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Bloque Auriculoventricular (BAV)

El bloqueo auriculoventricular (BAV) es un trastorno de la conducción en el que el impulso eléctrico generado en las aurículas no se transmite correctamente a los ventrículos a través del nodo auriculoventricular (AV) y el sistema His-Purkinje. La gravedad del bloqueo varía desde un simple retraso en la conducción hasta una interrupción completa de la transmisión, con consecuencias hemodinámicas potencialmente severas.


El BAV representa una de las principales causas de bradicardia patológica y puede ser transitorio o permanente, según la causa subyacente. En los casos más avanzados, cuando la conducción auriculoventricular está completamente interrumpida, el ritmo ventricular depende de un foco de escape, que puede ser de origen auriculoventricular (juncional) o ventricular. Estos ritmos de escape, si son inadecuados, pueden provocar síncope, insuficiencia cardíaca y, en los casos más graves, paro cardíaco súbito.


Es fundamental distinguir el BAV de otras formas de trastornos de la conducción, en particular del bloqueo sinoauricular. En el BAV, el impulso es generado normalmente por el nodo sinusal, pero su transmisión a los ventrículos está retrasada o bloqueada a nivel del nodo AV o de las ramas del sistema His-Purkinje. En cambio, en el bloqueo sinoauricular, el problema radica en la generación del impulso mismo o en su transmisión a las aurículas, causando pausas en las que la onda P está ausente en el ECG. Esta diferencia es crucial, dado que el tratamiento y las implicaciones clínicas de ambas condiciones son muy distintas.

Clasificación

El BAV se clasifica según la gravedad del trastorno de la conducción:


El reconocimiento temprano del BAV es esencial para evitar complicaciones potencialmente graves, especialmente en pacientes con riesgo de deterioro hemodinámico. El manejo del BAV varía según la gravedad del bloqueo y las condiciones clínicas del paciente, con la posible necesidad de monitorización prolongada, medicamentos o implantación de marcapasos definitivo.

Etiología

Las causas del bloqueo auriculoventricular (BAV) se dividen en intrínsecas, cuando el daño afecta directamente al nodo AV o al sistema His-Purkinje, y extrínsecas, cuando el bloqueo se debe a factores externos que afectan temporalmente la conducción.


Causas intrínsecas (daño directo al nodo AV o al sistema de conducción):


Causas extrínsecas (factores externos que alteran temporalmente la conducción AV):

Patogenia

El bloqueo auriculoventricular (BAV) ocurre cuando la transmisión del impulso eléctrico de las aurículas a los ventrículos se ralentiza o interrumpe a nivel del nodo AV o del sistema His-Purkinje. El mecanismo subyacente varía según el tipo y grado de bloqueo, con consecuencias diferentes sobre la hemodinámica y el ritmo cardíaco.


Las causas del BAV pueden clasificarse en dos mecanismos principales:


La progresión del bloqueo depende de la localización del daño:

Fisiopatología

Las consecuencias hemodinámicas del BAV varían según el grado de bloqueo y la capacidad del corazón para compensar la reducción de la frecuencia cardíaca.


En pacientes con BAV avanzado, la reducción de la frecuencia cardíaca y la pérdida de sincronía auriculoventricular pueden conducir a hipotensión, insuficiencia cardíaca e intolerancia al esfuerzo. El tratamiento precoz es esencial para evitar complicaciones graves.

Factores de riesgo y prevención

Los factores de riesgo aumentan la probabilidad de desarrollar un bloqueo auriculoventricular, aunque no son causas directas. Su reconocimiento es fundamental para identificar a los pacientes más predispuestos y adoptar estrategias de prevención.

Factores predisponentes al BAV:


No siempre es posible prevenir el bloqueo auriculoventricular, especialmente en formas relacionadas con degeneración fibrótica o enfermedades genéticas. Sin embargo, algunas estrategias pueden reducir el riesgo de desarrollar un bloqueo AV avanzado.
El control de las cardiopatías es un aspecto fundamental, ya que el tratamiento precoz de condiciones como la insuficiencia cardíaca y las valvulopatías puede contribuir a preservar la conducción auriculoventricular normal.
Otro elemento crucial es el seguimiento de la terapia farmacológica, sobre todo en pacientes tratados con fármacos bradicardizantes, para los que es esencial realizar controles periódicos del ECG para detectar precozmente signos de enlentecimiento de la conducción.
También la corrección de desequilibrios metabólicos juega un papel importante: la adecuada gestión del hipotiroidismo, las alteraciones electrolíticas y la hiperpotasemia puede prevenir la aparición de anomalías en la transmisión del impulso eléctrico.
Finalmente, en los procedimientos quirúrgicos cardiacos es fundamental prestar especial atención al respeto de las estructuras de conducción, reduciendo así el riesgo de daño iatrogénico.

La prevención adquiere especial importancia en pacientes con múltiples factores de riesgo, ya que la progresión hacia formas más avanzadas de bloqueo auriculoventricular puede producirse de manera insidiosa y asintomática.

Manifestaciones clínicas

Las manifestaciones clínicas del bloqueo auriculoventricular (BAV) dependen del grado de afectación de la conducción y de la capacidad del corazón para compensar la reducción de la frecuencia ventricular. En los casos más leves, el trastorno suele ser asintomático y se descubre de forma incidental. En bloqueos más avanzados, la reducción de la perfusión cerebral y sistémica puede provocar síntomas severos hasta la síncope.

🔹 BAV de primer grado

El BAV de primer grado suele ser bien tolerado porque todos los impulsos auriculares logran llegar a los ventrículos, aunque con retraso en la conducción. Por esta razón, muchos pacientes permanecen asintomáticos y el trastorno se detecta solo durante un ECG de rutina. Sin embargo, en casos con intervalo PR muy prolongado, el paciente puede referir cansancio leve o intolerancia al esfuerzo, debido a que la contracción auricular está desincronizada respecto a la ventricular, reduciendo la eficacia del gasto cardíaco.

En la exploración física, el ritmo cardíaco aparece regular, sin alteraciones evidentes de la frecuencia. El pulso periférico no presenta irregularidades y la auscultación cardíaca no evidencia pausas significativas, haciendo que la detección clínica del trastorno sea difícil sin un ECG.

🔹 BAV de segundo grado

En el BAV de segundo grado, algunos impulsos auriculares no se conducen a los ventrículos, causando pausas en el ritmo cardíaco. El cuadro clínico varía según la gravedad del trastorno.

En el Mobitz I (Wenckebach), el paciente suele estar asintomático, gracias a la capacidad del nodo AV de mantener conducción intermitente. Sin embargo, en sujetos con reserva cronotrópica reducida, la alteración del ritmo puede manifestarse con ligera sensación de mareo o palpitaciones. En algunos casos, especialmente en ancianos o pacientes con enfermedades cardiovasculares, la disminución del latido puede provocar episodios de lipotimia.

Durante la exploración, el ritmo cardíaco puede ser ligeramente irregular y en la auscultación es posible percibir la ausencia intermitente de un latido, correspondiente al impulso auricular no conducido.

En el Mobitz II, el bloqueo de conducción es más impredecible y tiende a evolucionar hacia formas más graves. El paciente puede quejarse de vértigos y lipotimias más frecuentes, a menudo acompañadas de episodios sincopales debidos a pausas ventriculares súbitas. La reducción del gasto cardíaco también puede provocar fatiga y disnea, especialmente durante el esfuerzo.

Clínicamente, el pulso aparece irregular, con latidos ausentes detectables a la palpación. La auscultación cardíaca evidencia pausas súbitas que no siguen el patrón progresivo del Mobitz I. En casos avanzados, puede aparecer hipotensión transitoria.

🔹 BAV de tercer grado (completo)

El BAV de tercer grado es la forma más grave, caracterizada por la ausencia total de conducción auriculoventricular. Las aurículas y los ventrículos se activan independientemente, y los ventrículos dependen exclusivamente de un ritmo de escape, cuya origen determina la gravedad clínica. Si el ritmo de escape es juncional (40-60 lpm), el paciente puede manifestar solo fatiga y vértigos ocasionales. Sin embargo, si el ritmo de escape es ventricular (<40 lpm), la frecuencia cardíaca se vuelve insuficiente para garantizar una perfusión adecuada a los órganos vitales, causando episodios sincopales recurrentes.

En los casos más graves, el paciente puede presentar síncope de Stokes-Adams, caracterizado por una pérdida súbita y transitoria de conciencia debido a asistolia temporal antes de la activación del ritmo de escape. Algunos pacientes también pueden quejarse de disnea de esfuerzo y dolor torácico, especialmente si coexiste una cardiopatía isquémica.

En la exploración física, la bradicardia es evidente, con frecuencia ventricular muy baja y no relacionada con la actividad auricular. El pulso yugular puede mostrar ondas en cañón, debidas a la contracción auricular contra una válvula AV cerrada, evidenciando la disociación auriculoventricular. En pacientes con insuficiencia cardíaca pueden estar presentes signos de congestión pulmonar e hipotensión severa.

El BAV completo representa una urgencia cardiológica y requiere evaluación inmediata, ya que puede evolucionar rápidamente hacia asistolia y paro cardíaco, siendo necesaria la implantación urgente de un marcapasos definitivo.

Diagnóstico

El diagnóstico del bloqueo auriculoventricular (BAV) se basa en una valoración clínica cuidadosa y en la confirmación electrocardiográfica. La sospecha diagnóstica surge ante la presencia de bradicardia, síntomas de hipoperfusión cerebral o síncope, especialmente en pacientes con factores de riesgo cardiovasculares.

El primer paso es la anamnesis, en la que el médico investiga la presencia de episodios sincopales, vértigos, fatiga o palpitaciones, evaluando medicamentos usados y condiciones predisponentes, como cardiopatías isquémicas o cirugías recientes. La exploración física puede revelar bradicardia marcada, pausas en los latidos cardíacos y signos de insuficiencia cardíaca en casos avanzados.

Electrocardiograma (ECG)

El ECG de 12 derivaciones es la prueba clave para el diagnóstico del BAV y permite definir su grado:


Además de clasificar el BAV, el ECG ayuda a identificar posibles causas subyacentes. La presencia de signos de infarto de miocardio puede sugerir origen isquémico del bloqueo, mientras que anomalías en el QRS (p. ej., bloqueo de rama) pueden indicar compromiso del sistema His-Purkinje.

Monitorización prolongada

En pacientes con síntomas sugestivos pero ECG normal o sospecha de BAV intermitente, se emplean métodos de registro prolongado.

Estas pruebas son fundamentales para diferenciar el BAV de otros trastornos de la conducción o arritmias paroxísticas.

Pruebas farmacológicas y funcionales

En algunos casos, pruebas específicas pueden ayudar a esclarecer el mecanismo del bloqueo y valorar su gravedad:

Estudio electrofisiológico (EEF)

El EEF está indicado en pacientes con bloqueo de segundo grado tipo Mobitz II o con BAV de origen incierto, para determinar el nivel del bloqueo y valorar la necesidad de un marcapasos.

Un diagnóstico preciso permite distinguir entre formas benignas y aquellas que requieren tratamiento inmediato, garantizando la mejor gestión para el paciente.

Tratamiento y pronóstico

El tratamiento del bloqueo auriculoventricular (BAV) varía según el grado del bloqueo, la presencia de síntomas y la causa subyacente. Mientras que el BAV de primer grado y algunas formas de BAV de segundo grado pueden manejarse con vigilancia y tratamiento médico, el BAV avanzado suele requerir un marcapasos permanente para prevenir complicaciones graves.

🔹 Manejo del BAV de primer grado

El BAV de primer grado suele ser bien tolerado y no requiere tratamiento específico, salvo cuando es secundario a causas reversibles, como el uso de fármacos bradicardizantes o desequilibrios electrolíticos. En pacientes con PR muy prolongado (>300 ms) y síntomas de intolerancia al esfuerzo, puede considerarse la reducción o suspensión de la terapia bradicardizante.

🔹 Tratamiento del BAV de segundo grado

El manejo del BAV de segundo grado depende del tipo:

🔹 Tratamiento del BAV de tercer grado

El BAV completo es una condición potencialmente letal que requiere intervención inmediata. En pacientes hemodinámicamente inestables se procede con:

En pacientes con infarto agudo de miocardio complicado con BAV completo, la necesidad de pacing depende de la localización de la isquemia: en bloqueos post-infarto inferior, el bloqueo puede ser transitorio, mientras que en bloqueos por infarto anterior, la degeneración del sistema His-Purkinje hace necesaria la implantación definitiva del marcapasos.

🔹 Pronóstico

El pronóstico del BAV depende de la gravedad del bloqueo y de la rapidez en el tratamiento. El BAV de primer grado y el Mobitz I tienen generalmente un pronóstico benigno. Sin embargo, el BAV Mobitz II y el BAV completo se asocian con alto riesgo de síncope, insuficiencia cardíaca y muerte súbita, siendo esencial el tratamiento con marcapasos.

Complicaciones

Si no se trata, el BAV puede evolucionar hacia complicaciones graves, poniendo en riesgo la vida del paciente.

Un manejo adecuado del BAV, con la implantación oportuna de marcapasos en casos de alto riesgo, es esencial para prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida del paciente.


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