El dolor de la pericarditis y el del infarto pueden tener características diferentes, pero no existe una regla basada únicamente en los síntomas que permita distinguirlos con seguridad en casa. La pericarditis provoca a menudo un dolor punzante que aumenta al respirar profundamente o al tumbarse y mejora al inclinarse hacia delante; el infarto causa con mayor frecuencia presión, peso, constricción u opresión en el centro del tórax. Sin embargo, en la práctica ambas condiciones pueden presentarse de forma menos típica.
Un dolor torácico nuevo, intenso, persistente o asociado a falta de aire, sudoración, náuseas, desmayo, debilidad marcada o dolor irradiado debe considerarse potencialmente urgente. En esta situación no hay que esperar a entender si se trata de pericarditis: es conveniente llamar al 112 o al 118.
La pericarditis es una inflamación del saco que rodea el corazón; el infarto de miocardio, en cambio, deriva de un daño isquémico del músculo cardíaco, en la mayoría de los casos debido a un problema agudo de una arteria coronaria. Por tanto, las causas son diferentes, pero el síntoma inicial puede ser el mismo: dolor en el pecho.
El dolor pericárdico clásico es agudo, punzante y pleurítico. Es decir, tiende a intensificarse durante una inspiración profunda, con la tos o con otros movimientos que aumentan el deslizamiento y la tensión de las estructuras inflamadas. También es frecuente un componente postural: estar tumbado puede empeorarlo, mientras que sentarse e inclinar ligeramente el tronco hacia delante puede reducirlo.
La localización suele ser retroesternal o precordial, pero la percepción puede variar y el dolor puede extenderse al hombro o al borde del trapecio. Puede haber fiebre, cansancio y palpitaciones. Estas características aumentan la compatibilidad con una pericarditis, pero ninguna de ellas es suficientemente específica para excluir otras causas de dolor torácico.
Otro elemento que puede orientar es la evolución: el dolor de la pericarditis aguda puede persistir durante horas o días con variaciones de intensidad y puede verse influido por la respiración y la postura. Sin embargo, este patrón no debe aplicarse de forma rígida. Algunas pericarditis provocan un dolor menos "de manual", mientras que un paciente con isquemia miocárdica puede describir un síntoma inusual, sobre todo en presencia de diabetes, edad avanzada u otras condiciones que modifican la percepción del dolor.
En el infarto, el síntoma más conocido es un dolor o molestia torácica opresiva, a menudo descrito como peso, presión, mordaza, aplastamiento o ardor intenso. Puede irradiarse a uno o ambos brazos, a los hombros, la espalda, el cuello, la mandíbula o la parte superior del abdomen. También puede asociarse a falta de aire, sudoración, náuseas, vómitos, debilidad o sensación de desmayo.
No es necesario que el dolor sea extremadamente intenso. Un infarto puede comenzar de forma gradual, ser intermitente o manifestarse sobre todo con disnea, náuseas, cansancio inusual u otros trastornos. Tampoco la ausencia de dolor en el brazo izquierdo excluye nada: la irradiación puede ser diferente o faltar por completo.
Un dolor que no cambia con la posición y no aumenta al respirar es más compatible con un origen isquémico que el dolor pericárdico clásico, pero esto también es solo una probabilidad clínica. La decisión de esperar en casa no debe depender de una autoevaluación del tipo de dolor. Los síndromes coronarios agudos son condiciones dependientes del tiempo y el objetivo inicial es reconocerlos o excluirlos rápidamente.
La distinción no se basa simplemente en que el ECG sea "normal" o "alterado". La pericarditis puede provocar elevación del segmento ST, a menudo difusa, y depresión del segmento PR. Un infarto con elevación del segmento ST tiende, en cambio, a producir cambios distribuidos según el territorio de la arteria coronaria afectada y puede asociarse a cambios recíprocos. Estos patrones son útiles para el médico, pero pueden ser incompletos o no clásicos.
Además, el ECG de una pericarditis puede ser poco específico o incluso no mostrar el patrón tradicional. Por ello el diagnóstico siempre integra el trazado con la historia clínica, la exploración física y los demás datos disponibles.
También la troponina requiere interpretación. En la pericarditis aislada puede permanecer normal; si aumenta puede existir afectación del músculo cardíaco, como en la miopericarditis, pero un aumento de la troponina también es un elemento fundamental en el diagnóstico de infarto y puede aparecer en muchas otras condiciones cardíacas y sistémicas. Por tanto, no es una prueba que, por sí sola, "diga" automáticamente cuál de los dos diagnósticos es correcto.
El ecocardiograma ayuda a identificar un posible derrame, evaluar la función cardíaca y buscar alteraciones regionales de la contractilidad. En casos seleccionados, la resonancia magnética cardíaca puede aportar información sobre la presencia y distribución de la inflamación del pericardio y del miocardio.
Si el dolor es nuevo, intenso, persistente o asociado a síntomas sistémicos, la prioridad no es establecer de forma autónoma qué diagnóstico parece más probable. Deben aumentar especialmente la atención una falta de aire importante, sudoración fría, náuseas intensas, sensación de desmayo, pérdida de conocimiento, debilidad marcada, presión arterial baja, dolor irradiado o un empeoramiento rápido del estado general.
Lo mismo se aplica a una persona que ya ha tenido una pericarditis: una recidiva puede reproducir un dolor conocido, pero el antecedente no protege frente a la posibilidad de presentar otra patología. Atribuir automáticamente cada nuevo dolor a la pericarditis puede retrasar el diagnóstico de un evento coronario u otra emergencia.
Ante síntomas compatibles con una emergencia cardíaca es conveniente llamar inmediatamente al 112 o al 118 y no conducir personalmente. El sistema de emergencias permite una evaluación precoz y un transporte adecuado si es necesario.
Si, por el contrario, el dolor es leve, ya ha sido evaluado y se encuadra en una pericarditis conocida, cualquier cambio significativo respecto a lo habitual, la aparición de fiebre alta, el aumento de la disnea o la falta de respuesta al tratamiento prescrito deben llevar igualmente a una nueva valoración médica.
La evaluación inicial de un dolor torácico considera en primer lugar las condiciones que requieren un tratamiento inmediato. Se recogen las características del dolor y los factores de riesgo, se realiza un ECG y se miden biomarcadores, en particular la troponina. Las pruebas pueden repetirse a lo largo del tiempo porque un único resultado inicial no siempre es concluyente.
Cuando se sospecha una pericarditis, también forman parte de la evaluación los marcadores de inflamación y el ecocardiograma. Un posible derrame pericárdico puede apoyar el cuadro, pero su ausencia no excluye la enfermedad. La resonancia magnética cardíaca es especialmente útil cuando es necesario documentar la inflamación o aclarar una posible afectación miocárdica.
La conclusión práctica es sencilla: algunas características del dolor pueden hacer un diagnóstico más plausible que otro, pero el dolor torácico no es una prueba diagnóstica. La distinción correcta requiere integrar síntomas, ECG, biomarcadores e imagen, eligiendo las pruebas según el riesgo y el contexto clínico.
¿Cómo se distingue el dolor de la pericarditis del dolor del infarto?
La pericarditis suele ser punzante, pleurítica y postural; el infarto provoca con mayor frecuencia presión u opresión. Sin embargo, las características pueden solaparse y no permiten excluir un infarto sin una valoración médica.
¿La pericarditis puede parecer un infarto en el electrocardiograma?
Sí. Puede producir elevación del segmento ST y otros cambios que requieren interpretación en el contexto clínico.
¿La troponina puede aumentar en la pericarditis?
Puede aumentar si también está afectado el miocardio. Una troponina elevada no distingue por sí sola la miopericarditis del infarto y debe interpretarse junto con los demás datos.
Si el dolor mejora al inclinarse hacia delante, ¿es seguro que se trata de pericarditis?
No. Es un elemento sugestivo, no una prueba diagnóstica.
¿Cuándo hay que llamar al 112 o al 118 por un dolor en el pecho?
Cuando el dolor es nuevo, intenso o persistente, o se asocia a falta de aire, sudoración, náuseas, desmayo, debilidad marcada o dolor irradiado, es conveniente llamar inmediatamente a emergencias.
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