Un infarto no siempre provoca el clásico dolor repentino y muy intenso en el pecho. El síntoma más frecuente es un dolor o una molestia en el centro del tórax, a menudo descrito como presión, peso, constricción u opresión, pero también pueden aparecer falta de aire, sudoración, náuseas, debilidad, mareos y dolor que se extiende a los brazos, los hombros, la espalda, el cuello o la mandíbula.
Si estos síntomas hacen sospechar un infarto, sobre todo cuando son nuevos, persistentes o aparecen asociados entre sí, hay que llamar inmediatamente al 112 o al 118. No es necesario esperar a que el dolor sea muy intenso y no se recomienda acudir a urgencias conduciendo personalmente.
Las señales que merecen especial atención son:
El infarto de miocardio es una de las principales manifestaciones de los síndromes coronarios agudos. Esta guía no aborda la clasificación, la fisiopatología ni el tratamiento, sino que responde a la cuestión práctica más importante: qué síntomas pueden hacerlo sospechar y cuándo hay que pedir ayuda.
El dolor o la molestia torácica es el síntoma que con mayor frecuencia lleva a sospechar un infarto. Por lo general se percibe en el centro del pecho o detrás del esternón. Sin embargo, la persona no siempre utiliza la palabra «dolor»: puede describir una sensación de peso, presión, opresión, ardor o constricción, o simplemente una molestia difícil de definir.
El inicio puede ser repentino, pero también puede ser gradual. La molestia puede aumentar a lo largo de varios minutos, mantenerse relativamente estable o disminuir y luego reaparecer. La intensidad también es variable: un infarto puede provocar un dolor muy intenso, pero también puede presentarse con una molestia moderada que inicialmente se infravalora o se atribuye al estómago, la espalda o la musculatura del tórax.
A los síntomas torácicos pueden asociarse falta de aire, sudoración, náuseas, vómitos, debilidad, mareos o sensación de desmayo. Estas molestias adquieren especial importancia cuando aparecen juntas, cuando son nuevas respecto a lo habitual o cuando se presentan sin una causa evidente.
Las guías europeas consideran especialmente alarmante un dolor torácico que dura más de 15 minutos o que reaparece en el transcurso de aproximadamente una hora. Sin embargo, esta indicación no debe utilizarse como un cronómetro: si los síntomas son muy sospechosos, no hay que esperar 15 minutos antes de llamar a emergencias.
El dolor del infarto no es necesariamente una punzada localizada. Con mayor frecuencia se describe como una sensación difusa de presión o constricción en el centro del tórax. Algunas personas refieren pesadez, otras ardor, aplastamiento o una molestia similar a una indigestión intensa.
El dolor puede permanecer en el pecho o irradiarse. El brazo izquierdo es una localización conocida, pero no es la única y no debe convertirse en un criterio indispensable para sospechar un infarto. La molestia puede extenderse al brazo derecho o a ambos brazos, a los hombros, la espalda, el cuello, la mandíbula y, en algunos casos, a la parte superior del abdomen.
Un infarto puede comenzar durante un esfuerzo, pero también en reposo o durante el sueño. Tampoco el hecho de que el dolor cambie de intensidad o desaparezca temporalmente permite considerar que el problema se ha resuelto: los síntomas isquémicos pueden ser intermitentes.
El dolor torácico tiene muchas causas posibles y no todas son cardíacas. El reflujo, los trastornos musculares y las enfermedades respiratorias pueden producir síntomas similares; además existen otras urgencias, como la embolia pulmonar o la disección aórtica, que pueden manifestarse con dolor torácico. Cuando el cuadro es sospechoso, intentar establecer un diagnóstico por cuenta propia puede hacer perder un tiempo valioso.
Un infarto puede producirse también sin dolor en el pecho. En algunos casos el síntoma predominante es la falta de aire; en otros predominan las náuseas, la sudoración, la debilidad, los mareos, el malestar general o el dolor localizado en la espalda, el cuello o la mandíbula. Estas presentaciones pueden ser menos fáciles de reconocer y, por tanto, retrasar la solicitud de asistencia.
En las mujeres, el dolor o la molestia torácica sigue siendo un síntoma frecuente, pero también pueden ser relativamente frecuentes la falta de aire, las náuseas, el cansancio inusual y el dolor en la espalda, los hombros, el cuello o la mandíbula. Por este motivo, no resulta útil dividir rígidamente los síntomas en «típicos» y «atípicos»: un cuadro menos estereotipado puede seguir siendo compatible con un episodio coronario agudo.
También en las personas mayores y en las personas con diabetes la presentación puede ser menos evidente. La disnea, la debilidad repentina, los mareos, el síncope o un empeoramiento inexplicable del estado general pueden tener mayor relevancia que el dolor torácico clásico.
Por último, existen infartos que no se reconocen en el momento en que ocurren porque las molestias están ausentes, son leves o se atribuyen a otras causas. Sin embargo, el llamado infarto silencioso no es un episodio inocuo: el daño miocárdico puede ser real aunque el episodio solo se descubra posteriormente.
Si aparece un dolor o una molestia torácica sospechosa, especialmente cuando es prolongada, recurrente o se asocia a falta de aire, sudoración, náuseas, debilidad, mareos o dolor irradiado, la opción más prudente es llamar inmediatamente al 112 o al 118.
No hay que esperar a que el dolor se vuelva insoportable ni tranquilizarse únicamente porque el síntoma haya disminuido temporalmente. Los síndromes coronarios agudos incluyen condiciones tiempo-dependientes en las que una valoración rápida puede modificar el proceso asistencial y el tratamiento.
Es preferible no conducir personalmente hasta el servicio de urgencias. Durante el trayecto el estado clínico puede empeorar y el sistema de emergencias permite iniciar la valoración y la asistencia ya en el lugar y durante el transporte. Después de la llamada, conviene seguir las instrucciones proporcionadas por la central operativa y evitar iniciativas o medicamentos tomados por cuenta propia sin indicación sanitaria.
Si una persona pierde el conocimiento y no respira con normalidad, la situación puede haber evolucionado a un paro cardíaco. En este caso hay que comunicarlo inmediatamente al operador e iniciar las maniobras de reanimación cardiopulmonar siguiendo las indicaciones recibidas. Si hay disponible un desfibrilador externo automático, las instrucciones de voz del dispositivo guían su utilización.
¿Cuál es el síntoma más frecuente del infarto?
El síntoma más frecuente es un dolor o una molestia en el centro del tórax, a menudo descrito como presión, peso, constricción u opresión. Sin embargo, puede ser leve, intermitente o asociarse a otros síntomas.
¿Se puede tener un infarto sin dolor en el pecho?
Sí. En algunos casos pueden predominar la falta de aire, las náuseas, la sudoración, la debilidad, los mareos o el dolor en otras localizaciones, incluso sin un dolor torácico evidente.
¿El dolor del infarto afecta siempre al brazo izquierdo?
No. Puede irradiarse al brazo izquierdo, al derecho, a ambos brazos, a los hombros, la espalda, el cuello, la mandíbula o la parte superior del abdomen.
¿Cuánto debe durar el dolor para sospechar un infarto?
Un dolor prolongado o que reaparece es una señal de alarma. Las guías consideran especialmente sospechoso un dolor que dura más de 15 minutos o que reaparece dentro de una hora, pero no hay que esperar a alcanzar este umbral si el cuadro ya hace pensar en una urgencia.
¿Cuándo hay que llamar al 112 o al 118?
Cuando aparecen síntomas compatibles con un infarto, especialmente dolor o presión torácica asociados a falta de aire, sudoración, náuseas, debilidad o dolor irradiado, conviene llamar inmediatamente a emergencias.
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