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Glándulas paratiroides y embarazo

La relación entre las glándulas paratiroides y el embarazo constituye un modelo clínico de endocrinología adaptativa en el que el organismo materno debe garantizar un flujo continuo de calcio hacia la unidad fetoplacentaria sin desestabilizar la homeostasis del calcio ionizado, el fosfato y el metabolismo de la vitamina D. A diferencia de lo que podría suponerse, el embarazo no es simplemente un estado de mayor demanda de calcio: es una condición en la que cambian los puntos de ajuste, los compartimentos y los mediadores, con una importancia creciente de las señales placentarias y mamarias, en particular la proteína relacionada con la hormona paratiroidea (PTHrP), que modifican la interpretación de los valores de laboratorio y la vulnerabilidad a los trastornos preexistentes.

Desde el punto de vista clínico, las alteraciones paratiroideas durante el embarazo son fundamentales porque la inestabilidad del calcio puede traducirse en complicaciones maternas, como nefrolitiasis, pancreatitis, hipertensión gestacional y preeclampsia, arritmias, deterioro renal, crisis hipercalcémica o síntomas neuromusculares graves, así como en complicaciones fetales y neonatales, como restricción del crecimiento, parto prematuro, muerte intrauterina, hipocalcemia neonatal con tetania o crisis convulsivas, bocio fetal en situaciones seleccionadas y alteraciones transitorias o persistentes del metabolismo mineral. Parte del riesgo no depende exclusivamente de las formas manifiestas, sino de la combinación entre una reserva reguladora reducida, el aumento de las necesidades fetales y la dificultad para interpretar pruebas realizadas con intervalos de referencia no específicos para el embarazo.

Adaptaciones fisiológicas durante el embarazo

El embarazo requiere la formación progresiva del esqueleto fetal y, sobre todo durante la segunda mitad de la gestación, impone una transferencia placentaria de calcio que aumenta con la edad gestacional. El organismo materno responde mediante una estrategia predominantemente absortiva, más que desmineralizante: aumenta la eficiencia de la absorción intestinal de calcio gracias al incremento del calcitriol, o 1,25-dihidroxivitamina D, que puede alcanzar concentraciones claramente superiores a las observadas fuera del embarazo. Este aumento del calcitriol es posible gracias a una mayor actividad de hidroxilación y a señales endocrinas y placentarias integradas, con una contribución decisiva de mediadores específicos del embarazo que remodelan el balance del calcio.

En este contexto, la hormona paratiroidea (PTH) materna no sigue una única trayectoria estándar durante todo el embarazo. En las fases iniciales puede disminuir o permanecer en el intervalo normal bajo, de manera coherente con un entorno más absortivo y con el aumento del calcitriol. En fases posteriores, especialmente cuando la ingesta de calcio o vitamina D es insuficiente o existe una fragilidad previa, la PTH puede aumentar como respuesta adaptativa para mantener estable la calcemia. Esta variabilidad explica por qué la interpretación de la PTH durante el embarazo requiere un contexto clínico: el estado de la vitamina D, el calcio ionizado, la albúmina, la función renal, el fosfato y la evolución temporal son más informativos que un valor aislado.

Un elemento distintivo del embarazo es la creciente importancia de la PTHrP. La placenta y, posteriormente, el tejido mamario pueden producir PTHrP, que contribuye a la transferencia de calcio hacia el feto y puede modular el metabolismo mineral materno. El embarazo introduce así un mediador similar a la hormona paratiroidea que puede enmascarar o amplificar determinados fenotipos clínicos: en algunas condiciones raras, una producción excesiva de PTHrP puede mantener una hipercalcemia con PTH suprimida, mientras que con mayor frecuencia la PTHrP participa de forma fisiológica en el mantenimiento del flujo de calcio hacia el compartimento fetal, sobre todo cuando la ingesta materna es insuficiente.

Al mismo tiempo, cambian los determinantes analíticos de la calcemia medida. La hemodilución del embarazo y la reducción de la albúmina plasmática pueden provocar una disminución del calcio total incluso cuando el calcio ionizado es normal. Este es un aspecto práctico esencial: basarse en el calcio total sin corregirlo por la albúmina, o sin medir la fracción ionizada cuando está clínicamente indicado, puede conducir a un diagnóstico erróneo de hipocalcemia o a una infravaloración de la hipercalcemia. La fosfatemia también puede variar y su interpretación debe integrarse con la PTH, la vitamina D y la función renal, porque el eje materno debe mantener el equilibrio entre la disponibilidad mineral, la excreción renal y las necesidades fetales.

Los cambios de la función renal durante el embarazo, incluido el aumento del filtrado glomerular, modifican el manejo del calcio y el fosfato y pueden alterar la probabilidad de nefrolitiasis en situaciones de hipercalciuria. En una mujer con hiperparatiroidismo o con suplementos mal ajustados, la combinación de un aumento de la filtración, cambios del pH urinario y una elevada carga de calcio puede favorecer la formación de cálculos y las complicaciones renales. Estas consecuencias no son exclusivamente maternas, porque el dolor, las infecciones y el deterioro de la función renal pueden influir indirectamente sobre la perfusión placentaria y el crecimiento fetal.

Por último, el embarazo establece una secuencia temporal que condiciona el riesgo. El feto depende progresivamente de una transferencia constante de calcio y, después del nacimiento, el recién nacido pasa bruscamente de un aporte placentario continuo a una homeostasis autónoma. Si la madre ha presentado hipercalcemia durante el embarazo, el eje paratiroideo fetal puede haber quedado suprimido y, después del parto, el recién nacido puede desarrollar hipocalcemia neonatal por retraso de la respuesta paratiroidea. Por el contrario, en situaciones de hipocalcemia materna no controlada, la compensación fetal puede resultar insuficiente para garantizar una mineralización adecuada y una correcta adaptación posnatal, con vulnerabilidad clínica durante las primeras semanas de vida.

Evaluación durante el embarazo

La primera decisión clínica consiste en determinar qué parámetros deben medirse y qué fracción del calcio debe utilizarse para orientar el manejo. Durante el embarazo, el calcio total puede estar disminuido por la reducción de la albúmina. Por tanto, cuando el resultado es clínicamente relevante, la evaluación más fiable es el calcio ionizado o el calcio total corregido por albúmina, con pleno conocimiento de las limitaciones de las fórmulas de corrección. Ante síntomas neuromusculares, como parestesias, calambres o signos de tetania, arritmias, hiperémesis grave, nefrolitiasis, pancreatitis o hipertensión gestacional, la medición del calcio ionizado resulta especialmente útil porque reduce la ambigüedad causada por los cambios de las proteínas plasmáticas durante el embarazo.

Una evaluación racional requiere siempre un panel integrado que incluya PTH, fosfato, magnesio, creatinina con estimación de la función renal, 25-hidroxivitamina D y, cuando esté indicado, calcitriol. El magnesio merece especial atención porque la hipomagnesemia puede disminuir tanto la secreción como la acción de la PTH y, por tanto, agravar o simular un hipoparatiroidismo funcional, dificultando la corrección estable de la calcemia. La evaluación de la vitamina D es esencial porque su deficiencia puede intensificar la tendencia a la hipocalcemia y aumentar las necesidades de PTH o, en las pacientes con hipoparatiroidismo, incrementar la inestabilidad durante el ajuste del calcitriol y el calcio.

    Aspectos prácticos que reducen los errores de interpretación durante el embarazo

  • Preferir el calcio ionizado cuando el resultado oriente una decisión clínica o cuando la albúmina esté reducida.
  • Interpretar siempre la PTH junto con el fosfato, el magnesio, la vitamina D y la función renal, evitando conclusiones basadas en valores aislados.
  • Distinguir la hipercalcemia dependiente de la PTH de la hipercalcemia independiente de la PTH mediante un algoritmo sencillo: una calcemia elevada con PTH no suprimida orienta hacia hiperparatiroidismo o FHH, mientras que una calcemia elevada con PTH suprimida orienta hacia otras causas, incluida una producción excesiva de PTHrP en situaciones raras.

Cuando se identifica una hipercalcemia, resulta fundamental distinguir entre hiperparatiroidismo primario, hiperparatiroidismo secundario, que normalmente no produce hipercalcemia, e hipercalcemia hipocalciúrica familiar (FHH). Durante el embarazo, la FHH constituye una posible trampa diagnóstica porque puede simular un hiperparatiroidismo leve y conducir a intervenciones innecesarias. Se caracteriza por hipercalcemia crónica leve o moderada, PTH normal o ligeramente elevada y baja excreción urinaria de calcio, aunque la evaluación de la calciuria puede verse influida por los cambios fisiológicos del filtrado glomerular y por la ingesta de calcio. Cuando el fenotipo es compatible, la integración de los antecedentes familiares, el perfil bioquímico y, en los casos apropiados, la evaluación genética puede evitar paratiroidectomías innecesarias.

Cuando se identifica una hipocalcemia, el diagnóstico diferencial debe distinguir el hipoparatiroidismo verdadero, caracterizado por una PTH inadecuadamente baja en relación con la hipocalcemia, de la hipocalcemia causada por deficiencia de vitamina D, malabsorción, quelación o hipomagnesemia. Durante el embarazo es especialmente importante reconocer el hipoparatiroidismo porque el tratamiento con calcio y calcitriol debe ajustarse según el calcio ionizado y el riesgo de hipercalciuria, con un objetivo que proteja tanto a la madre como al feto sin inducir nefrocalcinosis o nefrolitiasis.

Las pruebas de imagen durante el embarazo deben seleccionarse cuidadosamente. La ecografía cervical es segura y útil para documentar nódulos tiroideos o un posible adenoma paratiroideo, mientras que la localización preoperatoria de la enfermedad paratiroidea mediante técnicas de medicina nuclear suele posponerse hasta después del parto para evitar exposiciones fetales innecesarias. Cuando la situación materna exige tomar una decisión quirúrgica durante el embarazo, la estrategia diagnóstica suele basarse en una evaluación bioquímica sólida combinada con ecografía, reservando las exploraciones más complejas para situaciones en las que pueda garantizarse plenamente la seguridad fetal.

Por último, la estrategia de evaluación debe estructurarse por niveles de riesgo y por momentos de la gestación. En ausencia de síntomas y factores de riesgo, no existe un único modelo aplicado universalmente en todos los sistemas sanitarios. Sin embargo, en mujeres con antecedentes de nefrolitiasis, hipercalcemia conocida, hiperparatiroidismo previo, hipoparatiroidismo, cirugía cervical, enfermedades autoinmunes, enfermedad renal crónica o un recién nacido previo con hipocalcemia, una evaluación precoz y un seguimiento programado reducen los acontecimientos adversos previsibles. Durante el embarazo, la ventana temporal para intervenir es limitada y la tendencia de los valores suele ser más informativa que una determinación aislada, siempre que las extracciones estén estandarizadas y se interpreten con el mismo método de laboratorio.

Calcio, vitamina D y prevención

La prevención de las alteraciones del metabolismo mineral durante el embarazo no consiste simplemente en administrar suplementos, sino en garantizar un aporte acorde con las necesidades fisiológicas y con la enfermedad subyacente. En condiciones fisiológicas, el objetivo es asegurar una ingesta adecuada de calcio y vitamina D para sostener el aumento de la absorción intestinal y reducir la probabilidad de que el organismo tenga que recurrir a mecanismos compensadores potencialmente desfavorables. Cuando existen deficiencias, su corrección es clínicamente relevante porque la insuficiencia de vitamina D puede amplificar el aumento de la PTH y favorecer alteraciones del fosfato, mientras que la deficiencia de calcio puede aumentar la inestabilidad de la calcemia, especialmente en mujeres con una reserva reguladora reducida o trastornos preexistentes.

La evaluación de la ingesta dietética debe considerar el contexto completo: productos lácteos, alimentos enriquecidos, aguas ricas en calcio, hábitos alimentarios, náuseas y aversiones del primer trimestre. En algunas mujeres, la reducción de la ingesta de calcio es iatrogénica y se debe a recomendaciones innecesarias o al temor a la formación de cálculos. En realidad, el riesgo de nefrolitiasis durante el embarazo depende principalmente del equilibrio entre la ingesta, la excreción urinaria, la hidratación y la enfermedad subyacente. Reducir de forma drástica la ingesta de calcio puede empeorar la inestabilidad y aumentar la dependencia de suplementos no fisiológicos.

La vitamina D debe manejarse basándose en la medición de la 25-hidroxivitamina D y en objetivos realistas de corrección. El exceso de vitamina D no es inocuo y puede favorecer la hipercalcemia en mujeres predispuestas, mientras que la deficiencia puede dificultar el control del hipoparatiroidismo y aumentar la PTH de forma no deseada. El embarazo incrementa la importancia fisiológica del calcitriol, pero esto no sustituye la necesidad de disponer de un sustrato adecuado, especialmente en mujeres con baja exposición solar o factores de riesgo de deficiencia.

Un aspecto práctico se refiere a las interacciones entre los suplementos y otros tratamientos. Las sales de calcio presentan una biodisponibilidad variable y pueden administrarse en varias dosis para mejorar la absorción y reducir los picos de calciuria. En las mujeres que toman hierro, la separación temporal puede reducir los efectos gastrointestinales y mejorar la adherencia, aunque la interacción es más relevante para la levotiroxina que para el propio calcio. Durante el embarazo, la adherencia suele verse afectada por las náuseas, el estreñimiento y los regímenes obstétricos complejos. Por tanto, la estrategia preventiva más eficaz consiste en un asesoramiento sencillo y coherente que evite pautas innecesariamente complicadas y favorezca la continuidad.

La seguridad de los suplementos cambia radicalmente en presencia de hiperparatiroidismo o hipercalcemia. En una mujer con hipercalcemia dependiente de la PTH, aumentar indiscriminadamente el calcio o la vitamina D puede empeorar la calcemia e incrementar las complicaciones renales y pancreáticas. En estas situaciones, la prevención no consiste en aumentar el aporte, sino en controlar la causa de la hipercalcemia, mantener una hidratación adecuada, evitar cargas excesivas y realizar una monitorización estrecha. La exposición a cargas de yodo o a determinados medicamentos no constituye el problema central en este contexto, pero cualquier intervención que modifique la función renal o el equilibrio electrolítico puede afectar a la estabilidad del calcio.

La prevención también incluye la planificación preconcepcional cuando existe una enfermedad paratiroidea conocida. En una mujer con hiperparatiroidismo primario, el tratamiento definitivo antes del embarazo reduce el riesgo de complicaciones y simplifica el manejo. En una mujer con hipoparatiroidismo, la estabilización del objetivo de calcemia y la definición de un plan de seguimiento antes de la concepción reducen las oscilaciones y las consultas urgentes durante la gestación. El embarazo no es el momento ideal para diseñar una estrategia terapéutica, sino para aplicar una estrategia ya planificada, con ajustes guiados por los datos bioquímicos y clínicos.

Hipoparatiroidismo e hipocalcemia durante el embarazo

El hipoparatiroidismo durante el embarazo es una condición con alto riesgo de inestabilidad porque se pierde la regulación fina del calcio ionizado precisamente cuando el sistema materno debe mantener un flujo continuo de calcio hacia el feto. La causa más frecuente en mujeres en edad fértil es el hipoparatiroidismo posquirúrgico, aunque existen formas autoinmunes, genéticas y funcionales que pueden manifestarse o reconocerse durante el embarazo. El fenotipo bioquímico típico consiste en hipocalcemia con hiperfosfatemia relativa y PTH inadecuadamente baja, con frecuencia acompañada de inestabilidad neuromuscular y, en los casos más graves, riesgo de crisis tetánicas o arritmias.

El tratamiento durante el embarazo pretende mantener una calcemia que proteja a la madre y reduzca el riesgo neonatal sin exponer a la paciente a una hipercalciuria crónica. En términos prácticos, el tratamiento estándar se basa en calcio oral y calcitriol, con vitamina D nativa cuando se documenta una deficiencia y corrección del magnesio cuando está disminuido. El embarazo puede modificar las necesidades terapéuticas. En algunas mujeres, el aumento fisiológico del calcitriol y la presencia de PTHrP pueden reducir las necesidades de calcitriol exógeno. En otras, especialmente si presentan náuseas, malabsorción o deficiencia de vitamina D, la inestabilidad aumenta y requiere ajustes más frecuentes. Esta variabilidad hace indispensable una monitorización estrecha, sobre todo después de cambios en el tratamiento.

Un aspecto clínico fundamental es la elección del objetivo. Elevar la calcemia hacia la parte superior del intervalo puede reducir los síntomas maternos, pero aumenta la calciuria y el riesgo de nefrolitiasis o nefrocalcinosis. Por el contrario, mantener valores excesivamente bajos incrementa el riesgo de tetania y puede afectar teóricamente al balance mineral fetal, especialmente cuando la hipocalcemia es grave o prolongada. Por este motivo, las recomendaciones internacionales suelen favorecer un objetivo de calcemia situado en el intervalo normal bajo o medio-bajo, teniendo en cuenta los síntomas, la calciuria y la función renal, y priorizando la estabilidad frente a la maximización del valor.

La vigilancia debe incluir no solo el calcio y el fosfato, sino también la creatinina, el magnesio y, cuando esté indicado, la calciuria. La recogida de orina puede resultar difícil desde el punto de vista logístico durante el embarazo, pero el concepto sigue siendo relevante: una paciente con hipoparatiroidismo que requiere dosis crecientes de calcio y calcitriol puede desarrollar hipercalciuria incluso con una calcemia no elevada, porque el riñón no recibe la señal dependiente de la PTH que favorece la reabsorción tubular de calcio. Este es uno de los motivos por los que la sustitución hormonal efectiva, cuando está disponible y es apropiada, resulta conceptualmente más fisiológica. Sin embargo, durante el embarazo el manejo continúa centrado en la seguridad y en la experiencia clínica disponible en las recomendaciones.

Las complicaciones clínicas del hipoparatiroidismo durante el embarazo incluyen síntomas neuromusculares, inestabilidad cardiovascular y riesgo de hospitalización por hipocalcemia grave, especialmente en presencia de vómitos, diarrea o baja adherencia. Otro momento relevante es el posparto: con el inicio de la lactancia, el aumento de la PTHrP mamaria puede modificar rápidamente el balance del calcio y reducir las necesidades terapéuticas, exponiendo a la paciente a hipercalcemia si las dosis no se revisan. Por este motivo, el plan de monitorización debe extenderse al puerperio y a las primeras semanas de lactancia, con controles programados e instrucciones sencillas para reconocer los síntomas de hiper e hipocalcemia.

En las mujeres con hipoparatiroidismo, el manejo del recién nacido forma parte de una atención de calidad. La estabilidad materna reduce el riesgo de inestabilidad neonatal, pero la transición a la vida extrauterina sigue siendo un momento vulnerable. El equipo neonatal debe conocer la enfermedad y el tratamiento maternos para orientar la evaluación de la calcemia neonatal y el tratamiento precoz de posibles signos neuromusculares o crisis convulsivas.

Hiperparatiroidismo, hipercalcemia y crisis hipercalcémica durante el embarazo

La hipercalcemia durante el embarazo es menos frecuente que la hipocalcemia, pero cuando aparece puede asociarse a complicaciones maternofetales importantes. La causa más frecuente de hipercalcemia dependiente de la PTH durante el embarazo es el hiperparatiroidismo primario, generalmente causado por un adenoma paratiroideo y, con menor frecuencia, por hiperplasia multiglandular o carcinoma paratiroideo. La hipercalcemia puede pasar inadvertida porque síntomas como las náuseas, los vómitos, la astenia y el estreñimiento pueden atribuirse al propio embarazo. En consecuencia, el diagnóstico se establece en ocasiones únicamente después de la aparición de nefrolitiasis, pancreatitis, hipertensión o deterioro renal.

En la madre, la hipercalcemia aumenta el riesgo de nefrolitiasis, poliuria y deshidratación y puede precipitar una crisis hipercalcémica en contextos de vómitos, disminución de la ingesta de líquidos o infecciones. La pancreatitis es una complicación grave porque puede desestabilizar el embarazo y requerir cuidados intensivos. Además, diversos estudios observacionales y series clínicas han descrito una asociación entre el hiperparatiroidismo durante el embarazo y un aumento de las complicaciones obstétricas, incluidas la hipertensión gestacional y la preeclampsia, así como un mayor riesgo de parto prematuro y pérdida gestacional, con un riesgo que tiende a aumentar a medida que se eleva la calcemia.

En el feto y el recién nacido, el mecanismo fisiopatológico central es la supresión del eje paratiroideo fetal en presencia de hipercalcemia materna. El feto está expuesto a un entorno con concentraciones elevadas de calcio y reduce la secreción paratiroidea. Después del nacimiento, al cesar el flujo placentario de calcio y producirse la disminución fisiológica de la calcemia, el recién nacido puede no activar rápidamente la PTH y desarrollar hipocalcemia neonatal con tetania o crisis convulsivas. Este mecanismo explica por qué un trastorno materno hipercalcémico puede traducirse en un trastorno neonatal hipocalcémico, aparentemente paradójico pero biológicamente coherente.

El diagnóstico de hiperparatiroidismo durante el embarazo requiere una confirmación bioquímica rigurosa: hipercalcemia con PTH no suprimida y fosfato frecuentemente reducido, junto con la evaluación de la vitamina D y la función renal. El diagnóstico diferencial incluye la FHH, que generalmente no se beneficia de la cirugía y suele seguir una evolución más benigna, y las formas independientes de la PTH, en las que la PTH está suprimida. Entre estas se incluyen las causas mediadas por vitamina D, la hipercalcemia asociada a neoplasias, la inmovilización y, con menor frecuencia, las formas causadas por exceso de PTHrP durante el embarazo o la lactancia. La precisión diagnóstica es fundamental porque el tratamiento definitivo del hiperparatiroidismo primario es quirúrgico, mientras que las demás causas requieren estrategias completamente diferentes.

La crisis hipercalcémica durante el embarazo es rara, pero constituye una urgencia endocrinológica y obstétrica. El cuadro típico incluye deshidratación grave, alteración neurológica, empeoramiento de la función renal y posible inestabilidad hemodinámica. La prioridad es la estabilización mediante hidratación y corrección de los trastornos electrolíticos en un entorno monitorizado, junto con una evaluación multidisciplinaria que incluya endocrinología, obstetricia, anestesiología y, cuando sea necesario, nefrología. En este contexto, la indicación quirúrgica puede adquirir mayor urgencia, pero la decisión requiere valorar el momento gestacional y la gravedad, equilibrando el riesgo anestésico frente al riesgo de mantener la hipercalcemia.

Fenotipos clínicos

Durante el embarazo, el término enfermedad paratiroidea incluye situaciones muy diferentes que requieren estrategias específicas. El hiperparatiroidismo primario esporádico causado por un adenoma es la causa dependiente de la PTH más frecuente de hipercalcemia y, si es clínicamente significativo, puede beneficiarse de la paratiroidectomía. El segundo trimestre suele considerarse el periodo más favorable cuando la intervención no puede posponerse. Sin embargo, también existen fenotipos genéticos y sindrómicos en los que la enfermedad es multiglandular, recurrente o está asociada a otras endocrinopatías, y el embarazo puede ser el momento en el que el cuadro se hace evidente o se reevalúa.

La hipercalcemia hipocalciúrica familiar merece una atención específica. Se trata generalmente de una condición benigna caracterizada por hipercalcemia leve o moderada, PTH no suprimida e hipocalciuria relativa, que no se corrige mediante paratiroidectomía. Durante el embarazo puede confundirse con un hiperparatiroidismo leve y conducir a intervenciones innecesarias. El principal aspecto pasa a ser entonces la comunicación adecuada y el manejo neonatal: en algunas familias, el perfil genético puede influir en la calcemia del recién nacido y en su respuesta adaptativa, por lo que la vigilancia neonatal debe planificarse según el contexto clínico.

Los síndromes genéticos, como la neoplasia endocrina múltiple tipo 1 (MEN1) o las alteraciones de CDC73, que incluyen el espectro del hiperparatiroidismo asociado a tumores y, en determinados casos, un mayor riesgo de carcinoma paratiroideo, presentan implicaciones más complejas. En estas condiciones, el hiperparatiroidismo puede ser multiglandular y los antecedentes familiares suelen resultar informativos. Durante el embarazo, el manejo debe equilibrar la urgencia de controlar la hipercalcemia con la necesidad de planificar un estudio completo que incluya la evaluación de los demás componentes sindrómicos, sin exponer innecesariamente a la paciente a procedimientos durante la gestación.

El carcinoma paratiroideo durante el embarazo es excepcional, pero debe considerarse cuando la hipercalcemia es marcada y la PTH está muy elevada, sobre todo si existe una masa cervical palpable, signos locales o complicaciones graves de aparición precoz. En estos casos, la estrategia diagnóstica se guía por la evaluación bioquímica y la ecografía, y el manejo suele favorecer la cirugía realizada por un equipo experto, porque el control de la calcemia y la calidad de la primera intervención son determinantes para el pronóstico. También en este contexto, el embarazo exige una gran disciplina clínica: deben evitarse los retrasos debidos a la infravaloración, pero también los excesos diagnósticos que puedan comprometer la seguridad.

Por último, existen causas de hipercalcemia independientes de la PTH que adquieren características particulares durante el embarazo, como la producción excesiva de PTHrP placentaria o mamaria, la hipercalcemia mediada por vitamina D y la hipercalcemia asociada a enfermedades granulomatosas u otras afecciones raras. Estas condiciones se distinguen por una PTH suprimida y requieren un abordaje diferente, en el que la paratiroidectomía no tiene ninguna función y la evaluación debe centrarse en identificar la causa y elegir la estrategia más segura para la madre y el feto.

Tratamiento durante el embarazo

El manejo terapéutico de las enfermedades paratiroideas durante el embarazo se basa en un principio fundamental: el objetivo no consiste simplemente en normalizar una cifra, sino en prevenir las complicaciones maternas y proteger al recién nacido, manteniendo la estabilidad y reduciendo las oscilaciones. En el hipoparatiroidismo, el tratamiento estándar con calcio y calcitriol continúa siendo la base, con una monitorización estrecha y el objetivo de mantener una calcemia estable sin provocar hipercalciuria crónica. El tratamiento debe ser flexible porque las necesidades pueden cambiar durante el embarazo y, sobre todo, después del parto con el inicio de la lactancia. La corrección del magnesio y de la deficiencia de vitamina D nativa reduce la inestabilidad y facilita un ajuste más predecible.

Para el hiperparatiroidismo primario, el tratamiento definitivo es la paratiroidectomía. En mujeres con hipercalcemia significativa o complicaciones, la cirugía puede estar indicada durante el embarazo y, cuando es necesaria, el segundo trimestre suele considerarse el periodo más favorable desde el punto de vista obstétrico y anestésico. La decisión debe integrar la concentración de calcio, los síntomas, las complicaciones renales o pancreáticas, los antecedentes obstétricos y la posibilidad de realizar un seguimiento conservador. En las formas leves puede considerarse un enfoque conservador basado en la hidratación, la moderación de la ingesta de calcio, el control de los síntomas y la monitorización, pero debe mantenerse un umbral bajo para reevaluar la estrategia si aumenta la calcemia o aparecen complicaciones.

El tratamiento farmacológico de la hipercalcemia durante el embarazo es complejo. La hidratación es la medida más segura e inmediata, mientras que los medicamentos utilizados fuera del embarazo requieren cautela. Los calcimiméticos, como el cinacalcet, se han utilizado en casos seleccionados, pero la evidencia durante el embarazo es limitada y la decisión debe individualizarse en centros expertos, después de una evaluación cuidadosa de la relación entre riesgos y beneficios. Los bisfosfonatos no suelen considerarse una opción de primera línea durante el embarazo debido a su prolongada permanencia en el hueso y a las incertidumbres sobre la seguridad fetal. La calcitonina puede reducir transitoriamente la calcemia y, en determinadas situaciones, se ha considerado como tratamiento puente, pero su eficacia es limitada y el manejo continúa centrado en la estabilización y, cuando esté indicada, la cirugía.

El manejo de la crisis hipercalcémica requiere un protocolo de urgencia que incluya hidratación intravenosa, monitorización electrolítica y cardiaca, evaluación de la función renal, identificación de la causa y una decisión rápida sobre el tratamiento definitivo. El objetivo inmediato es reducir el riesgo sistémico para la madre y mantener la perfusión placentaria mediante una estrecha colaboración con el equipo obstétrico. Incluso cuando el embarazo está avanzado, deben evitarse las decisiones impulsivas. En algunos casos, la estrategia puede incluir la estabilización seguida de una intervención programada o de la coordinación del momento del parto en función de la seguridad materna, siempre mediante un enfoque multidisciplinario.

Por último, el manejo debe incluir un componente educativo. Las mujeres con hipoparatiroidismo deben reconocer los síntomas de hipocalcemia e hipercalcemia y saber cuándo solicitar una evaluación médica. Las mujeres con hiperparatiroidismo deben comprender la importancia de la hidratación, de evitar suplementos inapropiados y de vigilar los síntomas renales o gastrointestinales. Durante el embarazo, la adherencia y la comprensión reducen las oscilaciones que, de otro modo, conducen a consultas urgentes e intervenciones tardías, que son las que presentan mayor riesgo.

Vigilancia fetal y neonatal

La vigilancia fetal específica adquiere importancia cuando la enfermedad materna puede alterar directamente el balance mineral fetal o cuando los tratamientos atraviesan la placenta y pueden influir sobre la tiroides o el metabolismo mineral del feto. En el contexto de las enfermedades paratiroideas, la situación más típica es el hiperparatiroidismo primario materno con hipercalcemia persistente. El principal riesgo neonatal es la hipocalcemia neonatal causada por la supresión del eje paratiroideo fetal. Este riesgo aumenta cuanto mayores son las concentraciones de calcio y más prolongada es la exposición, y puede manifestarse durante las primeras horas o días de vida con irritabilidad, temblores, tetania o crisis convulsivas.

La vigilancia durante el embarazo se basa en la integración de los datos maternos con la monitorización obstétrica. La evaluación seriada de la calcemia y del perfil bioquímico dependiente de la PTH orienta la estratificación del riesgo y la necesidad de intensificar el seguimiento. La ecografía fetal evalúa el crecimiento, el volumen del líquido amniótico y el bienestar fetal y, en condiciones graves o inestables, puede ser necesaria una vigilancia más estrecha para identificar precozmente signos de compromiso placentario o restricción del crecimiento. No existe un único marcador ecográfico patognomónico de los trastornos fetales del calcio, por lo que las decisiones clínicas dependen principalmente de la gravedad y la estabilidad del cuadro materno.

En el recién nacido, la medida preventiva más eficaz es de carácter organizativo: el equipo neonatal debe estar informado antes del parto cuando la madre presenta hiperparatiroidismo, hipercalcemia o hipoparatiroidismo en tratamiento activo, de modo que pueda planificarse la medición de la calcemia neonatal y el manejo precoz de los síntomas. En caso de hipocalcemia neonatal, el tratamiento puede requerir calcio y, en determinados casos, calcitriol, junto con una monitorización estrecha. Un tratamiento oportuno reduce las complicaciones neurológicas y estabiliza la adaptación posnatal.

En las mujeres con hipoparatiroidismo, la estabilidad materna protege al feto y facilita una adaptación neonatal más regular. Sin embargo, el posparto, especialmente durante la lactancia, puede modificar rápidamente el balance del calcio materno y las necesidades terapéuticas. Por este motivo, la vigilancia debe considerarse un proceso continuo que abarque el embarazo, el parto y el puerperio, respaldado por un plan escrito y compartido entre endocrinología, obstetricia y neonatología.

Parto, lactancia y posparto

El posparto constituye una fase de rápida transición durante la cual el balance del calcio puede cambiar con mayor rapidez que durante el embarazo. Con el inicio de la lactancia, aumenta la producción mamaria de PTHrP y puede favorecer la movilización de calcio desde el esqueleto materno para sostener la producción de leche. En una mujer con hipoparatiroidismo, esto puede reducir las necesidades de calcio y calcitriol y generar un riesgo de hipercalcemia si las dosis no se revisan. En una mujer con hiperparatiroidismo o hipercalcemia preexistente, la lactancia puede, en situaciones raras, agravar aún más la hipercalcemia y requerir una monitorización más estrecha.

Durante el puerperio, las manifestaciones clínicas pueden confundirse fácilmente con síntomas inespecíficos del posparto. El cansancio, el insomnio, la irritabilidad y las molestias gastrointestinales pueden atribuirse al periodo posterior al parto, aunque también pueden reflejar hipocalcemia o hipercalcemia. En las pacientes con una enfermedad paratiroidea conocida, el seguimiento posparto no es opcional. Los controles programados de la calcemia y del metabolismo del calcio y el fósforo durante las primeras semanas permiten adaptar el tratamiento antes de que aparezcan síntomas graves o complicaciones renales.

La planificación del posparto también incluye la atención reproductiva futura. En las mujeres con hiperparatiroidismo primario manejado de forma conservadora durante el embarazo, la evaluación definitiva y, cuando esté indicada, la cirugía deben programarse después del parto en un momento compatible con las necesidades maternas y la lactancia. En las mujeres con hipoparatiroidismo, la determinación de una dosis estable en el posparto y el manejo del tratamiento durante la lactancia reducen las oscilaciones, mejoran la calidad de vida y preparan a la paciente para futuros embarazos con un plan ya estructurado.

En conjunto, el pronóstico materno y neonatal es favorable cuando la enfermedad se reconoce de forma precoz, las pruebas de laboratorio se interpretan correctamente, prestando especial atención al calcio ionizado y al contexto clínico, y existe un plan coordinado que abarque el embarazo, el parto y el puerperio. Los peores resultados se deben principalmente a diagnósticos tardíos, hipercalcemia significativa no reconocida o hipocalcemia inestable y mal monitorizada, situaciones en las que se reduce la ventana temporal para intervenir y aumenta rápidamente la complejidad clínica.

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