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Neoplasia sólida pseudopapilar del páncreas

La neoplasia sólida pseudopapilar del páncreas (SPN) es un tumor pancreático raro, clasificado por la Organización Mundial de la Salud como una neoplasia de bajo grado de malignidad, caracterizada por un crecimiento generalmente lento, pero con un potencial no nulo de invasión local y metastatización. También se conoce como «tumor de Frantz» y constituye una entidad distinta del adenocarcinoma ductal pancreático, tanto por su historia natural como por su biología molecular y su respuesta a los tratamientos. En la mayoría de los casos, la enfermedad puede curarse mediante cirugía, con tasas elevadas de supervivencia a largo plazo incluso en casos seleccionados de enfermedad avanzada, siempre que se trate de forma adecuada.

Desde el punto de vista clínico, la SPN afecta predominantemente a mujeres jóvenes, a menudo en edad fértil, y se identifica cada vez con mayor frecuencia como un hallazgo incidental durante una ecografía o una TC realizadas por otros motivos. Cuando produce síntomas, la presentación está dominada por el efecto de masa y las complicaciones locales, más que por un cuadro sistémico. Las técnicas de imagen suelen mostrar una lesión bien delimitada, a menudo con componentes sólidos y hemorrágico-quísticos, pero el aspecto radiológico no es patognomónico y exige un proceso diagnóstico estructurado con confirmación anatomopatológica.

El diagnóstico definitivo requiere una estrecha integración entre radiología, endoscopia intervencionista y anatomía patológica. La característica biológica distintiva es la alteración de la vía Wnt, casi siempre debida a mutaciones de CTNNB1 con acumulación nuclear de beta-catenina, acompañada de un inmunofenotipo típico que permite distinguir la SPN de los tumores neuroendocrinos, el carcinoma de células acinares y otras neoplasias pancreáticas. El tratamiento se centra en la resección completa cuando resulta viable, mientras que el manejo de los casos metastásicos o recidivados exige decisiones individualizadas en un contexto multidisciplinar.

Epidemiología y factores de riesgo

La epidemiología de la neoplasia sólida pseudopapilar del páncreas está definida por su rareza. En las series quirúrgicas actuales, la SPN representa una pequeña proporción de las neoplasias pancreáticas exocrinas y una proporción relevante, aunque minoritaria, de los tumores quísticos pancreáticos. La incidencia real en la población general resulta difícil de estimar porque algunos casos permanecen asintomáticos y solo se detectan debido al aumento del uso de técnicas de imagen abdominal. La mayor parte de la información procede de series retrospectivas, registros institucionales y revisiones sistemáticas, con variabilidad relacionada con los criterios diagnósticos, el acceso a la cirugía y los estándares anatomopatológicos.

Desde el punto de vista demográfico, la asociación más constante es con el sexo femenino y la edad adulta joven. La SPN también puede aparecer en varones y en la edad pediátrica, aunque con menor frecuencia; en estos contextos, el diagnóstico suele ser más tardío porque la probabilidad preprueba se percibe como inferior y el subtipo histológico puede no considerarse de inmediato en el diagnóstico diferencial radiológico. Puede localizarse en cualquier segmento del páncreas; la distribución entre cabeza, cuerpo y cola varía entre las series, también por el sesgo de derivación quirúrgica y las modalidades de detección incidental.

Las causas etiológicas de la SPN no están definidas. No se han demostrado exposiciones ambientales o infecciosas necesarias y suficientes para inducir la enfermedad, ni se ha identificado un desencadenante externo universalmente reconocido. La identidad biológica del tumor está, en cambio, firmemente respaldada por una firma molecular recurrente, en particular la activación de la vía Wnt mediante mutaciones de CTNNB1, que describe un mecanismo patogénico, pero no aclara el acontecimiento inicial que pone en marcha la transformación celular.

Ante la ausencia de una etiología demostrada, los factores de riesgo también siguen siendo inespecíficos. El predominio femenino ha llevado a plantear un posible papel de las señales hormonales o de las diferencias del microambiente tisular, pero estas observaciones no identifican un factor de riesgo utilizable para la prevención poblacional. No se ha documentado un patrón hereditario típico y, en la práctica clínica, los antecedentes oncológicos familiares generales no determinan por sí solos un aumento del riesgo de SPN. Por tanto, actualmente no es posible definir un perfil de riesgo clínicamente aplicable a programas preventivos específicos.

Cribado y vigilancia

Para la neoplasia sólida pseudopapilar del páncreas no existen programas de cribado ni estrategias de vigilancia poblacional. La razón principal es la combinación de su rareza y la falta de una prueba no invasiva con un rendimiento adecuado. A diferencia de las situaciones de alto riesgo de carcinoma pancreático asociadas a determinados síndromes genéticos, la SPN no dispone de criterios clínicos consolidados para identificar a un grupo de personas que deba someterse a técnicas de imagen periódicas.

En la práctica clínica, el diagnóstico precoz se produce principalmente como hallazgo incidental o como resultado de estudios solicitados por síntomas inespecíficos. Ante dolor abdominal persistente, aumento del volumen pancreático en las técnicas de imagen, ictericia obstructiva o signos de compresión local, la TC o la RM con protocolo pancreático permiten una primera valoración y orientan la posible ampliación del estudio mediante ecoendoscopia. En estos escenarios, el objetivo no es el «cribado de la SPN», sino la evaluación adecuada de una sospecha clínica y radiológica pancreática.

Después del tratamiento quirúrgico, la vigilancia posoperatoria resulta razonable porque, aunque el pronóstico suele ser favorable, en una minoría de casos pueden aparecer recidivas tardías y metástasis. No existe un esquema único universalmente estandarizado; en la práctica, la frecuencia y la duración del seguimiento se adaptan al riesgo individual, considerando los márgenes de resección, las características histológicas de agresividad, la presencia de invasión vascular o perineural y el estadio de la enfermedad en el momento de la intervención. Las técnicas de imagen seriadas mediante TC o RM suelen constituir el eje de la vigilancia, prestando especial atención al hígado y al peritoneo.

Biología, patogenia e histología

La biología de la SPN es peculiar y explica muchas de sus características clínicas, incluido su crecimiento a menudo lento y la posibilidad de resecciones curativas. El mecanismo patogénico central es la desregulación de la vía Wnt, casi siempre debida a mutaciones somáticas de CTNNB1, que causan acumulación nuclear de beta-catenina y activación transcripcional de genes diana implicados en la proliferación, la adhesión celular y la plasticidad fenotípica. Esta alteración molecular es uno de los elementos más útiles también para el diagnóstico, porque se refleja en un patrón inmunohistoquímico típico.

Desde el punto de vista morfológico, la SPN presenta con frecuencia una arquitectura mixta, con áreas sólidas y estructuras pseudopapilares generadas por la pérdida de cohesión celular alrededor de un eje fibrovascular. La hemorragia intratumoral y la degeneración quística son frecuentes y contribuyen al aspecto radiológico clásico «sólido-quístico». La cápsula y el crecimiento expansivo son habituales, pero no excluyen una invasión microscópica en los casos biológicamente más agresivos.

Desde el punto de vista inmunofenotípico, el diagnóstico se basa en un panel integrado que demuestra la firma Wnt/beta-catenina y un conjunto de marcadores característicos. En particular, la localización nuclear de la beta-catenina constituye un hallazgo muy informativo, mientras que la positividad para marcadores como CD10 y el receptor de progesterona es frecuente y útil en el diagnóstico diferencial con los tumores neuroendocrinos y las neoplasias acinares. La interpretación siempre debe contextualizarse con la morfología y el cuadro clínico-radiológico, especialmente en muestras citológicas o biopsias limitadas.

    Características biológicas típicas de la SPN con relevancia diagnóstica y clínica

  • Mutaciones recurrentes de CTNNB1 con activación de la vía Wnt y acumulación nuclear de beta-catenina.
  • Morfología con áreas sólidas y estructuras pseudopapilares, a menudo con hemorragia y degeneración quística.
  • Inmunofenotipo frecuentemente positivo para beta-catenina nuclear, CD10, vimentina y receptor de progesterona, con un patrón útil para el diagnóstico diferencial.
  • Comportamiento generalmente de bajo grado, aunque con posibilidad de invasión local y metástasis en una minoría de casos.

La histología puede mostrar un amplio espectro de atipia; la mayoría de las SPN mantienen un perfil relativamente indolente, pero algunas presentan indicadores asociados a mayor riesgo, como invasión angiolinfática, infiltración perineural, extensión extrapancreática y elevada actividad mitótica. En estos casos, la distinción entre una neoplasia de bajo grado y un comportamiento claramente agresivo exige una descripción anatomopatológica rigurosa y una discusión multidisciplinar, ya que puede influir en la intensidad y la duración del seguimiento y en la conveniencia de tratamientos adicionales en contextos seleccionados.

Manifestaciones clínicas

Las manifestaciones clínicas de la SPN suelen ser poco específicas y dependen principalmente del tamaño y la localización de la lesión. Un número creciente de casos se diagnostica de forma incidental durante pruebas de imagen abdominal realizadas por indicaciones no relacionadas. Cuando la masa se vuelve sintomática, el cuadro más frecuente es un dolor abdominal inespecífico o una sensación de peso epigástrico, en ocasiones asociados a náuseas o menor tolerancia a las comidas.

La compresión de las estructuras adyacentes puede causar síntomas más específicos. Las lesiones de la cabeza pancreática pueden asociarse a ictericia obstructiva o pancreatitis por obstrucción del conducto pancreático principal, mientras que las masas del cuerpo y la cola pueden presentarse con dolor dorsal o como una masa palpable en personas delgadas. La hemorragia intralesional y la degeneración quística pueden causar un empeoramiento subagudo del dolor o síntomas de irritación peritoneal en caso de una rotura infrecuente, pero posible.

En la exploración física, sobre todo en las fases iniciales, puede no observarse ningún signo específico. En los tumores voluminosos, a veces puede palparse una masa abdominal. Las pruebas analíticas suelen ser poco concluyentes: no existen marcadores séricos específicos para la SPN y los marcadores tumorales pancreáticos habituales pueden ser normales. Por ello, el reconocimiento clínico depende principalmente de una interpretación correcta de las técnicas de imagen y de la indicación apropiada de confirmación histológica cuando sea necesaria.

    Presentaciones clínicas que con mayor frecuencia conducen al estudio pancreático

  • Hallazgo incidental de una masa pancreática con componente sólido-quístico en una persona joven, a menudo de sexo femenino.
  • Dolor epigástrico persistente o recurrente, en ocasiones con náuseas y saciedad precoz.
  • Ictericia obstructiva o pancreatitis, especialmente en las lesiones de la cabeza pancreática.
  • Masa abdominal palpable o distensión en los casos voluminosos.

En conjunto, las manifestaciones clínicas rara vez permiten orientar el diagnóstico hacia un subtipo histológico concreto. La SPN se incluye en el diagnóstico diferencial cuando la edad, el sexo y, sobre todo, el patrón radiológico resultan sugestivos; la confirmación exige un proceso diagnóstico estructurado y una evaluación histológica experta.

Pruebas diagnósticas y diagnóstico

El proceso de diagnóstico de la neoplasia sólida pseudopapilar del páncreas parte de la sospecha radiológica de una masa pancreática y continúa mediante una secuencia destinada a definir la naturaleza de la lesión, la resecabilidad y el diagnóstico histológico. En la mayoría de los casos, el estudio se inicia con una ecografía o una TC realizadas por síntomas inespecíficos o de forma incidental. Cuando se detecta una lesión pancreática, la exploración de referencia es una TC con contraste y protocolo pancreático o, como alternativa o complemento, una RM con secuencias específicas y estudio de las vías biliar y pancreática.

La TC permite evaluar con precisión el tamaño, las relaciones vasculares y los signos de invasión o metástasis. La RM resulta especialmente útil para caracterizar el componente quístico y hemorrágico, reconocer niveles líquido-líquido y definir mejor el contenido de la lesión. En muchos casos, la SPN aparece como una masa bien delimitada, a menudo encapsulada, con componentes sólidos y quísticos, pero este patrón puede superponerse al de otras entidades, como las neoplasias mucinosas quísticas, el pancreatoblastoma en la edad pediátrica, los tumores neuroendocrinos con degeneración quística y el carcinoma acinar. Por ello, cuando el diagnóstico radiológico no es suficientemente fiable o el resultado puede modificar la estrategia terapéutica, está indicado ampliar el estudio mediante ecoendoscopia (EUS).

La ecoendoscopia permite una caracterización de alta resolución y, sobre todo, la realización de una punción-aspiración o biopsia con aguja de corte (EUS-FNA o EUS-FNB) para obtener material diagnóstico. En tumores resecables con técnicas de imagen muy sugestivas y un contexto clínico coherente, algunos centros pueden proceder directamente a la cirugía; sin embargo, la confirmación preoperatoria resulta especialmente útil cuando la estrategia podría incluir observación, existen diagnósticos alternativos con tratamientos diferentes o la lesión presenta una edad o una morfología atípicas.

El diagnóstico definitivo es anatomopatológico. La pieza quirúrgica o la biopsia se evalúa para identificar la arquitectura sólida pseudopapilar, la hemorragia, la degeneración quística y las características de agresividad. La inmunohistoquímica es fundamental: la positividad nuclear de beta-catenina, junto con CD10 y un panel dirigido, permite respaldar el diagnóstico y excluir las principales alternativas, en particular los tumores neuroendocrinos. Cuando esté indicada, la caracterización molecular puede confirmar la presencia de alteraciones de CTNNB1 y contribuir a resolver casos problemáticos o recidivados, más que como prueba de rutina.

Según la literatura especializada, para establecer un diagnóstico fiable de SPN y planificar correctamente el tratamiento es necesario:

    Pasos clínicos y diagnósticos esenciales

  • Técnicas de imagen específicas mediante TC o RM con protocolo pancreático para caracterizar la lesión y evaluar sus relaciones vasculares.
  • Evaluación multidisciplinar para definir la indicación de resección y la necesidad de confirmación preoperatoria.
  • Ecoendoscopia con toma de muestras (EUS-FNA o EUS-FNB) cuando el resultado pueda modificar la estrategia o las técnicas de imagen no sean concluyentes.
  • Confirmación anatomopatológica mediante morfología compatible e inmunofenotipo típico, incluida la beta-catenina nuclear dentro de un panel integrado.
  • Estadificación radiológica para excluir metástasis y definir la resecabilidad, con especial atención al hígado y al peritoneo.

Para la estadificación preoperatoria suele ser suficiente una TC toracoabdominal con contraste. La PET con 18F-FDG no se utiliza de forma rutinaria en la SPN y se considera de manera individual, sobre todo cuando existen dudas sobre la agresividad biológica o un diagnóstico alternativo. En casos seleccionados, la angio-TC o la RM con un estudio vascular detallado son útiles para planificar la intervención, especialmente cuando el tumor está en estrecho contacto con la arteria mesentérica superior, el tronco celíaco o la vena porta, o cuando se prevé una cirugía compleja.

En síntesis, el diagnóstico parte de técnicas de imagen específicas, se consolida mediante confirmación histológica e inmunohistoquímica cuando resulta necesaria y se completa con una definición precisa de la extensión y la resecabilidad para elegir el tratamiento más apropiado.

Estadificación y pronóstico

La estadificación de la neoplasia sólida pseudopapilar del páncreas es un aspecto complejo porque la mayoría de los casos sigue un curso indolente y no existe un sistema de estadificación universal específico para la SPN. En la práctica clínica, la extensión se describe según la invasión local, la afectación ganglionar y las metástasis, con fines pronósticos y quirúrgicos. Cuando es necesario utilizar una nomenclatura estandarizada, por ejemplo para los informes oncológicos, la comparación entre series o la comunicación clínica, puede emplearse el sistema TNM AJCC/UICC, 8.ª edición, para los tumores pancreáticos exocrinos, indicando siempre el subtipo histológico SPN y su biología generalmente de bajo grado.

Las categorías dimensionales y vasculares del TNM permiten describir de forma reproducible la extensión local, mientras que la clasificación ganglionar depende del número de ganglios positivos. En la SPN, la afectación ganglionar es globalmente infrecuente en comparación con el adenocarcinoma ductal, pero cuando está presente indica un comportamiento más agresivo y justifica un seguimiento más intensivo. Las metástasis, cuando aparecen, afectan principalmente al hígado y al peritoneo y pueden manifestarse incluso años después de la intervención, por lo que el pronóstico debe interpretarse teniendo en cuenta la posibilidad de recidivas tardías.

    Grupos de estadio del carcinoma pancreático exocrino (AJCC/UICC, 8.ª edición) útiles como lenguaje descriptivo también para la SPN cuando sea apropiado

  • Estadio 0: neoplasia intraepitelial o carcinoma in situ confinado a los conductos (Tis), sin metástasis ganglionares regionales (N0) ni metástasis a distancia (M0).
  • Estadio IA: tumor limitado al páncreas con un diámetro máximo ≤2 cm (T1), sin metástasis ganglionares regionales (N0) ni metástasis a distancia (M0).
  • Estadio IB: tumor limitado al páncreas con un diámetro máximo >2 cm y ≤4 cm (T2), sin metástasis ganglionares regionales (N0) ni metástasis a distancia (M0).
  • Estadio IIA: tumor limitado al páncreas con un diámetro máximo >4 cm (T3), sin metástasis ganglionares regionales (N0) ni metástasis a distancia (M0).
  • Estadio IIB: tumor limitado al páncreas ≤2 cm (T1), >2 cm y ≤4 cm (T2) o >4 cm (T3), con metástasis en 1-3 ganglios linfáticos regionales (N1) y sin metástasis a distancia (M0).
  • Estadio III: tumor limitado al páncreas ≤2 cm (T1), >2 cm y ≤4 cm (T2) o >4 cm (T3), con metástasis en ≥4 ganglios linfáticos regionales (N2) y sin metástasis a distancia (M0), o tumor con afectación de grandes vasos arteriales principales (T4), con cualquier estado ganglionar regional (cualquier N) y sin metástasis a distancia (M0).
  • Estadio IV: tumor con cualquier extensión local (cualquier T), con cualquier estado ganglionar regional (cualquier N) y con metástasis a distancia (M1).

El pronóstico de la SPN suele ser favorable después de una resección completa, con una elevada supervivencia a largo plazo. No obstante, existe un subgrupo con riesgo de recidiva o metástasis, y el pronóstico individual depende de la extensión de la enfermedad, la obtención de márgenes libres, la presencia de metástasis y las características histológicas de agresividad. Es clínicamente importante recordar que algunos pacientes sometidos a cirugía, incluso en presencia de metástasis seleccionadas, pueden lograr supervivencias prolongadas, a diferencia de lo que ocurre en muchas otras neoplasias pancreáticas, lo que hace esencial la valoración en centros con experiencia.

Tratamiento

El tratamiento de la neoplasia sólida pseudopapilar del páncreas se centra en la cirugía, que constituye la intervención más eficaz y, en la mayoría de los casos, potencialmente curativa. La elección del procedimiento depende de la localización, el tamaño, las relaciones vasculares y la sospecha de invasión, con el objetivo de lograr una resección completa con márgenes libres y conservar, cuando sea posible, la función pancreática. Las lesiones de la cabeza pancreática suelen tratarse mediante duodenopancreatectomía cefálica, mientras que en las del cuerpo y la cola es habitual la pancreatectomía distal, con posible esplenectomía según las relaciones anatómicas y la sospecha de afectación ganglionar.

En casos seleccionados, especialmente ante tumores pequeños, bien encapsulados y alejados del conducto pancreático principal, pueden considerarse resecciones con preservación del parénquima, como la enucleación o las resecciones segmentarias, equilibrando el riesgo de fístula pancreática y la necesidad de márgenes adecuados. La linfadenectomía extensa no está estandarizada como en el carcinoma ductal, porque la afectación ganglionar es relativamente infrecuente; no obstante, la evaluación intraoperatoria y la sospecha clínica pueden justificar una toma de muestras o una disección más amplia cuando sea necesaria para la estadificación y la radicalidad.

El manejo de los casos metastásicos o recidivados exige un enfoque altamente individualizado. En presencia de metástasis hepáticas limitadas o recidiva localizada, puede considerarse la resección quirúrgica o procedimientos locorregionales en pacientes seleccionados, dado el potencial de control a largo plazo. La evidencia sobre la eficacia de la quimioterapia es limitada y procede de series pequeñas y casos clínicos; el tratamiento sistémico se valora principalmente cuando la enfermedad es irresecable, progresiva o sintomática, y la elección del régimen depende del perfil clínico y de las opciones disponibles en los centros especializados.

    Objetivos y opciones terapéuticas según el contexto clínico

  • Enfermedad localizada y resecable: resección completa con márgenes libres, seleccionando el procedimiento según la localización y las relaciones ductales y vasculares.
  • Enfermedad localmente avanzada: evaluación por un equipo multidisciplinar para definir la viabilidad quirúrgica, las estrategias de reducción del riesgo operatorio y el control de los síntomas.
  • Enfermedad metastásica seleccionada: consideración de la resección del tumor primario y las metástasis en pacientes con enfermedad de bajo volumen y buen estado funcional.
  • Apoyo perioperatorio: control del dolor, optimización nutricional, prevención y tratamiento de la fístula pancreática y la insuficiencia pancreática.

El control de las complicaciones y el apoyo perioperatorio son fundamentales. La prevención de las infecciones, el manejo de la fístula pancreática, la evaluación de la insuficiencia endocrina y exocrina y la educación nutricional mejoran los resultados y reducen el impacto funcional a largo plazo. En pacientes jóvenes, la conservación de la función pancreática y la calidad de vida deben formar parte integral de la estrategia terapéutica.

Seguimiento y vigilancia después del tratamiento

El seguimiento y la vigilancia después del tratamiento de la SPN deben tener en cuenta dos aspectos: la elevada probabilidad de curación tras una resección completa y la posibilidad, aunque minoritaria, de recidivas tardías. No existen protocolos universalmente estandarizados, pero resulta razonable establecer una vigilancia basada en visitas clínicas, evaluación funcional pancreática y técnicas de imagen periódicas, ajustando la frecuencia y la duración al perfil de riesgo individual.

Durante los primeros años después de la intervención, el seguimiento incluye una anamnesis dirigida a detectar dolor abdominal, pérdida de peso, náuseas persistentes o síntomas sugestivos de recidiva. Es útil controlar los parámetros metabólicos para identificar precozmente una insuficiencia endocrina y evaluar los signos de malabsorción por insuficiencia exocrina, especialmente después de resecciones extensas. La TC o la RM abdominal se utilizan para documentar la ausencia de recidiva local y evaluar el hígado y el peritoneo, localizaciones habituales de una posible reaparición de la enfermedad.

En los casos con características histológicas de agresividad, márgenes dudosos o enfermedad inicialmente avanzada, resulta apropiado un seguimiento más estrecho y prolongado. La vigilancia no se basa en marcadores séricos específicos; la decisión sobre pruebas analíticas adicionales depende del cuadro clínico y del tipo de resección. El objetivo práctico es detectar recidivas potencialmente resecables y tratar con rapidez las secuelas funcionales del tratamiento.

Aspectos de la calidad de vida a largo plazo

Los aspectos de la calidad de vida a largo plazo después del tratamiento de la SPN dependen principalmente del tipo de resección pancreática, la edad del paciente y la presencia de insuficiencia pancreática. Puesto que muchos pacientes son jóvenes y tienen una larga esperanza de vida, las consecuencias funcionales adquieren gran relevancia y requieren un manejo proactivo. Tras una pancreatectomía distal, el riesgo de diabetes e insuficiencia exocrina está presente, aunque es variable; después de una duodenopancreatectomía cefálica, las secuelas digestivas y nutricionales pueden ser más importantes y exigir adaptaciones dietéticas permanentes.

La insuficiencia pancreática exocrina puede manifestarse mediante esteatorrea, meteorismo, pérdida de peso y deficiencias de vitaminas liposolubles; el tratamiento sustitutivo con enzimas pancreáticas y un apoyo dietético especializado mejoran claramente la calidad de vida y el rendimiento cotidiano. La insuficiencia endocrina requiere educación terapéutica y seguimiento diabetológico, con especial atención a los adultos jóvenes por su repercusión sobre el trabajo, el deporte y la planificación familiar.

La dimensión psicológica suele estar influida por el diagnóstico de un tumor raro y la necesidad de intervenciones quirúrgicas mayores a una edad joven. Una comunicación clara sobre el pronóstico generalmente favorable, la justificación del seguimiento y el manejo de las secuelas reduce la ansiedad y la percepción de incertidumbre. En pacientes sometidos a resecciones extensas, los programas de rehabilitación nutricional y el apoyo psicológico pueden facilitar el retorno a una vida plenamente activa, preservando la adherencia a los controles y la continuidad asistencial.

Complicaciones

Las complicaciones de la SPN derivan principalmente del efecto de masa, de las complicaciones locales y de las consecuencias del tratamiento quirúrgico. Antes de la resección, los tumores voluminosos pueden causar dolor persistente, compresión del colédoco con ictericia, obstrucción duodenal, pancreatitis o, con menor frecuencia, rotura con irritación peritoneal. Aunque la mayoría de las SPN están bien delimitadas, en una minoría de casos pueden aparecer invasión local y metástasis y causar complicaciones a distancia, especialmente hepáticas y peritoneales.

Después de la cirugía, la complicación más característica es la fístula pancreática posoperatoria, con riesgo de colecciones, infecciones y retraso de la recuperación. Otras complicaciones incluyen hemorragia, retraso del vaciamiento gástrico tras duodenopancreatectomía cefálica, pancreatitis del muñón, trombosis esplénica o portal en determinados contextos y problemas de la herida quirúrgica. A largo plazo, la insuficiencia pancreática exocrina y endocrina constituye una complicación funcional relevante, con repercusiones sobre la nutrición y el metabolismo.

  • Complicaciones posoperatorias: fístula pancreática, colecciones abdominales, infecciones, hemorragia y retraso del vaciamiento gástrico en las resecciones cefálicas.
  • Complicaciones funcionales: insuficiencia pancreática exocrina con malabsorción y pérdida de peso e insuficiencia endocrina con diabetes de nueva aparición.
  • Complicaciones de la enfermedad avanzada en los infrecuentes casos agresivos: recidiva local y metástasis hepáticas o peritoneales con dolor, ascitis o deterioro funcional del órgano.

La prevención y el tratamiento de las complicaciones se basan en una selección cuidadosa del procedimiento quirúrgico, el manejo perioperatorio en centros de alto volumen, la vigilancia precoz de los signos de fístula y un seguimiento funcional dirigido. La atención nutricional y metabólica, iniciada precozmente, reduce la carga sintomática y favorece la recuperación de una calidad de vida estable a largo plazo.

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