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Hipocalcemia neonatal

La hipocalcemia neonatal es un trastorno clínico y bioquímico en el que la reducción del calcio ionizado en el recién nacido refleja un fallo transitorio o persistente de los mecanismos que permiten pasar de la homeostasis mineral fetal, regulada por la transferencia placentaria, a una regulación autónoma basada en la hormona paratiroidea (PTH), la vitamina D y la función renal. Durante las primeras horas de vida, el recién nacido atraviesa una reorganización fisiológica del metabolismo del calcio que puede incluir una disminución de la calcemia. La hipocalcemia se vuelve patológica cuando supera la capacidad de compensación endocrina y provoca inestabilidad neuromuscular o cardíaca, o cuando representa la manifestación de un trastorno subyacente del eje paratiroideo, del metabolismo del fosfato o del equilibrio del magnesio.

Desde el punto de vista clínico, la importancia de la hipocalcemia neonatal no reside únicamente en su frecuencia, especialmente en las poblaciones de riesgo, sino también en su posible gravedad. La tetania, el laringoespasmo, la apnea, la irritabilidad, la prolongación del intervalo QT y las crisis convulsivas pueden aparecer rápidamente cuando la reducción del calcio ionizado es significativa. Además, la hipocalcemia puede ser la primera manifestación de trastornos determinados genéticamente o sindrómicos, como el hipoparatiroidismo congénito o la deleción 22q11.2, o la consecuencia previsible de enfermedades maternas, especialmente la hipercalcemia causada por hiperparatiroidismo, que suprime el eje paratiroideo fetal y predispone a la hipocalcemia posnatal.

Transición fisiológica del calcio después del nacimiento

En el feto, el calcio se transfiere activamente a través de la placenta y los niveles fetales de calcio total e ionizado se mantienen relativamente elevados en comparación con los maternos, favoreciendo la mineralización esquelética. Al nacer, la interrupción brusca del flujo placentario elimina la principal fuente de calcio y obliga al recién nacido a activar rápidamente un sistema de regulación endocrina que integra la secreción de PTH, la disponibilidad de vitamina D y las respuestas renal y ósea. Durante esta fase, una reducción transitoria de la calcemia puede ser fisiológica, pero se vuelve peligrosa cuando el eje paratiroideo es inmaduro, existen factores que reducen la secreción o la acción de la PTH o la carga de fosfato es excesiva con respecto a la capacidad de excreción del riñón neonatal.

La maduración del eje PTH-vitamina D es gradual. La PTH debe aumentar en respuesta a la disminución del calcio ionizado y favorecer la reabsorción renal de calcio, la fosfaturia y, de manera indirecta, la producción de calcitriol, que incrementa la absorción intestinal. Sin embargo, el riñón neonatal presenta una capacidad de concentración y una respuesta tubular todavía en proceso de maduración, por lo que puede manejar de forma menos eficaz la carga de fosfato o las variaciones de la filtración glomerular. Esto explica por qué la hipocalcemia neonatal suele ser un fenómeno multifactorial en el que la reducción del calcio no puede interpretarse sin considerar el fosfato, el magnesio, la PTH y el contexto alimentario.

Algunos recién nacidos presentan una vulnerabilidad intrínseca mayor. Los prematuros tienen menores reservas minerales porque gran parte de la acumulación de calcio y fosfato se produce durante el tercer trimestre. Además, pueden recibir un aporte mineral insuficiente y tienen una función renal más inmadura. Los recién nacidos con asfixia perinatal, sepsis o estrés sistémico también pueden desarrollar hipocalcemia porque el estrés modifica el punto de ajuste y la disponibilidad de calcio ionizado, altera la perfusión tisular y puede modificar la respuesta de la PTH y del riñón. En este contexto, la hipocalcemia puede ser un marcador de gravedad sistémica y no solamente una alteración electrolítica.

Por último, la vulnerabilidad depende del equilibrio entre la disponibilidad de calcio y la carga de fosfato. Una proporción relevante de los casos de hipocalcemia tardía se relaciona con un exceso de fosfato alimentario, que se une al calcio y estimula una respuesta endocrina que puede resultar insuficiente en el recién nacido. Este mecanismo es esencial porque orienta el tratamiento: corregir únicamente la calcemia sin reducir la carga de fosfato o sin reconocer un hipoparatiroidismo subyacente conduce con frecuencia a recurrencias o a una corrección inestable.

Hipocalcemia precoz y tardía

En el período neonatal resulta útil distinguir dos fenotipos temporales porque presentan probabilidades preprueba y mecanismos diferentes: la hipocalcemia precoz, que aparece típicamente durante las primeras 72 horas de vida, y la hipocalcemia tardía, que aparece después de las 72 horas, a menudo hacia el final de la primera semana o durante las semanas posteriores. La primera es más frecuente y puede ser asintomática, relacionada con la transición fisiológica y con factores de riesgo como la prematuridad, la diabetes materna, la asfixia o la sepsis. La segunda es menos frecuente, pero más habitualmente sintomática, y se asocia con mayor intensidad a causas como el exceso de fosfato alimentario, la deficiencia de vitamina D, la hipomagnesemia o el hipoparatiroidismo congénito o sindrómico.

Esta distinción no es únicamente cronológica. La hipocalcemia precoz tiende a reflejar un retraso o una insuficiencia en el aumento de la PTH y en la adaptación renal y puede coexistir con estrés perinatal e inestabilidad respiratoria o hemodinámica. La hipocalcemia tardía, por el contrario, suele estar sostenida por un desequilibrio más estructurado entre la carga de fosfato, la disponibilidad de vitamina D y la capacidad de secreción de PTH, y puede constituir la primera manifestación de una enfermedad endocrina persistente. Por tanto, el momento de aparición orienta la elección de las pruebas y la profundidad del estudio diagnóstico.

También es importante distinguir entre el calcio total y el calcio ionizado. En el recién nacido, la fracción ionizada es el determinante biológico de los síntomas neuromusculares y cardíacos, mientras que el calcio total puede verse afectado por la albúmina y el estado acidobásico. Para tomar decisiones clínicas, especialmente en presencia de síntomas o en recién nacidos críticos, la medición del calcio ionizado reduce la incertidumbre y permite una corrección más segura, sobre todo cuando la alcalosis respiratoria o metabólica disminuye la fracción ionizada a pesar de que el calcio total permanezca estable.

Etiología y mecanismos patogénicos

Las causas de la hipocalcemia neonatal pueden organizarse según su mecanismo. Un primer grupo incluye los trastornos en los que la secreción de PTH es inadecuada: hipoparatiroidismo congénito aislado, hipoparatiroidismo sindrómico, especialmente asociado a la deleción 22q11.2, hipoparatiroidismo transitorio y situaciones en las que la PTH es funcionalmente baja debido a hipomagnesemia. En estos casos, es frecuente la combinación de hipocalcemia e hiperfosfatemia porque, sin una acción adecuada de la PTH, no aumenta la fosfaturia y el fosfato tiende a elevarse, reduciendo todavía más la disponibilidad de calcio.

Un segundo grupo comprende los trastornos en los que la PTH está presente, pero la disponibilidad de vitamina D o la respuesta de los órganos diana es insuficiente. La deficiencia materna y neonatal de vitamina D puede causar hipocalcemia, a menudo con signos de hiperparatiroidismo secundario cuando el eje está íntegro, aunque en el recién nacido la respuesta puede ser incompleta o quedar enmascarada por otras comorbilidades. En algunos casos, la hipocalcemia constituye la manifestación inicial de errores congénitos del metabolismo de la vitamina D o de resistencias del receptor. Se trata de trastornos raros, pero clínicamente relevantes porque requieren estrategias terapéuticas específicas y seguimiento a largo plazo.

Un tercer grupo incluye las causas mediadas por fosfato, típicas de la forma tardía. El exceso de fosfato alimentario, históricamente relacionado con fórmulas que contenían concentraciones elevadas de fosfato, aumenta la fosfatemia y reduce el calcio ionizado. En esta situación, la PTH puede aumentar, pero la capacidad del riñón neonatal para eliminar el fosfato puede ser insuficiente. Por ello, la corrección de la calcemia requiere suplementación de calcio, reducción de la carga de fosfato y, cuando esté indicado, apoyo con vitamina D activa.

Las enfermedades maternas son fundamentales porque pueden condicionar la respuesta neonatal. Cuando la madre presenta hiperparatiroidismo primario u otra causa de hipercalcemia, el feto queda expuesto a niveles elevados de calcio y reduce su secreción paratiroidea. Después del nacimiento, esta situación puede provocar una hipocalcemia grave con PTH baja o inapropiadamente normal. En este contexto, la hipocalcemia neonatal es consecuencia de la supresión endocrina fetal y puede requerir un tratamiento más intensivo y una monitorización más prolongada, ya que la recuperación de la función paratiroidea puede retrasarse.

Por último, existen causas iatrogénicas y relacionadas con los cuidados intensivos, como las transfusiones masivas con citrato, la alcalosis inducida por la ventilación, los tratamientos que modifican el magnesio y el calcio y la nutrición parenteral desequilibrada. En estas situaciones, el mecanismo principal puede ser una reducción del calcio ionizado o un balance mineral insuficiente para las necesidades de crecimiento, lo que exige una corrección adaptada al contexto crítico y a la seguridad cardíaca del recién nacido.

    Asociaciones orientativas útiles en la práctica clínica

  • Hipocalcemia con hiperfosfatemia y PTH baja o inapropiada: sospecha de hipoparatiroidismo o hipomagnesemia.
  • Hipocalcemia con fosfato elevado y antecedente de alimentación rica en fosfato: hipocalcemia tardía mediada por fosfato.
  • Hipocalcemia en un recién nacido de madre hipercalcémica: posible supresión del eje paratiroideo fetal con PTH neonatal baja.

Estos patrones orientativos no sustituyen el diagnóstico, pero evitan el error más frecuente: tratar la hipocalcemia como un episodio aislado sin reconocer que el fosfato, el magnesio y la PTH determinan la probabilidad de recurrencia y la elección entre un tratamiento transitorio y un seguimiento endocrinológico estructurado.

Manifestaciones clínicas

La presentación clínica de la hipocalcemia neonatal es variable y depende de la rapidez de instauración, del nivel de calcio ionizado y de la vulnerabilidad neurológica del recién nacido. Una proporción relevante de los casos de hipocalcemia precoz es asintomática y se detecta durante el cribado de recién nacidos de riesgo, como los prematuros o los hijos de madres con diabetes. En estos casos, el principal riesgo no es el episodio aislado, sino la progresión hacia una inestabilidad neuromuscular si la calcemia continúa disminuyendo o si coexisten alcalosis e hipomagnesemia.

Cuando es sintomática, la hipocalcemia se manifiesta mediante signos neuromusculares que reflejan un aumento de la excitabilidad: temblores, sobresaltos, irritabilidad, mioclonías, hiperreflexia, crisis de tetania, laringoespasmo y, en los casos más graves, convulsiones. El cuadro clínico puede incluir apnea o episodios de desaturación, especialmente en los prematuros, en quienes la distinción entre apnea de la prematuridad e inestabilidad electrolítica requiere una valoración analítica y una integración clínica.

El sistema cardiovascular constituye otro órgano diana. La hipocalcemia puede prolongar el intervalo QT y predisponer a arritmias, sobre todo en recién nacidos críticos o con cardiopatías congénitas. En algunos contextos, la cardiopatía congénita y la hipocalcemia coexisten no por una relación causal directa, sino porque ambas pueden formar parte de un síndrome, como la deleción 22q11.2, en la que el hipoparatiroidismo o la disminución de la reserva de PTH se asocian a defectos cardíacos conotruncales. En estas situaciones, la hipocalcemia no es un hallazgo accidental, sino una señal que debe activar un proceso diagnóstico sindrómico.

El momento de aparición orienta la sospecha clínica. La aparición tardía de convulsiones en un recién nacido previamente estable aumenta la probabilidad de una causa mediada por fosfato, deficiencia de vitamina D, hipomagnesemia o hipoparatiroidismo congénito. Una aparición muy precoz en un recién nacido crítico puede estar relacionada con estrés perinatal, asfixia, sepsis o prematuridad. En ambos casos, la clínica no es suficiente: la hipocalcemia es un fenómeno bioquímico con diferentes trayectorias posibles y su correcta interpretación requiere un panel diagnóstico completo y oportuno.

Pruebas diagnósticas y diagnóstico

El diagnóstico comienza con la confirmación de la reducción del calcio ionizado o, cuando no esté disponible, del calcio total corregido por la albúmina e interpretado con cautela. En presencia de síntomas neurológicos o cardíacos, la confirmación debe ser rápida y acompañarse de una valoración electrocardiográfica del intervalo QT y de posibles arritmias. La segunda fase consiste en definir el contexto metabólico mediante la medición de fosfato, magnesio, creatinina, estado acidobásico y glucemia. Este paso es esencial porque la hipomagnesemia y la alcalosis pueden hacer ineficaz el tratamiento con calcio si no se corrigen simultáneamente.

La tercera fase consiste en el estudio endocrinológico mediante la determinación de PTH y 25-hidroxivitamina D. La PTH debe interpretarse como una respuesta apropiada o inapropiada con respecto al nivel de calcio. Una PTH baja o insuficientemente elevada en un recién nacido hipocalcémico constituye un indicio sólido de hipoparatiroidismo o de hipomagnesemia que inhibe la secreción de PTH. Una PTH elevada orienta hacia deficiencia de vitamina D, elevada carga de fosfato o resistencia periférica y desplaza la atención hacia el manejo nutricional y el metabolismo de la vitamina D. En los cuadros persistentes o graves, la medición del calcitriol puede ayudar a distinguir los defectos de síntesis o de respuesta, aunque la prioridad sigue siendo la estabilización clínica.

El diagnóstico diferencial debe incluir enfermedades genéticas y sindrómicas cuando el fenotipo lo sugiera. En un recién nacido con hipocalcemia y cardiopatía conotruncal, paladar hendido, rasgos dismórficos o infecciones recurrentes, la deleción 22q11.2 se convierte en una sospecha clínica concreta y requiere un estudio específico. En un recién nacido con hipocalcemia persistente, hiperfosfatemia y PTH baja, sin signos sindrómicos evidentes, debe considerarse el hipoparatiroidismo congénito aislado o la presencia de variantes en genes que regulan el desarrollo y la función paratiroidea. Esto requiere valoración especializada, ya que el pronóstico y el asesoramiento familiar cambian cuando el trastorno está determinado genéticamente.

Un aspecto específico es la hipocalcemia causada por supresión fetal en hijos de madres hipercalcémicas. En este contexto, el diagnóstico exige recoger detalladamente los antecedentes maternos y, cuando sea posible, determinar la calcemia y la PTH maternas. El recién nacido puede presentar una PTH baja y una hipocalcemia incluso grave. La evolución puede ser transitoria, pero requiere monitorización porque la recuperación de la secreción paratiroidea puede ser lenta. Este diagnóstico también es importante porque permite prevenir nuevos episodios en embarazos posteriores mediante un tratamiento materno adecuado.

Por último, la valoración debe repetirse a lo largo del tiempo. La dinámica de las primeras horas y días cambia rápidamente y un único panel analítico puede no reflejar la trayectoria completa. El seguimiento analítico programado permite distinguir las formas transitorias de las persistentes, evita correcciones excesivas y reduce la probabilidad de recurrencias, que son especialmente peligrosas cuando se manifiestan con crisis convulsivas.

Tratamiento

El tratamiento de la hipocalcemia neonatal depende de la gravedad clínica y de la presencia de síntomas. En presencia de convulsiones, tetania, laringoespasmo, inestabilidad cardíaca o prolongación marcada del intervalo QT, la prioridad es corregir rápida y eficazmente el calcio ionizado mediante calcio intravenoso, habitualmente gluconato de calcio, administrado lentamente y con monitorización cardíaca para reducir el riesgo de bradiarritmias y extravasación. La corrección aguda debe ir seguida de una estrategia de mantenimiento porque el efecto del bolo es transitorio y la hipocalcemia reaparece si no se corrige la causa y no se garantiza un aporte continuo adecuado.

En las formas asintomáticas o leves, puede administrarse suplementación enteral de calcio, ajustada al peso y a la respuesta bioquímica. La elección entre la estrategia intravenosa y la oral no depende únicamente del nivel de calcio, sino también de la estabilidad clínica, la capacidad de alimentación, la presencia de vómitos y la probabilidad de que exista un mecanismo persistente. En los prematuros o en los recién nacidos críticos suele ser necesario un enfoque más intensivo porque la reserva mineral es menor y las oscilaciones son más rápidas.

La corrección del magnesio es con frecuencia un componente determinante. Cuando la hipocalcemia está causada o agravada por hipomagnesemia, el tratamiento con calcio puede resultar ineficaz hasta que se corrija el magnesio, porque la secreción y la acción de la PTH permanecen alteradas. Del mismo modo, en las formas tardías mediadas por fosfato, reducir la carga de fosfato y corregir la alimentación es esencial para estabilizar la calcemia. Sin esta intervención, la administración de calcio representa una corrección superficial que no interrumpe el mecanismo subyacente.

Cuando la hipocalcemia se debe a hipoparatiroidismo, el tratamiento requiere a menudo la administración de calcitriol además de calcio, porque en ausencia de PTH la conversión renal a calcitriol puede ser insuficiente y la absorción intestinal de calcio puede no garantizar niveles estables. El calcitriol permite aumentar de forma predecible la absorción y reducir la necesidad de dosis elevadas de calcio, pero exige una monitorización estrecha para evitar la hipercalcemia y la hipercalciuria. En las formas genéticas persistentes, el manejo se convierte en un proceso crónico con objetivos de seguridad renal y crecimiento, además de vigilancia longitudinal de la calciuria y de la función renal.

En las formas relacionadas con la deficiencia de vitamina D, el tratamiento incluye suplementación de vitamina D y adecuación del aporte de calcio. Debe tenerse en cuenta que la respuesta requiere tiempo y que, durante este período, puede ser necesaria la administración de calcio y, en casos seleccionados, calcitriol como tratamiento transitorio. También en este caso el tratamiento debe individualizarse porque la deficiencia puede reflejar un trastorno materno o familiar que, si no se corrige, expone al niño a recurrencias y a hipocalcemia en etapas posteriores.

Por último, el tratamiento de las convulsiones hipocalcémicas debe ser integral. Controlar la crisis sin corregir rápidamente el calcio expone al recién nacido a recurrencias, mientras que corregir el calcio sin identificar una hipomagnesemia o una elevada carga de fosfato conduce a inestabilidad persistente. La estrategia eficaz es siempre combinada y orientada por la fisiopatología, con reevaluaciones frecuentes durante las primeras 24-48 horas.

Seguimiento y pronóstico

El pronóstico de la hipocalcemia neonatal depende principalmente de la etiología. Las formas precoces relacionadas con la transición fisiológica y los factores perinatales suelen resolverse con una corrección breve y la optimización del aporte mineral, especialmente cuando el recién nacido es a término y no presenta comorbilidades. Las formas tardías tienen mayor probabilidad de ser sintomáticas y de requerir una valoración más amplia, aunque también en este grupo muchas causas son corregibles, como el exceso de fosfato alimentario o la deficiencia de vitamina D, cuando se reconocen oportunamente.

Las formas persistentes, por el contrario, modifican la trayectoria clínica. El hipoparatiroidismo congénito o sindrómico puede requerir tratamiento prolongado con calcio y calcitriol, monitorización del crecimiento, de la función renal y del riesgo de nefrocalcinosis. La hipocalcemia asociada a la deleción 22q11.2 también puede ser intermitente y relacionarse con una reserva reducida de PTH que se hace evidente en situaciones de estrés. Esto implica que el seguimiento no debe limitarse a la normalización inicial, sino que debe considerar el riesgo de recurrencia durante infecciones, intervenciones quirúrgicas o períodos de crecimiento rápido.

Por tanto, el seguimiento debe estar estructurado. Después de un episodio sintomático, es prudente programar controles estrechos del calcio ionizado o del calcio total corregido, del fosfato y del magnesio, y reevaluar la PTH y la vitamina D una vez superada la fase aguda. En los recién nacidos con factores de riesgo maternos, especialmente en los hijos de madres hipercalcémicas, la vigilancia durante las primeras semanas es esencial porque la recuperación paratiroidea puede ser tardía y la hipocalcemia puede reaparecer después del alta si no se planifica un seguimiento ambulatorio.

La prevención de las recurrencias es a menudo nutricional y organizativa. En los casos mediados por fosfato, la elección de la fórmula y la educación de la familia tienen un efecto directo. En los casos relacionados con deficiencia de vitamina D, la valoración y la corrección del trastorno materno y familiar reducen la probabilidad de nuevos episodios. En las enfermedades sindrómicas, la coordinación entre neonatología, endocrinología pediátrica y, cuando esté indicado, genética clínica mejora la continuidad asistencial y permite ofrecer un asesoramiento realista sobre el riesgo de recurrencia y las medidas de seguridad.

Complicaciones

Las complicaciones de la hipocalcemia neonatal derivan de dos mecanismos principales: la inestabilidad aguda del calcio ionizado y las consecuencias a medio plazo de un tratamiento inadecuadamente ajustado. En la fase aguda, la complicación más temida es la crisis convulsiva, que puede ser prolongada y recurrente si no se corrige el calcio o si persiste la causa. La inestabilidad respiratoria, con apnea o laringoespasmo, puede complicar aún más el cuadro en los prematuros. Desde el punto de vista cardíaco, la prolongación del intervalo QT y las arritmias representan un riesgo especialmente en los recién nacidos críticos, en quienes la hipocalcemia puede coexistir con otros desequilibrios electrolíticos.

Desde el punto de vista iatrogénico, el calcio intravenoso puede causar bradiarritmias si se administra con demasiada rapidez y puede producir daño tisular si se extravasa. Por este motivo, la seguridad de la infusión y la monitorización forman parte integral del tratamiento. En las formas que requieren tratamiento prolongado con calcitriol y calcio, el principal riesgo es la hipercalciuria con nefrocalcinosis o nefrolitiasis a largo plazo. Esta complicación no es inmediata, pero se convierte en un problema clínico real cuando se mantienen objetivos de calcemia excesivamente elevados o no se monitorizan adecuadamente la función renal y la calciuria.

Por último, la falta de un diagnóstico etiológico puede tener consecuencias sistémicas. Un episodio de hipocalcemia que constituye en realidad la primera manifestación de un síndrome como la deleción 22q11.2 puede representar una oportunidad diagnóstica perdida si no se reconocen los signos asociados. Por el contrario, un estudio correcto permite prevenir nuevos episodios, programar seguimiento cardiológico e inmunológico cuando sea necesario y reducir la morbilidad global.

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