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L'angolo del dottorino
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Hormona paratiroidea (PTH)
(síntesis, secreción y mecanismos de acción)

La hormona paratiroidea (PTH) es el principal regulador endocrino, “minuto a minuto”, de la homeostasis del calcio ionizado y, de manera integrada, de la disponibilidad de fosfato y de la producción renal de calcitriol. Su función no consiste en mantener constantes, de forma estática, valores absolutos de calcemia y fosfatemia, sino en preservar la estabilidad del compartimento extracelular mediante una modulación dinámica del riñón y del hueso, coordinada con el eje de la vitamina D y con otras señales fosfatúricas. En términos fisiológicos, la PTH actúa como un “interruptor rápido” que corrige incluso desviaciones mínimas del calcio ionizado, transformando una variación extracelular en una respuesta secretora inmediata y en un efecto orgánico medible en poco tiempo.

La endocrinología de la PTH constituye un ejemplo paradigmático de integración entre biología molecular y fisiología sistémica. La síntesis tiene lugar en las células principales paratiroideas, con producción de un precursor, la prepro-PTH, que se procesa en el retículo endoplásmico y en el aparato de Golgi hasta formar la hormona madura. La secreción está controlada principalmente por el receptor sensor de calcio (CaSR), capaz de traducir las variaciones del calcio ionizado en señales intracelulares que regulan la exocitosis, la transcripción génica y el recambio celular. La acción biológica está mediada principalmente por el receptor PTH1R, un receptor acoplado a proteínas G que activa múltiples vías de señalización espacialmente compartimentadas, con efectos específicos sobre la reabsorción tubular de calcio, la excreción de fosfato y el remodelado óseo. En esta página se reconstruye la PTH a lo largo de toda su cadena funcional, desde la biosíntesis hasta la traducción de la señal del receptor en los programas celulares del hueso y del riñón.

Principios generales del control calciotrópico:
CaSR, punto de ajuste secretor y función “rápida” de la PTH

La PTH está diseñada para responder al calcio ionizado con una sensibilidad extremadamente elevada. El determinante clave es el CaSR, expresado de forma abundante en las células principales paratiroideas, que permite detectar variaciones mínimas del calcio extracelular y modular la secreción de manera inversamente proporcional. Cuando el calcio ionizado disminuye, se reduce la inhibición mediada por el CaSR y la célula aumenta rápidamente la exocitosis de gránulos que contienen PTH preformada, seguida, a más largo plazo, por un incremento de la síntesis y por un remodelado de la masa glandular si el estímulo persiste. Cuando el calcio aumenta, la activación del CaSR frena la secreción y, de manera sostenida, reduce la transcripción del gen de la PTH y favorece mecanismos que limitan su producción.

Desde el punto de vista endocrinológico, el concepto operativo es el de punto de ajuste secretor, es decir, el nivel de calcio ionizado alrededor del cual la secreción de PTH cambia de forma pronunciada. El punto de ajuste no es una cifra universal e inmutable: puede modificarse fisiológica o patológicamente por variaciones en la expresión del CaSR, por el microambiente extracelular, como el magnesio, el pH y el fosfato, por el estado de la vitamina D y por señales fosfatúricas como FGF23. Esto hace que el sistema sea altamente estable para mantener la calcemia dentro de un intervalo estrecho, pero también vulnerable a desplazamientos del “punto de funcionamiento” cuando la glándula está sometida a estímulos crónicos, como ocurre en situaciones de menor disponibilidad de calcio o en alteraciones de la función renal.

La rapidez de la respuesta es posible gracias a la presencia de PTH ya sintetizada y almacenada, preparada para ser liberada, y a la capacidad del CaSR para modular directamente la exocitosis. Sin embargo, la fisiología de la PTH no se limita a la respuesta instantánea: existe un componente tónico y otro pulsátil, con ritmos ultradianos y circadianos que se superponen al control calciotrópico. Estos ritmos no constituyen un detalle accesorio, porque influyen en la interpretación de las determinaciones, en la evaluación de los perfiles hormonales en distintas condiciones clínicas y, sobre todo, en la relación entre la exposición a la PTH y la respuesta ósea, ya que la diferencia entre un estímulo intermitente y uno continuo es uno de los pilares de la biología del remodelado esquelético.

    Tres conceptos explican por qué la PTH es un regulador rápido, pero también plásticamente adaptable:

  • sensor extracelular, el CaSR, que traduce el calcio ionizado en señales intracelulares con control inmediato de la exocitosis;
  • arquitectura de respuesta en múltiples escalas temporales: liberación de PTH preformada, seguida de aumento de la síntesis y, posteriormente, de adaptación estructural de la glándula;
  • integración sistémica con la vitamina D, el fosfato y FGF23, que pueden remodelar el punto de ajuste y la amplitud de la secreción.

Esta lógica hace natural comenzar por la biosíntesis de la PTH, porque la capacidad de la paratiroides para producir, procesar y degradar el precursor determina qué cantidad está disponible de forma inmediata para la respuesta rápida y cómo se adapta la glándula cuando el estímulo hipocalcémico se prolonga.

Biosíntesis paratiroidea:
prepro-PTH, procesamiento en el retículo y control de la producción

La PTH es un péptido de 84 aminoácidos sintetizado como precursor prepro-PTH, habitualmente compuesto por 115 aminoácidos. La porción “pre” es un péptido señal que dirige la cadena naciente hacia el retículo endoplásmico; una vez eliminada, se obtiene la pro-PTH, que se procesa posteriormente hasta formar la PTH madura. Este esquema, común a muchas hormonas peptídicas, adquiere en la PTH un significado funcional, porque la velocidad de síntesis y de procesamiento puede modularse de manera marcada por el estado del calcio y por señales endocrinas concomitantes. En condiciones de demanda elevada, la glándula no se limita a “vaciar” los gránulos, sino que aumenta la producción y acelera el flujo biosintético a lo largo de la vía secretora.

El procesamiento tiene lugar en el retículo endoplásmico y en el aparato de Golgi mediante escisiones proteolíticas y maduración de la molécula, seguidas de su empaquetamiento en gránulos secretores. Una parte de la PTH producida se almacena en una forma preparada para su liberación; otra parte puede dirigirse hacia la degradación intracelular, un mecanismo que adquiere especial relevancia cuando el calcio extracelular está elevado y el sistema debe evitar una disponibilidad excesiva de hormona. En este contexto, la paratiroides no se comporta como un simple “grifo” regulado por la membrana, sino como un compartimento endocrino en el que síntesis, almacenamiento y degradación se coordinan para garantizar la estabilidad y prevenir oscilaciones peligrosas.

La regulación de la producción se produce en múltiples niveles. El calcio modula no solo la exocitosis, sino también la transcripción del gen de la PTH y la estabilidad del ARN mensajero, influyendo en la cantidad de hormona que puede sintetizarse. La 1,25-dihidroxivitamina D ejerce un control negativo, reduciendo la transcripción de la PTH y contribuyendo a limitar la proliferación paratiroidea cuando el sistema dispone de una señal vitamínica adecuada. El fosfato, de manera directa o a través de señales intermedias, tiende a favorecer el aumento de la PTH, mientras que el eje FGF23-Klotho puede modular la función paratiroidea de forma dependiente del contexto, adquiriendo especial importancia en las alteraciones de la función renal, donde la fisiología se transforma progresivamente en adaptación crónica.

Estos mecanismos ponen de manifiesto que la biosíntesis no es un capítulo aislado: la forma en que la glándula produce y hace disponible la PTH condiciona la dinámica secretora, la aparición de fragmentos circulantes y, en última instancia, la interpretación de los resultados de laboratorio. Por ello, después de la biosíntesis es necesario describir cómo se produce la secreción y cómo el CaSR convierte la química del calcio extracelular en una decisión endocrina.

Secreción de PTH:
exocitosis, degradación intracelular y ritmos pulsátil y circadiano

La secreción de PTH depende de la disponibilidad de gránulos preparados para su liberación y de la regulación de la exocitosis mediada por el CaSR. En la hipocalcemia, disminuye el freno ejercido por el receptor y la célula aumenta rápidamente la liberación de PTH preformada, garantizando un incremento de la hormona circulante en un intervalo compatible con la defensa de la calcemia. En la hipercalcemia, la activación del CaSR reduce la exocitosis y promueve una situación en la que parte de la PTH sintetizada se degrada antes de ser secretada, un mecanismo fundamental para evitar que la glándula libere hormona en exceso cuando ha desaparecido el estímulo principal.

Un aspecto que con frecuencia se infravalora es que la paratiroides produce no solo PTH 1-84, sino también fragmentos derivados de procesos intracelulares y de escisiones periféricas posteriores. La composición de la fracción circulante puede variar según el estado fisiológico y la función renal, ya que el riñón participa de forma importante en la eliminación de los fragmentos. Esto tiene un impacto directo sobre la medición de la PTH, puesto que algunos métodos inmunométricos pueden reconocer, además de la PTH 1-84, porciones C-terminales o formas truncadas en el extremo N-terminal, generando diferencias interpretativas que adquieren relevancia clínica sobre todo en condiciones de filtración glomerular reducida.

La secreción presenta además un componente pulsátil superpuesto a una liberación tónica, con pulsos repetidos a escala ultradiana. A esta dinámica se añade una ritmicidad circadiana, con variaciones endógenas que persisten incluso en condiciones controladas y que se asocian a ritmos de marcadores renales del efecto de la PTH. Estos aspectos no modifican el principio central del control calciotrópico, pero explican por qué una única determinación constituye una imagen parcial de una señal dinámica y por qué una interpretación correcta debe considerar siempre el contexto clínico, el momento de la extracción, el estado de la vitamina D y la función renal.

Para comprender por qué la secreción es tan sensible al calcio es indispensable profundizar en la biología del CaSR, porque este receptor define la forma de la curva calcio-PTH y establece el punto de ajuste alrededor del cual se defiende la homeostasis.

Sensor del calcio extracelular:
CaSR, vías de señalización y modulación del punto de ajuste

El CaSR es un receptor acoplado a proteínas G expresado en las paratiroides y en numerosos otros tejidos, pero en la célula principal paratiroidea constituye el núcleo del control endocrino. Su función no es medir el calcio “total”, sino detectar variaciones del calcio ionizado, es decir, de la fracción biológicamente activa. La activación del CaSR inhibe la secreción de PTH y reduce su síntesis, mientras que la disminución de la señal del CaSR libera a la célula de este freno y permite la respuesta hipocalcémica. De este modo, la paratiroides defiende la homeostasis mediante un mecanismo de retroalimentación negativa extremadamente pronunciado y estable.

El CaSR no funciona como un interruptor binario, sino como un modulador continuo que activa múltiples vías intracelulares. Mediante el acoplamiento a distintas proteínas G, el receptor puede influir en la concentración de calcio citosólico, la actividad de las cinasas, los segundos mensajeros y, en consecuencia, el tráfico de los gránulos secretores y los programas de transcripción. La propia arquitectura del sistema permite una forma de “memoria fisiológica” a más largo plazo: si el estímulo hipocalcémico persiste, el control deja de limitarse a la exocitosis e incluye la proliferación y la adaptación estructural de la glándula, que aumenta su capacidad de producir PTH y se vuelve menos sensible al freno inhibidor, con desplazamiento del punto de ajuste.

El punto de ajuste también puede ser modulado por factores distintos del calcio. El magnesio actúa de manera bifásica: concentraciones moderadamente bajas pueden estimular la secreción de forma similar a la hipocalcemia, pero una deficiencia grave puede comprometer tanto la propia secreción como la respuesta periférica, generando una paradoja clínica en la que la hipocalcemia y la PTH no se correlacionan como cabría esperar. El fosfato y la vitamina D influyen en el sistema a través de mecanismos diferentes, actuando en mayor medida sobre la síntesis y el remodelado crónico que sobre el componente inmediato. Por último, señales fosfatúricas como FGF23, en presencia del correceptor Klotho, pueden modificar de forma significativa la función paratiroidea, convirtiendo al CaSR en parte de un circuito más amplio de regulación mineral.

La consecuencia es que la PTH no puede entenderse únicamente como una respuesta al calcio. Constituye un nodo central de una red que incluye la vitamina D y el fosfato, y su acción depende del receptor efector que traduce la señal en el riñón y en el hueso, es decir, el PTH1R. Por ello, el paso siguiente consiste en describir la biología del receptor y la compartimentación de la señal de la PTH.

Receptor PTH1R y transducción de la señal:
cAMP/PKA, PLC/PKC, beta-arrestina y compartimentación

La acción clásica de la PTH está mediada por el PTH1R, expresado de forma destacada en el riñón y en las células de la línea osteoblástica, además de en otros tejidos. El PTH1R es un receptor acoplado a proteínas G capaz de activar múltiples vías de señalización. La vía dominante, en muchos contextos, es el eje Gs-adenilato ciclasa-cAMP-PKA, que regula fosforilaciones, tráfico de transportadores y programas de expresión génica. Paralelamente, el PTH1R puede acoplarse a Gq y activar la vía de la PLC, con producción de segundos mensajeros y activación de la PKC, contribuyendo a efectos específicos y con frecuencia dependientes del tipo celular y de la duración del estímulo.

Una característica moderna y decisiva de la biología del PTH1R es la compartimentación espacial de la señal. El receptor puede continuar produciendo cAMP no solo en la membrana, sino también desde compartimentos endosómicos después de su internalización, modificando la amplitud y la duración de la respuesta. Además, la beta-arrestina no es únicamente un elemento de terminación de la señal y de tráfico del receptor, sino que puede convertirse en una plataforma de señalización para vías como ERK, determinando respuestas funcionales diferentes. Esto es especialmente importante para comprender por qué exposiciones distintas a la PTH, incluso a través del mismo receptor, pueden generar resultados biológicos divergentes, por ejemplo sobre el equilibrio entre formación y resorción ósea.

La transducción no es un detalle celular abstracto: constituye el puente que conecta la señal hormonal con las respuestas orgánicas. En el riñón, la PTH modifica el destino del calcio y del fosfato filtrados y potencia la producción de calcitriol, mientras que en el hueso remodela el comportamiento de las células que sostienen la actividad osteoclástica e influye en programas anabólicos o catabólicos en función del patrón de exposición. Por ello, después de definir el receptor, es necesario reconstruir por separado los principales efectos sobre el riñón y el esqueleto, ya que es en estos dos tejidos donde la PTH ejerce la parte más relevante de su función homeostática.

Acciones renales de la PTH:
reabsorción de calcio, fosfaturia y activación de la vitamina D

En el riñón, la PTH desempeña una función fundamental en la defensa del calcio extracelular. Uno de sus efectos principales es el aumento de la reabsorción de calcio en la nefrona distal, donde el control hormonal es más marcado y donde el organismo puede regular con precisión la excreción final. Este aumento reduce la calciuria y contribuye a restablecer la calcemia. Paralelamente, la PTH incrementa la excreción de fosfato al reducir su reabsorción proximal, un mecanismo esencial por dos motivos fisiológicos: evita que el aumento del calcio procedente del hueso y de la conservación renal se acompañe de hiperfosfatemia y reduce la probabilidad de precipitación de sales de calcio y fosfato en el compartimento extracelular.

El mecanismo fosfatúrico está mediado por la modulación de los cotransportadores sodio-fosfato del túbulo proximal, con reducción de su presencia en la membrana y aumento de la eliminación urinaria de fosfato. Esta respuesta constituye también un ejemplo de la importancia de la transducción del receptor y del andamiaje proteico intracelular: la activación del PTH1R desencadena acontecimientos de fosforilación y disociación de complejos que estabilizan los transportadores, favoreciendo su internalización. El efecto no consiste en un simple “bloqueo” de la función, sino en un remodelado del tráfico de membrana que modifica rápidamente la organización tubular.

Un tercer eje renal es la estimulación de la enzima 1-alfa-hidroxilasa, que convierte la 25-hidroxivitamina D en la forma activa 1,25-dihidroxivitamina D. Este proceso amplía la acción de la PTH más allá del riñón y del hueso, porque el calcitriol aumenta la absorción intestinal de calcio y fosfato y, al mismo tiempo, ejerce una retroalimentación negativa sobre las paratiroides, reduciendo la síntesis de PTH. El resultado es un circuito integrado en el que la PTH defiende la calcemia a corto plazo y, a través de la vitamina D, contribuye a restablecer a largo plazo el equilibrio entre la absorción intestinal, el depósito esquelético y la excreción renal.

Esta tríada funcional, conservación de calcio, fosfaturia y aumento del calcitriol, no puede interpretarse de forma aislada, porque está estrechamente interconectada con las acciones óseas de la PTH. La hormona no actúa directamente sobre el osteoclasto como célula diana primaria, sino que modifica el entorno regulador del nicho óseo, influyendo en la comunicación entre las células de la línea osteoblástica, los osteocitos y los osteoclastos. Por ello, el siguiente paso consiste en reconstruir la acción esquelética en términos celulares y moleculares.

Acciones sobre el esqueleto:
remodelado óseo, eje RANKL/OPG y respuesta anabólica intermitente

En el hueso, la PTH modula el remodelado, es decir, el ciclo coordinado de resorción y formación. La diana primaria de la PTH es la célula de la línea osteoblástica y, de forma especialmente relevante, el osteocito, que actúa como sensor mecánico y endocrino del tejido óseo. El osteoclasto, célula efectora de la resorción, se regula indirectamente mediante señales producidas por las células de soporte. Este principio explica por qué la PTH puede producir tanto pérdida ósea como aumento de la masa ósea en función del patrón de exposición: no cambia el receptor de base, sino el programa celular que se activa a lo largo del tiempo.

Un mecanismo fundamental es la regulación del eje RANKL y OPG. La PTH puede aumentar la expresión de RANKL y reducir el equilibrio inhibidor ejercido por OPG en las células osteoblásticas y en los osteocitos, favoreciendo la diferenciación y la activación de los osteoclastos. En condiciones de exposición continua o de hipersecreción endógena, este desplazamiento mantiene un aumento del recambio con predominio de la resorción y pérdida de masa ósea, aunque también exista estímulo sobre la formación. Esta es la lógica fisiopatológica mediante la cual el hiperparatiroidismo crónico puede modificar la arquitectura y la calidad óseas, con efectos diferentes según el tipo de hueso y el microambiente.

De manera aparentemente paradójica, una exposición intermitente a la PTH puede favorecer un balance positivo, estimulando la formación ósea. Este efecto depende de una combinación de factores: activación de programas de supervivencia y diferenciación en la línea osteoblástica, modulación de la actividad de los osteocitos y remodelado de vías de señalización implicadas en la formación, con una ventaja transitoria de la fase anabólica respecto de la catabólica. El concepto clave es que la PTH regula el recambio y la adaptación del esqueleto; la dirección del balance depende de la dinámica de la señal, de su duración y de la interacción con otros factores, como la vitamina D, la disponibilidad de calcio y el estado inflamatorio.

Esta complejidad pone de manifiesto que la PTH no es solo una “hormona del calcio”, sino un modulador de la relación entre el compartimento extracelular y el depósito esquelético. Para completar el cuadro es necesario integrar sus acciones directas con el sistema de la vitamina D y con el control del fosfato, porque la homeostasis mineral es un equilibrio tridireccional entre calcio, fosfato y calcitriol.

Integración con vitamina D, fosfato y FGF23:
circuitos de retroalimentación y adaptación crónica

La homeostasis mineral no está regulada por la PTH de forma aislada. El eje de la vitamina D actúa tanto como efector como freno: la PTH estimula en el riñón la producción de calcitriol, que aumenta la absorción intestinal de calcio y fosfato y contribuye a restablecer el equilibrio global, pero al mismo tiempo reduce la transcripción de la PTH y limita la hiperplasia paratiroidea. Esta doble función permite que el sistema responda rápidamente a la hipocalcemia y que después se estabilice cuando se recupera el equilibrio.

El fosfato es el otro elemento que exige integración. Si la PTH aumentara la calcemia sin promover fosfaturia, el incremento simultáneo de calcio y fosfato elevaría el producto calcio-fosfato y la tendencia al depósito extracelular, una situación biológicamente desfavorable. La fosfaturia inducida por la PTH reduce este riesgo y crea las condiciones para un restablecimiento seguro de la calcemia. Sin embargo, cuando el riñón pierde capacidad para eliminar fosfato, el sistema entra en una fase de adaptación crónica en la que aumentan las señales fosfatúricas y se remodela la función paratiroidea, con modificaciones del punto de ajuste y de la masa glandular.

En este contexto adquieren relevancia FGF23 y el correceptor Klotho. FGF23, producido principalmente por el hueso, promueve la fosfaturia y reduce la producción de calcitriol, contribuyendo a proteger frente al exceso de fosfato. A nivel paratiroideo, en presencia de Klotho, FGF23 puede modular la secreción y la producción de PTH, participando en un circuito bidireccional entre hueso, riñón y paratiroides. En las alteraciones de la función renal, la reducción de la señalización dependiente de Klotho y la modificación del entorno mineral pueden transformar este circuito en una dinámica inadaptada, favoreciendo la hiperplasia y el aumento persistente de la PTH. Incluso cuando el objetivo clínico no sea analizar una enfermedad específica, esta integración es esencial, porque define los límites de la fisiología “pura” e introduce los principios mediante los cuales el sistema pasa de la homeostasis a la compensación.

La comprensión de esta integración tiene una consecuencia práctica: la medición de la PTH no refleja únicamente la función paratiroidea, sino también la eliminación renal, la presencia de fragmentos y la variabilidad biológica. Para completar una página destinada a abarcar toda la cadena funcional, es necesario aclarar el metabolismo, la fragmentación y las implicaciones analíticas, porque constituyen el puente entre la biología y la interpretación de laboratorio.

Metabolismo, fragmentos y medición de la PTH:
eliminación, PTH 1-84 y variabilidad de los ensayos

La PTH circula como hormona íntegra 1-84, pero también como un conjunto de fragmentos, generados tanto por procesos intracelulares como por escisiones periféricas. Su presencia tiene importancia fisiológica y, sobre todo, analítica. La eliminación de la PTH y de sus fragmentos implica al hígado y al riñón, y la función renal condiciona de forma importante la acumulación de porciones C-terminales. Esto explica por qué, en algunas situaciones, el aumento de la PTH medida puede reflejar en parte una mayor proporción de fragmentos, además del incremento de la secreción de la hormona biológicamente activa, con implicaciones directas al interpretar las concentraciones en contextos de filtración glomerular reducida.

Los métodos inmunométricos no son equivalentes entre sí. Los ensayos comúnmente denominados “PTH intacta” están diseñados para reconocer epítopos N-terminales y C-terminales, pero en muchas plataformas también pueden detectar formas truncadas en el extremo N-terminal, como algunas especies 7-84, que no poseen la misma actividad biológica que la PTH 1-84. Los ensayos de PTH “completa” o “biointacta” buscan una mayor especificidad para la hormona íntegra. Estas diferencias no son un simple tecnicismo: pueden influir en la comparabilidad de los resultados entre laboratorios y en la definición de los intervalos de referencia, por lo que se requiere cautela al comparar valores obtenidos con métodos diferentes o al aplicar umbrales de decisión en contextos clínicos específicos.

A la variabilidad analítica se añade la variabilidad biológica, relacionada con la pulsatilidad, el ritmo circadiano, el estado de la vitamina D, la ingesta de calcio, el equilibrio del magnesio y las condiciones sistémicas. En consecuencia, una interpretación correcta requiere un enfoque integrado: comprender qué forma de la PTH se está midiendo, en qué contexto fisiológico y con qué función renal. Esta perspectiva es coherente con el principio general del sistema: la PTH es una señal dinámica y dependiente del contexto, diseñada para defender la estabilidad del compartimento extracelular mediante múltiples circuitos de retroalimentación.

En conclusión, la fisiología de la PTH es el resultado de cuatro niveles coordinados: producción y disponibilidad secretora en la paratiroides, control rápido mediado por el CaSR, transducción múltiple de la señal a través del PTH1R y respuestas orgánicas integradas en el riñón y el hueso, moduladas por la vitamina D, el fosfato y FGF23. Esta cadena explica por qué la PTH es un regulador esencial de la homeostasis mineral y por qué la interpretación de una determinación solo resulta significativa si se vincula con la biología de sus formas circulantes y con las condiciones que modifican su secreción, eliminación y acción tisular.

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