continúa hasta que inflamación, función y ritmo hayan sido reevaluados de forma estable.

La anticoagulación está indicada en presencia de trombo intracardíaco, embolia u otra indicación reconocida, no por el mero dato de eosinofilia. La ecocardiografía y la RMC siguen el tamaño y la organización del trombo y orientan la duración junto con la persistencia de la enfermedad endocárdica; en la fibrosis avanzada con alteración valvular grave pueden ser necesarias intervenciones quirúrgicas seleccionadas, después de controlar la actividad eosinofílica.

El pronóstico varía desde la recuperación completa hasta la muerte rápida o la miocardiopatía restrictiva. El shock, la forma necrotizante, el diagnóstico tardío, la enfermedad sistémica no controlada, la trombosis y una cicatriz extensa identifican mayor riesgo, pero incluso los pacientes inicialmente estables requieren vigilancia. El valor pronóstico de los datos publicados está limitado por la rareza y el fuerte sesgo de selección de las series.

El seguimiento combina síntomas, ECG, Holter, ecocardiograma, troponina, recuento de eosinófilos e indicadores de la enfermedad causal. La RMC documenta la resolución del edema y la carga cicatricial cuando el resultado modifica decisiones, mientras que una nueva biopsia se reserva para recidiva o incertidumbre terapéutica. La reducción de la inmunosupresión requiere concordancia entre el control cardíaco y sistémico, porque uno de los dos puede preceder al otro.

En el DRESS, la semivida de algunos fármacos y la persistencia de la respuesta inmunitaria pueden explicar un empeoramiento después de la suspensión, haciendo necesaria una reducción supervisada de los corticosteroides. En la EGPA, el corazón representa un daño orgánico que orienta la inducción más allá del control del asma, mientras que en las formas clonales un tratamiento molecular puede modificar radicalmente la fuente eosinofílica; por tanto, la aparente similitud cardíaca no debe uniformar los regímenes.

Complicaciones

La complicación aguda más temible es el shock cardiogénico refractario, en el que edema, necrosis, arritmias y disfunción biventricular se potencian mutuamente. La insuficiencia renal y hepática restringe las opciones inmunosupresoras y aumenta el riesgo de los procedimientos; un soporte mecánico oportuno puede preservar los órganos mientras la eliminación de la causa y los corticosteroides reducen la actividad.

La taquicardia ventricular, la fibrilación y el bloqueo avanzado pueden causar muerte súbita incluso antes de una dilatación grave; el riesgo residual depende más de la cicatriz que de la eosinofilia aislada y debe reevaluarse tras la fase aguda. La monitorización prolongada, la RMC y los antecedentes de arritmias orientan las decisiones sobre el desfibrilador mejor que un único valor de fracción de eyección.

La trombosis endomiocárdica expone a ictus, embolia sistémica y obstrucción intracavitaria; los trombos laminares pueden pasar inadvertidos en un ecocardiograma sin contraste, mientras que la RMC mejora su caracterización. El riesgo persiste mientras el endocardio, la estasis y la actividad eosinofílica permanezcan alterados y no coincide necesariamente con la normalización de la función sistólica.

La fibrosis endomiocárdica y el atrapamiento del aparato valvular producen fisiología restrictiva, congestión derecha e insuficiencia mitral o tricuspídea. En esta fase, la supresión de los eosinófilos previene un daño adicional, pero no elimina una cicatriz madura; los diuréticos, el control del ritmo, la anticoagulación cuando está indicada y la cirugía seleccionada abordan consecuencias que requieren experiencia específica.

La enfermedad eosinofílica puede recidivar durante la reducción de los corticosteroides, una nueva exposición o la pérdida de control de la enfermedad sistémica. Un aumento del recuento puede preceder al daño cardíaco, aunque no siempre, y la monitorización no debe basarse en un único parámetro; la reaparición de síntomas, troponina o anomalías eléctricas requiere una reevaluación rápida de la causa y de la adherencia.

Las infecciones, la osteoporosis, la diabetes, la miopatía y la supresión suprarrenal derivan de los tratamientos prolongados y deben prevenirse según la dosis y la duración. En las parasitosis latentes, la inmunosupresión puede transformar una infección paucisintomática en una complicación diseminada; por tanto, el cribado epidemiológico, la profilaxis y una reducción razonada son componentes del tratamiento, no actividades accesorias.

El daño multiorgánico del DRESS, la EGPA o el síndrome hipereosinofílico puede dominar el pronóstico incluso después de la recuperación cardíaca. La neuropatía, el riñón, el pulmón, la piel y el sistema hematológico requieren indicadores específicos y un plan común; una gestión fragmentada corre el riesgo de considerar curado al paciente cuando solo una de las manifestaciones está temporalmente silente.

El registro de las reacciones farmacológicas debe distinguir al responsable probable de las clases no implicadas, indicando la gravedad, la biopsia y el intervalo temporal, porque una alerta genérica frente a muchos fármacos puede limitar innecesariamente futuros tratamientos. Cuando el nexo es incierto, alergología y farmacovigilancia valoran alternativas sin recurrir a una reexposición peligrosa; el paciente recibe documentación comprensible para presentar en urgencias, junto con el plan para controlar los eosinófilos y el corazón tras nuevas prescripciones.

En los centros que reúnen casos raros, la inclusión en registros prospectivos permite relacionar causa, histología, tratamiento y resultado con mayor fiabilidad que las comunicaciones aisladas. El consentimiento informado debe distinguir la asistencia de la investigación, pero una documentación estandarizada ya mejora la práctica cotidiana, porque hace comparables el recuento de eosinófilos, la imagen, las dosis y las recidivas y reduce la pérdida de información durante las transiciones entre especialistas.

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